Sin Categoría

Visita a la Torre Iberdrola

Hace ya unos años, cuando mis tareas profesionales estaban vinculadas a los proyectos de regeneración de la ciudad, el proyecto de la torre de Abandoibarra nos causó bastantes quebraderos de cabeza a quienes trabajábamos en la sociedad Bilbao Ría 2000.

Ayer, por cortesía de Iberdrola, pude pisar la azotea de aquel edificio que ya no es una maqueta como aquella con la que Ángel, Javier y yo anduvimos pisando ferias y exposiciones, sino una realidad.

La torre y la plaza de Euskadi frente a ella han quedado fantásticas.

Morirse es muy natural

Pronto hemos olvidado el dolor, el sufrimiento y la muerte que fueron lo natural durante milenios de historia de la humanidad, hasta que llegó en nuestro auxilio la ciencia.
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Televisión, internet y encuestas

El Gobierno Vasco ha realizado un interesante estudio sobre medios de comunicación. Leyéndolo con un poco de atención destaca la extraordinaria penetración de Internet como medio de comunicación, no muy por detrás de la antes omnipotente televisión, a la que la web pisa los talones como medio de referencia en general. La red, es, de hecho el principal medio que los encuestados para formarse y aprender cosas (42%) muy por encima de la propia televisión (27%).

Fuente: Irekia – Gobierno Vasco

Es una tendencia que va a más y que está revolucionando profundamente el entorno de los medios de comunicación audiovisual con muchas e importantes consecuencias que se harán evidentes más pronto de lo que creemos. El consumo audiovisual ya no es lo mismo que el consumo televisivo. Internet ha destruido para siempre el monopolio de la tele y los viejos tiempos no volverán.

Pero no me resisto a señalar otros datos estupendos que facilita la encuesta. A saber: los cuatro tipos de programas preferidos por las personas que ven la televisión son estos:

  • Los informativos, que los prefiere el 55%
  • El cine, con un 36% de adeptos
  • Las series y comedias que gustan al 25% de los televidentes
  •  Y los programas culturales y documentales, que es lo que gusta al 25%
jejeje, que risa me está dando…
Luego viene ¡nada menos que 10 puntos por debajo de los documentales!….el fútbol, seguido en el mismo porcentaje, por los demás deportes.
…jua jua jua…
Casi lo mismo que el fútbol (dos puntitos menos) los vascos decimos que apreciamos los programas de debate, entrevistas, tertulias culturales o políticas.
…me parto…¡casi lo mismo que el futbol!
Entre el cero y el tres por ciento es lo que nos gustan –decimos a los encuestadores- los magazines de la tarde y los realitys.
(Tengo que parar un momento porque las carcajadas me impiden teclear con tino).
Recuperado el aliento sigo viendo datos y compruebo que mientras TVE1 es considerada mayoritariamente de bastante calidad (45%), Tele 5 arrasa en las categorías de poca (35%) y ninguna calidad (28%). No solo eso sino que es, con enorme diferencia (25 puntos sobre la siguiente), la ganadora en la pregunta “canal que menos me gusta”. Nada de particular si no fuera porque dos páginas antes esta cadena cuya calidad se califica de forma casi infamante ha quedado nada menos que segunda en el ranking de canal preferido y no demasiado lejos de la ganadora, que es la 1 de TVE.
Lo cierto es que la encuesta es realmente interesante, con datos también sobre radio y prensa, y merece la pena verla pero es que las cosas que dice la gente sobre la televisión son de traca y no me he resistido a comentarlas.

Un paseo por la noche de Madrid

Después de estos días de cenas, comidas y otros festejos culinarios, hoy mi cuñado y yo hemos tenido la necesidad imperiosa de darnos un paseo nocturno por las calles de Madrid (que puede ilustrarse con la obra de Luigi Boccherini, de similar nombre, que adjunto).

Hablábamos de las dificultades que atraviesan ahora muchas empresas y me remarcaba que eso es especialmente cierto en aquellas que creyeron antes de la crisis que lo que importaba era trabajar y producir, las que mantenían sus activos económicos y humanos y reinvertían sus beneficios en ellas mismas en lugar de repartirlos entre sus dueños. Esas son las que peor lo están pasando -me decía-.

Todo lo contrario de aquellas empresas que hicieron caso a los consultores empresariales más diligentes y modernos, que les recomendaban esconder los beneficios, hacer un poquito de ingeniería contable, poner testaferros por medio, pensar en el beneficio y no en el trabajo ni en el cliente, convertir sus activos reales en créditos seguramente impagables pero siempre más ventajosos fiscalmente, mantener en definitiva sus empresas en “la nube”.

Me decía Rafa que los responsables de estas últimas empresas siguen siendo ricos, que siguen disponiendo de dinero y de oportunidades y que la crisis les ha cogido con sus beneficios privados a buen recaudo. Quienes hicieron caso a los asesores financieros han salido muy bien parados de ésta. El único problema fue que sus empresas quebraron, por supuesto, pero los únicos desamparados han sido quienes trabajaban en ellas, nunca ellos mismos.

Definitivamente Rafa y yo somos unos antiguos. (Yo incluso para la música, como se puede ver)

Un villancico algo especial

Del mismo modo que ocurre hoy, y con no poca polémica, alguien ha tenido que pagar siempre a los músicos. En otros tiempos fueron los poderosos y dentro de ellos la Iglesia era de los más, si no la más poderosa. Por eso la música religiosa fue, durante siglos, la única música culta, que se componía, ejecutaba y «cifraba».

Los villancicos, que hoy asociamos exclusivamente a la música religiosa, fueron en su inicio (Siglo XV en adelante) simples canciones profanas con estribillo, lo que contribuía a su memorización y consiguiente éxito. Sin embargo pronto entraron también en los templos y adoptaron letras de sentido religioso hasta el punto de que hoy los asociamos a la música navideña católica.

Hoy pongo aquí uno de mis favoritos: el Villancico a Santa Bárbara, de José Cascante (1640-1702) a cargo de la Camerata Renacentista de Caracas dirigida por Isabel Palacios, que tengo en un álbum titulado Musique à la Cathédrale Santa Fé de Bogotá (así, en Francés). A ver si os gusta.

Candidato a premio al peor anuncio

Y ya puestos a hablar de anuncios he visto en un diario el peor anuncio en muchos años, y mira que los hay malos.

Hay personas que parecen creer que todo el “mundo mundial” piensa todo el rato y se preocupa por lo que ellas hacen, que su tarea es tan transcendente que nadie osará ignorarla jamás, que matrimonios y solteros nos levantamos cada mañana pensando en eso a lo que ellas se dedican y que no dormimos a gusto hasta no tener la información que nos facilitan, que devoramos -faltaría más- con lógica avidez.

El anuncio adjunto es una demostración de que estas gentes existen de verdad y que, imbuidos de tan onanista convencimiento, ni se les ocurre pensar que deban captar una atención con la que parecen convencidos de que ya cuentan de entrada -estaría bueno-.

No se rebajarán, no, a contratar a un profesional de la publicidad que les podría hacer ver -insultante- que no son el ombligo del mundo y que en consecuencia les recomendaría “humillarse” a tener que interesar y convencer a los lectores. Nada de eso ¡hasta ahí podíamos llegar!

Lo peor de todo es que el anuncio es de la Fundación Vasca para la Excelencia e “informa” de la entrega de Premio Vasco a la Calidad y Excelencia en la gestión (sic). Tela.

El público progresista

Ayer, en una importante reunión de mi partido pude escuchar a algunos participantes hablar con pasión del sector social que “auténticamente” corresponde atender a la izquierda, que es siempre el de los más desfavorecidos.

No discuto sino que afirmo la implicación solidaria y moral que la izquierda ha tenido siempre -y que sigue teniendo- pero no pude evitar la sensación de que, frente a las dificultades, estábamos ante la peligrosa tentación de refugiarnos en el confortable calor de lo conocido, en donde nunca falta la afable compañía de los propios ni tampoco las apelaciones a la mitología del santoral laico del socialismo español (…desde Pablo Iglesias a Ramón Rubial…-se dijo-). El cariño y el respeto que desde hace tantos años tengo por algunos de los compañeros que así hablaron no fue suficiente para disipar las muchas dudas concretas que en mí siempre acompañan a las pocas certezas genéricas.

Una de esas pocas certezas es que la izquierda es mucho más que la mera solidaridad colectiva con los más desfavorecidos y que, por el contrario, siempre ha avanzado claramente hacia el diseño, implantación y gobierno de una sociedad más justa y solidaria y, por consiguiente, inevitablemente más rica y próspera.

Ni vivimos en los tiempos de Pablo Iglesias (muy criticado por cierto en su tiempo) ni nuestro espectro sociológico es ya el del proletariado tradicional. Y es así precisamente porque las alternativas de la izquierda han transformado exitosamente nuestra sociedad, convirtiéndose en auténticos estándares y generando -como digo- no solo más justicia sino también más riqueza.

Sé perfectamente de dónde vengo y cuál es la historia del socialismo español pero ni quiero olvidar lo muchísimo conseguido ni me gusta nada la melancolía, porque nos hace perder las energías que necesitamos para caminar y pasar «frío ideológico» ahí fuera, que es donde está la realidad.

Hoy, mientras leía los suplementos de los periódicos, he visto hasta qué punto se ha transformado la sociología de las personas, incluso de las que compran prensa de innegable tendencia progresista. Los anunciantes, que viven de eso, lo saben perfectamente. No hay más que ver las primeras páginas. Ahí están…

Capitalismo estúpido

En defensa de una educación plenamente vocacional mi mujer y mi cuñada afirman que “es mejor estudiar en la universidad lo que te gusta y te motiva aunque termines fregando en un supermercado, que estudiar con enorme sacrificio lo que todo el mundo recomienda para acabar fregando en un supermercado”.

Foto El Mundo Today

Ya ven que no muy lejos de las expectativas laborales que la mayoría de los jóvenes tiene en este momento. Cierto es que estamos en una crisis muy profunda pero también lo es que el empobrecimiento de los trabajadores, incluso de los que cuentan con formación superior, lleva lustros creciendo, especialmente en los tiempos de plena bonanza (que nadie llamaba bonanza entonces).

Y ya no son sólo los jóvenes quienes sufren esa miserización sino que se ha convertido en el paisaje contractual y salarial normal para un inmenso número de personas, incrementando la bolsa de los denominados “trabajadores pobres”.

Disponer de trabajadores baratos y sin derechos es estupendo para la cuenta de resultados a muy corto plazo de las empresas (que es la única visión con la que se gestionan ahora casi todas) ya que facilita que sus productos o servicios se presenten en el mercado en condiciones de precio (solo de precio) muy ventajosas. Sin embargo para que exista un “mercado” es imprescindible que a él acudan no solo los que venden sino también los que compran y ahí está el problema.

La fábrica de Volkswagen de Navarra no vende coches porque la gente no tiene dinero para pagarlos y tira con el viejo. Casi la mitad de los beneficiarios vascos de viviendas de protección oficial, renuncia a lo que antes se consideró “un chollo” porque su banco o caja no les concede ahora el crédito para poder pagar la parte del precio que tienen que afrontar. Los expertos hablan ahora preocupados de una “compra defensiva” en alimentación plagada de marcas blancas y hasta los expertos sanitarios nos previenen de un previsible deterioro de las condiciones de salud derivadas de una dieta de crisis, menos saludable, porque “una hamburguesa cuesta menos que dos manzanas”.

Veo que el Presidente de la Bilbao Bizkaia Kutxa, Mario Fernández, se ha dado cuenta ahora y ha comprado el discurso que Alfredo Pérez Rubalcaba explicaba en la reciente campaña electoral: Que una austeridad a ultranza no nos permitirá salir de la crisis.

Lo cierto es que el capitalismo sin control contiene en sí mismo las semillas venenosas de su propia destrucción:

  • Ningún competidor fue nunca partidario de la libre competencia, solo que no podía evitarla. Ahora las grandes corporaciones industriales y financieras se saben capaces de acabar con la libertad de mercado. Y lo han hecho.
  • Toda empresa prefiere el mínimo costo salarial posible pero, sin embargo, necesita que el resto de empresas no hagan lo mismo para que los empleados de las demás puedan comprar lo que ella produce.
  • La búsqueda del beneficio inmediato a toda costa de unos pocos irresponsables obliga a sus competidores cabales a subirse a esa rueda, que saben de locura, simplemente para poder sobrevivir.
  • La concentración de la riqueza en muy pocas manos aumenta la pobreza del conjunto de la sociedad.

Decía el verdadero liberal Tomas Jefferson en 1802 que «las instituciones bancarias son más peligrosas que un ejército preparado para el combate». Así es; sin control público, sin Estado, sin la acción de la política en definitiva, el neoliberalismo (nada liberal por cierto) nos lleva al abismo.

Y aquí todavía hay quien dice que el problema es el Estado. Ya que no escuchan a Rubalcaba, dígales usted algo Sr. Fernandez a ver si a usted le hacen algun caso. Ya que obviamente no son partidarios de aplicar criterios de justicia, que al menos sea por la pasta

¿Fin de la garantía?

El malecón se ve bajo el agua. Foto MARM

Un viejo amigo arquitecto me dijo una vez que los romanos eran los peores ingenieros del mundo. Probaba su afirmación apelando a la extremada longevidad de sus construcciones y a su capacidad de soportar usos que jamás pudieron siquiera imaginar sus constructores, como por ejemplo el paso de camiones de motor y gran tonelaje. Le parecía a mi amigo que hacer algo capaz de soportar lo imaginable y también lo inimaginable no era una demostración de eficiencia. Y posiblemente tenía razón.

Pero Esteban hacía esta afirmación con ánimo provocador y no ignoraba que los latinos trabajaban pensando que su mundo duraría para siempre. Cayo Julio Lacer, maestro constructor del puente ahora llamado de Alcántara, en plena Vía de la Plata extremeña, dejó escrito en su obra: PONTEM PERPETUI MANSVRVM IN SECULA MVNDI (El puente que permanecerá en pie por los siglos del mundo).

Hoy leo que en la maravillosa villa de Lekeitio tienen problemas con el malecón de Lazunarri, construido para proteger la zona portuaria de la acumulación de los sedimentos que arrastra el río Lea en su desembocadura. El malecón es un muro submarino que une la costa con la isla de Garraitz. En marea baja muchos lo hemos recorrido andando para llegar a la isla y muchísimos han descubierto sorprendidos que cuando el agua sube no hay más remedio que nadar para volver.

Todo sería normal si no fuese porque también he leído que ese malecón cuya rotura está creando ahora problemas a la flota pesquera fue construido nada menos que en el siglo XVIII.

Me llama la atención que hoy, quienes vivimos tantos años depreciemos el valor de lo que hacemos y lo consideremos tan provisional mientras que hombres y mujeres cuya esperanza de vida era de pocas décadas viviesen como si su mundo fuera a ser eterno. Y así construían las cosas, no solo los romanos. Tal vez Obelix se equivocaba y los locos seamos nosotros

Recomiendo el excelente documental “Obsolescencia programada. Comprar, tirar, comprar”. ¿Tendrá la crisis algo que ver también con esto?