La animadísima bronca electoral nacional es desconocida en mi tierra, donde los votantes han comprado sin titubeos el mensaje de calma y buenos alimentos que viene ofreciendo el PNV desde que el Lehendakari Urkullu es su mentor y su icono.
En mi artículo de esta semana en Vozpópuli me fijo en las diferencias que hay entre la política que se hace fuera de Madrid y la que se hace en la capital, y muy especialmente la grandísima distancia entre el comportamiento electoral de Euskadi respecto al resto del país. Puedes leerlo entero aquí.
¿Qué queda, aparte del dolor de las familias y de un pueblo vasco profundamente dañado? Queda la seguridad para quienes se creyeron de verdad héroes de que, más tarde o más temprano, llamarán a la puerta, y será la Gendarmería, la Guardia Civil o la policía que corresponda, que viene a arrestarlos.
En mi artículo de esta semana en Vozpópuli me refiero a la inutilidad de tantos años de sangre, de muerte y de miedo y a la lenta pero imparable marcha de la justicia, que en una democracia no se detiene porque alguien dé una rueda de prensa. Puedes leerlo entero aquí.
Aquellas personas que rodearon pacíficamente el Congreso y accedieron a él son solo una pequeñísima muestra de todos los ciudadanos sensatos que son inmensa mayoría en toda España. Un país plagado de gente razonable, respetuosa y seria, que aprecia las instituciones y que reconoce el valor de quienes las dirigen de forma íntegra, incluso aunque no piensen políticamente como ellos.
En mi artículo de esta semana en Vozpópuli me fijo en la cantidad de personas razonables que llenan el país y a las que nunca se dirigen los mensajes políticos, siempre a la búsqueda de la bronca. Puedes leerlo entero aquí.
El horror de Mauthausen no cabe ni en todos los tuits que pudiera publicar la directora general de Memoria Democrática de la Generalitat en mil vidas que tuviera.
Allí se dejaron la vida quienes no encajaban en el diseño de una patria unitaria, limpia de extraños, cerrada a la diversidad y, por eso mismo, a cualquier clase de libertad.
En mi artículo de esta semana en Vozpópuli me rebelo contra la ceguera de quienes van por la vida envenenados por la toxicidad del nacionalismo y no son capaces de ver sus consecuencias ni aunque las tengan delante. Puedes leerlo aquí.
La realidad es que el PP aplastado por su mayor desastre sigue teniendo más diputados que la alegre muchachada de Rivera
En mi artículo de esta semana en Vozpópuli repaso varios fracasos de la derecha y, sobre todo, muestro mi asombro porque los que consideraban que echar a Sánchez era cuestión de Estado y una urgencia abrumadora se hayan olvidado tan rápido de ello y celebren ahora como un éxito no haberlo logrado. Puedes leerlo aquí.
Un debate en TV tiene algo de acto político, pero ante todo y sobre todo es un formato más de programación televisiva, sometida implacablemente a las reglas del medio, que son la espectacularidad y la emoción.
En los programas de ayer y de esta noche la confrontación es entre caras maquilladas gestos ensayados, datos parcialísimos, consignas tuiteras y, sobre todo, emociones como las del miedo y la rabia, que son las dos que están primando en esta campaña, para mal de España.
En mi artículo de esta semana en Vozpópuli opino que los debates televisivos se hacen a la medida de la TV y no del ciudadano. Por eso tanta espectacularidad, que es lo último que le hace falta a la política y por eso también ese horario completamente ajeno a la España que madruga. Puedes leerlo aquí.
Sorpresa: el principal motivo por el que las mujeres españolas retrasan hasta cuatro años la maternidad es porque no tienen una relación de pareja adecuada
Entre tanto gráfico electoral ha pasado casi desapercibido la última encuesta de fecundidad del Instituto Nacional de Estadística (INE) que nos enseña es que, además de consumidoras, compradoras y trabajadoras, las personas somos en primer lugar eso, personas sensibles que, además de porcentajes y ratios, también tenemos que lidiar con nuestros sentimientos, aprensiones y miedos; que no decidimos solo con la calculadora sino también con el corazón.
En mi artículo de esta semana en VozPópuli me refiero a que algunas de las cosas más importantes que pasan a nuestro alrededor nada tienen que ver con lo que diga el Boletín Oficial. Puedes leerlo aquí.
Cuando se estimula la testosterona nacional, se ignora la realidad, se excitan los sentimientos nacionalistas, se desdeñan las consecuencias o se miente directa y flagrantemente sobre ellas y se impulsa una votación al todo o nada, luego no hay manera de arreglarlo.
Los referéndums solo pueden ser el final de un proceso complejo, tomado absolutamente en serio, en el que el acuerdo previo sea muy amplio, las consecuencias, bien conocidas por todos y las dificultades nuevas e imprevisibles que vendrán -sin duda- plenamente asumidas.
Lo que el perverso referéndum del brexit nos ha demostrado es que lo de “Tu vota, que luego ya veremos” es siempre un engaño a ese pueblo al que se apela.
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| Theresa May, junto a Donald Tusk |
En mi artículo de esta semana en Voz pópuli señalo las consecuencias de creer que las decisiones complejas pueden tomarse fácilmente en una votación a sí o no. Puedes leerlo aquí.
Las palabras de Stanislas Guerini, portavoz del partido de Macron, apelando a un diálogo útil con los socialistas españoles no ha podido sentar nada bien en Ciudadanos, inmersos como están en plena campaña pública para alejarse todo lo posible de Sánchez “el maligno”.
La apuesta anti Sánchez de Ciudadanos es arriesgada porque, haciéndole perder amigos en Europa, que eso es seguro, podría pasarle que, a pesar de todo, no le salgan las cuentas en España.
En mi artículo de esta semana en Vozpópuli me refiero a las desventajas que tiene diseñar una campaña esclava de los porcentajes demoscópicos de odio interno, como la que está haciendo Ciudadanos. Puedes leerlo aquí.
La nación cívica, la constitucional de verdad, se basa en los derechos ciudadanos, es la heredera de la tradición liberal y no es la patria nacionalista que exige sacrificios y heroísmo, sino otra muy diferente, que solo pide respeto por la Ley y civismo.
Un poco más de sosiego constitucional y un poco menos de vocerío patriótico nos vendrían bien para encarar los acuerdos que tendrán que venir -seguro- después del 28 de abril.
En mi artículo de esta semana en Voz Pópuli señalo el deliberado error de querer confundir patriota con constitucionalista, que son cosas que se aparecen pero que no son lo mismo. Puedes leerlo aquí.