Sin Categoría

Ya tenemos los bueyes

La feria ha sido entretenidísima, con sus regateos, los sustos de que me lo quitan, los voceros de cada ganadería proclamando las bondades de su producto, la música, los colores, la fiesta, hasta los bailes…todo ha ido como nunca y no hemos tenido un momento de aburrimiento. En una democracia televisada y sobre todo, televisiva, como la que vivimos, estas elecciones han sido un éxito sin precedentes. Un éxito de audiencia, ¿de qué otra cosa puede ser un éxito en la tele-ciber-política?

Nos hemos sacudido como nunca el aburrimiento, las parrillas han estado petadas. La definitivamente obsoleta ciudadanía se ha transformado por fin en brillante, dinámico y participativo “share”, ¡que no me vaya usted a comparar!

Pasado tan brillante espectáculo hoy podemos decir que regresamos a casa con un bonito ramillete de bueyes de diferentes colores, de distintas razas y con caracteres, fuerza y fiereza muy diversos también. ¡Una gloria de verlos oiga!, Aunque haya quien lamente que por culpa de la maligna ley D´Hont la variedad no sea aún mayor.

Con todo, el concurso ha sido reñido y, lo que es mejor para la caja mediática, la algarabía amenaza con prolongarse durante tiempo. Como digo: un éxito televisivo inapelable.

Ahora hay que arar. Aunque se nos despiste en medio de la euforia de esta fiesta de la democracia, era justamente para eso para lo que fuimos a escoger los bueyes ¿no? Para arar, y además en terrenos duros y pedregosos como no lo han sido nunca o casi nunca.

Habrá que elegir un presidente del Gobierno, no dos ni tres, solo uno. Habrá que aprobar un Presupuesto nuevo puesto que la Unión Europea ya ha dicho que el de Rajoy no vale, habrá que ofrecer alguna alternativa a esta recuperación empobrecedora, y habrá que conseguir financiación en los mercados para hacer esas tantas cosas que se han proclamado en la feria como inminentes e irrenunciables ¿ok?. Tan irrenunciables como el inicio de un proceso constituyente que tan solo necesita un simple acuerdo entre los nuevos electos que puedan presentarnos a la ciudadanía toda (perdón: a la audiencia). Pan comido.

Soy persona de imaginación escasa, cada día de menos, pero aún mantengo mi capacidad de asombro intacta, de forma que quedo, expectante, a la espera de la brillantez de las propuestas y soluciones que sin duda me aportarán los recién electos y que yo, cautivo de mi torpeza de heredero generacional de la “oprobiosa transición”, ni imagino por ahora.

No tengo duda alguna de la voluntad benéfica de ninguno de los electos. Es más tengo toda la confianza en su imaginación, destreza y capacidad para ofrecernos “algo” que no sean solo palabras, titulares y vehementes tertulias, cuyo tiempo ya terminó el domingo. Algo real que, además, deberán poner encima de la mesa antes de que llegue el frío y triste invierno político de la gran coalición o de la repetición de elecciones. Que ese descorazonador horizonte sí que lo imagino.

Siempre dispuesto a aprender, estoy deseando saber cómo lo van a hacer.

Un mensaje de la ciudadanía?

El ser humano, más que nada por la importancia que se da a sí mismo, tiene dificultades para entender la ciencia de la estadística que, por definición, desprecia el valor de lo individual y solo tiene en cuenta los resultados agregados, la muy desabrida.

El error más patético y común es creer que lo que yo conozco es representativo del todo, que lo que dice mi mujer es lo que piensan “las mujeres” y que mi cuñado, que es un hombre “de la calle”, representa él solo lo que piensa el “hombre de la calle”.

Pero sin llegar a esos extremos ridículos, pasa a menudo que detrás de los grandes números todos caemos en el error de ver una voluntad, un trazado o un itinerario hacia alguna supuesta “meta”, cuando lo cierto es que no hay tal, que no hay ninguna voluntad sabia y colectiva sino una mera agregación de intentos privados y, por lo común, egoístas.

    Pondré tres ejemplos:

1.- La evolución del ser humano se suele representar como un camino evolutivo “a mejor”, siendo nosotros, por supuesto, los últimos y los más guáis. Falso. Lo cierto es que cada especie fue la mejor adaptada a su momento (un momento de cientos de miles de años, por supuesto) pero ninguna fue superior ni mejor, solo que en cada época y en cada lugar alguna funcionaba mejor y por eso sobrevivió mientras lo hizo. De hecho lo normal ha sido que coexistiesen varias especies: antepasados idénticos a los que hemos votado el domingo vivieron a la vez que lo hacían el Homo erectus, el Homo neanderthalensis y el Homo floresiensis. Lo excepcional es que ahora estemos solos. Pero no es así porque seamos “mejores” sino por nuestra mejor capacidad de adaptación al entorno que nos tocó. Justo por la misma razón por la que se mantuvieron nuestros antepasados y “primos” en su propio entorno.

2.- Quienes hablan de la capacidad de generación de empleo y riqueza colectiva de las empresas suelen engañarnos haciendo ver como si ese fuese su objetivo. No hay tal. Como señala Adam SmithNo es la benevolencia del carnicero, del cervecero o del panadero de lo que esperamos nuestra comida, sino de la consideración de su propio interés”. De forma que la virtud colectiva nace de la actitud egoísta de cada uno. Así es. Cada empresa busca su propio y exclusivo beneficio y las demás como si desaparecen. Es más: si son la competencia no solo aplaudirá su ruina sino que buscará provocarla a no ser que el Estado tenga suficiente poder para impedírselo. A los feudalistas del capital les gusta mucho la primera parte de las ideas de Smith pero abominan siempre de este corolario arbitral. Ningún poderoso quiere reglas.

3.- Tras las elecciones vuelvo a leer chorradas como que “Los ciudadanos quieren que se consensúen las políticas principales”, “el mensaje de las urnas” o “la voluntad del electorado”. Tontadas: tanto los que manifestamos respeto a quienes votan distinto a nosotros como quienes alardean de despreciarlos: “que parece mentira que haya gente que vote a esos”, todos, unos y otros, hemos votado para que ganen “los míos” o “los que yo quiero que ganen” y lo que hay es una suma estadística, un dato colectivo, una tendencia social pero nada que se parezca ni se acerque a una voluntad colectiva consciente.


Sería estupendo que fuese así porque eso nos convertiría en sabios por agregación. Solo que es mentira. Luce en los titulares y alimenta el ego colectivo pero es tan falso como que haya un camino de perfección en la evolución de los homínidos o que las empresas se esfuercen por el interés colectivo y la libre competencia. ¡Qué risa!

La izquierda yerma

Mi amiga Teresa suele decir que lo que auténticamente diferencia la vida de las personas es si tienen hijos o si no los tienen. No es una división moral, ni mucho menos. No tener hijos es una posición tan digna como la contraria y no hace a nadie ni mejor ni peor. Pero lo que sí hace es librarles de un buen montón de dificultades concretas que los padres y madres afrontamos cada día, a menudo con más voluntad que acierto.

Los niños (y las niñas) no vienen con un pan sino con el caos mismo debajo del brazo. La vida, imprevisible para todos, se complica y agrava sin cuento con esos locos bajitos; mientras son bajitos y también cuando crecen. Es así. No hay remedio y la cosa se va sobrellevando. Algunas veces tiene hasta gracia.

De todas las situaciones chuscas que enfrentamos los que somos padres no es rara la de tener que escucharles a nuestros amigos sin hijos estupendos consejos sobre la crianza adecuada de nuestras bestezuelas, demostrando un conocimiento teórico y una conciencia educativa encomiables que brillan especialmente alrededor de una mesa de adultos a la hora de los gin-tonics. La realidad suele ser menos lucida y desde luego las certezas, los métodos pedagógicos más vanguardistas y el aplomo se tambalean en cuanto llegan las llantinas nocturnas, las rabietas, las gamberradas, los suspensos, los accidentes, la primera borrachera, etc. Sobre todo mucho etcétera.

Igual que esas personas, hay una izquierda segura de sí misma, que sabe siempre cómo hacerlo, que da lecciones a cada momento, que concede y retira carnets de progresía. Es una izquierda que dice mantenerse intacta pese a que ha cambiado como nadie, pasando del estalinismo más feroz a defender con igual estruendo nada menos que la socialdemocracia, justo lo que siempre despreciaron.

Dice Torres Mora (sociólogo y socialista ¡qué le vamos a hacer!) que quienes acusaban a los traidores socialdemócratas de engañar al proletariado alejándolo de su destino histórico a cambio de un plato de lentejas (pensiones, educación, derechos, sanidad…y otras bagatelas) han pasado a presentarse ahora como los mejores defensores del plato de lentejas. Lo que hay que ver. Últimamente el marketing les ha acelerado y ya no hace falta retrotraerse a los tiempos del comunismo: hasta hace un año aplaudían orgullosos el régimen de Venezuela, del que ya no hablan y hace nada babeaban mirando a Tsipras, al que ahora ni mentan.

Solo hay una cosa realmente inamovible en esa izquierda pura, que no se casa con nadie, siempre segura de poseer la verdad (la que sea en cada momento), siempre a la vanguardia, siempre despreciando a la “clase trabajadora tonta”, que no les vota, siempre creyéndose la última cocacola del desierto. Es una cosa en la que ciertamente no han cambiado. Y es que nunca han conseguido nada. Nunca se ha enfrentado a la complejidad del caos de una sociedad como la que vivimos y sufrimos. Siempre se han movido en la reivindicación brillante y jamás en la pringosa y lenta gestión de lo cotidiano. Mientras despreciaban las “migajas” que consiguieron los blandengues del PSOE, ellos han podido presumir orgullosos de haber conseguido…???

En esta ocasión, en cambio, sí están a punto de lograr algo muy importante para ellos: que el Partido Popular vuelva a ganar las elecciones. Un éxito que les garantizará otra larga temporada de reivindicaciones contra una injusticia que, sin ninguna duda, vendrá.

Solo una cosa diferencia a esta izquierda de mis amigos sin hijos y es que éstos, hacia la segunda copa, suelen aceptar que sus consejos podrían no ser tan mágicos mientras que la izquierda yerma es, por el contrario, inasequible al desaliento y jamás duda de sus certezas (las que correspondan en cada momento, claro está).

Libres de todo compromiso de lograr algo alguna vez, pero implacables en la denuncia de lo que hayan hecho los demás, puede que debamos esperar un tiempo hasta que la izquierda fértil, la que -titubeante y llena de errores- avanza a pequeños pasos cotidianos hacia un mundo un poco más justo, vuelva a tener el apoyo y el poder para hacerlo. Cosa diferente es que la gente que peor lo está pasando pueda esperar tanto.

No echemos la culpa a los demás, Sr. Guibelalde

El diario norte.es

El presidente de la patronal guipuzcoana ha corregido el evidente patinazo de haber dicho que nuestros jóvenes no tienen hambre, para manifestar su preocupación por la falta de estímulo y de iniciativa que demuestra, a su juicio, esa generación.

Aunque, como él mismo ha reconocido, la expresión era muy desafortunada el Sr. Guibelalde tiene razón cuando dice “No echemos la culpa a los demás, el problema lo tenemos en casa”.

Así es. Tenemos una sociedad con empresas que no son capaces de ofertar empleos aceptables para los jóvenes que esa misma sociedad ha procreado. ¡Vaya si tenemos el problema en casa!

Hemos apostado claramente por competir en precio, empeorando las condiciones laborales por debajo de lo que les dijimos a los jóvenes que encontrarían si se esforzaban. La mujer de mi amigo Damián lo resume muy bien: “les hemos engañado” dice. Y ahora que vamos viendo sólo las primeras consecuencias de la pérdida de esperanza, resulta que nuestros empresarios se asustan. No sé qué otra cosa creían que podía pasar.

No solamente es que no haya vocaciones empresariales, como señala con preocupación, sino algo más que el presidente de los empresarios debería haber visto: tampoco hay vocación de montar familias y de tener hijos. Si no que mire los datos demográficos de su provincia. Los jóvenes dejan pasar el tiempo, y el arroz, mientras piensan: ¿Para qué? ¿para meterme en problemas cuando no sé si tendré o no algún ingreso mañana?

Si eres mujer, ni hablamos. Una vez desmontados los derechos laborales (con gran contento de nuestras empresas que aún querrían apretar más) ampliadas las jornadas laborales (las más no declaradas) y dinamitados los tímidos balbuceos de conciliación, cada vez serán menos las que estarán dispuestas a tirar por el desagüe sus años de carrera y de esfuerzos en formación. Porque, chicas listas, saben bien que tener hijos no les permitirá competir en una carrera profesional ya inmisericorde, de la que una jornada reducida o una baja larga les suponen de hecho su exclusión definitiva.

Con lo que no estoy de acuerdo con el presidente de los empresarios es con que la educación y la universidad no se hayan adaptado a las necesidades de las empresas. Lo han hecho bastante bien, atendiendo a lo que el mercado demandaba y olvidando otros lujos “absurdos” en los que antes se perdía tanto tiempo y esfuerzo. La prueba más evidente de ello son los textos llenos de impresionantes faltas de ortografía y con sintaxis imposibles que escriben nuestros licenciados, ingenieros y también muchos de nuestros directivos de empresa. Desde luego que la educación se ha adaptado.

Así que, puesto que hemos escogido crecer y competir en base a la generalización de trabajadores pobres, ahora a las empresas les toca apechugar y no quejarse tanto. Esa decisión viene muy bien para crear empleo mal pagado y sin esperanza, justo lo que ellas hacen y lo que nuestros jóvenes que, “viven tan bien y que tienen el futuro asegurado” no aceptan.

Pero tranquilidad. Es cuestión de esperar un poco y no ponerse nerviosos porque el periodo de transición pasará rápido. De entre nuestros jóvenes preparados, unos aceptarán la frustración, se limitarán a prolongar su adolescencia indefinidamente y a consumir al momento los bienes que puedan pagarse ¿para qué ahorrar? Mientras otros se irán fuera, a una hora de vuelo o a quince, y volverán de turistas de vez en cuando.

Lo peor es que, de seguir así, la próxima generación ya habrá perdido todo estímulo para estudiar y prepararse. Al fin y al cabo el mercado laboral no apunta intención alguna de recompensarles por ese esfuerzo y, consecuentemente, no lo harán. Del mismo modo que los salarios se han adaptado a las exigencias de un mercado que no está dispuesto ya a pagar lo que antes pagaba, los trabajadores adaptarán su formación a lo que al fin y al cabo van a recibir. El resultado en productividad de este círculo vicioso es evidente: If you pay peanuts, you get monkeys.

La buena noticia es que aquellos y aquellas que, teniendo todo en contra, se empeñen en una formación de alto nivel será por vocación, sin esperanza de vivir de ello, así que tal vez estudien Latín y humanidades. No le servirán de mucho a las empresas guipuzcoanas que queden en pie pero, veamos la parte buena, no harán faltas de ortografía.

Apátridas en su propio país. (En República Dominicana, claro)

El terremoto de 2010 levantó una ola de solidaridad en todo el mundo

No falla. No hay ninguna forma de nacionalismo al que no le sobre una parte de sus ciudadanos. Pasa siempre porque ninguno renuncia jamás a establecer un paquete cerrado de requisitos para ser “un buen…lo que sea” (el kit suele incluir una o varias de estas variables: idioma, religión, ideología, origen, raza, color de piel, tradiciones, etc.). La diversidad es lo que más incomoda a los patriotas.

Recuerdo bien la coplilla:

Quien al oír: ¡Arriba España!…con un ¡Arriba! no responde…si es hombre no es español,…si es español, no es hombre.

…que a la dura exigencia ideológica del nacionalismo fascista español añadía un provocador tufo homófobo.

El pastoso y cálido concepto de “pueblo” siempre es más exigente que el frío e individualista “ciudadano” y cuando se pone en marcha la cosa patriótica la única duda que cabe es cuándo y con qué intensidad se aplicará la limpieza a los “ajenos”, si en un futuro lejano, próximamente o de forma inmediata.

El futuro lejano ya ha llegado a la isla caribeña de La Española donde el Presidente Dominicano, Danilo Medina, se dispone a poner en marcha la deportación de cientos de miles de sus propios ciudadanos que incumplen los requisitos para ser “un buen dominicano”. Se trata de las personas que carecen del requisito de origen por ser haitianos, hijos de haitianos o nietos de haitianos.

Da igual que hayan nacido en República Dominicana, que ese sea su país y el de sus hijos, que hablen su idioma, que no conozcan otro. Serán ciudadanos pero, al faltarles el requerimiento étnico, ya no son parte del “pueblo dominicano”. Así se ha decidido y así lo ratificó el propio Tribunal Supremo al determinar que las familias de padres haitianos estaban “temporalmente” en el país, aunque la realidad sea que llevan ahí tres generaciones. Como consecuencia, el objetivo declarado es deportarlos a todos.

Entre los afectados que han descubierto súbitamente que no eran compatriotas de sus vecinos hay muchos miles de personas, que nacieron en el que creían su país y que no tienen ninguna otra patria, cualquier cosa que eso signifique.

Haití, a donde quieren enviar a cientos de miles de personas, no solo es uno de los países más pobres de la tierra sino que aún no se ha recuperado del terremoto que, en enero de 2010, prácticamente destruyó el país, mató a más de 300.000 personas y dejó a más de millón y medio sin hogar. Una de las catástrofes mayores de la historia reciente, puede que aún lo recuerden, el humorista Forges hizo todo lo posible para que no nos olvidásemos.

Lo curioso es que el 95% de la población de aquel país tiene su origen étnico en los miles de esclavos llevados allí desde África para trabajar en las plantaciones de caña, supongo que “temporalmente” según la doctrina del Tribunal Supremo de la patria vecina.

Qué cosas pasan en el Caribe ¿verdad?


NOTA:
Este artículo recibió una réplica por parte de la Embajada de la República Dominicana en España que puede usted consultar aquí.

Alcaldes low cost

Mauricio José Schwarz

Mi amigo Mauricio, un personaje muy activo en las redes sociales, inteligente y extraordinario de conocer en persona, asturiano de adopción nada menos, ha colgado esta oferta de empleo.

Es muy interesante, no por deseable sino porque deja claro cómo los ciudadanos estamos pretendiendo ofrecer como exigentes empleadores de nuestros alcaldes condiciones que, con toda razón, tildaríamos de absolutamente intolerables si se nos ofreciesen como empleados. Es esta:

Se precisa persona preparada, responsable, dedicada, consciente y decidida para que se haga la máxima responsable de nuestra organización, que tiene un movimiento financiero de varios cientos de millones de euros anuales. Deberá ser responsable último del desempeño de un par de decenas de miles de empleados y gestionar de modo responsable y fiable créditos por decenas de millones de euros, además de mantener un sistema oportuno y eficaz de pagos a proveedores, supervisar concursos de adjudicación de contratos, tomar decisiones (con un mínimo de asesores, de preferencia ninguno) sobre aspectos urbanísticos, de tráfico, distribución de agua, red de drenaje, policía, bomberos, protección civil, cuidado del medio ambiente, protección a personas con dificultades o excluidas, organización y autorización de establecimientos comerciales, relaciones con otras empresas, gobiernos y personas individuales.

Entre otras muchas responsabilidades que le corresponderán y por las cuales deberá responder legal, civil, penal y socialmente.

Sueldo 1900 euros.

A Mauricio se le ha olvidado añadir otro requisito: Que tenga puesto de trabajo al que regresar una vez que sea despedido y que éste sea completamente ajeno a la responsabilidad por la que se le contrata ahora, ya que de otro modo será acusado y perseguido por supuesto aprovechamiento de los contactos y conocimientos obtenidos durante su periodo de ejercicio.

No hay día en que los periódicos no se hagan eco de cuánto se sube, no se sube o se baja el sueldo cada alcalde de los recientemente electos, incluso he leído un titular que criticaba a un regidor (no recuerdo de dónde, ni me importa) por “mantenerse el sueldo mientras hacía despidos”. Es decir que solo el hecho de tener un sueldo le incapacita, al parecer, para tomar decisiones (!!).

Parece que ahora lo más importante es que los alcaldes cobren poco y, cuando es así, cuando cobran muy poco, el titular buscará el porcentaje que siempre es alto por pequeña que sea la subida real.

Evidentemente el motivo es la desafección general que ha sufrido la política pero, una vez expresada la mala leche, solo encuentro tres vías de explicación a que se mantenga este delirio. A cual peor:

  1. No nos importa si los ayuntamientos y entornos públicos funcionan mal o bien. Peor aún, damos por hecho que funcionan y seguirán funcionando irremediablemente mal, por lo que una vez desahuciados y sin esperanza, optamos porque al menos nos cuesten lo mínimo posible. En tal caso no entiendo por qué no gratis, es decir, por qué simplemente no disolvemos los ayuntamientos al grito de ¡Dios proveerá!. Servicios públicos cero a precio cero (el paraíso de los ricos)
  2. Hay un segmento de personas que piensan que rebajando la remuneración de los políticos ellas sí podrán acceder a tales puestos dado que el nivel de exigencia de sus conciudadanos disminuirá proporcionalmente y podrán ocupar cargos sin que se les pidan resultados, bastará con que sean honrados. Probablemente no alcancen las exigencias que describe Mauricio y hasta la líen como alcaldes pero en el camino se harán populares. Que igual es eso.
  3. Estamos abriendo la puerta a que, de nuevo, los ricos de familia o empresarios se ofrezcan a hacerse cargo “gratuitamente” de las responsabilidades políticas. “Por los colores” tal como pasa con los presidentes de muchos clubes de fútbol ¿verdad? o como ocurría cuando la política era realmente cosa de una verdadera casta de ricos. Habría que recordar a los olvidadizos que, en tiempos, para acceder a un cargo no bastaba con obtener votos sino que la ley obligaba a demostrar que se tenían bienes considerables.
A mí me gustan las compañías low cost y no me quejo cuando el espacio del asiento es reducido, ni cuando tengo que imprimirme yo en casa la tarjeta de embarque, ni cuando solo me permiten un bulto y no aceptan ni siquiera una bolsa de revistas adicional. Muchos se quejan pero yo no. Es así, lo sé desde el principio y lo acepto sin malas caras. Probablemente porque es un servicio que no utilizo a menudo. Pero no compro zapatos baratos de plástico, ni ahorro en el dentista, ni pongo pastillas de freno usadas al coche, ni aceptaría que me operasen en un quirófano que se limpiase una vez por semana (afortunadamente creo que no los hay).

Pues eso, que espero que esta fiebre de alcaldes low cost no se prolongue mucho más porque entre estrellar nuestras instituciones cobrando una pasta, como en algunos casos ha pasado hasta ahora, y estrellarlas igualmente pero cobrando muy poco, yo prefiero que no se estrellen, incluso pagando razonablemente a gente razonable o incluso excelentemente a personas excelentes. Solo que temo que ni unas ni otras de éstas aceptarán la oferta de empleo de Mauricio.

Como si fuéramos “La Roja”, Txarlie

Txarlie García tiene un blog que sigo y algunos de cuyos
post he rebotado en ocasiones. Sé que él también sigue el mío y ha manifestado su opinión respecto a uno de mis post.
A menudo coincidimos en muchas cosas y respecto a mi post
El lechero, el adanismo y la bandera de Pedro Sánchez” también lo hacemos en
parte. Concretamente Txarlie dice coincidir conmigo en el buen trabajo de
marketing del acto en que Sánchez se presentó con una gran bandera de España de
fondo. Debo aclarar que Txarlie y yo tenemos en buen concepto el marketing y no
consideramos tal término como algo insultante sino como una herramienta imprescindible
en la sociedad actual ¿digo bien?.
Me atrevo a esta aclaración a riesgo de introducir más
confusión pero sin pizca de miedo a la discrepancia, menos aún si ésta es
civilizada, respetuosa y cabal, como lo es con Txarlie. Puede ser que mi
licencia redaccional de referirme al aburrimiento como una de las virtudes de
la democracia haya llevado a confusión. Mea culpa si así hubiese sido.
Txarlie me dice en su blog que, sin embargo, discrepa
conmigo respecto al resto de mi argumentación, es decir, en lo principal, que
básicamente es que aplaudo que el candidato socialista utilice la bandera del
país que quiere gobernar.
El PSOE es un partido que ha peleado por que España tuviera un
sistema democrático que no tenía. Por que hubiese unas reglas de juego
equiparables a las democracias europeas que España nunca había sido. Esa labor de
“construcción” debe ser reivindicada, en mi opinión.  Guste más o menos insisto en que la bandera
que representa ahora ese proyecto es la que tenía Pedro Sánchez detrás en el
acto del Circo Price. Naturalmente, como ya digo en mi post original, hubo
otros intentos de democracia: las dos repúblicas fueron algunos de ellos, pero
el más exitoso de todos y aquel en el que el PSOE ha tenido más protagonismo y
responsabilidad ha sido el que se inicio
con la ﷽ que se inicisabilidad que el PSOE ha tenido mia y con otras banderas
pero el m nunca hab
ó con la hoy denostada transición. Como decía en mi
post original, nadando contra la corriente actual de descrédito, se trata de un
“régimen” que brilla en comparación con cualquiera de los que España ha sufrido
a lo largo de su historia. Por tanto, que el candidato socialista reivindique
que somos constructores de la estructura democrática de España me parece no
solo un acierto sino una obligación, además de –permítanme que insista- un
excelente marketing político.
Todo esto no tiene nada que ver con quedarse quieto, ni
“formal” ni callado, Txarlie. Un partido de fútbol puede ser de máxima
rivalidad sin que se discuta si deben ser once los jugadores o el tamaño de las
porterías o si el balón puede o no cogerse con la mano. Las reglas no impiden
la competición, tampoco en democracia, sino que son lo que la hace posible. Es
más dicen, con razón, que la democracia son las formas.
En segundo lugar, ha sido bajo ese “régimen” cuando España,
de la mano del PSOE ha ido introduciendo derechos y libertades contra las que una
poderosa derecha rancia (que es la que mayoritariamente hay ¡qué le vamos a
hacer!) ha peleado siempre: Desde el divorcio, al aborto, hasta las autonomías
y el derecho universal a la sanidad y a la educación. Todos esos derechos que
los españoles hemos adquirido no venían “de serie” sino que han tenido que ser
insertados de la mano del PSOE en la legislación de la España constitucional, y
ha sido siempre en contra de la derecha y, por cierto,  sufriendo el desprecio de los comunistas de
todas clases, colores y purezas a los que hoy se les llena la boca hablando de las
virtudes de la socialdemocracia. ¡Lo que hay que oír!
Sería estúpido, e injusto, dejarle a aquella derecha el
monopolio de una bandera que, gracias al esfuerzo de la-izquierda-que-sirve-para-algo representa hoy algo muy diferente a lo que era
cuando se inició la transición. Lo que hizo Pedro Sánchez me gustó, insisto de
nuevo, por esas dos razones: primero para recordar nuestra tarea como
coarquitectos del edificio mismo de la democracia española y en segundo lugar
para reivindicar que en ese edificio el mobiliario de derechos no venía
incluido sino que se construyó en los talleres del PSOE.

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Que ahora enfrentemos nuevos desafíos, como ocurre, no me
parece razón para desdeñar lo conseguido. Es más puede que uno de esos
muchos desafíos, además de la corrupción, la selección de los gobernantes, la
destrucción de los derechos de los trabajadores, la tambaleante igualdad de las
mujeres, el descenso de la población, las burbujas económicas…sea también que
la izquierda utilice la bandera del país con normalidad, como si fuéramos la
selección de futbol.

Mi primer Aurrulaque

Mi amistad con Antonio Sáenz de Miera se forjó hace ya años a base de paseos por los montes guipuzcoanos. Antonio es un hombre inabarcable, de actividad imparable, ingenioso, culto y excelente conversador.

Por fin he podido asistir al primero de sus Aurrulaques, a los que insistía siempre en invitarme. Se trata de una excursión a la sierra de Guadarrama que Antonio organiza desde hace varias décadas (ni siquiera recuerda bien cuantas) pero en la que no falta nunca ni el humor ni el espíritu cívico de defensa de la sierra como patrimonio natural de todos.

Como se dijo ayer, la sierra de Guadarrama es no solo un espacio físico extraordinario, sino también un universo de literatura, historia, poesía y ciencia. Los árboles, los pedregales, los ríos, la fauna pero también las memorias, los versos y los relatos son parte de Guadarrama.

Precisamente la edición de ayer (mi primer aurrulaque pero seguro que no el último) conmemoraba el centenario de la muerte de Francisco Giner de los Ríos, guadarramista, creador de la Institución Libre de Enseñanza y uno de los hombres clave de la historia de la cultura española.

Allí arriba, en el mirador Luis Rosales se leyó el poema que Antonio Machado le dedicó a los pocos días de su fallecimiento.








A don Francisco Giner de los Ríos 
Como se fue el maestro, 

la luz de esta mañana 

me dijo: Van tres días 

que mi hermano Francisco no trabaja. 

¿Murió? . . . Sólo sabemos 

que se nos fue por una senda clara, 

diciéndonos: Hacedme 

un duelo de labores y esperanzas. 

Sed buenos y no más, sed lo que he sido 

entre vosotros: alma. 

Vivid, la vida sigue, 

los muertos mueren y las sombras pasan; 

lleva quien deja y vive el que ha vivido. 

¡Yunques, sonad; enmudeced, campanas! 



Y hacia otra luz más pura 

partió el hermano de la luz del alba, 

del sol de los talleres, 

el viejo alegre de la vida santa. 

. . . Oh, sí, llevad, amigos, 

su cuerpo a la montaña, 

a los azules montes 

del ancho Guadarrama. 

Allí hay barrancos hondos 

de pinos verdes donde el viento canta. 

Su corazón repose 

bajo una encina casta, 

en tierra de tomillos, donde juegan 

mariposas doradas . . . 

Allí el maestro un día 

soñaba un nuevo florecer de España.

Tetrabrick y ropa usada

Hace bastantes años leí un curioso informe sobre tetrabrick (que no he vuelto a encontrar). Yo estaba entonces plenamente convencido de que una botella de vidrio, que puede utilizarse muchas veces (devolviendo “el casco”) y que, además, puede reciclarse al fin como vidrio, era a todas luces mejor desde el punto de vista ambiental.

Pero mi vida es un sendero en cuyas cunetas voy dejando todas las certezas y allí dejé una más, al saber que el consumo energético y la huella ambiental de un envase de cartón y aluminio, de una sola vida (que entonces no era siquiera reciclable) era mucho menor que cada uno de los usos de una pesada botella reutilizada y finalmente reciclada. En realidad la botella podía alcanzar al tetrabrick en costo por cada uso, siempre que fuese utilizada al menos 14 veces, cosa que estadísticamente era casi imposible que ocurriese. Supongo que hoy, en que ya es posible reciclar esos envases de cartón y aluminio, la diferencia será aún mayor.

Mi conclusión fue entonces que, como en casi todo, había que pensar un poco más porque las cosas no eran nunca tan claras ni tan simples, como seguramente tampoco lo son con el tetrabrick.

Aprendí a ver que reciclar no solo no es gratis sino que es muy caro. En dinero, en energía, en tiempo y –vaya por Dios- también en “huella ecológica”.

Lo que aporta valor al reciclaje no es cada una de las piezas que entran en él sino el hecho de estar reunidas en una gran cantidad. Cada elemento no vale nada, lo que vale es que haya miles juntos en un mismo lugar. Y para eso “alguien” tiene que juntarlos. Les pasa como a las monedas, pero eso es otro negociado…

Como usuarios-consumidores que somos ahora (una vez que abandonamos la incómoda categoría de ciudadanos) solemos creer que el único esfuerzo necesario para reciclar es que bajemos las botellas o los cartones, o la ropa al contenedor. Terminada “nuestra tarea” damos también por terminada nuestra preocupación y, es por eso que tendemos a creer que una vez realizado tan buen gesto se pondrá en marcha una especie de sistema benéfico y “mágico” de protección de la naturaleza.

Solo si dedicásemos un pensamiento a ese proceso, se nos ocurriría que tal vez, solo tal vez, hagan falta camiones (muchos camiones) operarios, centros de clasificación y de envasado, cintas transportadoras, aviones de transporte, etc. Todas ellas cosas carísimas que empiezan a funcionar justamente cuando nosotros creíamos que todo terminaba, en el contenedor. Esto, naturalmente, nos resulta muy inquietante y nada mejor que asignar todas estas cosas a alguna ONG, que se ocuparía de continuar nuestro gesto limpio con el mismo altruismo que nosotros, sin contaminarlo de ningún interés económico.

Y como esto es lo que queremos oír, esto es justamente lo que se nos dice. Como se hace siempre con los consumidores.

Solo que, claro está, tal cosa es imposible a largo plazo o para grandes cantidades porque “los niños amigos del cartón” siempre serán menos eficaces que un departamento de la compañía papelera y, además, ni a los unos ni a la otra le va a regalar nadie los contenedores, ni los camiones, ni el gasoil ni el sueldo de los conductores/operarios. Pero como el consumidor pide ONGs pues se le venden ONGs.

Solo así es posible que una empresa normal, con legítimo ánimo de lucro, como todas, se llame Eco Textile Solidarity. Lo que hace pensar que en este sector hay que entrar con cara de Madre Teresa de Calcuta para que te abran la puerta. Eco Textile Solidarity es el nombre de compañía ganadora del concurso para reciclar la ropa usada en Madrid. Su oferta resultó insuperable ya que elevaba de 516 a 3.200 euros (¡) el canon anual que deberá abonar al Ayuntamiento de la capital por cada uno de los 175 contenedores de ropa, que además instalará la propia empresa. ¿De dónde va a salir tanta tela?

La perdedora ha sido Humana, una “entidad” supuestamente sin ánimo de lucro, a la que sin embargo, se le ha acusado no solo de tener tiendas donde vende la ropa, cosa que es cierta, sino de vinculaciones financieras con una secta supuestamente “destructiva”, que es una cosa muy mala, mucho peor que ser de una secta “constructiva” (no me hagan dar nombres).

He dejado tantas certezas en el camino que ya no sé qué pensar pero el sentido común me dice que posiblemente las cosas irían mejor si aceptásemos que una actividad tan importante, y tan beneficiosa como es el reciclaje, aunque comience a partir de nuestro gesto desinteresado de separar los residuos, no puede, ni debe, ser una actividad marginal, sostenida en la buena voluntad y realizada por aficionados que viven de otra cosa sino que sería mucho mejor que funcionase como una industria.

Mientras tanto sospecho que nos seguirán ocultando la verdad que no queremos oír: que detrás de las entidades que se ocupan del reciclaje hay negocio, incluso puede que negocio oscuro.

No he encontrado aquel informe (de antes de Internet) pero sí algunos links.