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| Foto todotvnews |
La semana pasada, se celebró en la sede de EiTB en Bilbao una interesante jornada de reflexión sobre la televisión pública: sus problemas, sus oportunidades y su posible futuro. Directivos de televisiones autonómicas, profesionales y expertos académicos señalaron de forma clara, honesta y hasta descarnada, los muchos retos y dificultades que atraviesan las televisiones en España y en toda Europa. Se habló de atomización de las audiencias, de financiación, de los contenidos, de las oportunidades tecnológicas e incluso de la redefinición misma de lo que es el servicio público.
Debates oportunos e importantes para nuestra radiotelevisión pública que, sin embargo, contrastaban vivamente con nuestras polémicas cotidianas. Mientras los demás se ocupan de las televisiones públicas mirando al futuro con sinceridad y aprendiendo de lo que pasa en el mundo, EiTB tiene que afrontar todavía las dificultades creadas por quienes pretenden mantener la vieja televisión del pasado.
Cuando el Parlamento Vasco designó como Director General de EiTB a un profesional sin significación partidaria se iniciaba un estilo diferente del que había sido norma hasta entonces. No se trataba de marcar un rumbo idéntico pero de signo contrario al de las direcciones anteriores, aunque algunos lo esperasen, sino de establecer uno absolutamente distinto. Se quiso hacer visible la intención de que EiTB se alejase del monocultivo ideológico y que, desde el obvio respeto por la legitimidad de las instituciones democráticas, se constituyese en un medio de comunicación al servicio de una sociedad plural y diversa como es la vasca.
Evidentemente no era tarea fácil pero muchos pensamos entonces, y seguimos pensando, que EiTB es demasiado importante como para que se vea inmersa en polémicas partidistas, aunque está claro que no todos los grupos políticos opinan igual. Desde antes incluso de la toma de posesión del actual Director General, el nacionalismo ha venido desplegando una verdadera campaña de acoso contra la dirección de EiTB, sin duda persuadido de que si el equipo de Alberto Surio logra consolidar un medio público verdaderamente plural, será imposible que nadie pueda hacerlo retornar después al viejo modelo de televisión identitaria. En ese sentido es comprensible la preocupación y aun la alarma del PNV, que ve cómo cada día se le cierra más la posibilidad de volver a disponer de una televisión gubernamental.
Asombra ver, sin embargo, que un partido al que se le llena la boca al hablar de EiTB como “pilar” del autogobierno tenga tan pocos escrúpulos en atacar por cualquier vía y con cualquier motivo algo que dice querer tanto. Más parece que, cegados por su incapacidad para digerir, aún hoy, la pérdida del poder, están dispuestos a torpedear todo aquello que ya no pueden controlar y no hay empacho, al parecer, en hacerlo desde sus propios medios, desde las instituciones, desde la web o incluso desde dentro de la propia EiTB.
La dirección de la Radiotelevisión Vasca está teniendo que afrontar muchos problemas, especialmente en un momento de crisis publicitaria y de cambio tecnológico. El recorte de fondos públicos y algunas irregularidades laborales graves heredadas de gestiones anteriores han añadido mayores dificultades aún a su trabajo. Pero lo que está resultando difícil de creer es la actitud del PNV, que solo se explica por su necesidad de desprestigiar los medios públicos para alimentar aventuras privadas que, esas sí, respondan estrictamente a su excluyente concepción de lo vasco.
A EiTB lo que le toca ahora es replantearse la forma de servir mejor a la sociedad que la mantiene y en ese sentido tiene todos los problemas de las televisiones públicas que se discutían la pasada semana en aquella jornada profesional. Esa es la verdadera polémica que la dirección y los trabajadores del ente deben afrontar porque ahí se decidirá el futuro de EiTB como el de todas nuestras radiotelevisiones de servicio público. Lo otro, los problemas que se le quieren crear desde fuera de su sede, serán restos de viejas inercias, incómodas desde luego, pero residuos al fin.
Este artículo se publicó en el diario El Correo el 11 de noviembre de 2010
