El entonces presidente del PNV dejó bien claro que en la Euskadi independiente con la que soñaba no todas las personas tendrían derecho al voto y que los españoles que nos empeñásemos en seguir viviendo en nuestra tierra vasca seríamos tratados «como se trata hoy a los alemanes en Mallorca».
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Para quien no lo recuerde, Xabier Arzalluz fue un importante dirigente del PNV, partido que presidió durante los años más duros de la transición y al que representó en el Congreso de los Diputados y en las más altas instancias políticas. Licenciado en Derecho y Filosofía y profesor en Deusto, se caracterizó por una oratoria rotunda, desacomplejada y comprometida con su ideología jeltzale, lo que le granjeó una gran impopularidad entre la clase dirigente española, particularmente entre la derecha.
Sin embargo -lo que son las cosas- aquel a quien tanto se odiaba en los cenáculos políticos conservadores, resulta hoy un pionero de los argumentos que el conservador Tribunal Supremo ha esgrimido para suprimirles el derecho al voto a cientos de miles de españoles reconocidos como tales por la Ley.
En la polémica por el Pacto de Estella (un acuerdo entre nacionalistas vascos que promovía la exclusión de los partidos españoles de la vida política vasca) el entonces presidente del PNV dejó bien claro que en la Euskadi independiente con la que soñaba no todas las personas tendrían derecho al voto y que los españoles que nos empeñásemos en seguir viviendo en nuestra tierra vasca seríamos tratados «como se trata hoy a los alemanes en Mallorca». A Arzalluz no le importaba que tales vascos “inadecuados” votásemos en elecciones locales, pero no así en las del Parlamento Vasco, claro. Menudo escándalo se montó entonces.
Paradójicamente el Tribunal Supremo ha resultado aún más duro que aquel dirigente independentista y no permitirá que cientos de miles de españoles voten en absoluto. Las razones son sospechosamente parecidas a poco que se miren con detalle: tanto Arzalluz entonces como el Tribunal Supremo del Reino de España ahora temen que demasiados ciudadanos escojan opciones políticas que a ellos no les parecen las adecuadas.
La grave diferencia es que lo que aquel dirigente expresó como un intolerable aspecto de su ya conocida opinión, los jueces, que además de opinión tienen poder, lo han llevado a cabo efectivamente y han excluido del censo electoral a cientos de miles de españoles. El espíritu de Arzalluz cabalga de nuevo, pero ahora con una bandera española, togas y puñetas.