Sin Categoría

Contra el debate

Faltan varias horas para el debate televisivo entre Rajoy y Rubalcaba y voy a aprovecharlas para escribir estas líneas ahora, antes de su celebración, para que nadie pueda pensar que lo escrito esté motivado por un supuesto mal papel que haya podido hacer mi candidato (que es el socialista, por supuesto) y al que dan por “ganador” las apuestas.

Como ya he escrito en este blog, no me gustan los debates políticos televisivos. Debo ser “rara avis” pero es así. Creo firmemente que el deterioro de la calidad de la política tiene mucho que ver con su conversión en un espectáculo y con el consiguiente abandono de la reflexión serena y responsable. Un deterioro que me parece ya alarmante y que ese debate que emitirán las televisiones esta noche sólo va a contribuir a incrementar.

La televisión es un medio perfectamente inadecuado para que se manifieste en ella la reflexión responsable, atrevida y (cuando haga falta) impopular. Todo lo contrario, allí lo que vende y lo que gusta es la bronca, el ingenio hueco, la pose superficial y las técnicas de telegenia. Nada que a mí me importe a la hora de escoger a quien vaya a conducir mi país.

Por si fuera poco, emisoras de radio y otros medios de comunicación, ya están dando la matraca con el tema. Ni una reflexión he leído o escuchado que no tenga que ver con frases redondas de otros debates, con algunas afortunadas tonterías que se dijeron o con desgraciados argumentos que se emplearon. Cuando no con corbatas, peinados o gestos. La banalidad idolatrada.

De hecho si algo se ha criticado es la supuesta “rigidez” de las normas de respeto a los tiempos y a los turnos que se imponen en estos debates, ya que lo que gusta a la grada es la interrupción constante, la pelotera, la descalificación personal y todas esas tácticas de los debates con los que nos fustigan en los programas de la tarde, esos sí plenamente ajustados al medio televisivo, y que tanto gustan a la audiencia.

Pero lo peor de todo, lo más irritante es la tontería que se hartan de proclamar los opinadores de que el debate sería algo así como una prueba de calidad democrática, una herramienta imprescindible para la creación de opinión y una vía de refresco y regeneración que nuestra democracia necesitaría. Por el contrario, esta noche, como en todos los casos anteriores será la destreza en la dialéctica vacía, la agresividad medida hacia el contrincante, o la buena imagen física de los actores de esta pura comedia lo que contará. En mi modesta opinión, justamente lo que menos necesita nuestra democracia para recuperar el prestigio y el valor que ha perdido ante la ciudadanía.

No obstante, esta noche haré un esfuerzo, como en otras ocasiones, y lo seguiré hasta que no pueda soportar más ver cómo me toman por idiota, cosa que suele ocurrir a los pocos minutos del comienzo. Completaré este post a la noche informando de cuántos aguanté.
(lo puse en los comentarios)

La última de todas las últimas

Yanko design

Ya tienen la percha. Su gente se la ha preparado cuidadosamente.

  • Que cuelguen el comunicado de una vez. 
  • Que lo cuelguen y que lo cuelguen ya.

Ya lo ha dicho el Lehendakari, que aprovechen esta oportunidad porque como dice mi hija pequeña, “es la última de todas las últimas”.

¿Seguro que es inevitable?

Se habla mucho de las profundas transformaciones que está experimentando la televisión, yo también lo hago, pero Andrés Rábago en su artículo gráfico de El País de ayer lo resume magistralmente, como es habitual en él.

El Roto. El País

En defensa de las TV públicas autonómicas

En medio de la tormenta y de los huracanes privatizadores que soplan con la fuerza siempre impetuosa de la demagogia, conviene tener claras algunas evidencias sobre la importancia que tiene lo público, también en materia de medios de comunicación. Al fin y al cabo hay que hablar no solo del derecho a la libre empresa sino sobre todo del derecho a la información libre y veraz que recoge la Constitución Española ¿O no?.


Estas fueron las conclusiones del seminario Las TV autonomicas y el futuro del sector audiovisual en España, organizado por AEGA los pasados 29 y 30 de setiembre en Santiago de Compostela

Los asistentes al Seminario constatan lo siguiente:

  1. Que en un entorno de cambio de modelo audiovisual, de fragmentación de canales y de audiencias, de crisis económica generalizada y de incertidumbres, se hace necesario reforzar el papel de las TVs Públicas Autonómicas españolas con el fin de que cumplan las funciones de promoción cultural y lingüística, de cohesión social y mantenimiento del pluralismo, de motor generador del tejido industrial en sus zonas de influencia, con vocación de permanencia. Este papel debe ser adaptado a las circunstancias del nuevo modelo, que viene determinado por el cambio tecnológico y social producido en los años recientes.
  2. Que en estas circunstancias, se generan tentaciones privatizadoras e incluso de cierre, sin análisis rigurosos sobre un tema de tanta transcendencia social, generalmente basados en discursos demagógicos sobre el déficit y los recursos, además de ataques no disimulados de los lobbies comerciales, no solo para la obtención de las cuotas publicitarias sino para la captación de la audiencia que permanece fiel a los canales públicos autonómicos.
  3. Las TVs públicas autonómicas deben basar su gestión en prácticas transparentes, de buena gobernanza y financiación sostenible, apostando por la calidad de los contenidos, siendo fieles a la línea editorial, información de proximidad, potenciando su visión comercial y global hasta reconvertir los medios de servicio público en plataformas para la comunicación social abierta.
  4. El servicio público en la era digital esta avalado por el Protocolo de Amsterdam de la UE y también por el Parlamento Europeo, el Consejo de Europa y la propia Comisión. El Consejo de Regiones, apoya de forma explícita la identidad cultural y la diversidad lingüística en Europa.
  5. En España, dada la estructura de Estado autonómico que nos hemos dado, las TVs públicas autonómicas desempeñan un papel crucial de servicio público de cohesión social y están llamadas a jugar un papel dinamizador de las nuevas oportunidades de la era digital.
  6. Entre las fortalezas de las TV autonómicas se identifican su papel como instrumento para la normalización de las lenguas, como elemento de descentralización audiovisual y cultural, elemento de articulación regional, impulsoras de la industria audiovisual, como factor de identificación y proyección de talento, de creación de empleo y de crecimiento económico.
  7. Entre las debilidades se identifican la inestabilidad en la dirección, la precariedad financiera, el inmovilismo en la estructura organizativa interna y, en general, la no adecuación a la era digital.
  8. Que las TVs autonómicas tienen que orientarse no solo hacia la emisión de TV de flujo tradicional, sino hacia la puesta a disposición de los espectadores, de contenidos de interés en repositorios de todo tipo: webs, plataformas IPTV y redes sociales, que faciliten el nuevo modelo de consumo basado en el “cuando, donde y lo que“ el espectador desee, en un marco de coexistencia de audiencias masivas, fragmentadas, segmentadas, individualizadas y conectadas.
  9. Que con el objeto de flexibilizar las estructuras operativas y reducir costes, la externalizacion ordenada de servicios aparece como una de las formulas de viabilidad de futuro para las TVs autonómicas, siempre que esté basada en un mapa específico de capacidades que tenga en cuenta las asimetrías que existan, manteniendo la línea editorial, la estrategia, la dirección y el control del canal de que se trate.
  10. Que una sociedad moderna que apueste por sectores de futuro, no puede prescindir de un medio de la transcendencia social, cultural, económica, como corresponde a las TVs autonómicas españolas.

Santiago de Compostela, 30 de septiembre de 2011.

Carrera de dislates

Txiki Muñoz Foto El Correo

Los medios de comunicación son una de las herramientas básicas en un régimen democrático donde la discusión pública de las cosas forma parte de la misma raiz del sistema. Prensa, radio y televisión cuentan lo que pasa, y para ello seleccionan lo que creen que es noticia y lo que no. De ahí que se les haya llamado, con justicia, “el cuarto poder”.

Son los medios los que deciden de facto quién existe (aquel del que hablan) y quién no. Y es por eso por lo que estar entre los escuchados ha llegado a ser una obsesión, hasta el punto de que hay quien no para en barras para conseguirlo a cualquier precio. Es este un grave defecto que mina la calidad de la misma democracia porque para conseguirlo se convierte en espectáculo lo que debería ser discusión prudente y respetuosa, se hace pasar por simple y fácil lo que es complejo y enmarañado y –sobre todo- se busca la declaración o la imagen que resulte irresistible para los periodistas, a sabiendas de que irán a ella como polillas a la luz.

El resultado es una enorme falta de respeto a los ciudadanos, a los que se trata como si fueran personas sin criterio, incapaces de entender nada y dispuestas a acudir enardecidas allí donde el griterío sea mayor. Todo lo contrario de la forma en que debería tratarse a quien en una democracia es el origen de todo poder.

Ayer mismo el ex presidente Aznar hizo una declaración incendiaria respecto a la política antiterrorista que, independientemente de lo que usted o yo pensemos, cumplió perfectamente su función de atraer la atención pública a cualquier precio.

Y hoy he escuchado a Txiki Muñoz, secretario general de ELA, el primer sindicato vasco, decir nada menos que en la historia “en ningún imperio se ha esquilmado jamás como ahora a las clases trabajadoras”. Eso ha dicho. El problema del estruendo es que para destacar en él es preciso subir el nivel de desmesura y se corre así el riesgo de, queriendo parecer un visionario rotundo, se quede uno en simple ignorante.

¿Nos faltó un telediario?

Decir que a alguien le quedan dos telediarios suele ser aviso de un cambio inminente, por lo común a peor. Tan coloquial forma de medir el tiempo a base de informativos es una muestra de la omnipresencia de la televisión, que marca hoy nuestros ritmos cotidianos como el Sol y la Luna lo hicieron durante milenios. No estoy seguro de que hayamos salido ganando con ese cambio…pero en fin.

Si Felipe González quiso señalar en la conferencia política del PSOE el poquito tiempo de campaña que nos faltó a los socialistas en 1996 para dar la vuelta a los también entonces adversos pronósticos, lo cierto es que no estuvo acertado y bien que lo siento porque es de las personas cuyas opiniones más aprecio por expresarlas con firmeza, claridad y lucidez.

Digo que no estuvo acertado porque la expresión “nos faltó un telediario” no solo evoca un corto lapso de tiempo, como digo, sino también la errónea y peligrosa creencia de que los informativos de la televisión son una herramienta para cambiar la opinión y hasta el voto de las personas.

Como ya he escrito, creo que esa errada opinión es una de las dos principales dificultades con las que tienen que lidiar nuestras televisiones públicas así que, ahora que tanto se habla de pedagogía política, lo conveniente sería ir acabando cuanto antes con ese convencimiento tan extendido. Evocarlo fue, por tanto, un error de discurso. Salvo que piense, efectivamente, que la televisión pública tiene esa función, en cuyo caso el error no es de discurso sino de concepto. Cielos.

A la televisión pública le ha llegado la hora

Durante muchísimos años la televisión pública generalista era simplemente la televisión. No había otra. Ni lo permitía la Ley ni nuestra atrasada economía daba tampoco para que nadie se metiese en un lío tan grande y tan caro. Desde 1983 los vascos tuvimos ETB pero no fue hasta 1988 cuando por fin pudimos escoger otras opciones privadas.

Tantos años de monopolio tuvieron consecuencias; dos sobre todo: La dependencia política y la gratuidad. Características ambas que siguen grabadas a fuego en el imaginario de los españoles por mucho que haya cambiado completamente la realidad.

Obviamente una dictadura no era el mejor entorno para que creciese un medio libre e independiente y nuestra televisión no lo fue, aunque haya que reconocer el esfuerzo de muchos periodistas y profesionales excelentes que, apoyados en la potencia y complejidad del medio, abrieron algunas ventanas a despecho del régimen.

Desde el punto de vista económico TVE era un chollo. Los anuncios eran una enorme e inagotable fuente de ingresos en una emisora en la que no tenían restricción alguna (al contrario que en sus homólogas europeas). La tele crecía sin problemas económicos y la gratuidad se consolidó, hasta el punto de que la mayoría de los televidentes ni siquiera saben que nuestro sistema de financiación es la excepción y que lo normal en Europa es pagar un canon por tener televisor en casa.

Llegó la democracia, llegaron las privadas, conocimos a las mamachichos, las ruedas de prensa se llenaron de micrófonos de colores, vino la guerra aquella del “fútbol de interés general”, las versiones de concursos americanos y también los realitys. Las opciones crecieron. En cuanto a la calidad que iba a venir de la mano de la competencia…pues eso.

Muchas cosas empezaron a cambiar pero aquellos dos convencimientos: la gratuidad y el control gubernamental de la tele se mantuvieron incólumes en la opinión pública. Y ahí siguen, impermeables también a la tormenta que viene ahora con la TDT, internet y la crisis económica.

Pero lo que antes pudo ser ya no es posible. El modelo de televisión generalista nacional, adoctrinadora, grande, influyente, masiva, gratuita para el televidente y poco consumidora de presupuesto público se extinguió. Hace muchos años que se sostiene con dinero público ese viejo modelo y mal que bien aguanta pero es evidente que lo hace cada día con más dificultades, entre ellas la de explicar el uso de recursos económicos en algo que aún sigue percibiéndose como que debería ser “gratis total” como lo fue siempre.

La realidad, sin embargo, ha cambiado y es ya hora de que cambiemos el registro. Invertir en televisión pública no solo es garantizar una herramienta del derecho a la información sino que es también una oportunidad de desarrollo económico de primer orden. El mayor valor añadido es hoy el talento y una televisión pública es su parque tecnológico; la ventana a la creatividad que alimenta el sector audiovisual, cultural y publicitario, entre otros.

Cada vez se consumen más productos audiovisuales y la gran riqueza que generan se irá a los lugares donde se produzcan. Quien no produzca cultura tendrá que comprar cultura, y pagarla. Quien no invierta en talento y creatividad tendrá que competir en precio, o sea en salarios. Y seguramente lo pagará caro.

Es, por tanto, la hora de repensar a fondo la televisión pública del mismo modo que se está haciendo, por ejemplo, con la banca pública que son las cajas. Es la hora de que la televisión pública encuentre un espacio propio que se le reconozca socialmente, en el que no se vea constantemente obligada a competir con las privadas en pura cantidad y se le permita competir con todos los demás medios en calidad y servicio. Ni que decir tiene que a estas alturas son simplemente ridículas las pretensiones de que nuestra televisión retroceda y vuelva a ser instrumento de un ideario político concreto para la creación eficaz de ciudadanos afines.

Es la hora de tener una televisión pública austera y eficiente, por supuesto, pero también dinámica, puntera, arriesgada, pionera en la red y capaz de ir un paso por delante. Una televisión pública más ciudadana y en nuestro caso (ETB) menos nacional, que nos espabile un poco en lugar de adormecernos tanto. Que se adapte a los nuevos modos de consumo audiovisual con canales y productos específicos.

Es la hora de una TV pública que huya de los productos comunes y experimente modos de producción nuevos y nuevas rutinas de trabajo. Las privadas no tienen obligación de innovar ni de marcar tendencia. Las públicas sí deben hacerlo. Igual que deben ser medios competitivos no en cantidad sino en valor y en segmentación, en la seguridad de que no solo los ciudadanos sino también los anunciantes lo apreciarán.

Pero si queremos todo esto, primero debemos soltarnos de aquellos dos viejos tópicos de la gratuidad y el control político porque hoy se han convertido en dos salvavidas de plomo. Las cosas cambian muy rápido en el sector audiovisual y la escasez no es solo de dinero sino también de tiempo.

Publicado en diario El País (Edición País Vasco) el 3 de octubre de 2011

Innovando las tradiciones más sólidas

La innovación no es una cosa de los grandes grupos
empresariales ni está solo en los círculos de alta capacitación profesional. La
innovación consiste en ver la realidad cotidiana, imaginar otros caminos y
atreverse a crear algo nuevo. Esta pieza que fotografié en verano es una buena
muestra de innovación. Y además me sirvió también para reírme un rato, por
supuesto sin perder ni por un instante la admiración por quien la haya
inventado.

Del optimismo a la Indeterminación.

Con motivo de la apertura de Emprende 2011, que se desarrolla estos días en el BEC de Barakaldo, pude seguir la conferencia de apertura a cargo de Emilio Duró, un orador que se ha hecho famoso por sus animadas conferencias empresariales que le han convertido en un “gurú” del optimismo. Su intervención –divertida y útil- no solo no defraudó sino que concitó un estruendoso y cálido aplauso, muy distinto a los que se suelen escuchar en ese tipo de foros profesionales. Desde luego en una cosa tenía razón. En que el optimismo se contagia. Así lo vimos a lo largo de la conferencia.
Conocía a Duró porque es uno de los personajes de España más vistos en internet y me llamó la atención que una y otra vez suplicase –insistentemente- en que no se le grabara. El motivo que adujo era precisamente que las grabaciones que corren por la red le han hecho daño y le han convertido en un personaje que parece que no quería ser.
Pudo ser un táctica del propio Duró pero pudo ser perfectamente cierto porque los medios -internet también- modifican cuanto tocan. Deliberadamente o no lo transforman en algo distinto a lo que era antes de su intervención. Y casi siempre para mal. No se puede evitar, les pasa a los futbolistas, que pasan de buenos deportistas a titubeantes estrellas, a los concursantes de los reality shows, que adquieren una engañosa y frágil notoriedad y nos pasa a los que nos dedicamos a la política. Para existir hay que estar en los medios y éstos exigen su dosis diaria de espectáculo, de ruido y de confrontación. La verdad y la razón son conceptos prescindibles que en todo caso, de existir, quedan en un segundo plano. Lo peor es que, en ese entorno cada día abundan más los profesionales de suministrar un titular en lugar de una opinión o una idea cabal. Son de hecho los que más éxito tienen, si por éxito se entiende la mayor presencia en la agenda informativa.
Creo que a los medios se les puede aplicar perfectamente una variante del principio de indeterminación que Heisenberg formuló en 1927. Sería algo así como “Quien explora una realidad la modifica al explorarla por lo que sus conclusiones nunca pueden responder a la realidad original”.
Extraña reflexión esta de hoy.

La semana fantástica de la Iglesia

Xabier Novell

Con motivo de la visita del Papa a Madrid el obispo de Solsona, Xabier Novell, fue entrevistado largamente en la cadena SER y tuve ocasión de escucharle una oferta que tal vez haya pasado desapercibida para las pecadoras: Aclaró el prelado que el pecado de aborto es tan gravísimo que no puede ser perdonado en simple confesión ya que conlleva la automática excomunión de la pecadora a la que solo el obispo correspondiente, una vez convencido de que hay arrepentimiento sincero, puede levantar la exclusión de la comunidad católica para que, una vez reintegrada a ella, la mujer pueda ya ir a confesarse.

Sin embargo, con motivo de la JMJ que tiene lugar en Madrid con presencia del Papa, hay una oferta especial -el obispo Novell dixit- por la que (temporalmente por supuesto) el propio cura confesor está legitimado para limpiar el alma de la abortista sin los engorrosos trámites de la excomunión y posterior reingreso en la iglesia previos a la tranquilizadora confesión. Una oferta que el obispo explicó con detalle y que me recuerda mucho a las que ofrecen, también por temporadas, los grandes almacenes.

Pese a su indudable tirón una cosa mala que tienen las verdades reveladas y por eso mismo indiscutibles y “permanentes” es que aguantan mal los cambios, claro. Y cuando estos se producen o ya es demasiado tarde o suenan un pelín ridículo.

Mi compañera Merche me habló de una mujer de su familia que, superada por los cambios que había contemplado a lo largo de su vida, se lamentaba a menudo de “la cantidad de gente que hay en el infierno por cosas que ya no son pecado”. Nunca he oído una frase que defina mejor esa dificultad que se presenta cuando es preciso modificar lo que se decía eterno.