2011

Es lo que tiene la Justicia…!


Que estemos a punto de conseguir el fin del terrorismo en Euskadi es una gran cosa. Este verano hemos visto cómo era perfectamente posible la convivencia en las fiestas de nuestras ciudades y pueblos y, si todo va bien, eso será el principio de un tiempo mucho mejor para Euskadi.

Chus Lampreave

Todo esto está muy bien pero, como ya he escrito, el final del terrorismo también va a traer un buen montón de consecuencias nada cómodas pero, sin embargo, inevitables. Tantas décadas de muerte, de miedo, de amenazas, de sufrimiento y de rabia no van a pasar sin más. Quedan muchas heridas por cerrar, muchas vergüenzas por experimentar. Y quedan también delitos por juzgar.

Va a haber muchas cosas que nos incomoden durante este tiempo. Cosas desagradables que quedaron pendientes y que tendremos que abordar ahora sin remedio. La paz no va a ser la fiesta multicolor del olvido que algunos sueñan sino más bien una catarsis irritante y en ocasiones vergonzante que a unos más y a otros menos pero que a todos nos va a disgustar.

Algunos de esos tragos amargos tendrán que ver con los juicios en marcha o pendientes, que nos volverán a traer a la memoria los peores momentos de la historia de los vascos. Que nos recordarán cosas que preferiríamos dejar atrás. No vamos a poder eludirlo, tendremos que transitar por esas sendas espinosas. Y hoy hemos entrado de lleno en una de ellas con la sentencia del caso Bateragune.

El tiempo de la política no es el de la justicia. En la Audiencia Nacional no se juzgaba la actualidad política vasca, ni la posición actual de los acusados, ni sus declaraciones recientes, sino cosas que ya pasaron. No se juzgaba el “nuevo tiempo” sino los hechos del tiempo que correspondía juzgar y sentenciar.

No tengo ni idea de si jurídica o procesalmente la sentencia es adecuada, por lo que no opinaré sobre ello. Pero solo oigo decir que el tribunal debía haber tenido en cuenta “las nuevas circunstancias”, “el momento presente” o “el protagonismo actual de los acusados”. O sea que muchos de quienes reclamaron durante los años de plomo –con razón- que la justicia debía ser ciega a toda consideración política y atenerse estrictamente a las pruebas y evidencias concretas de cada caso, exigen hoy –airados- que esta vez debía haberse quitado la venda y haber dictado, esta vez sí, una sentencia “política” a conveniencia del momento, despreciando las evidencias y datos del caso para no estropear así el camino de integración que los entonces subordinados de ETA parece que han empezado a recorrer ahora hacia la democracia.

¿Se acuerdan de Chus Lampreave en Mujeres al borde de un ataque de nervios? Cuando le dice a Antonio Resines aquello de “qué más quisiera yo que poder mentir, pero es lo que tenemos las testigas de Jehová: que no podemos”. A la Justicia le pasa algo parecido, que no puede actuar sin pruebas pero tampoco olvidar o mirar para otro lado cuando las tiene en los casos que conoce. Aunque haya pasado tiempo, aunque las circunstancias sean otras, aunque eso ponga algunas cosas difíciles más cuesta arriba aún. Es lo que tiene la justicia en democracia.

Habrá más casos y más espinas, pero habrá que pasarlos; son parte de la mala resaca del terrorismo. No hemos hecho más que empezar.

Innovando las tradiciones más sólidas

La innovación no es una cosa de los grandes grupos
empresariales ni está solo en los círculos de alta capacitación profesional. La
innovación consiste en ver la realidad cotidiana, imaginar otros caminos y
atreverse a crear algo nuevo. Esta pieza que fotografié en verano es una buena
muestra de innovación. Y además me sirvió también para reírme un rato, por
supuesto sin perder ni por un instante la admiración por quien la haya
inventado.

Del optimismo a la Indeterminación.

Con motivo de la apertura de Emprende 2011, que se desarrolla estos días en el BEC de Barakaldo, pude seguir la conferencia de apertura a cargo de Emilio Duró, un orador que se ha hecho famoso por sus animadas conferencias empresariales que le han convertido en un “gurú” del optimismo. Su intervención –divertida y útil- no solo no defraudó sino que concitó un estruendoso y cálido aplauso, muy distinto a los que se suelen escuchar en ese tipo de foros profesionales. Desde luego en una cosa tenía razón. En que el optimismo se contagia. Así lo vimos a lo largo de la conferencia.
Conocía a Duró porque es uno de los personajes de España más vistos en internet y me llamó la atención que una y otra vez suplicase –insistentemente- en que no se le grabara. El motivo que adujo era precisamente que las grabaciones que corren por la red le han hecho daño y le han convertido en un personaje que parece que no quería ser.
Pudo ser un táctica del propio Duró pero pudo ser perfectamente cierto porque los medios -internet también- modifican cuanto tocan. Deliberadamente o no lo transforman en algo distinto a lo que era antes de su intervención. Y casi siempre para mal. No se puede evitar, les pasa a los futbolistas, que pasan de buenos deportistas a titubeantes estrellas, a los concursantes de los reality shows, que adquieren una engañosa y frágil notoriedad y nos pasa a los que nos dedicamos a la política. Para existir hay que estar en los medios y éstos exigen su dosis diaria de espectáculo, de ruido y de confrontación. La verdad y la razón son conceptos prescindibles que en todo caso, de existir, quedan en un segundo plano. Lo peor es que, en ese entorno cada día abundan más los profesionales de suministrar un titular en lugar de una opinión o una idea cabal. Son de hecho los que más éxito tienen, si por éxito se entiende la mayor presencia en la agenda informativa.
Creo que a los medios se les puede aplicar perfectamente una variante del principio de indeterminación que Heisenberg formuló en 1927. Sería algo así como “Quien explora una realidad la modifica al explorarla por lo que sus conclusiones nunca pueden responder a la realidad original”.
Extraña reflexión esta de hoy.

La semana fantástica de la Iglesia

Xabier Novell

Con motivo de la visita del Papa a Madrid el obispo de Solsona, Xabier Novell, fue entrevistado largamente en la cadena SER y tuve ocasión de escucharle una oferta que tal vez haya pasado desapercibida para las pecadoras: Aclaró el prelado que el pecado de aborto es tan gravísimo que no puede ser perdonado en simple confesión ya que conlleva la automática excomunión de la pecadora a la que solo el obispo correspondiente, una vez convencido de que hay arrepentimiento sincero, puede levantar la exclusión de la comunidad católica para que, una vez reintegrada a ella, la mujer pueda ya ir a confesarse.

Sin embargo, con motivo de la JMJ que tiene lugar en Madrid con presencia del Papa, hay una oferta especial -el obispo Novell dixit- por la que (temporalmente por supuesto) el propio cura confesor está legitimado para limpiar el alma de la abortista sin los engorrosos trámites de la excomunión y posterior reingreso en la iglesia previos a la tranquilizadora confesión. Una oferta que el obispo explicó con detalle y que me recuerda mucho a las que ofrecen, también por temporadas, los grandes almacenes.

Pese a su indudable tirón una cosa mala que tienen las verdades reveladas y por eso mismo indiscutibles y “permanentes” es que aguantan mal los cambios, claro. Y cuando estos se producen o ya es demasiado tarde o suenan un pelín ridículo.

Mi compañera Merche me habló de una mujer de su familia que, superada por los cambios que había contemplado a lo largo de su vida, se lamentaba a menudo de “la cantidad de gente que hay en el infierno por cosas que ya no son pecado”. Nunca he oído una frase que defina mejor esa dificultad que se presenta cuando es preciso modificar lo que se decía eterno.

Víctimas de colores

Fernando Mugica Herzog

Como era de esperar, la izquierda abertzale tiene dificultades serias para conseguir que la sociedad vasca olvide de la noche a la mañana los centenares de asesinatos y las décadas de amenazas de ETA por no plegarse a la concepción delirante de la aldea vasca que, según ellos, debíamos ser.

El excelente resultado electoral se les ha convertido en una trampa, particularmente en Gipuzkoa (territorio que antes se llamaba también Guipúzcoa pero ya no). No sé si pensaron que se encontrarían tan de pronto al frente de las instituciones o más bien esperaban alcanzar una posición fuerte desde la que armar ruido y hacer difícil la vida a los demás pero sin los compromisos del poder, sin el vértigo de tener que firmar. Ahora que las decisiones las deben tomar ellos y no otros se les ve incómodos.

Incómodos, además, porque su éxito depende en mucho de no molestar -por ejemplo- a quienes han destrozado el monolito en memoria del socialista Fernando Múgica ya que sin duda los tarados que lo han hecho son auténticamente su gente. Así que Juan Karlos Izagirre, el alcalde de Donostia, (que sigue llamándose también San Sebastián) ha dicho que reparará el monolito «con absoluta normalidad y naturalidad» (sic) como si destrozar lo que recuerda a una persona asesinada fuese una actividad cotidiana y natural, tal como regar las calles, rastrillar la playa de La Concha o recaudar la OTA de aparcamiento: Costumbres urbanas cotidianas y normales en Donostia: (¿Cuánto le pongo de OTA al coche, 15 minutos o más? Es que no quiero que nos multen mientras destruimos el monumento…).

Con esa «absoluta normalidad y naturalidad» es como pretenden que la sociedad vasca se tome los asesinatos, las amenazas y las venganzas. Y para eso necesitan conseguir algo que nunca tendrán: que se considere tan víctima al asesino como al asesinado, que aceptemos que aquí ha habido una guerra entre partes iguales, cuando lo que ha habido es una victoria de la resistencia democrática y pacífica contra la tiranía del terrorismo nacionalista que ellos aplaudieron y de la que ahora quieren escapar como si nada hubiese pasado. Por eso trataron siempre de esconder la realidad detrás del tramposo konflikto y sueñan ahora con un acto en el que los familiares de los asesinados y amenazados por ETA “reconozcan” el sufrimiento de sus verdugos para que todo se olvide en una especie de colorida y animada verbena o kalejira de la paz. A eso se refiere el alcalde Juan Karlos Izagirre cuando dice que le gustaría un homenaje que honre a las víctimas «de todos los colores». Así en medio de la fiesta el asesino podría decirle a la madre del asesinado aquello de: “no fue nada personal, solo negocios” y quedarse tan ancho. Aunque para los que han destrozado el monumento a Fernando Múgica sí parece que se trate de algo personal.

Las Organizaciones No Gubernamentales reclaman algún Gobierno

Foto AFP

En Somalia están muriendo miles de personas de hambre en los últimos meses. La ONU ha hecho sonar las alarmas, declarando la hambruna “oficial” y ha iniciado un programa mundial de alimentos para paliarla. De momento se habla 400.000 refugiados, creciendo a razón de 1.500 diarios y de niños, ya irrecuperables, que mueren al llegar a los campos pese a las atenciones.

Una crisis que dura 20 años no es una crisis: Es un problema. Lo que hay en Somalia no es sequía (que la hay) sino una guerra que dura ya dos décadas y que ha destruido cualquier atisbo de Estado. De ahí que cundan las bandas, los señores de la guerra, las guerrillas islamistas, la corrupción, la piratería, etc. En fin, lo normal en una guerra sin Estado. Nuestros armadores y pescadores ya padecieron una parte de las consecuencias de ese conflicto.

Si no fuese porque la sequía ha arrojado de golpe a la muerte a miles y miles de personas que hasta ahora subsistían a duras penas en la miseria, seguiríamos sin tener información de una guerra tan larga y difícil de explicar. Ayer mismo un reportero de la televisión Vasca ETB (minuto 22) solo podía informar de la rabia con que una mujer somalí, refugiada en Kenia con sus hijos, le expulsaba a él y a otros reporteros internacionales, hastiada de que su hambre sirva de espectáculo en nuestros noticiarios.

Las ONGs garantizan que la ayuda llega a los lugares donde pueden trabajar, que son aquellos en que hay un Gobierno que les protege (como el de Kenia) pero denuncian que no pueden acceder a los lugares en guerra porque allí o bien la ayuda internacional se desvía a las necesidades de la guerra misma o bien sus cooperantes son asesinados o secuestrados para pedir dinero a cambio. Lo normal también en una guerra sin Estado.

Reclaman algún gobierno para lograr interlocución, seguridad, derechos, abastecimiento, paz, infraestructuras, comercio, economía… pero reclamar un gobierno es también reclamar autoridad, impuestos, gobernantes, política, orden, policía y ejercito que lo impongan, jueces, control…todo eso que las organizaciones no gubernamentales no pueden ofrecer y que nos rodea a cada instante a nosotros, tanto que ni lo percibimos. El Estado, del que tanto nos quejamos nosotros, es lo que no tienen en Somalia, es lo que sustituye a la barbarie y es lo que, de hecho, reclaman las ONGs.

Mientras no exista una autoridad reglada y controlada (que no otra cosa es un Gobierno) los esfuerzos servirán para salvar tantas vidas hoy como las que se pierdan mañana. Pero seguramente nosotros seguiremos perdiendo el tiempo culpándonos moralmente a nosotros mismos como “opulentos occidentales”. Una actitud de engañosa autocrítica en el fondo muy grata porque creernos los culpables personales incluso de lo que pasa en Somalia nos refuerza como centro del universo. Así de engreídos y autosatisfechos somos.

Meterse en un piso

Es esta una expresión “muy de aquí” que define bien el sentimiento de entrampamiento, de encierro que en España conlleva la adquisición de una vivienda.

La gente no es idiota y todos sabemos que la alegría cierta de disponer de casa propia queda nublada por el vértigo angustioso de saber que los plazos de su hipoteca nos acompañarán hasta el fin de nuestros días con una tenacidad y una garantía que para sí quisieran nuestras propias uniones conyugales, esas mismas que nos animaron a firmar el crédito y sus copias.

Puede que nos hubiese gustado que las cosas fueran de otra manera pero hasta el estallido de nuestra burbuja inmobiliaria la realidad era que quien no tenía piso despotricaba de los precios ya abusivos pero quien, entrampado de por vida, lo conseguía esperaba que los precios siguiesen subiendo indefinidamente… y a buen ritmo. Nos consolaba esa engañosa certeza de que vivir e invertir eran términos inseparables, casi sinónimos cuando se hablaba de vivienda. Tal y como lo proclamaban, por cierto, desde los mostradores de nuestros bancos y cajas, aunque luego haya resultado que no era tal y esos mismos bancos, antes tan alegres, promuevan ahora tristes desahucios.

Tan fortísima asociación psicológica vivienda-inversión retrajo el mercado del alquiler en España dejándolo en una posición muy marginal. Los arrendatarios pensaban que alquilar era tirar el dinero, renunciando a su capitalización, mientras los arrendadores pensaban que era dejar que tu piso se destrozase. En consecuencia el alquiler se concebía como una situación excepcional y como tal la se la trataba. Y como en la marginalidad funcionan muy mal los controles de un mercado normalizado el resultado era que ni los precios, ni las condiciones, ni la calidad, ni los derechos de las partes encontraban acomodo. Lo que marginaba aún más el alquiler. Incluso en los esfuerzos de las propias administraciones públicas.

Este Gobierno Vasco que los nacionalistas vascos espetan “sin ideas” y los nacionalistas españoles “muerto” ha empezado por tomarse en serio el derecho a la vivienda poniendo herramientas políticas para revertir la actual situación y promover oportunidades a quienes buscan vivienda para vivir.

Separar el derecho a la vivienda del “derecho a invertir” es una apuesta valiente del Consejero Arriola que le reportará no pocas críticas pero que es imprescindible si queremos no solo que en Euskadi haya menos injusticias en materia de vivienda sino también más movilidad laboral, más competitividad, más oportunidades y hasta diría que más natalidad, aunque sobre esto último… habría que estudiar también otras variables (hasta aquí puedo leer).

Favorecer que el alquiler salga de la marginalidad, que recupere la normalidad que tiene en otros países, que se respeten los derechos de las partes y hacerlo sin ignorar la realidad, con imaginación, con ideas y sin pretender imponer es una demostración de que este Gobierno está muy vivo, que tiene iniciativas, que es capaz de ponerlas en marcha y que nunca se olvida de los derechos de las personas a las que a partir de ahora se les reconocerá el derecho a la vivienda como un derecho subjetivo, que obligue, en consecuencia, a las administraciones públicas a satisfacerlo. Sin confundirlo, por supuesto, con el legítimo derecho a la propiedad privada.

En el gráfico que adjunto se adivina una correlación entre la confianza que el país ofrece a sus ciudadanos y la popularidad del alquiler. Seguramente se trata de eso: de generar confianza en el país.

En España no somos racistas


Leía ayer de un inquietante estudio del Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia. Parece que un 40% de los españoles considera que un inmigrante que pierda su trabajo debe ser expulsado del país. Ojo que no dicen que deba ser expulsado antes, mientras trabaja, sino cuando su presencia deja de reportar beneficios inmediatos.

No sé cuántos derechos está dispuesto a reconocerle ese 40% de encuestados al inmigrante productivo (aunque me pongo en lo peor) pero lo que está claro es que en el momento en que queda desempleado pasan a no reconocerle ningún derecho. Tan ninguno que prefieren que sea expulsado del país.

A las personas racistas les molestan las de otras etnias porque sí, porque los consideran inferiores o peligrosos y, por lo tanto, no los quieren nunca en ninguna circunstancia a su lado. Pero esta encuesta demuestra que hay un número escalofriante de personas que no son racistas clásicos sino que piensan en las personas extranjeras como si fueran útiles pañuelos desechables.

Va a resultar cierto que -como se ha dicho tantas veces- en España no somos racistas, que lo que somos es unos hijos de puta a secas.

¿Materiales vivos en la alhóndiga?

Conocía los líquidos magnéticos, que adaptan su forma a los campos a los que se les somete. La primera vez que los vi me pareció una curiosidad científica, una forma asombrosa de la materia. Pero hoy he visto a esos ferrofluidos cobrar vida y convertirse en arte a través de la imaginación y la destreza de la artista japonesa Sachiko Kodama. Impresionante.

También conocía los “strandbeest”, esos monstruos amables, algo inquietantes y no menos asombrosos del holandés Theo Jansen, un estudioso del movimiento que también se supera en audacia e imaginación.


Visita muy recomendable a la muestra “Artfutura XXI, Repasando el futuro” en la Alhóndiga Bilbao que hace precisamente un repaso a los 21 años de este festival, en el que las nuevas tecnologías son la herramienta de la creatividad y del arte.

El último zulo

No sé si tendré mañana cuerpo para leerme enterito el comunicado que ha anunciado ETA y que presumo farragoso y aburrido, hinchado de todos los topicazos y conceptos tóxicos con los que llevan tanto tiempo atizándonos. Ya anuncian hoy, en un breve, los principales conceptos con los que han perpetrado el texto de mañana y, la verdad, leyéndolos se le quitan a uno las ganas de molestarse.

Atentado de ETA contra la casa cuartel de Vic. 29 de mayo de 1991. Foto EFE

Han descubierto, al parecer, que ha empezado un tiempo nuevo. Hasta ahí bien. Pero lo que no dicen es que es el tiempo de su derrota definitiva y muy probablemente el inicio del tiempo de la derrota de sus ideales totalitarios, porque sin la presión de las pistolas va a ser muy difícil que, incluso los que aún les justificaron hasta ayer, mantengan la tensión política a favor de una opción que a partir de ahora tendrá, además, que convertirse en algo más que una amenaza y un grito.

Muy al contrario de lo que dicen han perdido la batalla política para siempre aunque falten muchas cosas y algunos de los viejos tics sigan y seguirán presentes durante algún tiempo. Les queda camino por recorrer (profundizar dicen ellos) en la derrota: Les queda reconocer que la violencia que ejercieron nunca sirvió para nada salvo hacer crecer la injusticia. Les queda asumir que sus presos no son héroes y que muchos de ellos ya van abandonando más o menos discretamente la asamblea. A los que están en la calle les queda vivir cerca de las víctimas que levantaron la voz y de los muchos que no la levantaron por miedo.

Es verdad que pronto viviremos en un país en paz (y no en un “escenario” del que hablan, como si la sociedad estuviese sentada mirándoles) y va a ser así porque la democracia se ha impuesto a la tiranía con los propios métodos de la democracia, que son lentos y cautelosos pero invencibles. Armas como el respeto por la ley y por la voluntad general democráticamente expresada, la verdad, la justicia y también la memoria. Si, la memoria de nuestro holocausto local.

ETA está acabada. El único camino en el que le queda “profundizar”es en el que le ha colocado la policía. Aún puede disolverse por voluntad propia, declarando expresamente su final, o esperar a que sea detenido y encarcelado el último de sus miembros y descubierto el último zulo. Lo que pudo parecer imposible ahora parece inminente. No creo que tengan mucho tiempo para decidirse.