Auguro que vendrán los liberales, cual torna la cigüeña al campanario
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| Antonio Machado |
El ardiente deseo de discurrir con novedad
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| Antonio Machado |
El coronavirus nos ha obligado a hacer de la necesidad virtud y muchos hemos descubierto por fin lo que siempre sospechamos, que en la oficina no hacíamos cosas demasiado diferentes de las que hacemos estos días en casa: los documentos que hoy pasamos por correo al domicilio del compañero antes los pasábamos exactamente del mismo modo a su mesa, situada, eso sí, a menos de 2 metros de la nuestra. Las largas, innecesarias y a menudo inútiles reuniones presenciales de antaño las hemos sustituido ahora por largas, innecesarias y a menudo inútiles videollamadas, si acaso algo más largas incluso, aprovechando que todo el mundo está en casa sin excusa de tener que salir.
Peor aún; esa misma disponibilidad a la fuerza ha estimulado que el horario de tales telereuniones se relaje y puedan convocarse en cualquier momento casi sin previo aviso: “¿Qué otra cosa vas a hacer, si estás tan ricamente en casa?” parecen pensar algunos mientras que otros lo dicen claramente casi con esas mismas palabras.
El virus no nos ha cambiado tanto. Por encima de todo siguen sin estar los resultados, pero sí el presentismo, aunque sea a distancia, y por debajo se mantiene invencible la corriente de una sorda desconfianza en las personas que simplemente ahora se nota más.
Cuando todo esto acabe veremos si el teletrabajo se instala como una posibilidad real y se buscan herramientas para hacerlo más útil y productivo o si, por el contrario, esta experiencia sirve para que las empresas desconfiadas se enroquen en su posición y se refuercen en su prejuicio de que si se pierde el tiempo, piérdelo aquí, en tu mesa y en tu horario.
Vuelvo con mi especial predilección por la música barroca de América.
En este caso os enlazo el «Villancico al Nacimiento», también conocido por la letra de su primera estrofa: «Oiga niño mío, de mi corazón» del enorme José Cascante (1646-1702) cuyas obras se han conservado en el archivo musical de la Catedral de Bogotá, milagrosamente a salvo de catástrofes naturales y humanas.
2 minutos y 39 segundos de emoción traídos desde cuatrocientos años atrás.
Felices Fiestas
Cuando un partido gana las elecciones en nueve de diez ocasiones y cuando nada apunta a que vayan a robarle la próxima victoria, no basta con criticar lo que hace el ganador, sino que los demás deberían reflexionar sobre cuáles son las alternativas que ofrecen y por qué a todas luces no han funcionado en siete lustros.
Los tópicos, de los que Andalucía anda más que sobrada, forman un conjunto de ideas falsas, pero bien instaladas, que son muy venenosas porque conectan unas con otras de forma que cuando se evoca un tópico, automáticamente, como las cerezas, salen de la cesta otros muchos, quizás no tan del gusto de quien se aventuró a utilizarlos.
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| Pablo Casado y Moreno Bonilla (el candidato del PP a la Junta) en Granada |
En mi artículo de esta semana en VozPópuli reflexiono sobre la torpeza e incapacidad de la derecha española más tópica para entender Andalucía. Puedes leerlo aquí.
Torra necesita aire para que no se ahogue la esperanza del discurso independentista entre sus fieles, mientras que Sánchez busca tiempo para que la sociedad catalana perciba un seny español dialogante y vaya regresando a posiciones de moderación
Tiene razón la consejera Artadi en que “se pueden explorar los caminos para seguir hablando», pero no por eso debería pensar que las cosa van a cambiar mucho. Hablar también podría servir para que los miembros del Govern, incluida ella, entiendan que ser nacionalistas no les da ningún plus de razón, ni hace que los demás estemos obligados a reconocérsela.
Mi artículo de esta semana en VozPópuli opino que la nueva relación entre Sánchez y Torra es mejor que el alejamiento permanente pero que tiene mucho de táctica de comunicación hacia terceros y muy poco de búsqueda de acuerdo entre los hablantes. Puedes leerlo aquí.
Y, por supuesto no me refiero a los números de la lotería, que le han supuesto otro aluvión de pulgas al perro flaco. Lo digo porque cuando el Partido Socialista se encuentra más debilitado, sin líder, sin saber de firme quién podría serlo a la vuelta de primavera, con un segmento de su militancia aún encendido por lo sucedido con Pedro Sánchez y con todo el partido sumido de hecho en la incertidumbre, justo ahora en que se encuentra en la posición más vulnerable, sus adversarios y competidores van a distraerse y le dejarán algún tiempo para reponerse.
Podemos, que ha constituido su principal enemigo electoral, no solo se dispone a celebrar el mes que viene en Carabanchel una asamblea reconstituyente de hecho, sino que va a hacerlo a tortas y eso no va a haber ya quien lo pare. La pelea entre las esencias quicememeras, la deseada y al mismo tiempo despreciada transversalidad, el hiperliderazgo de Iglesias y los tradicionales tics depuradores de las izquierdas revolucionarias terminarán seguramente mal. Por si fuera poco todo ello irá aderezado con el imprescindible ingrediente de la bronca en twitter, de forma que la alternativa más visible al PSOE se debilitará, tanto entre los votantes que esperaban algún resultado concreto, inexistente por ahora, como entre los más comprometidos con la causa.
Por el lado contrario el PSOE tiene un PP cuyo único propósito es mantener a Rajoy a toda costa, 12 años o los que sean, porque de otro modo tendría que afrontar un debate sobre sí mismo que no quiere acometer, como bien ha visto Aznar, y también a levantar alfombras que mejor sería ni tocar. El poder es el asidero que permitirá a los populares aplazar cualquier discusión y, precisamente por eso, no lo soltarán, aunque corran el riesgo de tener que apoyarse tanto en el grupo parlamentario socialista que desdibujen su propio proyecto, como atinadamente ha señalado Gabriel Elorriaga.
El PSOE es un partido grande al que, por eso mismo, le costará levantarse de la lona pero con el inicio de la legislatura ha sonado la campana salvadora. Si es capaz de aprovechar esa pausa para ponerse en pie, aun tambaleante, será difícil que vuelvan a derribarlo. Veremos.
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Un año más, no me resisto a repetir esta parte que me encanta del Concierto para Navidad de Arcangelo Corelli (1653-1713)
Tres minutos de belleza. Que los disfrutes.
Hace unos días utilizaba el término “gorilización” para referirme al proceso de deterioro de la modernidad por el que la tan aplaudida como temida robotización se queda a medias.
Dado que las máquinas requieren una considerable inversión y que la legislación laboral actual convierte a los seres humanos en elementos fácilmente desechables, muchas empresas están aprovechando esas condiciones tan tentadoras para apuntarse a la gorilización, ya que, establecidas las rutinas, el valor añadido de las personas es perfectamente irrelevante y solo cuenta su precio laboral, cuanto más bajo, mejor. ¿Para qué gastar en máquinas caras habiendo trabajadores baratos?
Sin embargo nada menos que McDonald’s me ha causado una grata sorpresa. En algunos de sus establecimientos han optado por suprimir el mostrador de pedidos, donde una persona realizaba el trámite de teclear tu comanda y han instalado unos paneles automáticos donde el propio cliente hace su pedido y simplemente se sienta a la mesa después.
Las personas no han desparecido, siempre hay un camarero ayudando a los torpes como yo a teclear mi pedido en la máquina y, además, otras personas se ocupan de llevarlo a las mesas.
Un trabajo que podía ser robotizado (el de teclear el pedido) lo ha sido efectivamente y el trabajo de atender a los clientes personalmente (que antes no existía) se reserva para personas de carne y hueso, que te hablan y te ayudan si has olvidado algo. Con mucha amabilidad, por cierto.
El ambiente ha cambiado, los centros están más limpios, el trabajo de quien te atiende seguirá siendo duro -supongo- pero no es tan inhumano como estar con un micro detrás del mostrador. No hay colas y los patosos no corremos el riesgo de volcar la bandeja.
Lo que podía hacer el robot lo hace el robot y yo me siento a ser atendido por una persona que mejora el servicio. Quedarán muchas cosas por cambiar pero al menos he encontrado un ejemplo de una empresa que, pudiendo hacerlo, no apuesta por la gorilización sino por crear un servicio nuevo y mejor apoyándose en el valor que pueden aportar las personas. Un punto para McDonald’s.