Éspañoles
Las esdrújulas, siempre con su graciosa tilde, son palabras estupendas, con mucha fuerza expresiva
Blog de Carlos Gorostiza. Reflexiones sobre la actualidad que, a nada que se mire con detalle, siempre se descubre asombrosa.
Blog de Carlos Gorostiza. Reflexiones sobre la actualidad que, a nada que se mire con detalle, siempre se descubre asombrosa.
Las esdrújulas, siempre con su graciosa tilde, son palabras estupendas, con mucha fuerza expresiva
Hay que salir, hay que volver a las calles. Es imprescindible retomar cuanto antes la actividad y volver a reiniciar la economía. El daño ya es enorme y cuanto más tiempo estemos parados más irreversible será. De modo que estoy muy de acuerdo con quienes dicen que la desescalada debe producirse lo antes posible.
Si eres uno de esos expertos que asesoran al Gobierno y cuyos nombres no se quieren hacer públicos, mejor será que leas esto.
Con un virus suelto y activo por ahí resulta tranquilizador escuchar esa bonita mentira de que es falsa la dicotomía entre salud y economía. Nos gusta escucharla porque niega que tengamos que escoger entre dos males, que es cosa siempre muy incómoda. Solo que, de falsa, nada. Es una elección terrible, inhumana, pero cierta.
El confinamiento salva vidas. Tan seguro como que mientras tanto nos arruina, nadie pone ninguna de esas dos cosas en duda: mientras frenamos la expansión del virus, frenamos la economía. Cada día que le ganamos al virus unas decenas de muertos para la siguiente quincena, destruimos la economía para los siguientes meses. Es justamente porque somos íntimamente conscientes de ello por lo que nos apuntamos a la fácil salida de negar lo evidente. Pero el virus está ahí; mata, y esa es la única razón por la que estamos encerrados en casa y tan hartos que el cansancio nos está haciendo evolucionar del #yomequedoencasa al #aversisalimosdeunavez.
Parada la curva estadística, que no mata, ahora toca a nuestros gobernantes asumir la ingrata tarea de decidir qué hacer mientras sigue la descendente pero larga cola de la pandemia real, que sí mata y que seguirá matando. Volver a la normalidad más o menos rápido es su decisión, mantener la economía parada más tiempo, con riesgo de ruina, también lo es. Cuando volvamos a la calle, el virus seguirá ahí, esperándonos. Por mucho cuidado que pongamos en la vida (que ya veremos si es así o no) la normalidad traerá su porcentaje de muertos adicionales. Nos guste o no.
Del mismo modo que los generales en una guerra estiman el número de bajas, como es su obligación, antes de decidir a quién mandarán a la muerte primero, a los gobernantes civiles de hoy les toca escoger entre muertos y economía. Una decisión pavorosa, sin duda, pero no hay otra. Y los demás, los que afortunadamente no tenemos que decidir cosa semejante, esperamos que ellos sí lo hagan. Para eso los elegimos, para que decidiesen.
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| Antonio Machado |
El coronavirus nos ha obligado a hacer de la necesidad virtud y muchos hemos descubierto por fin lo que siempre sospechamos, que en la oficina no hacíamos cosas demasiado diferentes de las que hacemos estos días en casa: los documentos que hoy pasamos por correo al domicilio del compañero antes los pasábamos exactamente del mismo modo a su mesa, situada, eso sí, a menos de 2 metros de la nuestra. Las largas, innecesarias y a menudo inútiles reuniones presenciales de antaño las hemos sustituido ahora por largas, innecesarias y a menudo inútiles videollamadas, si acaso algo más largas incluso, aprovechando que todo el mundo está en casa sin excusa de tener que salir.
Peor aún; esa misma disponibilidad a la fuerza ha estimulado que el horario de tales telereuniones se relaje y puedan convocarse en cualquier momento casi sin previo aviso: “¿Qué otra cosa vas a hacer, si estás tan ricamente en casa?” parecen pensar algunos mientras que otros lo dicen claramente casi con esas mismas palabras.
El virus no nos ha cambiado tanto. Por encima de todo siguen sin estar los resultados, pero sí el presentismo, aunque sea a distancia, y por debajo se mantiene invencible la corriente de una sorda desconfianza en las personas que simplemente ahora se nota más.
Cuando todo esto acabe veremos si el teletrabajo se instala como una posibilidad real y se buscan herramientas para hacerlo más útil y productivo o si, por el contrario, esta experiencia sirve para que las empresas desconfiadas se enroquen en su posición y se refuercen en su prejuicio de que si se pierde el tiempo, piérdelo aquí, en tu mesa y en tu horario.
Vuelvo con mi especial predilección por la música barroca de América.
En este caso os enlazo el «Villancico al Nacimiento», también conocido por la letra de su primera estrofa: «Oiga niño mío, de mi corazón» del enorme José Cascante (1646-1702) cuyas obras se han conservado en el archivo musical de la Catedral de Bogotá, milagrosamente a salvo de catástrofes naturales y humanas.
2 minutos y 39 segundos de emoción traídos desde cuatrocientos años atrás.
Felices Fiestas
Cuando un partido gana las elecciones en nueve de diez ocasiones y cuando nada apunta a que vayan a robarle la próxima victoria, no basta con criticar lo que hace el ganador, sino que los demás deberían reflexionar sobre cuáles son las alternativas que ofrecen y por qué a todas luces no han funcionado en siete lustros.
Los tópicos, de los que Andalucía anda más que sobrada, forman un conjunto de ideas falsas, pero bien instaladas, que son muy venenosas porque conectan unas con otras de forma que cuando se evoca un tópico, automáticamente, como las cerezas, salen de la cesta otros muchos, quizás no tan del gusto de quien se aventuró a utilizarlos.
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| Pablo Casado y Moreno Bonilla (el candidato del PP a la Junta) en Granada |
En mi artículo de esta semana en VozPópuli reflexiono sobre la torpeza e incapacidad de la derecha española más tópica para entender Andalucía. Puedes leerlo aquí.