septiembre 2010

Mejor sin anuncios o «La momia de Tutankhamon»

En España tenemos una cierta tendencia a pensar que a partir de cierto tamaño las entidades se mantienen por sí mismas, que nada puede hacerlas desaparecer y que, por tanto, todo esfuerzo que se haga para su sostenimiento es una pérdida absurda de tiempo y de dinero, eso cuando no un engaño urdido por taimados individuos o grupos para “sangrarnos”. Algo de esto sabe la iglesia católica que lleva décadas comprobando, primero asombrada y más tarde resignada, la tacañería de los fieles de la catolicísima España.
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