Invierno laboral y demográfico

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No sé bien a qué viene tanta sorpresa por la baja natalidad en Euskadi, que no es sino la consecuencia de decisiones tomadas en atención a las ventajas que supuestamente nos iban a reportar.

Tener un mercado laboral precario, con sueldos muy bajos, que excluye toda confianza en mantener el empleo, para quienes lo tienen, no es algo así como una inevitable consecuencia de la rotación del planeta sino el resultado de la estrategia consciente que adoptamos para ser más competitivos (entendido casi siempre como más baratos) y así adaptarnos a un mundo globalizado.

Que los jóvenes, que son los que pueden tener hijos, sean a la vez los más perjudicados por esa situación de aseguramiento de la precariedad no podía llevarnos a otro destino que al que hemos llegado ahora. Sin esperanza de un futuro mínimamente estable es absurdo para cualquier persona razonable tomar decisiones y compromisos a largo plazo. 

Dos crisis seguidas han afianzado en la población en edad fértil la certidumbre de que la cosa no va a cambiar en los próximos años, o tal vez nunca, de forma que se empieza por no comprar coches (para alarma de nuestra querida industria) y de ahí queda solo a un paso la decisión de no cargar con una familia que les restaría, sobre todo a las mujeres, competitividad personal en un mercado laboral que no solo es precario, sino también exigente.

Mordor político

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No se puede hablar de clima político. La política no es ya un clima sino un tren de constantes tormentas que se sustituyen una a otra, cuando no se solapan. No caben claros entre nubarrón y nubarrón, de forma que cada fin del mundo semanal es sustituido por el siguiente mientras esperamos el Apocalipsis de este mes. Todo en medio de una niebla que inunda las redes y demasiados medios. 


Hace unos días la presidenta de la agencia EFE, Gabriela Cañas, abogaba públicamente por lograr una alianza de los medios con las grandes plataformas para acabar con las ‘fake news’ y los bulos. Tiempo y esfuerzo perdidos.

Deberíamos entender que, del mismo modo que no se puede achicar la niebla con cubos, no es posible desmentir el ambiente que generan los bulos, las noticias fakes, los titulares envenenados y las noticias de odio. No lograrán formar una realidad alternativa (salvo para los muy cafeteros), pero lo que sí consiguen es crear un entorno público desabrido, plomizo e incómodo, que nos genera el cabreo de vivir constantemente en Mordor y que fundamentalmente logra que nos sea imposible ver nada más allá de lo inmediato. Como con la niebla de verdad.
 

Lo de Garzón nada tiene que ver con la carne

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Uno de los ensayos más interesantes de los últimos años: Crítica de la víctima, de Daniele Giglioni, nos puede ayudar a entender el extraño embrollo que se ha creado, fomentado y alimentado en torno a Garzón y los ganaderos, que es algo que no tiene nada que ver con la carne.


Giglioni constata que La víctima es el héroe de nuestro tiempo, que ser víctima no solo crea identidad sino que genera derecho e inmuniza contra cualquier crítica, garantizando la inocencia en todo, más allá de toda duda razonable. Un chollo. La víctima tiene la razón siempre, de saque, y quien a ella se opone o parece que se opone no tiene escapatoria y solo puede ser culpable. Naturalmente convertir en víctima al sector ganadero lo eleva al Olimpo, lo que a nadie amarga, y arroja a las tinieblas a Garzón y todo aquel que no se apunte a lapidarlo. De ahí las primeras respuestas atropelladas de quienes, viendo venir la tormenta, lo criticaron con fiereza suficiente para que les librase de la menor sospecha de tibieza con el hereje. Y de ahí también las titubeantes respuestas del Gobierno, plenamente consciente de que pisaba no un debate sino un charco de lodo mediático.

Se equivoca Garzón al pretender que se entienda lo que quiso decir de verdad, eso no le importa a nadie, ni menos aún que se opine sobre las macrogranjas. Aquí la polémica va de convertir a un sector en mártir y al Gobierno en el villano de una historia de víctimas buenísimas y culpables malísimos. No hay duda de dónde quiere estar todo el mundo. Nada que ver con la carne.
 

Una antigua canción navideña para felicitaros el año

Es ist ein Ros entsprungen (una rosa ha brotado) es una conocida canción navideña que compuso un alemán luterano, Michael Praetorius. Vivió entre 1571 y 1621 y adoraba el estilo coral veneciano, por el que se dejó influir con gusto y pasión. Esta pieza tan bella en concreto ha sido cantada por católicos y protestantes a lo largo de la historia.

El arte y la belleza no tienen fronteras ni religiosas, ni de idioma, ni de identidad ni de ninguna clase porque hablan a los seres humanos en aquello que tenemos en común, que es prácticamente todo.

Este blog está en descanso hace muchos meses pero mi tradicional pieza musical navideña no podía faltarle a mis amigos. Son 3 minutos de paz.

Feliz 2022

La izquierda que ya no habla a las ovejas

“Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra?” Lucas (15, 3-7). Solo que el evangelista, al que parece haber leído con gran provecho esa izquierda renovada, no dijo nada de cuántas de las noventa y nueve ovejas que abandonaba en el campo tan vez no estuviesen ya a su alegre regreso con la perdida.

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Cuando la izquierda desconfiaba de las mujeres

En el momento en el que se debatió la aprobación del derecho al voto de las mujeres, hace ahora 90 años, apareció en escena el vértigo de si la libertad y el derecho son universales o deben estar condicionados a lo que se haga con ellos. Una idea intrínsecamente reaccionaria pero muy presente no solo en la derecha sino también en la izquierda.

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Felices fiestas a serranicas y serranicos

No hay pandemia que me impida rebuscar en navidades entre la música antigua española a ver si encuentro algún villancico, que entonces era un tipo de tonada popular y profana antes de que se fueran convirtiendo a partir del siglo XVIII en música religiosa vinculada a la Navidad.


Soy Serranica es una de mis piezas favoritas del Cancionero de Uppsala, una recopilación de música española renacentista editada en Venecia en 1556 cuyo único ejemplar fue encontrado a principios del siglo XX en esa universidad sueca, de ahí su pintoresco nombre.

Portada del Cancionero de Uppsala
Espero que te guste
Felices Fiestas, pese a todo.

Soy serranica
y vengo d’Extremadura.
¡Si me valerá ventura!
Soy lastimada,
en fuego d’amor me quemo;
soy desamada,
triste de lo que temo;
en frío quemo,
y quémome sin mesura.
¡Si me valerá ventura!

El Ejército tiene un problema

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Menuda se lió con el grupo de whatsapp de los militares jubilados. Parece mentira que un asunto tan nimio haya causado tanto revuelo. 

Asombra el ruido que tan fácilmente han causado unos cuantos viejos espadones. Sin embargo, así ha sido y por una buena razón que igual ya va siendo hora de señalar con claridad de una vez después de tantos años de exitosa democracia: Que un grupo de personas que hasta hace no tanto han tenido en su mano la decisión de utilizar las armas demuestren esa actitud no resulta increíble sino perfectamente creíble. Ese es el problema que ni se nombra. Ese ha sido el motivo por el que el revuelo ha sido tan enorme y la razón por la que todos los líderes, empezando por la ministra de Defensa, hayan tenido que apelar tan insistentemente a la profesionalidad, la modernidad, la lealtad y la actitud de servicio de los ejércitos de España hacia el pueblo y sus instituciones democráticas.

Seguro que la ministra tiene razón y esa es la actitud de la gran mayoría de los mandos militares de nuestro ejército. De hecho no puede ni debe ser otra, pero que unas cuantas balandronadas y groserías publicadas en una red social en donde se leen tantas tonterías por minuto hayan causado este revuelo y hayan obligado a declaraciones de personas de tanta altura no es porque nadie se las pueda creer sino justamente porque demasiados españoles se pueden creer perfectamente que los individuos que las firman piensan de verdad lo que han escrito. Que estos señores están fuera del mando en estos momentos es un consuelo tramposo porque no cabe imaginar que hayan descubierto esas tendencias fascistas tan íntimas después de su retiro sino que ya las tenían cuando mandaban firmes.

Es por eso que tanta insistencia en su calidad profesional de sus mandos y tanto reconocimiento por su labor en defensa del orden constitucional, seguramente merecidas, no han conseguido nunca disipar la niebla de sospecha que aún muchos españoles tienen hacia sus fuerzas armadas. Episodios como este lo que hacen es que mucha gente piense en cuántos compañeros ideológicos de estos tipos quedan aún en activo.

El ejército no tendría un problema si todo el mundo se hubiese tomado a risa lo de ese grupo y lo de tratar de enredar al Rey. Lo tiene precisamente porque no ha sido así. Porque no ha sido divertido.