“Los hombres han sido siempre y son movidos por las mismas pasiones.” Nicolás Maquiavelo. Discursos sobre la primera década de Tito Livio.

En octubre de 1974 tuvo lugar en la localidad de Suresnes en el Théâtre Jean Vilar, el XIII Congreso del PSOE. A él se presentó el que era desde el año 1944 Secretario General del PSOE: Rodolfo Llopis Ferrándiz, un reconocido pedagogo reformista, militante socialista desde 1917, una figura clave en la política educativa republicana, que había sido entre otros cargos Director General de Primera Enseñanza y Subsecretario del Gobierno de la República.
Llopis era una persona de enorme reconocimiento internacional, fundador de la Internacional Socialista (Fráncfort 1951) y una autoridad mundial entre las organizaciones pedagógicas progresistas. Obviamente su intención era seguir en el cargo.
No pudo ser porque unos jóvenes que acudieron desde el interior de España, encabezados por un abogado laboralista llamado Felipe González, le ganaron el congreso, apoyados por algunos otros abogados y sindicalistas vascos y otros militantes que vivían en España y conocían la nueva realidad de un país que cambiaba.
En aquella ejecutiva entraron, entre otros: Ramón Rubial, Alfonso Guerra, José María Benegas, Enrique Múgica, Nicolás Redondo Urbieta, Pablo Castellano, Francisco Bustelo, Luis Yañez o Guillermo Galeote.
No se lo tomaron bien Rodolfo Llopis y los suyos, a los que molestó especialmente que figuras como François Mitterrand o los socialdemócratas alemanes del SPD mostrasen sus simpatías por la nueva dirección de los socialistas españoles.
Tan mal se lo tomaron que se negaron a reconocer a aquellos advenedizos que copaban la nueva dirección y, por consiguiente, escindieron el partido, creando el PSOE Histórico, que llegaría a presentarse a las elecciones generales de 1977 en España.
Ellos tampoco votaron al PSOE de Felipe González. Han pasado 52 años y no parece que las cosas hayan cambiado demasiado. Maquiavelo sigue teniendo razón.