¿Italia grillada?

Aunque usted sea de los que cuidan su salud; no fume, se ejercite, coma con poca sal y evite leer periódicos cada día, se habrá enterado de que en las elecciones italianas un cómico llamado Beppe Grillo, símbolo de la rebelión ciudadana, ha obtenido 162 escaños entre diputados y senadores. De hecho ha sido el partido más votado en la cámara de diputados italiana.

La irrupción del Movimiento 5 Estrellas, que es como se llama el de Grillo, supone un problema serio para la política italiana y europea ya que puede impedir que se forme en Roma un gobierno capaz de tomar decisiones, y no olvidemos que la democracia es un sistema pensado para tomar decisiones y no para no tomarlas.

Se desprecia ahora al cómico y a sus pintorescas ocurrencias probablemente para no tener que reconocer que detrás de él puede que haya más payasos y anécdotas chuscas pero que también hay un gran número de ciudadanos más dispuestos, preparados y capaces de lo que les gustaría reconocer a los dirigentes de los partidos tradicionales

Los movimientos cívicos rebeldes que proliferan en Europa y también aquí puede que, ciertamente, no logren jamás convertir su vehemencia asamblearia en una herramienta política eficaz para gobernar. Tienen defectos pero acaban de obtener en Italia un 25% del voto popular.

Un porcentaje que, sin duda, apela a esos partidos que se dicen serios y responsables para que ejerzan esa misma responsabilidad que tanto invocan y sean capaces de arriesgarse a escuchar, entender y aceptar a las personas comprometidas que están en esos movimientos hoy en la periferia de la política, porque no son ni mucho menos gente grillada sino expresión de un descontento cívico justo y real.

La “visión de Estado” obliga -precisamente- a estas cosas: a renunciar a lo conocido que ya no funciona para adentrarse en el riesgo de lo nuevo que sí puede funcionar. Por el contrario, esperar sentados a que la contestación política se enfríe podría significar la muerte no solo de la rebeldía sino también la de los partidos de siempre, paralizados por sus propios defectos. Y no hay que olvidar que ahí están los populistas corporativos de Berlusconi para hacerse con el espacio que les deje libre la torpeza de los demás.

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