Publicado en Voz Pópuli

Los políticos que queremos

Si realmente queremos profesionales ‘en’ la política y no profesionales ‘de’ la política, mejor sería que las puertas giratorias empiecen a girar de verdad

En mi artículo de esta semana en Voz Pópuli vuelvo sobre las consecuencias negativas que  tiene nuestra aversión por las llamadas puertas giratorias que, pretendiendo pureza, lo que logra es impedir que la vida política se airee. Puedes leerlo aquí.

Euskadi, el consenso imposible

Pues claro que no. No va haber ningún consenso entre los vascos sobre lo que significó ETA y sobre cómo explicarlo a las generaciones futuras. Ni puede haberla, ni habrá una explicación “oficial” común y aceptada de lo que fueron cuatro décadas de terrorismo para Euskadi.

Lo que la gente no quiere es que le recuerden lo incómodo, lo cobarde que fue la sociedad vasca, lo bien que se adaptaba en silencio a los asesinatos de sus vecinos.

En mi artículo de esta semana opino que serán los artistas y no los políticos quienes decidan finalmente cómo se contará la parte de la historia más negra del País Vasco. Puedes leerlo aquí.

Si no hay mayoría, ¿cuál es el plan?

Las elecciones de abril no nos van a traer otro país, con otra gente, sino uno muy parecido al de este mes de marzo. ¿Y entonces qué?; ¿cuál es el plan?

No sé por qué se instala tan fácilmente esa certeza, absurda pero firme, de que las elecciones nos traerán las soluciones definitivas a los embrollos políticos.

Los mensajes, las consignas y las declaraciones van todas a muerte contra los adversarios, convertidos en enemigos irreconciliables a batir hasta su exterminio en los campos del honor electoral. Nada de eso tan épico va a pasar.

Foto Uly Martín en El Pais
Mi artículo de esa semana lo dedico a preguntarme lo que nunca se puede preguntar en una campaña electoral: ¿qué pasa si no salen las cosas como nos gustaría?. Puedes leerlo aquí.

Rivera se la juega con Arrimadas

Albert Rivera teme ahora que el gran asunto electoral de Cataluña acabe siendo aprovechado por otros y que le roben a los naranjas su pole position en la defensa frente a los independentistas.

Ciudadanos se la juega en estas elecciones a todo o nada: ser quien gobierne España como cabeza de la derecha nacionalista española (tras la socialdemocracia, arrumbaron también el civismo constitucional) o quedarse como otra interesante experiencia política que hubo una vez en España.

Mi artículo de esa semana en Voz Pópuli se centra en la arriesgada y posiblemente definitiva apuesta de Ciudadanos en estas elecciones. Puedes leerlo aquí.

Ni Casado ni Rivera aplicarán el 155

Será Quim Torra quien decida si dar o no motivos para que se aplique el dichoso artículo. Y tal vez lo quiera hacer, pero será su estrategia y su voluntad, no las de Casado ni las de Rivera

España no es el Reino Unido. Aquí el sistema autonómico está escrito negro sobre blanco en nuestra Constitución, no como allí, y aquí una autonomía no puede ser suspendida al gusto por el Gobierno (como sí pasaba allí con la del Ulster).

En mi artículo de esta semana me refiero a esa derecha española que cree que las autonomías son una concesión graciable que puede ser suprimida al gusto del Gobierno. Y lo peor es que ¡lo dicen con la Constitución en la boca!…. Puedes leerlo aquí.

Sánchez, un resistente de manual

Liberado de toda preocupación en cuanto a pactos y negociaciones legislativas que sabe ya imposibles, Sánchez puede entrar en una situación que podría permitirle seguir.

Sin presupuestos, la legislatura estará definitivamente agotada, pero es que ya lo estaba, con lo cual no hay novedad alguna respecto ayer. Porque no estamos ante una legislatura sino ante un duelo electoral permanente

En mi artículo de esta semana señalo la paradoja de que la no aprobación de los presupuestos puede abrir un periodo de libertad de movimientos para Pedro Sánchez mayor que el que hasta ahora ha tenido y que le puede permitir no solo continuar al frente del Gobierno sino también manejar los tiempos electorales en contra de una derecha que el domingo ya cometió un gran error en la Plaza de Colón. Puedes leerlo aquí.

Esperando (sentado) las bondades del multipartidismo

Rivera se congratula del fin del bipartidismo pero resulta inevitable recordar lo que el presidente de Ciudadanos calla: que justamente desde el momento en que se produjo ese cambio que tanto aplaude, España ha dejado de tener Gobiernos con mayorías suficientes, aprobar presupuestos ha sido una agonía y las Cortes han parado casi por completo su labor de producción legislativa.

En mi artículo de esta semana en Vozpópuli, señalo que el fin del bipartidismo ha desencadenado algunos cambios importantes pero ninguno en el sentido positivo que tanto se ponderaba. Al menos de momento. Puedes leerlo aquí.

La izquierda incapaz

En solo cuatro años quienes recuperaban orgullosos el discurso de Julio Anguita de las dos orillas amenazan con ahogarse en la suya.

Las rupturas de estas gentes siempre comienzan con gritos de “unidad”, “unidad” y terminan con un listado de disidentes y purgados. No falla. La maldita y titubeante socialdemocracia, tan llena de defectos, acabará siendo de nuevo el lugar en el que poco a poco, o tal vez en tromba, vayan recalando los disidentes y traidores que la vanguardia del proletariado lleva cien años excretando inevitablemente a su alrededor.

En mi artículo de esta semana en VozPópuli me refiero a esa izquierda que de puro transformadora nunca ha logrado transformar nada. Puedes leerlo aquí.

Claro que es algo personal, no solo política

De la vieja política, en la que los líderes ejercían de cabeza de cartel del partido, se ha pasado a líderes que son el cartel y son el partido

Las primarias y los referéndums internos dan mucha portada pero laminan los matices, acaban con los grupos de opinión internos y solo dejan espacio a la obediencia o a la inquina personal, que por algún lado tiene que reventar.

En mi artículo de esta semana en VozPópuli hablo de la transformación de partidos/asociación a partidos/ejército y de las consecuencias que ello tiene. Puedes leerlo aquí.

Política de extrema irritación

Los mensajes ya no se crean para ser leídos sino simplemente reenviados. Y, por supuesto, jamás para ser recordados más allá de unas pocas horas. Expulsados los profesionales de la información que podrían rechistar o repreguntar, ha decaído casi cualquier atisbo de prudencia, contraste y reflexión, sustituidos ahora por el grito incondicional de apoyo a “los míos”.

El hooliganismo político militante y el destierro de periodistas que valoraban y enriquecían la información, ha promovido esta política de alto voltaje y extrema banalidad.

En mi artículo de esta semana en VozPópuli hablo de cómo la enorme extensión mediática y en redes de la polémica política ha traído más espectáculo pero menos respuestas. Puedes leerlo aquí.