¿Animales con derechos o libre elección humana?

En medio de toda la bronca montada tras la prohibición de las corridas de toros en Cataluña no es fácil escuchar reflexiones interesantes. Parece que todo se queda en una lucha simple y superficial entre la supuesta crueldad esgrimida por unos y el derecho que tendría una tradición milenaria por serlo con la que pretenden defenderse los otros. Las obvias y estúpidas connotaciones nacionales/nacionalistas no tienen valor alguno así que ni las tengo en cuenta aunque no por eso soy tan torpe como para no verlas.

Lo de la belleza de los toros no tiene explicación posible. Por tanto ni lo intentaré siquiera. Es un espectáculo sangriento, por supuesto. Y también perfectamente reglado. De hecho esa reglamentación creo que constituye, precisamente, una de sus fragilidades: En estos tiempos se hace muy difícil entender que un enfrentamiento a muerte pueda tener reglamentos, tradiciones y hasta una estética propia, como de hecho ocurre.

Confieso que a mí me gustan y confieso también que no sé muy bien por qué. Por eso me he sentido muy representado por Almudena Grandes que recordaba hoy uno de sus cuentos (Tabaco y negro) en el que hablando precisamente de los toros un abuelo le decía a su nieta: “cualquier día lo prohibirán y hasta será lógico, pero mientras no lo hagan, no hay nada que se parezca a esto”.

Así es. Siempre he visto la corrida como la representación cierta del enfrentamiento, a muerte claro está, entre el ser humano y las fuerzas de la naturaleza. Una representación de lo que ha sido nuestra existencia durante cientos de miles de años hasta que la tecnología nos cegó con su espejismo de divinidad.

En realidad ese enfrentamiento está decayendo hace unas décadas en la percepción de los occidentales que hemos cambiado el “henchid la tierra” bíblico por el miedo a seguir destruyéndola. Y, claro, en ese nuevo modelo las corridas empiezan a estar pasadas de moda. Puede que sea por eso por lo que me gustan a mí.

Pero lo que no se puede admitir es que el espejismo nos ciegue del todo y me temo que eso está pasando cuando se habla irreflexivamente de unos derechos de los animales. Los derechos corresponden al mundo humano, a ese que hemos creado usando nuestra capacidad simbólica para manejarnos en las complejas sociedades humanas. En la naturaleza hay equilibrios pero no derechos. Nuestros ancestros mismos nunca tuvieron ningún “derecho” frente a los depredadores que los acosaban y nosotros seguimos sin tenerlo ante un virus que nos ataque en pleno siglo XXI; podemos defendernos con más o menos éxito matándolo a él pero la naturaleza no reconoce “derechos” a nadie: Ni a nosotros, ni a los toros, ni a los pollos, ni a las anchoas, ni tampoco a las bacterias.

Los animales no pueden tener derechos porque tal cosa es un concepto que nos hemos inventado los hombres para organizarnos entre nosotros mismos, otra cosa es que los seres humanos –aquellos que nos lo podemos permitir- decidamos que nuestro comportamiento con otras especies va a moverse dentro de unos márgenes de respeto, que por cierto encajan tan bien con esa novísima percepción de nuestra relación con el conjunto del planeta. Podemos elegir el respeto y tal cosa no puede parecerme mal pero, por favor, dejemos los derechos para que nos sirvan de ayuda a los humanos, los animales no necesitan nuestras reglas, tienen las suyas desde hace millones de años y les han funcionado muy bien. Además, no somos dioses, tal vez sea ese el auténtico problema que tenemos.

la imagen es Escena de Tauromaquia 02, de Pablo Picasso
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Segunda entrega: «Con divisa verde y oro»

Vuelvo a la carga con la copla como símbolo y como instrucción moral escalofriante del correcto comportamiento de las mujeres.

Es cierto que las protagonistas de la mayor parte de las coplas son mujeres humildes, víctimas fáciles de un modelo de comportamiento injusto y a veces brutal que estas canciones populares les reserva sin la menor compasión. Pero siendo esto cierto, no hay que olvidar que para el imaginario «coplero» es la condición de mujer lo que cuenta. Por eso traigo hoy un ejemplo en el que la protagonista es una mujer rica, de buena posición que, sin embargo, pese a ello es condenada también a la tristeza del desamor.

Ganadera salmantina víctima de la maledicencia de sus mayorales forzada finalmente a enterrar sus sentimientos porque «con su hacienda y su apellido ya le sobra en qué pensar».

Terrible y de hace muy poco tiempo.

Vino en un rayo de luna,
de luna del mes de enero,
era un chiquillo de Osuna,
que quería ser torero.
Ganadera salmantina,
yo la nombro por madrina,
que el dinero y el cartel,
si algún día lo consigo,
pongo al cielo por testigo,
que me caso con usted.
Un olé en la tienta,
por su valentía,
y un duende en mis venas,
que así me decía:

Ganadera con divisa verde y oro,
¡Ten cuidado!
que el amor no te sorprenda como un toro,
desmandado.
Por tu hacienda y tu apellido,
se te guarda devoción,
y un clavel en tu vestido,
llamaría la atención.
En tus ojos se adivina,
la locura de un ¡Te adoro!
y has de ser como una encina,
ganadera salmantina,
con divisa verde y oro.

Ya es un torero de fama,
dinero y categoría,
ya es su pasión una llama,
que me ronda noche y día.
Por tres veces me ha pedido,
que le tome por marido,
por tres veces dije no,
y la causa está en Osuna,
morenita de aceituna,
que por mí se le olvidó.
Y son en mis noches,
de penas mortales,
cuchillos las coplas,
de mis mayorales.

Ganadera con divisa verde y oro,
¡dueña mía!
cuanto diera por salvarte de ese toro,
de agonía.
Con tu hacienda y tu apellido,
ya te sobra en que pensar,
y hasta el luto del vestido,
te lo debes de quitar.
Porque así no se adivina
que enterraste un: ¡Te adoro!
bajo el tronco de una encina,
ganadera salmantina,
con divisa verde y oro.

Letra tomada de La poesía de la copla

Museo de la Evolución en Burgos

Visita inolvidable al magnífico Museo de la Evolución Humana recientemente abierto en Burgos. Es asombrosa la forma de presentación de los fósiles, perfectamente contextualizada, pensada para despertar el interés por la ciencia y a la vez creativa y elegante.

La ciudad siempre merece una visita pero a partir de ahora el museo se va a convertir en un foco permanente de atracción de visitantes. Vale la pena.

Aunque es fácil de seguir, el museo da para varias visitas, tal es la cantidad de información y el interés que hay en cada uno de sus rincones.

Todo está presentado de forma extraordinaria pero la galeria de figuras hiperrealistas de nuestros antepasados y «primos» impresiona muchísimo. Parece que en cualquier momento van a dar un paso al frente.

Allí están casi todos, desde «Lucy» la antiquísima Australopithecus afarensis hasta el Homo Neanderthalensis, que siempre ha sido mi favorito y al que le he tomado esta mala foto de móvil. Que hayamos convivido durante nada menos que 30.000 años con otro tipo de seres humanos distintos a nosotros pero humanos al fin me parece una de las cosas más demoledoras de ese estúpido orgullo de sentirnos tan especiales.

No hemos inventado el respeto por los muertos ni la autoconsciencia, ni la creación de conceptos y posiblemente ni siquiera la música. Los Homo sapiens nos hemos quedado solos desde hace algunos miles de años pero durante milenios tuvimos vecinos que también eran de la familia. Siempre me asombra pensarlo.

No se pierdan el Museo y, ya puestos, tampoco la morcilla frita.

La del pulpo

Parece que el pulpo Paul ha vuelto a acertar. Es un bicho que vive en un acuario alemán y -dicen- que hasta ahora ha acertado todos los resultados de futbol sobre los que ha sido «consultado» menos uno.

Predijo la derrota de Argentina y también la victoria de España contra el país que le tiene acogido en sus acuarios ya que, al parecer, Paul es «inglés»

Alemania ha recibido hoy «la del pulpo». A ver lo que tardan ahora en hacer una paella con él. Podría llamarse «arroz al agorero».

Ya verán como estos días se volverá a hablar de la inteligencia de los pulpos y tendremos que oir alguna chorrada. Al tiempo.
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Alcohol a menores

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Emocionante llegada de Marc Marquez como ganador hoy en la carrera de 125 cc en Mugello. Ha sido enternecedor oírle decir con ingenuidad y con esa cara de niño que tiene: “entraba en la recta y veía que nadie me pasaba”. Ha hecho una gran carrera.

Aún recuerdo que el año pasado competía con la moto lastrada porque no daba el peso mínimo exigido para poder correr. En fin hoy, con sus 17 años, se ha subido a lo más alto del podio y le ha dado el obligado arreón a la botella de cava.

La realidad siempre va más rápido que la ley, sobre todo en el mundo de las carreras. Nadie imaginó que un menor de edad tuviese la oportunidad de brindar como campeón, y además ni siquiera es la primera vez que eso sucede.

¡Felicidades chaval!

(La foto está tomada de RTVE)
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Buitres arriba y ampollas abajo

Coincidiendo casualmente con el Día Mundial del Medio Ambiente hemos hecho una fantástica excursión al monte Gorbea, por una ruta que no conocía (lo que no es mucho decir porque solo conocía una).

El tiempo nos ha acompañado y ha sido una gozada. El camino del río Bayas es cómodo y los recodos del agua, como de postal. Aunque una vez que se abandona el río la cosa se pone realmente empinada.

Arriba los buitres leonados se turnaban encima de nuestras cabezas con las chovas piquigualdas, éstas atentas a los restos de bocadillos y aquellos… mejor no saber a la espera de qué.

Pero lo más curioso ha sido que paso a paso, o mejor jadeo a jadeo, he ido dando vueltas al magín y creo que he encontrado solución a algunos asuntos del Parlamento que no tenía muy claro cómo acometer, no hay como el aire libre. O sea que un éxito total. Bueno, casi, porque mis pies están ya desacostumbrados a la marcha y tendré ampollas unos días. Pero ha valido la pena.

La copla, arqueología sociológica. Primera entrega: “A la lima y al limón”

Dicen quienes saben de niños que los peques sienten que el mundo nació con ellos, que antes no hubo nada y que estrenan el planeta. A medida que crecen tal espejismo va diluyéndose y empiezan a entender que antes de que nacieran pasaron muchas cosas, y cosas –además- que conviene que conozcan para entender su propio mundo. Su curiosidad hace el resto.

Sin embargo a menudo la sociedad adulta, más torpe o más cínica que los niños, actúa como si no existiese el pasado. Posiblemente aquejada de una especie de “adolescentelización” colectiva que ya tendré ocasión de comentar.

Sospecho que no es tanto el olvido como el pudor de reconocer que vivieron en un mundo en el que se daban por buenas cosas que hoy resultan inadmisibles. Tal vez tememos que una opinión pública, o publicada, tan aficionada a ese inmaduro “adanismo” juzgue nuestra actuación en el pasado a través de las creencias y certezas de hoy. Pero creo que es peligroso desdeñar la memoria del ayer porque nos impide entendernos a nosotros mismos en el hoy.

No hay que irse muy lejos para ver, y oír, cuál era el papel que la sociedad reservaba a la mujer hasta hace bien poco. Ahí está algo tan popular como la copla, que describe con enorme precisión lo que era o no correcto en tiempos de nuestras abuelas, y aún después.

La copla es un tratado amplio y profundo de urbanidad, de moralidad y sobre todo es un testigo sincero que nos describe sin disimulo alguno cómo era la vida, sobre todo la de las mujeres. Hoy empiezo a explotar este filón sociológico con la conocida canción “A la lima y al limón” que detrás de su aparente gracejo esconde una letra espeluznante en la que el papel de la mujer y lo que de ella esperaba la sociedad queda reflejado con enorme claridad – y crueldad.

Es la historia de una mujer fea a la que la paciencia y la suerte le permiten salir al final de su casi segura desesperación por el único camino que le es permitido: el del matrimonio. Escúchenla y tiemblen, pero no se avergüencen. Era así.

Seguiremos explorando.

La vecinita de enfrente no, no,
no tiene los ojos grandes.
ni tiene el talle de espiga, no, no,
ni son su labios de sangre.
nadie se acerca a su reja,

nadie llama en sus cristales.
que sólo el viento de noche
es quien le ronda la calle.
Y los niños cantan a la rueda, rueda.
esta triste copla que el viento le lleva.

A la lima y al limón,
tu no tienes quien te quiera.
A la lima y al limón,
te vas a quedar soltera.
Que penita y que dolor.
Que penita y que dolor,
la vecinita de enfrente soltera se quedó.
Solterita se quedó.
A la lima y al limón.

La vecinita de enfrente no, no,
nunca pierde la esperanza.
y espera de noche y día, si, si,
aquel amor que no pasa.
Se han casado sus amigas,
se han casado sus hermanas.
Y ella compuesta y sin novio
se ha quedado en la ventana.

Y los niños cantan a la rueda, rueda.
el mismo estribillo que el viento le lleva.

A la lima y al limón,
tu no tienes quien te quiera.
A la lima y al limón,
te vas a quedar soltera.
Que penita y que dolor.
Que penita y que dolor,
la vecinita de enfrente soltera se quedó.
Solterita se quedó.
A la lima y al limón.

La vecinita de enfrente si, si,
a los treinta se ha casado,
con un señor de cincuenta, si, si,
que dicen que es magistrado.
Lo luce por los paseos,
lo luce por los teatros.
Y va siempre por la calle
cogidita de su brazo.
Y con ironía siempre tararea,
el mismo estribillo de la rueda, rueda.

A la lima y al limón,
que ya tengo quien me quiera
A la lima y al limón,
que no me quedé soltera.
Ya mi pena se acabó.
Ya mi pena se acabó,
que un hombre llamó a mi puerta
y le dí mi corazón,
y conmigo se casó.
A la lima y al limón.

Letra tomada de La poesía de la copla

Atardecer azul en Madrid

La imagen que tenemos de las ciudades casi siempre está vinculada a la prisa. Nos es fácil sentir una ciudad como algo apresurado, anónimo e impersonal. Aunque si reflexionamos un poco también seremos capaces de ver oportunidades, matices, sorpresas…espectáculo.

Me gustan las ciudades y me gusta cuando una ciudad se reconoce a sí misma como escenario de convivencia, con todo el valor que eso tiene. Cuando se mira y descubre lo espléndida que está.

Con motivo de su primer centenario, la Gran Vía de Madrid se abrió a ser paseada por todo el mundo. El escenario se convirtió en protagonista y el suelo se hizo más humano para que la gente se animase a pisarlo sin prisa. Una gozada.

Solidaridad


Algunas veces ocurre que recuerdos de la infancia se nos vuelven a presentar después de muchos años. Y lo hacen con tal nitidez que nos sorprendemos al ver el mimo con que alguna parte de nuestro cerebro guardó aquellas impresiones que creímos olvidadas.

A Félix Reyes ese recuerdo le sobrevino con motivo de los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid. El funeral de su padre, allá en Valleseco (Gran Canaria) parece que se hizo irresistiblemente presente al ver bajo la lluvia a los manifestantes que mostraban su duelo por las víctimas de los trenes.

Y de tan adentro nació su obra “Solidaridad” que hemos tenido la ocasión de ver hoy durante la conmemoración de los primeros 75 años de Radio Vitoria. Muy interesante.

Extraños fenómenos sobre el cielo de Madrid


Confío en que algunos de ustedes recuerden la estupenda película de Imanol Uribe, basada en la novela “Crónica del rey pasmado”, de Gonzalo Torrente Ballester. La cinta es simplemente magnífica y la historia absolutamente cautivadora, como tiene que ser la obra de un genio.

Recordarán que la historia se inicia con la observación de unos “extraños y diabólicos fenómenos aparecidos esta noche sobre el cielo de Madrid” ¡Qué maravilloso comienzo! Aquel prodigio desata el relato apasionante de las obsesiones de la corte del joven Felipe IV. Pues bien, el fenómeno se ha reproducido nuevamente el pasado miércoles sobre el cielo de la Villa y parece que ha desatado pasiones similares a las del siglo XVII.

Una potente señal de origen desconocido impidió que la señal de Telemadrid llegase a miles de televidentes ¡precisamente durante la transmisión del partido de la Liga de Campeones que enfrentó al Barcelona con el Inter de Milán!

El fenómeno –maligno por demás- llegó minutos después de que comenzara el partido y duró hasta instantes antes de que el árbitro diera el pitido final, que eliminaba al Barça. Tan extrema coincidencia hace pensar sin duda en algo diabólico.

Y, como si estuviésemos en aquella corte que Gabino Diego gobernaba con mano temblorosa, todos los demonios de Madrid, que al parecer siguen aquí sin moverse desde hace siglos se han desatado de nuevo en pleno siglo XXI.

El vicepresidente y portavoz de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, ha manifestado que fue “una interferencia externa intencionada» y la lideresa madrileña, Esperanza Aguirre, ha calificado de «escándalo» las interferencias «provocadas o no». Se han presentado las correspondientes denuncias ante la policía, el Ministerio de Industria y la empresa distribuidora de la señal han iniciado investigaciones y andan los políticos madrileños escamados mirándose mutuamente de reojo.

Tal vez no hayamos avanzado tanto y sobre las cabezas de los madrileños sigan revoloteando aquellos demonios que hoy nos cuesta ver cegados como estamos por la tecnología, la prisa y las luces artificiales de la noche. Pero que la corte de la capital de reino mantiene viejos tics, parece evidente.

Hombre, no quiero frivolizar. La cosa tiene su importancia, tanto si se trata de un error técnico como –sobre todo- si se demuestra que cualquiera en España puede bloquear intencionada y clandestinamente la señal de una televisión. El asunto es serio y tendrá que aclararse pero a mí todo esto me ha recordado, inevitablemente, aquella película que siempre tengo en la memoria y que recomiendo encarecidamente a cualquiera.

Por cierto a alguno de los lectores habituales de este blog (él sabe) le recuerdo la escena impagable en la que Eusebio Poncela, sin que se sepa si como Conde de la Peña Andrada o como Lucifer, baila voluptuosamente la chacona con una bella cortesana de Palacio. Ya me dirás.

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