Sin Categoría

Como si fuéramos “La Roja”, Txarlie

Txarlie García tiene un blog que sigo y algunos de cuyos
post he rebotado en ocasiones. Sé que él también sigue el mío y ha manifestado su opinión respecto a uno de mis post.
A menudo coincidimos en muchas cosas y respecto a mi post
El lechero, el adanismo y la bandera de Pedro Sánchez” también lo hacemos en
parte. Concretamente Txarlie dice coincidir conmigo en el buen trabajo de
marketing del acto en que Sánchez se presentó con una gran bandera de España de
fondo. Debo aclarar que Txarlie y yo tenemos en buen concepto el marketing y no
consideramos tal término como algo insultante sino como una herramienta imprescindible
en la sociedad actual ¿digo bien?.
Me atrevo a esta aclaración a riesgo de introducir más
confusión pero sin pizca de miedo a la discrepancia, menos aún si ésta es
civilizada, respetuosa y cabal, como lo es con Txarlie. Puede ser que mi
licencia redaccional de referirme al aburrimiento como una de las virtudes de
la democracia haya llevado a confusión. Mea culpa si así hubiese sido.
Txarlie me dice en su blog que, sin embargo, discrepa
conmigo respecto al resto de mi argumentación, es decir, en lo principal, que
básicamente es que aplaudo que el candidato socialista utilice la bandera del
país que quiere gobernar.
El PSOE es un partido que ha peleado por que España tuviera un
sistema democrático que no tenía. Por que hubiese unas reglas de juego
equiparables a las democracias europeas que España nunca había sido. Esa labor de
“construcción” debe ser reivindicada, en mi opinión.  Guste más o menos insisto en que la bandera
que representa ahora ese proyecto es la que tenía Pedro Sánchez detrás en el
acto del Circo Price. Naturalmente, como ya digo en mi post original, hubo
otros intentos de democracia: las dos repúblicas fueron algunos de ellos, pero
el más exitoso de todos y aquel en el que el PSOE ha tenido más protagonismo y
responsabilidad ha sido el que se inicio
con la ﷽ que se inicisabilidad que el PSOE ha tenido mia y con otras banderas
pero el m nunca hab
ó con la hoy denostada transición. Como decía en mi
post original, nadando contra la corriente actual de descrédito, se trata de un
“régimen” que brilla en comparación con cualquiera de los que España ha sufrido
a lo largo de su historia. Por tanto, que el candidato socialista reivindique
que somos constructores de la estructura democrática de España me parece no
solo un acierto sino una obligación, además de –permítanme que insista- un
excelente marketing político.
Todo esto no tiene nada que ver con quedarse quieto, ni
“formal” ni callado, Txarlie. Un partido de fútbol puede ser de máxima
rivalidad sin que se discuta si deben ser once los jugadores o el tamaño de las
porterías o si el balón puede o no cogerse con la mano. Las reglas no impiden
la competición, tampoco en democracia, sino que son lo que la hace posible. Es
más dicen, con razón, que la democracia son las formas.
En segundo lugar, ha sido bajo ese “régimen” cuando España,
de la mano del PSOE ha ido introduciendo derechos y libertades contra las que una
poderosa derecha rancia (que es la que mayoritariamente hay ¡qué le vamos a
hacer!) ha peleado siempre: Desde el divorcio, al aborto, hasta las autonomías
y el derecho universal a la sanidad y a la educación. Todos esos derechos que
los españoles hemos adquirido no venían “de serie” sino que han tenido que ser
insertados de la mano del PSOE en la legislación de la España constitucional, y
ha sido siempre en contra de la derecha y, por cierto,  sufriendo el desprecio de los comunistas de
todas clases, colores y purezas a los que hoy se les llena la boca hablando de las
virtudes de la socialdemocracia. ¡Lo que hay que oír!
Sería estúpido, e injusto, dejarle a aquella derecha el
monopolio de una bandera que, gracias al esfuerzo de la-izquierda-que-sirve-para-algo representa hoy algo muy diferente a lo que era
cuando se inició la transición. Lo que hizo Pedro Sánchez me gustó, insisto de
nuevo, por esas dos razones: primero para recordar nuestra tarea como
coarquitectos del edificio mismo de la democracia española y en segundo lugar
para reivindicar que en ese edificio el mobiliario de derechos no venía
incluido sino que se construyó en los talleres del PSOE.

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Que ahora enfrentemos nuevos desafíos, como ocurre, no me
parece razón para desdeñar lo conseguido. Es más puede que uno de esos
muchos desafíos, además de la corrupción, la selección de los gobernantes, la
destrucción de los derechos de los trabajadores, la tambaleante igualdad de las
mujeres, el descenso de la población, las burbujas económicas…sea también que
la izquierda utilice la bandera del país con normalidad, como si fuéramos la
selección de futbol.

Mi primer Aurrulaque

Mi amistad con Antonio Sáenz de Miera se forjó hace ya años a base de paseos por los montes guipuzcoanos. Antonio es un hombre inabarcable, de actividad imparable, ingenioso, culto y excelente conversador.

Por fin he podido asistir al primero de sus Aurrulaques, a los que insistía siempre en invitarme. Se trata de una excursión a la sierra de Guadarrama que Antonio organiza desde hace varias décadas (ni siquiera recuerda bien cuantas) pero en la que no falta nunca ni el humor ni el espíritu cívico de defensa de la sierra como patrimonio natural de todos.

Como se dijo ayer, la sierra de Guadarrama es no solo un espacio físico extraordinario, sino también un universo de literatura, historia, poesía y ciencia. Los árboles, los pedregales, los ríos, la fauna pero también las memorias, los versos y los relatos son parte de Guadarrama.

Precisamente la edición de ayer (mi primer aurrulaque pero seguro que no el último) conmemoraba el centenario de la muerte de Francisco Giner de los Ríos, guadarramista, creador de la Institución Libre de Enseñanza y uno de los hombres clave de la historia de la cultura española.

Allí arriba, en el mirador Luis Rosales se leyó el poema que Antonio Machado le dedicó a los pocos días de su fallecimiento.








A don Francisco Giner de los Ríos 
Como se fue el maestro, 

la luz de esta mañana 

me dijo: Van tres días 

que mi hermano Francisco no trabaja. 

¿Murió? . . . Sólo sabemos 

que se nos fue por una senda clara, 

diciéndonos: Hacedme 

un duelo de labores y esperanzas. 

Sed buenos y no más, sed lo que he sido 

entre vosotros: alma. 

Vivid, la vida sigue, 

los muertos mueren y las sombras pasan; 

lleva quien deja y vive el que ha vivido. 

¡Yunques, sonad; enmudeced, campanas! 



Y hacia otra luz más pura 

partió el hermano de la luz del alba, 

del sol de los talleres, 

el viejo alegre de la vida santa. 

. . . Oh, sí, llevad, amigos, 

su cuerpo a la montaña, 

a los azules montes 

del ancho Guadarrama. 

Allí hay barrancos hondos 

de pinos verdes donde el viento canta. 

Su corazón repose 

bajo una encina casta, 

en tierra de tomillos, donde juegan 

mariposas doradas . . . 

Allí el maestro un día 

soñaba un nuevo florecer de España.

Tetrabrick y ropa usada

Hace bastantes años leí un curioso informe sobre tetrabrick (que no he vuelto a encontrar). Yo estaba entonces plenamente convencido de que una botella de vidrio, que puede utilizarse muchas veces (devolviendo “el casco”) y que, además, puede reciclarse al fin como vidrio, era a todas luces mejor desde el punto de vista ambiental.

Pero mi vida es un sendero en cuyas cunetas voy dejando todas las certezas y allí dejé una más, al saber que el consumo energético y la huella ambiental de un envase de cartón y aluminio, de una sola vida (que entonces no era siquiera reciclable) era mucho menor que cada uno de los usos de una pesada botella reutilizada y finalmente reciclada. En realidad la botella podía alcanzar al tetrabrick en costo por cada uso, siempre que fuese utilizada al menos 14 veces, cosa que estadísticamente era casi imposible que ocurriese. Supongo que hoy, en que ya es posible reciclar esos envases de cartón y aluminio, la diferencia será aún mayor.

Mi conclusión fue entonces que, como en casi todo, había que pensar un poco más porque las cosas no eran nunca tan claras ni tan simples, como seguramente tampoco lo son con el tetrabrick.

Aprendí a ver que reciclar no solo no es gratis sino que es muy caro. En dinero, en energía, en tiempo y –vaya por Dios- también en “huella ecológica”.

Lo que aporta valor al reciclaje no es cada una de las piezas que entran en él sino el hecho de estar reunidas en una gran cantidad. Cada elemento no vale nada, lo que vale es que haya miles juntos en un mismo lugar. Y para eso “alguien” tiene que juntarlos. Les pasa como a las monedas, pero eso es otro negociado…

Como usuarios-consumidores que somos ahora (una vez que abandonamos la incómoda categoría de ciudadanos) solemos creer que el único esfuerzo necesario para reciclar es que bajemos las botellas o los cartones, o la ropa al contenedor. Terminada “nuestra tarea” damos también por terminada nuestra preocupación y, es por eso que tendemos a creer que una vez realizado tan buen gesto se pondrá en marcha una especie de sistema benéfico y “mágico” de protección de la naturaleza.

Solo si dedicásemos un pensamiento a ese proceso, se nos ocurriría que tal vez, solo tal vez, hagan falta camiones (muchos camiones) operarios, centros de clasificación y de envasado, cintas transportadoras, aviones de transporte, etc. Todas ellas cosas carísimas que empiezan a funcionar justamente cuando nosotros creíamos que todo terminaba, en el contenedor. Esto, naturalmente, nos resulta muy inquietante y nada mejor que asignar todas estas cosas a alguna ONG, que se ocuparía de continuar nuestro gesto limpio con el mismo altruismo que nosotros, sin contaminarlo de ningún interés económico.

Y como esto es lo que queremos oír, esto es justamente lo que se nos dice. Como se hace siempre con los consumidores.

Solo que, claro está, tal cosa es imposible a largo plazo o para grandes cantidades porque “los niños amigos del cartón” siempre serán menos eficaces que un departamento de la compañía papelera y, además, ni a los unos ni a la otra le va a regalar nadie los contenedores, ni los camiones, ni el gasoil ni el sueldo de los conductores/operarios. Pero como el consumidor pide ONGs pues se le venden ONGs.

Solo así es posible que una empresa normal, con legítimo ánimo de lucro, como todas, se llame Eco Textile Solidarity. Lo que hace pensar que en este sector hay que entrar con cara de Madre Teresa de Calcuta para que te abran la puerta. Eco Textile Solidarity es el nombre de compañía ganadora del concurso para reciclar la ropa usada en Madrid. Su oferta resultó insuperable ya que elevaba de 516 a 3.200 euros (¡) el canon anual que deberá abonar al Ayuntamiento de la capital por cada uno de los 175 contenedores de ropa, que además instalará la propia empresa. ¿De dónde va a salir tanta tela?

La perdedora ha sido Humana, una “entidad” supuestamente sin ánimo de lucro, a la que sin embargo, se le ha acusado no solo de tener tiendas donde vende la ropa, cosa que es cierta, sino de vinculaciones financieras con una secta supuestamente “destructiva”, que es una cosa muy mala, mucho peor que ser de una secta “constructiva” (no me hagan dar nombres).

He dejado tantas certezas en el camino que ya no sé qué pensar pero el sentido común me dice que posiblemente las cosas irían mejor si aceptásemos que una actividad tan importante, y tan beneficiosa como es el reciclaje, aunque comience a partir de nuestro gesto desinteresado de separar los residuos, no puede, ni debe, ser una actividad marginal, sostenida en la buena voluntad y realizada por aficionados que viven de otra cosa sino que sería mucho mejor que funcionase como una industria.

Mientras tanto sospecho que nos seguirán ocultando la verdad que no queremos oír: que detrás de las entidades que se ocupan del reciclaje hay negocio, incluso puede que negocio oscuro.

No he encontrado aquel informe (de antes de Internet) pero sí algunos links.

Los leprosos del PSOE

Leo con asombro que el PSOE quiere aclarar con José Blanco, ex Vicesecretario General del partido y ex ministro si recibió alguna ayuda económica para su defensa cuando fue acusado de tráfico de influencias en el caso llamado “Campeón”, que fue finalmente archivado. Si así fuese, se determinará si se trató de una ayuda o de un préstamo, en cuyo caso el antiguo dirigente deberá reintegrar el dinero. Todo esto -eso sí- de forma amistosa ¡faltaría más entre compañeros!

En la misma noticia leo también que el Partido Socialista se ha negado a pagar la defensa de los ex presidentes andaluces José Antonio Griñán y Manuel Chaves en el Tribunal Supremo por el caso del fraude de los ERE. Tampoco pagará el letrado a los otros tres parlamentarios socialistas, Gaspar Zarrías, José Antonio Viera y Mar Moreno.

Este péndulo de la transparencia ha pasado de apoyar ciegamente a los propios, hiciesen lo que hiciesen, a abandonarlos a la primera acusación que se les haga e incluso a reclamar la devolución de los gastos de su defensa a los que fueron falsamente acusados por ser socialistas. Porque dos años de acusaciones contra José Blanco no pueden resumirse en un escueto “”fue archivado”. No. El Supremo desmontó todas las acusaciones, destapo las mentiras contadas por un empresario corrupto y desautorizó las acusaciones de tráfico de influencias y cohecho. Es decir que sencillamente no hubo delito, por eso “se archivó” suena a expresión maliciosa, que trata de dejar en el aire la duda. No hubo ninguna duda, lo que hubo fueron mentiras. Y no lo digo yo, lo dijo el Tribunal Supremo antes de “archivar” el caso.

Pero está visto que al PSOE lo que le importa son los titulares, que son los que mandan y, como todo el mundo sabe, los titulares ya ha juzgado y condenado a Chaves y a Griñán, como juzgaron y condenaron en su día a Blanco.

Lo que me asombra es que ya ni siquiera haber sido inocente del delito sirve para que al menos el Partido le pague a uno el abogado que defendió su honorabilidad cierta. Todo lo contrario, un día puede verse llamado a capítulo para explicar cómo fue eso de que, siendo inocente, recibiste nuestra ayuda para demostrarlo.

Solo me queda pensar que el miedo ya es tanto que basta la acusación para generar una mancha indeleble de la que todo el partido huye despavorido. Que nuestra estampida pueda ser percibida por la opinión pública como un reconocimiento velado de culpa del socialista acusado, no solo no nos importa sino que es un valor expresamente buscado. El abandono en el lazareto político de los señalados, cierta o falsamente, como impuros debe ser inmediato y total. Tiene que notarse que somos los primeros y los que más desconfiamos de nuestros propios compañeros. Por eso es la prisa, muy mala consejera de la justicia pero imprescindible compañera del linchamiento

Aviso a navegantes socialistas. Quien opte a ir en alguna lista del PSOE, que vaya tomando nota: Cuando estalle la tormenta te dejaremos solo, y lo haremos, además, al primer rayo. Para que nuestra reputación quede limpia, te sacrificaremos sin importar si eres culpable de algo o no. Para saberlo deberíamos pararnos a escucharte y a conocer los hechos y no tenemos tiempo, nuestra carrera es contra los titulares de mañana. Compréndelo, no es nada personal, solo negocios.

Como no gane Podemos

Foto 20 Minutos

Ha dicho Pablo Iglesias que lo suyo no es ningún experimento, que van a por todas así que están de más esas interpretaciones de que esto es una llamada de atención a los partidos “tradicionales” o “del Régimen del 78” o “de la casta”. El partido que acaba de estrenar Secretario General y Junta directiva tiene vocación de poder y ninguna intención de convertirse en un pintoresco e interesante fenómeno sociológico.

Dicen, con razón, que son un partido sin hipotecas, sin mancha, que puede presentarse ante la sociedad limpio de cualquier problema. Así es. Son como un recién nacido, al que nadie puede reprochar aún nada. Por si fuera poco, a esa “inocencia por omisión”, hemos de añadir la inmensa sobrelegitimidad que le está concediendo una opinión pública entregada, por contraste con el hastío que le producen los demás partidos. El resultado es que a Podemos se le aceptan y aun aplauden las mismas cosas que a los demás partidos se les reprochan con dureza y sin piedad.

  • Si en cualquier debate televisivo alguien descalifica personalmente a quien acude en nombre de Podemos, se le critica duramente, mientras que a ellos se les acepta y jalea cuando descalifican a todos los demás políticos.
  • Si a un partido de los que ellos descalifican se le ocurriera hacer unas elecciones internas y el 57% de los militantes se abstuviese de acudir a la urnas no dudo un momento de que tal resultado merecería el calificativo de fracaso total. En cambio cuando lo hace Podemos ese mismo 43% de participación solo ha merecido parabienes y aplausos.
  • La expresión “a la búlgara” se inventó para denunciar la falta de democracia de un partido en el que los resultados fueran sospechosamente abultados a favor de la dirección. En Podemos la dirección saca 95.311 votos y su contrincante interno 995 y nadie osa ni toserles.
  • Las abominables listas cerradas solo merecen tal calificativo cuando las hacen los otros partidos, cuando la dirección de Pablo Iglesias presenta listas completas, cerradas, que se votan en bloque con un solo clic y copa así todos los órganos de dirección y también los de control y también los de “garantías democráticas” del nuevo partido, no pasa nada.

Todo este trato de favor público, que en algunas televisiones alcanza tintes grotescos, me parece comprensible. No puede mirarse con los mismos ojos al simpático recién llegado que al pesado de siempre y es normal que lo que se perdona al nuevo no se tolere al experimentado.

Mientras sea la opinión indignada y publicada la que ponga las reglas, seguirá siendo así, seguirá funcionando sin demasiados problemas esa especie de “embudo proPodemos” pero a mí me preocupa que un día van a llegar las Elecciones Generales esas a las que se quieren presentar y allí lo que funcionará será la Ley Electoral y no el favoritismo sociológico. Podemos tendrá que presentar listas en todas las provincias, en las que tiene mucho apoyo y en las que no lo tiene tanto y, les guste o no, su votos contarán lo mismo que los de los demás partidos, no valdrán las encuestas sino solo las papeletas efectivamente introducidas en las urnas, los demás partidos también se presentarán a las elecciones y lo harán razonablemente organizados, no como los contrincantes internos de Iglesias y Monedero, y ni siquiera se podrá votar por Internet.

Así que podemos encontrarnos con el “asombroso” hecho de que Podemos, aun siendo gente tan simpática, no gane las elecciones. ¿Y entonces qué? Pues temo que entonces la democracia española se encuentre con que un enorme sector de la opinión pública simplemente diga que las elecciones no son válidas, que la ley electoral no es justa (ninguna lo es del todo) y que no puede ser y que esto es otro abuso y que lo de la casta y que todo eso… El resultado puede ser una deslegitimación general, y televisada (audiencias mandan), no de los partidos “del régimen” como ellos dicen, sino de la propia democracia española. Y solo nos faltaba.

Otros se están ocupando de imaginar lo que puede pasar si ganan. A mi me preocupa también lo que puede pasar si no ganan.

El PSOE cambia de problemas

Algún amigo me ha reclamado opinión sobre el Congreso del PSOE y, aunque sea al ritmo perezoso que impone estar bajo un limonero en la Extremadura profunda, voy a intentar complacerle. Ya saben, uno se debe a su público…y a su vanidad.

No estuve en el Congreso del PSOE como delegado pero estuve. Era evidente que el ambiente era de cierta alegría y bastante relajo. Varios amigos del “aparato” de organización me recordaban que éste era un congreso extraordinario, que sus rutinas no eran las normales y que, de hecho, podía haber durado solo unas horas, ya que únicamente se trataba de refrendar la decisión ya tomada por los militantes y nombrar a Pedro Sánchez como Secretario General. Desde luego se notaba que no había mucho que decidir y, en consecuencia, el congreso era un poco mezcla de escaparate y pasarela.

Alguna razón había para la alegría puesto que, como ha escrito Luis Solana y yo comparto, el PSOE es, seguramente, el único partido de España capaz de hacer una operación de renovación democrática tan importante e inmediata como la que ha encumbrado al hasta hace nada desconocido Pedro Sánchez. Esa es, desde luego, una buena noticia salvo que se convierta en la última buena noticia, salvo que el PSOE crea que pasadas las primarias y sus fastos ya todo puede volver a los cauces conocidos y probados de siempre.

Sin embargo, en las salas y pasillos del mastodóntico hotel también se respiraba un fondo de cautela e inquietud que dejaba a la vista que, además de la alegría, al menos había otros dos sentimientos que intranquilizaban a los asistentes.

Por un lado estaban aquellos a quienes les preocupaba su posible pérdida de poder e influencia en medio de este cambio con tantos aires de vendaval. Es de suponer que tal inquietud se manifestaría más descarnada en las salas del poder, que quedaban al margen de la algarabía de los pasillos. La inmensidad de la nueva ejecutiva nos da una pista de cómo se manejó este asunto.

Pero el sentimiento de inquietud más interesante, a mi juicio, estaba, en los pasillos y en los corros. Era la sensación compartida por muchos militantes de que las primarias son la puerta que se ha abierto a un cambio que va a modificar profundamente el PSOE que conocían. Que la elección de Sánchez tal vez sea sólo la exitosa llegada al “campo base” a partir del cual el PSOE ha de comenzar otras etapas de una ascensión que será lenta y difícil, llena de nuevas dificultades y de pronóstico incierto y en la que, junto a los deseados éxitos, aparecerán sin duda dificultades nuevas ahora no previstas, por ejemplo: el cesarismo en los nuevos dirigentes elegidos directamente por el “pueblo militante”, la consolidación de elites vinculadas exclusivamente a esos líderes y totalmente ajenas a la vida orgánica, los enfrentamientos públicos nada edificantes entre candidatos internos, la consolidación por los perdedores de facciones propias permanentemente enfrentadas al ganador, las temidas bicefalias de dos líderes ambos electos, uno para el partido y otro para el cargo público…en fin. Un buen montón de nuevos problemas.

Una de las causas principales de la desafección ciudadana ha sido el error de la inmediatez, de creer que basta con hacer de la política un espectáculo, una tómbola de promesas y de soluciones instantáneas. Funciona a corto plazo y puede hacer ganar algunas elecciones pero acumula poco a poco un poso de falsedad que al fin acaba estallando como lo ha hecho. Por eso mismo el PSOE no debería engañarse creyendo que ya ha salido del pozo, ni sus militantes pensando que la nueva ejecutiva ya se ocupará de todo mientras ellos regresan a sus rutinas de siempre. La cosa no ha hecho más que empezar. Llegar al campo base ha sido un éxito pero confundirlo con la cumbre y quedarse en él sería fracasar de lleno.

Aunque es comprensible que el nuevo secretario General ponga mucha atención en las próximas elecciones municipales, no comparto la idea de hacer de ellas la prueba del éxito de la recuperación del PSOE. A lo sumo serán la primera etapa, y puede que no sean una etapa demasiado brillante, porque el desprestigio es mayor del que algunos quieren reconocer y el recorrido que el Partido Socialista tiene por delante es mucho más largo que el que pueda completar en unos meses, incluso está por ver que tenga tiempo de hacerlo de aquí a las próximas generales así que cuidado al poner el listón, que el fracaso en la vida no depende tanto de los resultados como de las expectativas y el error de la inmediatez sigue ahí.

Cerebro humano vs. Stack Ranking

No se ponen de acuerdo los antropólogos en explicarse la razón por la que unos primates, razonablemente bien adaptados a su ecosistema, se empeñaron en desarrollar un carísimo órgano, el cerebro, que consume él solo en torno al 20% de toda la energía de los individuos que lo poseen. Conocedores de que la evolución solo se produce allí donde las condiciones cambian y obligan a adaptarse a los seres que las sufren, no aciertan los científicos a encontrar qué cambió, qué fue aquello tan importante como para que nuestros antepasados tirasen la casa por la ventana, apostando por cargar con un cerebro tan complejo y derrochador.

Sin poder afirmarlo con absoluta seguridad (como casi todo en ciencia) apuntan a que semejante dispendio solo se podría entender si aquellos seres se tuvieran que haber enfrentado a algo nuevo, omnipresente y asombroso. A una realidad agotadoramente compleja, ante la que no quedó otra opción que esa especie de órdago biológico que llevamos dentro del cráneo.

No fue el clima, ni la dieta, ni la caza. Esa realidad por la que muchos explican una apuesta tan rotunda fuimos nosotros mismos. Fueron las relaciones entre los propios humanos, fue la sociedad liosa y difícil que hemos ido creando, no de hoy, sino desde hace cientos de miles de años, donde cada individuo interrelaciona con los demás a cada instante y en todas las facetas de su vida. Ese parece ser que fue el reto al que tuvimos que enfrentarnos y por el que no nos quedó otra que cargar con este hipercerebro. Albert Camus apuntó en esa misma dirección afirmando: “El infierno existe. Son los demás”.

Sin embargo, como es habitual, todas estas cuitas les resultaron irrelevantes a algunos gurús de la organización empresarial y de los “Recursos Humanos”. Debieron pensar que ¿para qué necesitamos un cerebro si tenemos cuadros, gráficas y tablas de calificación?

Leo ahora acerca de los desastres que en algunas empresas ha causado la aplicación de sistemas supuestamente objetivos (Stack Ranking) para la valoración de las personas que en ellas trabajaban: la cosa consiste en que los empleados se autocalifiquen unos a otros, de forma que quienes obtienen mejores puntuaciones que los demás medran, los normalitos se quedan donde están y los peor calificados se van a la calle. Todo muy objetivo y muy parametrizable, oiga.

Todo, menos una cosa que olvidaron. Y es que los recursos humanos se empeñan en cargar cada uno de ellos con uno de esos complejos y carísimos cerebros a los que me refería. Y acostumbrados como están a lidiar con maridos, esposas, suegras, cuñados, hijos adolescentes y vecinos de la comunidad, lo de adaptarse al nuevo sistema de evaluación resultó pan comido. Solo que a lo que dedicaron las neuronas aquellos espabilados Recursos Humanos a los que se pretendía juzgar, fue a salvarse del sistema y no a mejorar los resultados de la empresa. La colaboración desaparecía y la competencia no se dirigía al mercado sino al compañero de mesa. El resultado es que, tras el destrozo, grandes empresas como Microsoft, Enron, Motorola y otras han tenido que desmontar a toda prisa el bonito sistema de clasificación de las personas en listas y tontas porque se les iba por el desagüe la rentabilidad que les prometió alguien que creía que el único cerebro era el suyo y que, obviamente, no era el más listo.

Millones de años de evolución han hecho la inteligencia humana muy compleja, muy retorcida, muy creativa y muy poco previsible. Solo así son posibles cosas como el arte, la generosidad, la tortura, el amor, la envidia, la curiosidad, el teatro… entre otras. Tratar de medir todo lo que somos es una tentación absurda y signo de poca inteligencia. No hay cesta que contenga nuestra creatividad, tan absurda como irresistible. Ya lo decía Javier Krahe, aunque en referencia a un órgano distinto al cerebro: “Es mísero, sórdido y aun diría tétrico, someterlo todo al sistema métrico”. Si no lo conocen escúchenlo, Es divertido, lleno de matices, dobles sentidos y expresiones equívocas. Inteligente en definitiva.

La imposible unidad de la izquierda

El PSOE ha celebrado elecciones y sus militantes han escogido, en urnas secretas, a su máximo dirigente. Casi al instante los opinadores que se arrogan para sí mismos la condición de legítimos (y únicos) representantes de “la izquierda” han deplorado el resultado de la elección y alguno, en pleno calentón, el proceso mismo.

Parece que los votos directos, secretos y personales, la máxima expresión democrática posible, solo les vale si el resultado final es el que ellos desean. Y lo más asombroso es que tras hincharse a exigir democracia a los socialistas, con ínfulas de predicadores, no les asalta la menor intranquilidad al ver que la gente vota distinto a lo que a ellos les gustaría. No se les mueve un pelo, ni se les tambalea una idea. Oiga!

Cuando el verdadero ejercicio de la democracia determina otra cosa distinta a sus democráticos deseos, le hurtan instantáneamente tal condición de democrático, que es virtud que parece que solo podría ser «otorgada» por ellos. Recuerdan enseguida al Napoleón de Orwell y su «Animal Farm«.

Yo, que soy tan demócrata –parecen pensar– exijo que democráticamente se decida lo que yo quiero, ya que de otro modo la decisión no podrá ser democrática, al no corresponderse con lo que piensa alguien tan demócrata como yo.

No se ría. Hay mucha gente en la izquierda que considera que ser demócrata es ser de los suyos. Y, además, que ser de los suyos es la única forma de ser “de izquierda de verdad”.

Porque hay que reconocer que en una cosa sí que tiene esta izquierda tan rocosa éxito indiscutible: en su habilidad para hacerse con el grial de la autenticidad. La ventanilla de reparto de carnets de izquierdista auténtico y el púlpito desde el que arrojar admoniciones a los felones socialdemócratas les han funcionado siempre a pleno rendimiento. Ahora incluso lo hacen por internet.

Quizás en compensación por la gran ventaja de esta izquierda auténtica en el debate ideológico, la socialdemocracia, esa otra izquierda así como dubitativa, es la que suele contar con un apoyo popular incomparablemente mayor, que le permite, con el tiempo, hacer cambios políticos profundos desde el poder y el Boletín Oficial.

No deja de asombrar el contraste entre la tibia consideración que la socialdemocracia suele tener acerca de sí misma y el orgullo y seguridad con que la izquierda revolucionaria se muestra. Más aún cuando la primera tiene en su haber la gran revolución que en Europa acabó con la miseria de los humildes y creó esas clases medias tan odiadas por los esencialistas, mientras que las certezas de la izquierda auténtica e irreductible tienen el dudoso honor de estar en el origen de algunos de los regímenes más espantosos y de las tiranías más atroces contra sus camaradas trabajadores.

Decía Bertrand Russell que “El gran problema del mundo es que los fanáticos están siempre seguros de sí mismos, mientras que las personas sabias están llenas de dudas”. Seguramente tenia razón también en esto.

Lo que hace imposible el mito de la unidad de la izquierda es la pretensión ruidosa de los menos de que seamos siempre los más quienes nos movamos hasta donde ellos nos dicen.

Por eso creo que es mejor que aceptemos de una vez que tal unidad de la izquierda nunca se producirá, que lo más que cabe esperar es que haya trasvases de votos entre la socialdemocracia grande, institucional y útil y la izquierda auténtica, esencialista y periférica. Algunas veces la marea llenará los caladeros de la primera y otras, como ahora, llevará el apoyo hacia los de la izquierda más radical. Es ley de vida pero el mito de la unidad de la izquierda nunca se cumplirá. Cuanto antes lo entendamos, mejor.

Lo que sí resulta muy conveniente es que la socialdemocracia se quite un poco los complejos. La cosa está muy mal pero, por ahora, en España el único partido que ha puesto en marcha una renovación democrática profunda, dando la palabra uno a uno a sus afiliados, ha sido el PSOE. Veremos hasta dónde llega, pero de momento ya ha arrancado, y los defensores de la “auténtica democracia” ya la han condenado, como cabía imaginar.

Elogio de las puertas giratorias

Todo el mundo parece convencido de que uno de los grandes problemas de la política española es la gran escasez de buenos profesionales que se dediquen a ella y la sobreabundancia de quienes, a falta de otro currículo, se convierten en políticos profesionales. Hacen falta profesionales en la política y no profesionales de la política, se ha dicho muchas veces. Y no sin razón.

Algunos, claro, blanden este argumento no para mejorar la acción política sino para expulsar de ella a quienes no tienen “una formación técnica suficiente” pretendiendo que los técnicos (normalmente ellos mismos) son quienes deben hacerse cargo de todas las decisiones. Esa falacia da para otro post.

El caso es que, ciertamente, la política española se ha nutrido mucho de personas que han ido construyendo su vida laboral en paralelo a sus responsabilidades políticas. Eso ha tenido consecuencias que hoy se denuncian como una de las principales causas del deterioro de la credibilidad y la calidad de la política. Para referirse a ese gran grupo de quienes han sostenido los partidos y se han sostenido en ellos durante 30 años hace ahora furor el calificativo de “casta”.

Sin embargo, mientras se exige con pasión la renovación de la “clase política” (por lo común trayendo gente más joven, no más experta) se quiere regular cada vez con más detalle y minucia todo lo relativo a la relación entre la política y la vida profesional, laboral y empresarial. Para evitar las “puertas giratorias” -se dice- para que los políticos (y sus familiares) no puedan aprovecharse de su cargo cuando lo abandonan.

Sospecho que tal vez sea este el momento de darle un restyling al aforismo atribuido a Bertolt Brecht y modificar su sentido, quizás de esta forma:

“Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y ya son un poco peligrosos. Pero los hay que luchan toda la vida: esos son los que no queremos ver ni en pintura.”

Dice mi amigo Fermín, y yo lo comparto, que el problema de las puertas giratorias es, precisamente, que giran demasiado poco, que lo hacen demasiado despacio y que, como consecuencia, se impide una relación sana entre la política y la vida civil, académica, científica y profesional que tanto se reclama, que debería existir y que contribuiría a aumentar la calidad de las decisiones y la credibilidad de los políticos.

Es cuando no existe esa posibilidad ágil de entrada y salida de la vida pública cuando los pocos casos que se dan despiertan tantas sospechas. Sin embargo lo caro no es que algún profesional indecente se pueda, en algún caso, aprovechar de su paso por la política, lo caro está siendo que todos los políticos tengan que quedarse indefinidamente donde están (si quieren un empleo), taponen cualquier renovación y alimenten así la desconfianza.

Tanta desconfianza hay que, para contentar a la opinión pública, se toman decisiones, muy populares, que tendrán consecuencias exactamente contrarias a las que se dicen pretender.

Es el caso del Parlamento Vasco, que esta semana ha aprobado una ley que endurece el acceso y, sobre todo, la salida de la política para cualquier profesional que tenga la osadía de asomarse a ella. Todos los grupos, unánimemente han decidido que los cargos públicos durante los dos años siguientes al abandono de su cargo, no podrán prestar ningún tipo de servicio ni mantener relación laboral o mercantil con las empresas, sociedades o cualquier otra entidad de naturaleza privada con las que hubiera tenido relación directa desde su puesto. Tampoco podrán tener, ni los cargos, ni sus parejas, ni sus hijos, participaciones directas o indirectas superiores a un 10 % en empresas que tengan conciertos o contratos con el sector público.

Menos mal que Rubalcaba era de la Complutense (que es pública), porque con esta Ley no hubiese podido regresar a ninguna Universidad privada. Ahora ya sabemos que nunca podremos contar en educación con ningún profesor de Deusto o de Mondragón (salvo que piensen abandonar sus carreras) y, solo como ejemplo, el Consejero de Sanidad Jon Darpón, no podrá regresar ya a su puesto de experto en gestión sanitaria en el IMQ.

Los arquitectos o urbanistas no podrán acceder a cargos públicos relacionados con su especialidad, a no ser que se jubilen o monten una pescadería al abandonar el cargo. Los expertos en seguridad deberán pasarse a comercio textil (siempre que no vendan uniformes) y los gestores educativos tienen abierta la opción de abrir alguna casa rural (siempre que no organicen allí colonias infantiles).

El mensaje a los profesionales que tanto se dice necesitar es bien nítido: «si tiene usted la tentación de dedicarse a la política, sepa que debe abandonar toda esperanza de regresar con tranquilidad a ese empleo o actividad que le hicieron interesante para la política (salvo que sea usted funcionario o rico)». La reacción de esas personas cabe imaginarla con idéntica nitidez.

El resultado de esta pírrica victoria es que los profesionales de la política han contentado a la opinión pública pero alejando un poco más de la política a los profesionales que les podrían hacer sombra. No me extraña que alguno aplaudiera ¡Menudo éxito!