El mercado de la moda conquista el hiyab
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| STEFANO GABBANA/INSTAGRAM/ARABIA.STYLE.COM |
El ardiente deseo de discurrir con novedad
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| Plaza de España. Madrid, 18 de noviembre de 2017 |
En mi artículo de esta semana en Voz Pópuli hablo de cómo la izquierda española empieza a darse cuenta de que el nacionalismo no es, nunca fue, una ideología «hermana». Puedes leerlo aquí.
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| Carmen Lamela, jueza. Foto CGP |
En mi artículo de esta semana en Voz Pópuli hablo de una virtud del trabajo de la juez Lamela, que nadie parece haber percibido. Puedes leerlo aquí.
En mi artículo de esta semana en Voz Pópuli hablo de los inevitables límites de la simulación, incluso de la que uno mismo, en su torpeza, llega a creerse. Puedes leerlo aquí.
Cataluña no será un país independiente, pero si un día lo fuese, con seguridad no sería una democracia. Porque inevitablemente necesitaría haberse deshecho antes, durante o después de su separación, de la influencia, de los derechos o de la presencia misma de la mitad de sus habitantes actuales
Al hablar de los problemas económicos de una país recién independizado me parece que se olvidan del principal. Tal vez porque construir una nación, cualquier nación, es escalofriante. De eso hablo en mi artículo de esta semana. Puedes leerlo aquí.
Como temía con tanta razón el airado monje ciego de Umberto Eco en “El Nombre de la Rosa” la comedia es peligrosa porque la risa ahuyenta el miedo y todas las formas de opresión necesitan mantener el miedo intacto, es su arma principal y nada la oxida y neutraliza tanto como una carcajada a tiempo.
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| Fe de etarras. Netflix |
Sobre la capacidad del humor para disolver los venenos más tóxicos, de eso hablo en mi artículo de esta semana. Puedes leerlo aquí.
La realidad se ha impuesto a la impostura, pero el desastre es real y, siendo enorme, puede ir a más. Solo queda ir elaborando el informe de daños, en Cataluña y en el resto de España.
El colmo sería que nos creyésemos el discurso hábil pero falso del nacionalismo de que todos los catalanes son como ellos dicen y, peor aún que les copiásemos sus fastos y sus obras y nos convirtiésemos en lo que ellos mismos necesitan que seamos.
La voz de los nacionalistas es prácticamente la única que se escucha. Su intensa y larga estrategia de hacerse con todos los resortes del poder y de la comunicación ha logrado que su discurso sea el único aceptable en la calle.