El disidente no vende
José Antonio Marina manifestó hace unos días su opinión de que al sistema educativo le vendría bien una evaluación del profesorado. No gustó tal propuesta al respetable e inmediatamente el filósofo se vio envuelto en un tumulto. Me molesté en seguir algunos de los comentarios en las redes sociales y no pude encontrar un solo razonamiento en contra de su propuesta. Atinado o no, no había ni uno. Solamente pude leer descalificaciones ad hominem que atacaban al autor. Marina se había transformado en un pispás de intelectual imprescindible en persona non grata y cuanto dijera quedaba, por consiguiente, invalidado.