Querido compañero traidor

El traidor al que se ha venido insultando y despreciando sin piedad hasta ayer se ha transmutado súbitamente en gran amigo y ahora resulta no solo merecedor de todo el respeto sino que incluso resultaría un orgullo y un honor contar con él.


Tiene razón Patxi López cuando dice que el nivel de enfrentamiento alcanzado en estas primarias del PSOE es alarmante. Él lo puede decir con conocimiento de causa porque desde el mismo día en que se adelantó a los demás e hizo pública su intención de participar en ellas, fue desollado en los medios interesados en que gane Sánchez.

Además, en muchas redes sociales vinculadas a la militancia socialista se le hicieron descalificaciones terribles por parte de quienes entonces no sabían aún si Pedro Sánchez se presentaría o no, pero que deseaban que lo hiciera.

“Traidor” era el calificativo más utilizado pero ni mucho menos el único. “Marioneta”, “vendido”, “tapado de los golpistas”. Patxi López tuvo que escuchar y soportar desde el primer día una retahíla de insultos injustos y muy duros hacia alguien que, acertado o no, siempre se ha comportado con decencia y también con disciplina a lo que su partido ha resuelto en los órganos de dirección, aun cuando no estuviera de acuerdo. Como ocurrió respecto a la abstención del Grupo socialista en la investidura de Rajoy.

En un alarde de torpeza o de simple mala fe, no faltaron militantes socialistas (eso decían ser) que, a lo largo de esta especie de ordalía que vive el PSOE, le han restregado que ya en su día pactó con el PP para ser Lehendakari, olvidando que aquel pacto tuvo como objeto evitar la amenaza de que Euskadi sufriera, de la mano de Ibarretxe, un delirio similar al que hoy padece Cataluña. Eso, y también poner a las instituciones vascas nítidamente contra ETA, que entonces aún mataba. Ambas cosas se lograron en aquella legislatura y Patxi López tiene todo el derecho a reivindicar para sí mismo una gran parte de responsabilidad en aquel éxito. Por eso resulta asombroso que el nivel de inquina dentro del PSOE haya llegado al punto de insultarle y tratar de herirle con cualquier arma, incluido el desprecio por lo que hizo en Euskadi.

El candidato vasco demostró un anticuado y noble sentido de pertenencia a su partido cuando, antes de hacer pública su precandidatura, comunicó personalmente a sus entonces probables contrincantes, su intención de concurrir a las primarias. La réplica por aquel acto de respeto y cortesía ha sido ahora una apelación pública en Alcalá de los Gazules a que sus afines se pasen sin más al bando de Sánchez, e incluso una oferta genérica para contar con él. Todo ello sin siquiera hacerle una llamada previa pero -eso sí- tratándole ahora de “querido compañero”. Unas palabras que, queriendo parecer cariñosas, sonaron a sarcasmo. El traidor al que se ha venido insultando y despreciando sin piedad hasta ayer se ha transmutado súbitamente en gran amigo y ahora resulta no solo merecedor de todo el respeto sino que incluso resultaría un orgullo y un honor contar con él. La parte buena de esta afirmación es que al oírla me di cuenta de que aún no soy tan viejo como para haber perdido del todo la capacidad de asombro.

Si su candidatura es o no un error personal es algo que el tiempo responderá, pero lo que es seguro es que el de Portugalete, como dijo desde el primer día, verá las papeletas con su nombre en las mesas electorales del día 21. Lo ha dicho y lo hará. Es su carácter. Por eso en estos momentos sus dudas no deben ir por ahí sino por lo que pueda pasar con el PSOE después del día 21, que lleva todo el camino de convertirse en la segunda parte del Comité Federal de octubre. A ver qué le llaman ese día a Patxi López: si querido compañero o traidor.

Publicado el 10 de mayo de 2017 en: