En solo cuatro años quienes recuperaban orgullosos el discurso de Julio Anguita de las dos orillas amenazan con ahogarse en la suya.
Las rupturas de estas gentes siempre comienzan con gritos de “unidad”, “unidad” y terminan con un listado de disidentes y purgados. No falla. La maldita y titubeante socialdemocracia, tan llena de defectos, acabará siendo de nuevo el lugar en el que poco a poco, o tal vez en tromba, vayan recalando los disidentes y traidores que la vanguardia del proletariado lleva cien años excretando inevitablemente a su alrededor.

