El miedo es tendencia

Ese miedo saltimbanqui, que pasa de una amenaza a otra sin quedarse en ninguna tiene mucho que ver con el desprecio por la ciencia. Tantas alarmas, alimentarias o no, son síntoma de que el pensamiento mágico avanza, a despecho del que creímos un sistema educativo que universalizaría la afición por la ciencia y el conocimiento.
Leer más

Madrid tendrá aire limpio. Seguro

Y cuando ocurra la ciudad será mejor, más rica y más bella aún y habrá entonces quienes recuerden con pudor las tonterías que se dicen hoy, tan parecidas a las que yo escuchaba en aquel Bilbao sucio y oscuro de mi juventud.

Leer más

Los tiranos simpáticos

No se deje engañar, al principio todos son muy simpáticos y razón tienen cuando señalan lo mucho malo que hay pero no se crea nunca que su intención es renovar y reparar las estructuras de poder que funcionan tan mal como dicen, ni siquiera suelen tratar de controlarlas, como hicieron quienes sí las deterioraron. Ellos lo que buscan es sencillamente suprimirlas.
Leer más

El PSOE tiene suerte

Y, por supuesto no me refiero a los números de la lotería, que le han supuesto otro aluvión de pulgas al perro flaco. Lo digo porque cuando el Partido Socialista se encuentra más debilitado, sin líder, sin saber de firme quién podría serlo a la vuelta de primavera, con un segmento de su militancia aún encendido por lo sucedido con Pedro Sánchez y con todo el partido sumido de hecho en la incertidumbre, justo ahora en que se encuentra en la posición más vulnerable, sus adversarios y competidores van a distraerse y le dejarán algún tiempo para reponerse.

Podemos, que ha constituido su principal enemigo electoral, no solo se dispone a celebrar el mes que viene en Carabanchel una asamblea reconstituyente de hecho, sino que va a hacerlo a tortas y eso no va a haber ya quien lo pare. La pelea entre las esencias quicememeras, la deseada y al mismo tiempo despreciada transversalidad, el hiperliderazgo de Iglesias y los tradicionales tics depuradores de las izquierdas revolucionarias terminarán seguramente mal. Por si fuera poco todo ello irá aderezado con el imprescindible ingrediente de la bronca en twitter, de forma que la alternativa más visible al PSOE se debilitará, tanto entre los votantes que esperaban algún resultado concreto, inexistente por ahora, como entre los más comprometidos con la causa.

Mientras Monedero, más tradicional, lo achaca todo al intento impenitente del sistema por acabar como sea con ellos, Miguel Urbán, el anticapitalista, borda el motivo de la desafección: «El problema es que la gente no entiende el debate que estamos teniendo porque no lo entendemos ni nosotros mismos«. Ole!

Por ese lado el PSOE ganará un rato de tranquilidad que, si sabe aprovechar, puede que tacita a tacita parlamentaria le reporte una cierta recuperación de su imagen de izquierda útil. Todo sea que los socialistas sean capaces de aprovechar esa tregua evitando hacer de su congreso un auto de fe con hogueras y capirotes. Está por ver que lo consigan, pero oportunidad tienen.

Por el lado contrario el PSOE tiene un PP cuyo único propósito es mantener a Rajoy a toda costa, 12 años o los que sean, porque de otro modo tendría que afrontar un debate sobre sí mismo que no quiere acometer, como bien ha visto Aznar, y también a levantar alfombras que mejor sería ni tocar. El poder es el asidero que permitirá a los populares aplazar cualquier discusión y, precisamente por eso, no lo soltarán, aunque corran el riesgo de tener que apoyarse tanto en el grupo parlamentario socialista que desdibujen su propio proyecto, como atinadamente ha señalado Gabriel Elorriaga.

El PSOE es un partido grande al que, por eso mismo, le costará levantarse de la lona pero con el inicio de la legislatura ha sonado la campana salvadora. Si es capaz de aprovechar esa pausa para ponerse en pie, aun tambaleante, será difícil que vuelvan a derribarlo. Veremos.
<!–
/* Font Definitions */
@font-face
{font-family:"MS 明朝";
panose-1:0 0 0 0 0 0 0 0 0 0;
mso-font-charset:128;
mso-generic-font-family:roman;
mso-font-format:other;
mso-font-pitch:fixed;
mso-font-signature:1 134676480 16 0 131072 0;}
@font-face
{font-family:"MS 明朝";
panose-1:0 0 0 0 0 0 0 0 0 0;
mso-font-charset:128;
mso-generic-font-family:roman;
mso-font-format:other;
mso-font-pitch:fixed;
mso-font-signature:1 134676480 16 0 131072 0;}
@font-face
{font-family:Cambria;
panose-1:2 4 5 3 5 4 6 3 2 4;
mso-font-charset:0;
mso-generic-font-family:auto;
mso-font-pitch:variable;
mso-font-signature:3 0 0 0 1 0;}
/* Style Definitions */
p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal
{mso-style-unhide:no;
mso-style-qformat:yes;
mso-style-parent:"";
margin:0cm;
margin-bottom:.0001pt;
mso-pagination:widow-orphan;
font-size:12.0pt;
font-family:Cambria;
mso-ascii-font-family:Cambria;
mso-ascii-theme-font:minor-latin;
mso-fareast-font-family:"MS 明朝";
mso-fareast-theme-font:minor-fareast;
mso-hansi-font-family:Cambria;
mso-hansi-theme-font:minor-latin;
mso-bidi-font-family:"Times New Roman";
mso-bidi-theme-font:minor-bidi;}
.MsoChpDefault
{mso-style-type:export-only;
mso-default-props:yes;
font-family:Cambria;
mso-ascii-font-family:Cambria;
mso-ascii-theme-font:minor-latin;
mso-fareast-font-family:"MS 明朝";
mso-fareast-theme-font:minor-fareast;
mso-hansi-font-family:Cambria;
mso-hansi-theme-font:minor-latin;
mso-bidi-font-family:"Times New Roman";
mso-bidi-theme-font:minor-bidi;}
@page WordSection1
{size:595.0pt 842.0pt;
margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm;
mso-header-margin:35.4pt;
mso-footer-margin:35.4pt;
mso-paper-source:0;}
div.WordSection1
{page:WordSection1;}

–>

Publicado en El Diario Norte.es

Entre 2014 y 2016 colaboré con una columna semanal de opinión en la edición vasca de El Diario.es.

La mayoría eran comentarios sobre la vida local de Bilbao. La titulé «la baldosa suelta» porque esa es una característica muy propia de mi ciudad y especialmente incómoda en los muchos días de lluvia que tenemos en el Norte.

Al ser una sección de actualidad a mayoría de las columnas ha perdido totalmente el interés por lo que solo he dejado unas pocas, las que me parecía que aún decían algo.

Ya no basta con preguntar

Los historiadores no pueden entrevistar a los muertos así que tienen que apañárselas mediante fórmulas diferentes para investigar y descubrir cómo eran las sociedades objeto de su estudio, sus costumbres, modos de vida y hasta sus sentimientos.

Uno de ellos, el neoyorkino Allan Lichtman, es profesor de la American University y ha desarrollado un método para predecir los resultados electorales de su país mediante un cuestionario de 13 sencillas preguntas que hace no a la gente sino a la realidad, como buen historiador.

Lichtman ha analizado detalladamente todas las elecciones americanas desde 1860 y parece que su método, el que se valoran los resultados de elecciones intermedias, si el candidato repite o no y otras cuestiones, funciona bastante bien para predecir el resultado.


Por supuesto acertó en la elección de Trump pero, sobre todo, también lo hizo en todas las elecciones anteriores de los últimos 32 años. Algo tendrá este agua…

En medio del creciente descrédito de los sondeos políticos, el sistema de Litchman mueve a reflexión. No se trataría, claro, de desechar la fórmula de preguntar a las personas vivas pero sí de reflexionar sobre la posibilidad de que el sistema actual de sondeos políticos deba adaptarse a una sociedad desensibilizada por el uso y abuso de encuestas.

Del mismo modo que las autoridades sanitarias se muestran preocupadas por la amenaza de una creciente ineficacia de los antibióticos, tras décadas de uso masivo y útil, tal vez los sociólogos deban empezar a pensar en que para saber lo que piensa la gente ya no basta con ir y preguntar. Porque puede que no les digan toda la verdad, oculten parte de ella, se hagan los distraídos o directamente mientan, que todo puede ser.

No sería extraño que el abuso sea una de las causas de que se nos estén mellando la herramientas demoscópicas. Todos los medios, del más prestigioso al más militante, nos atizan con sondeos a cada poco. Las redes sociales, que todo lo amplifican y aplanan, ayudan a que los rebotemos y les demos difusión cuando nos gustan o nos sirven sus predicciones. Así, de la mano de nuestros amigos y seguidores y ayudados por la tecnología que selecciona en base a nuestros gustos, reforzamos las mismas cosas, las mismas ideas e idénticas concepciones o creencias, llegándonos a creer que nuestro mundillo es “el mundo”. Los twiteros piensan que todo gira en torno al pajarito azul, donde hay millones de personas compartiendo lo que les gusta pero también hay otros muchos millones de personas que… no están.

La prensa seria, que se lee sobre todo a sí misma, también cae en el espejismo de pensar que ocupa el espacio central de la plaza pública, cuando cada vez está más en la periferia; la buena, la fetén, la prestigiosa, pero la periferia al fin.

Un sondeo que no atina no es relevante pero cuando ningún sondeo acierta es la demoscopia la que amenaza con dejar de servir. Quizás se trate de volver a revisar los sistemas de exploración, de entender que vivimos una sociedad compleja, cambiante, muy espectacularizada, en la que las mismas encuestas son a menudo parte del mismo estruendo que no deja escuchar.

El ejemplo de Lichtman puede ser una más de las muchas ventanas nuevas que la sociología tendrá que ir abriendo para mirar una realidad más polifacética que nunca y, de esa forma seguir sirviendo como herramienta para entendernos a nosotros mismos, porque está visto que ya no basta con preguntar.

<!–
/* Font Definitions */
@font-face
{font-family:"MS 明朝";
panose-1:0 0 0 0 0 0 0 0 0 0;
mso-font-charset:128;
mso-generic-font-family:roman;
mso-font-format:other;
mso-font-pitch:fixed;
mso-font-signature:1 134676480 16 0 131072 0;}
@font-face
{font-family:Verdana;
panose-1:2 11 6 4 3 5 4 4 2 4;
mso-font-charset:0;
mso-generic-font-family:auto;
mso-font-pitch:variable;
mso-font-signature:-1593833729 1073750107 16 0 415 0;}
@font-face
{font-family:Verdana;
panose-1:2 11 6 4 3 5 4 4 2 4;
mso-font-charset:0;
mso-generic-font-family:auto;
mso-font-pitch:variable;
mso-font-signature:-1593833729 1073750107 16 0 415 0;}
@font-face
{font-family:Cambria;
panose-1:2 4 5 3 5 4 6 3 2 4;
mso-font-charset:0;
mso-generic-font-family:auto;
mso-font-pitch:variable;
mso-font-signature:-536870145 1073743103 0 0 415 0;}
/* Style Definitions */
p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal
{mso-style-unhide:no;
mso-style-qformat:yes;
mso-style-parent:"";
margin:0cm;
margin-bottom:.0001pt;
mso-pagination:widow-orphan;
font-size:12.0pt;
font-family:Cambria;
mso-ascii-font-family:Cambria;
mso-ascii-theme-font:minor-latin;
mso-fareast-font-family:"MS 明朝";
mso-fareast-theme-font:minor-fareast;
mso-hansi-font-family:Cambria;
mso-hansi-theme-font:minor-latin;
mso-bidi-font-family:"Times New Roman";
mso-bidi-theme-font:minor-bidi;}
p.MsoFootnoteText, li.MsoFootnoteText, div.MsoFootnoteText
{mso-style-priority:99;
mso-style-link:"Texto nota pie Car";
margin:0cm;
margin-bottom:.0001pt;
mso-pagination:widow-orphan;
font-size:12.0pt;
font-family:Cambria;
mso-ascii-font-family:Cambria;
mso-ascii-theme-font:minor-latin;
mso-fareast-font-family:"MS 明朝";
mso-fareast-theme-font:minor-fareast;
mso-hansi-font-family:Cambria;
mso-hansi-theme-font:minor-latin;
mso-bidi-font-family:"Times New Roman";
mso-bidi-theme-font:minor-bidi;}
span.MsoFootnoteReference
{mso-style-priority:99;
vertical-align:super;}
span.TextonotapieCar
{mso-style-name:"Texto nota pie Car";
mso-style-priority:99;
mso-style-unhide:no;
mso-style-locked:yes;
mso-style-link:"Texto nota pie";}
.MsoChpDefault
{mso-style-type:export-only;
mso-default-props:yes;
font-family:Cambria;
mso-ascii-font-family:Cambria;
mso-ascii-theme-font:minor-latin;
mso-fareast-font-family:"MS 明朝";
mso-fareast-theme-font:minor-fareast;
mso-hansi-font-family:Cambria;
mso-hansi-theme-font:minor-latin;
mso-bidi-font-family:"Times New Roman";
mso-bidi-theme-font:minor-bidi;}
/* Page Definitions */
@page
{mso-footnote-separator:url("Macintosh HD:private:var:folders:j2:ndt5ks252lq9tk9gd94b8szc0000gn:T:TemporaryItems:msoclip:0clip_header.htm") fs;
mso-footnote-continuation-separator:url("Macintosh HD:private:var:folders:j2:ndt5ks252lq9tk9gd94b8szc0000gn:T:TemporaryItems:msoclip:0clip_header.htm") fcs;
mso-endnote-separator:url("Macintosh HD:private:var:folders:j2:ndt5ks252lq9tk9gd94b8szc0000gn:T:TemporaryItems:msoclip:0clip_header.htm") es;
mso-endnote-continuation-separator:url("Macintosh HD:private:var:folders:j2:ndt5ks252lq9tk9gd94b8szc0000gn:T:TemporaryItems:msoclip:0clip_header.htm") ecs;}
@page WordSection1
{size:612.0pt 792.0pt;
margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm;
mso-header-margin:36.0pt;
mso-footer-margin:36.0pt;
mso-paper-source:0;}
div.WordSection1
{page:WordSection1;}

–>

Una economía yonki

Cuando se habla de drogas y adicciones, se apuntan con tanta vehemencia sus efectos adversos que parece olvidarse que el consumo de tóxicos tiene a corto plazo efectos muy interesantes. De otro modo, nadie los utilizaría. La intensa euforia del momento es lo que anima a sus consumidores, que olvidan cuidadosamente las consecuencias de tales usos.

Por eso sorprende tanto que cuando se trata de economía ocurra justo lo contrario: que se ponderan las virtudes de la adicción a conductas peligrosas y se ocultan por completo sus consecuencias a medio y largo plazo, como si no existieran.

Leer más