Hasta que ha surgido el escándalo del supuesto intento de violación confieso que no sabía nada de quién era Dominique Strauss-Kahn. Supongo que no debería admitir estas cosas pero no me gusta disimular como tantos a los que les pasaba como a mí pero que jamás lo reconocerán.
Ni sabía quién era, ni que era el presidente el Fondo Monetario Internacional ni mucho menos que parecía ser el próximo candidato a enfrentarse a Sarkozy por la presidencia de la República Francesa. De todo eso me he enterado ahora que su carrera política ha sido devastada.
Tanto si es condenado por los delitos sexuales que se le imputan como si es declarado inocente, para la opinión mundial ya siempre será culpable, si no es por eso lo será por presidir tan infausta institución como el FMI así que, pase lo que pase son los últimos días de vida pública de este señor.
Yo espero, y deseo, que todas las terribles acusaciones sean verdad. No me entiendan mal: me parece tremendo que esa mujer haya sufrido un intento de violación, faltaría más, y que este ya expresidente sea un acosador. Todo eso me parece terrible, merecedor de la mayor reprobación y desde luego de la condena que el juez o el jurado le impongan a este señor.
Pero una vez dictada la ya inapelable condena social (lo que resulta inevitable en una sociedad tan amiga del espectáculo como perezosa ante los engorrosos procedimientos de la justicia) yo prefiero que exista realmente ese terrible delito porque nada me daría mas miedo que pensar que a quienquiera que tenga enemigos puede organizársele cualquier acusación aterradora y que si es suficientemente antipático toda la sociedad dará por válida tal acusación.
Me quedaré mucho más tranquilo si le juzgan, demuestran el delito y le condenan. Ni comparación.
