16ª entrega. Incorporarse a carriles atestados. El dilema moral

Madrid está lleno de coches y cada día los atascos paralizan el tráfico en las que supuestamente se concibieron como vías rápidas. Pero no me pararé en lo ya sabido sino en algunos aspectos casi “filosóficos” de ese problema.

Uno de ellos es el dilema moral de “Me meto ya – Sigo adelante”, inevitable cuando hay que incorporarse a un carril que ya está atestado. Lo habitual es que la cola de coches parados que colmatan la vía sea tan larga que usted, paleto en Madrid, ni se imaginaba que allá atrás es donde tenía que haberse incorporado al carril deseado.

Entre el momento en que debía haber tomado el carril (de haberlo sabido) y el instante final en que se tiene que meter sí o sí, hay un enfrentamiento íntimo muy duro entre integrarse en la cola en cuanto sea posible (lo que no le salvará de algún pitido o alguna mala cara) o apurar y “ya puestos” saltarse la cola entera, tomando el desvío que corresponda en el puñetero último metro, en una atrevida “maniobra guas”.

Naturalmente mientras avanza con el carril libre junto a los coches detenidos la tensión irá aumentando. A medida que se acerca al punto crítico los gestos se endurecen. La probabilidad de bocinazos aumenta mientras que disminuye el hueco entre vehículos, incluso cuando están en marcha, justamente para evitar que nadie haga lo que está usted pensando en hacer, ¡perillán…!

Tampoco es buena idea detenerse en seco en el carril que ocupa para esperar cívicamente a que le cedan el paso porque puede que no se lo permitan fácilmente y, lo que es peor, se hará usted muy impopular entre los conductores que le siguen por la vía que aún corre y que usted acaba de bloquear.

La desazón interior que le corroe en esos momentos se incrementa con la certeza de que, tanto si se trata de un despiste como si nunca tuvo siquiera la ocasión de sumarse al final de la cola, los conductores a los que está sobrepasando estarán convencidos de que es usted un jeta, y no faltarán quienes se lo hagan saber…

¡Qué mal rato! ¿Eh? Bueno, pues pasarlo es una de las pruebas de madurez del conductor capitalino y una excelente forma ¡ay! de conocerse a sí mismo. De ahí que empezase hablando de filosofía.