Publicado en Danok Bizkaia

1812- 2012

Azulejo conmemorativo del Bicentenario de la Constitución de 1812

Supongo que es ley de vida que cada generación crea que su tiempo es el auténticamente decisivo y que es ella la llamada a entregar definitivamente a las venideras un mundo si no perfecto al menos casi perfecto. Tamaña estupidez no se sostiene un minuto en una mente mínimamente reflexiva pero, sin embargo esa sensación de que “lo importante” es lo que hacemos la gente de nuestra edad y el resto son excentricidades de jóvenes o de viejos, tiene un asombroso e inexplicable éxito.

Estos días se están celebrando actos institucionales en conmemoración del bicentenario de la aprobación en Cádiz de la Constitución de 1812, puede que la más progresista y liberal de su momento. Fue conocida popularmente por “la Pepa”; nombre bien gracioso que solo podía provenir de una ciudad del Sur, pero nombre también cuya invocación costó la vida a muchos españoles, lo que no tuvo en verdad ninguna gracia. ¡Viva la Pepa! fue en tiempos un grito subversivo y revolucionario, muy caro para quien fuese sorprendido pronunciándolo después de que la reacción, el atraso y el miedo recuperasen en España -para mal- los territorios de libertad que aquella Constitución había ganado en Cádiz para bien.

Viene esta breve alusión histórica a que las generaciones que nos precedieron también tuvieron sus momentos de lucha, de gloria, de éxito, de libertades y de derechos, pero que, sin embargo, lo conseguido en unos momentos se perdió también en otros, que la historia de la gente de la calle, no ha sido nunca un camino recto. Nada de eso. La historia de las generaciones que nos precedieron ha sido de altibajos, de avances y retrocesos, de alegrías por lo logrado y de tristezas por lo después perdido. 1812 fue un momento de especial efervescencia de la libertad y, posiblemente por eso, la destrucción de aquella esperanza fue también especialmente dura y dramática.

No entregaremos a nuestros hijos un mundo perfecto, pero al menos deberemos intentar, por pura dignidad, que no sea en nuestro tiempo en el que se pierda lo que habíamos conseguido para nosotros, cosas que llegamos a creer afianzadas para siempre y que ahora están en peligro. No nos asedian las tropas napoleónicas, como entonces, pero sí los intereses de los mercados y las grandes empresas. No nos han secuestrado al Rey pero no le harán ascos a quedarse con la sanidad o la educación públicas. Con los derechos de los trabajadores ya han empezado.

Puesto que tan solo nos toca transitar por algunos peldaños en la escalera de la historia intentemos subir cuantos podamos y bajar los menos posibles; si puede ser ninguno. Y no nos dejemos empujar escaleras abajo. Puede que sólo con eso ya hayamos logrado mucho.

Publicado en Danok Bizkaia el 23 de marzo de 2012

¡Yo aviso!

Aviso a Seat, Renault, Vw, Ford, Opel… de que he reparado mi viejo coche y que ya he descartado completamente cambiarlo. Aviso al BBVA, Santander, La Caixa, Kutxa…de que he renunciado a aquella compra que tenía pensada y que no necesitaré ya pedir ningún crédito. Aviso a Bimbo, Danone, Nestlé, Campofrío, Henkel, Fairy, Ariel… de que me he convertido en un experto en marcas blancas, que son las únicas que llenan ahora mi carro.
Aviso a El Corte Inglés, Inditex, Cortefiel, Hispanitas….de que ya solo compro ropa en outlets o en rebajas. Ah! y que conozco todas las modistas de arreglos de mi barrio. Aviso a Cepsa, BP, Repsol, Shell, Petronor, Avia… de que me acostumbré a conducir despacio cuando la limitación a 110 y que ahora paso de largo por muchas gasolineras. Y, por supuesto, en los viajes largos uso el bus.
Aviso a Prisa, Vocento, Mediapro, Mediaset, Euskaltel y Movistar que la TV de pago ni siquiera la tengo como opción y que he descubierto que se vive perfectamente sin comprar todos los días todos los periódicos. Aviso a las cadenas Barceló, Sol, Zenith, Meliá… de que ya he reservado plaza en un camping para este verano en lugar del hotel de playa de los pasados años.

Soy un privilegiado. Tengo un buen sueldo, excelente en comparación con el de la mayoría de mis amigos, así que estas decisiones no son nada comparadas con las que, sí o sí, han de tomar ellos y otros muchos millones de consumidores. Porque -señores- no olviden que austeridad es NO COMPRAR.
Quienes hoy aplauden entusiasmados esta reforma laboral que precariza los empleos, que expulsa a la clase media del mercado, que destroza la esperanza de los jóvenes más preparados que miran al extranjero como hicieron sus abuelos, mejor harían en no recalentarse las manos con tanta ovación porque tal vez las necesiten para cavar con ellas la tumba de los negocios que hasta ahora les hicieron ricos.

Quien paga sueldos nimileuristas no puede ser tan tonto como para creer que el resto de empresas no harán lo mismo que él y que, por lo tanto, al cabo no habrá consumidores capaces de comprar lo que él tanto necesita vender. Es obvio. Falta solo saber cuánto tardarán en darse cuenta y a cuánta gente habrán destrozado para entonces.
Aviso de que mi huelga particular empezó antes del 29 y que se prolongará mucho después. ¿Y la de usted?

Publicado en Danok Bizkaia el 16 de marzo de 2012

Pasen y vean

Muelles de Bilbao Foto Blog Radiaciones

Mi amigo Manu es ingeniero. Un hombre organizado y metódico, al que el caos nunca ha conseguido vencer, muy al contrario de lo que nos pasa a quienes vivimos dominados por él. Vencedor de ese enemigo insidioso, siempre ha encontrado tiempo para atender a las personas con las que trabaja, para los amigos y para su familia. Los expertos dirían que tiene mucha inteligencia emocional, yo me quedo en que le sobra sentido común.

Los ingenieros como Manu transforman el mundo físico. Hacen que lo imposible sea fácil: atravesar un río, amarrar un buque de miles de toneladas, volar a 10.000 metros de altura o simplemente lavar y secar la vajilla. Todas esas cosas y miles de otras más tuvieron detrás a un ingeniero que se enfrentó a dificultades y problemas inimaginables para mí. Problemas que no se resolvían solo con la calculadora; que, todo lo contrario, requerían imaginación y curiosidad. Nada de mentes cuadradas, si acaso ordenadas, que es muy diferente.

Frente al Ayuntamiento están haciendo estos días una obra de refuerzo de los viejos muelles bilbaínos, esos mismos que domesticaron la ría y la transformaron de cauce de agua en cauce de riqueza. En medio de la atareada vida urbana, el lunes pasado una máquina perforaba la ribera con un inmenso tubo. Desde el puente y desde la orilla de enfrente, en pie, cómodamente sentados o con una ojeada rápida al pasar gentes de toda edad, no solo jubilados, seguían atentamente el ruidoso espectáculo de aquellos titanes de hierro, en lucha contra el lodo y el agua. Me acordé de Manu, que me habría explicado con detalle y pasión lo que aquellos hombres enfangados estaban haciendo.

El circo del ser humano cambiando el mundo para acomodarlo a sus necesidades es un espectáculo tan antiguo como nosotros mismos. No es de extrañar que tenga una capacidad de convocatoria tan universal. Hay una serie televisiva que muestra grandes obras y complicadas operaciones industriales; una suerte de National Geographic pero en el que los exóticos y elegantes salacots son sustituidos por los nada glamurosos cascos de seguridad.

Se suelen hacer bromas a cuenta de los veteranos que se dedican a observar las obras urbanas pero la verdad es que contemplar en vivo y en directo algunos trabajos es un espectáculo asombroso y cautivador que solo requiere disponer tiempo, algo que los mayores tienen y que a los demás nos falta siempre. No pude quedarme a mirar -no tenía tiempo con el que pagar la entrada- pero no lo duden: me quedé con las ganas.

Publicado en Danok Bizkaia el 9 de marzo de 2012

La camarera inepta

La camarera de la estación de autobuses había desarrollado esa destreza, tan habitual detrás de las barras, de no ver a las personas que se tienen delante. Mientras atendía con desesperante parsimonia a la única clienta que me precedía vi cómo se llenaba la barra de gente; lo normal en la cafetería de una estación, donde los clientes irrumpimos todos de golpe y con poco tiempo. Terminado y cobrado aquel servicio levantó la vista con expresión falsamente aturdida como si descubriera en ese momento mi presencia y la de los demás viajeros. Por supuesto atendió a la primera persona que vieron sus ojos, que justamente acababa de entrar en ese instante. Se hizo evidente que a todos nos esperaba la incómoda tarea de competir por la atención de la adormilada empleada.

Tenía poco tiempo pero no tan poco como para no poder explorar las inmediaciones de la parada. En un minuto encontré un bar con vistas a la catedral, un camarero eficiente, cruasanes de pastelería y sin la frialdad cochambrosa y sucia de las cafeterías de estación.

No nos gusta que las contrariedades de cada momento tuerzan nuestros planes y solemos reaccionar con fastidio, irritación e incluso ira. Sin embargo a menudo esos mismos imprevistos incómodos nos permiten explorar opciones nuevas, tal vez mejores que las que en principio esperábamos. Es solo cuestión de manejar nuestros impulsos de manera positiva y no dejarnos llevar por esas emociones tóxicas que son las que nos impiden explorar y disfrutar de las nuevas oportunidades, que en mi caso fueron un breve pero relajante paseo, un buen café y un cruasán excelente.

Todo gracias a aquella camarera inepta.

Publicado en Danok Bizkaia el 2 de marzo de 2012

El llamador automático

La pieza con botones del frente era lo más. ¡Un control remoto!

Si tiene cierta edad tal vez recuerde aquellos grandes contestadores automáticos, provistos de dos cintas magnetofónicas paralelas, que adornaban las casas de personas modernas y activas; aquellas que no querían perderse ni una llamada ni un negocio.

Pues el martes fui víctima de un artilugio similar pero de funcionamiento opuesto: Era un llamador automático. Un chisme que me llamaba él a mí, como si se tratase de un absurdo traído al mundo real desde el otro lado del espejo de Alicia.

Sonó el teléfono en casa y al descolgar una grabación me retuvo indicándome, entre otras extravagancias, que estaba hablando con mi asesor de telecomunicaciones. Eso dijo: “mi asesor”. Esperé unos momentos y una teleoperadora se presentó preguntándome con quién estaba hablando. Naturalmente mi respuesta fue preguntar con quién estaba hablando yo, ya que no sabía que hubiese contratado ningún asesor de telecomunicaciones personal. Pero la única respuesta fue que me iba a explicar -a la hora de comer- unas supuestas ofertas en telefonía.

La maquinita diabólica que me había llamado no era, por supuesto, una creación onírica de Lewis Caroll, sino que tenía la función, bien pedestre, de asegurarle a la operadora que al otro lado de la línea había ya alguien esperándola antes de ponerse ella misma al teléfono. De esta forma su empresa ganaba tiempo a base de hacérmelo perder a mí. Parece increíble pero fue tal y como lo cuento.

Dicen que la buena educación es la grasa que hace que la sociedad no chirríe, que alivia los roces, evita conflictos y es lo que impide que, en última instancia, nos matemos unos a otros. Puede que no sea tanto pero es seguro que para vender algo la primera condición es no despreciar al cliente, que no nos hagan ver que su tiempo vale más que el nuestro.

Lo peor de esas prácticas es que se aprovechan innoblemente de la buena educación de la gente, que nos impide mandar a paseo a una teleoperadora que no tiene culpa. Consciente de ese abuso yo sí lo hice, y con toda rotundidad. Pobre chica.

Publicado en Danok Bizkaia el 24 de febrero

Agua sucia

Nuestra flamante ministra de Empleo, Fátima Bañez, ha dicho, en relación con las nuevas normas que abaratan el despido y precarizan los empleos, que “marcarán un antes y un después”. Seguro que tiene razón, cada minuto de nuestra vida marca un antes y un después. Un tópico, obviamente indiscutible.

Lo que ninguna ministra me discutirá a mí es que a partir de ahora va a ser más fácil despedir a quien tenga un empleo, que quien lo pierda se llevará a casa menos dinero con el que sobrevivir antes de encontrar otro y también que será más fácil que quien mantenga su trabajo vea sus condiciones alteradas a peor de un día para otro, le guste o no.

Dicen unos que esta reforma facilitará el dinamismo empresarial y, por consiguiente, la creación futura de más empleos. Otros auguran lo contrario: menos dinero, menos dinamismo y más pobreza. El tiempo colocará a cada cual en su sitio, pero lo que es seguro es que, de entrada, lo que va a brotar es lo peor de nuestro tejido empresarial. Del mismo modo que siempre que se abre una válvula lo primero que sale es el agua sucia, esta reforma va a permitir que las empresas más oscuras ¡ay! lo tengan a huevo.

Se despedirá más, se pagará menos, se maltratará a los que queden y habrá menos dinero para las empresas medianas y pequeñas en las que usted y yo compramos. Lo que ahorren éstas en sueldos lo perderán en ventas.

La pregunta no es si tal cosa va a ocurrir sino cuánto tiempo va a durar y a cuántas familias se llevará esta reforma por delante. Se puede ser competitivo vendiendo miseria más barato que nadie o creando productos valiosos para personas que puedan pagarlos, pero es que a un país empobrecido solo le queda la primera opción: la del agua sucia.


Publicado en Danok Bizkaia el 17 de febrero de 2012

Morirse es muy natural

Caroline Lowell era una mujer australiana que durante mucho tiempo luchó para lograr que las mujeres pudieran parir en su casa, lejos de los ambientes hospitalarios. Hace unos días murió precisamente en su casa, de una hemorragia durante el parto. Tenía 36 años.

Se extiende la costumbre de no vacunar a los niños y leo que solo en Madrid durante 2011 se diagnosticaron 588 casos de sarampión, muchos más que los 29 del año anterior. La tos ferina ha pasado allí de 1,56 casos por cada 100 mil habitantes a 5,5 (un incremento de más del 250%). Cierto es que muere poca gente de parto en casa o de estas enfermedades, que se consideraban prácticamente erradicadas, pero también es cierto que esa estadística no consolará a los familiares de la señora Lowell ni a los de los demás fallecidos.

El enorme éxito de la ciencia, de la tecnología y de una medicina accesible nos ha hecho creer que la buena salud es no solo algo normal sino también fácil, y pronto hemos olvidado el dolor, el sufrimiento y la muerte que fueron lo natural durante milenios de historia de la humanidad, hasta que llegó en nuestro auxilio la ciencia con sus técnicas y sus «venenos».

Lo que sí percibimos con claridad son los inconvenientes de los fármacos y de la tecnología médica, tan avanzada que a menudo nos abruma y parece que nos robase el control sobre nueva propia vida. Hay un recelo lógico y por eso nos apuntamos enseguida a las terapias llamadas naturales o alternativas.

Seguramente el parto en casa es muy natural y desarrollar tus propias defensas enfrentándote a una enfermedad con toda su virulencia intacta es también natural pero que las mujeres y sus bebes mueran en los partos y los niños fallezcan de enfermedades contagiosas siempre ha sido de lo más natural. Siempre. Y no necesitan irse a la antigüedad: basta que pregunten a las abuelas. Ellas les dirán.

El riesgo cero no existe. Sólo vivir es arriesgado y las personas deben poder elegir su opción pero -eso si- con información, asumiendo los riesgos, sin engañosas seguridades, aceptando que la naturaleza no siempre se pone de nuestra parte y que morirse es una cosa de lo más natural.

Publicado en Danok Bizkaia el 10 de febrero de 2012

El espejismo de lo importante

Si usted se está molestando en leer esto, cosa que le agradezco de corazón, probablemente es porque le gusta estar informado. Es probable que a estas horas haya escuchado ya algún informativo en la radio o en la tele. Hace usted muy bien en escuchar o leer noticias, considerar opiniones y formarse la suya propia.

Pero recuerde que no es lo mismo estar al corriente de la actualidad que estar informado. La actualidad es una realidad que otros escogen por nosotros y nos sirven bien cocinada, pero no es “La Realidad”. Nos pasa que de tanto ver y escuchar en todos los sitios las mismas cosas, las mismas ideas, los mismos eslóganes, se nos forma el espejismo de que lo que nos narran es lo que pasa, lo único relevante que pasa. Pero no es así. Hay mucho más mundo que el que nos cuentan porque la función del periodista es escoger y, por consiguiente, desechar. Y en esa selección lo notorio, lo espectacular y lo dramático parte siempre con ventaja, aunque no sea en verdad lo importante. No olvide nunca eso y verá las noticias con un desapego más sano.

Si le han entregado este periódico en la escalera del metro, piense que lo que usted hará hoy, junto con lo que harán las personas que le acompañaban en su mismo tren, es -seguro- bastante más importante que casi todo lo que ocupará las portadas o los noticiarios. Sepa que aunque lo cotidiano solo alcance la categoría de noticia cuando hace ruido es, sin embargo, lo que verdaderamente mueve todo: lo que hace usted y la gente que le rodea.

Por supuesto le recomiendo que no pierda el interés por la actualidad, pero del mismo modo que no puede haber un partido del siglo cada quince días (por mucho que vociferen los comentaristas deportivos) tampoco cada día tiene que ser testigo de un acontecimiento histórico; y menos mal. Que tenga un buen día.

Publicado en DANOK Bizkaia el 3 de febrero de 2012

No corras, que es peor

Cuando de niños nos cazaban en alguna travesura esa era la advertencia que solía preceder al cachete. Hoy no corremos delante de una zapatilla sino detrás de casi todo.

El apresuramiento parece un ingrediente imprescindible en nuestra vida, en la que demostrarnos a nosotros mismos, y a los demás, lo ocupados que estamos se ha convertido casi en una obligación social, en un gesto de buen tono. La consecuencia es que los minutos se nos escurren entre las manecillas del reloj como agua entre los dedos.

Hace un mes corríamos para comprar los regalos navideños y ahora corremos a ver el saldo de la tarjeta con el que pagarlos. Nos apresuramos en acudir a las rebajas antes de que se terminen las oportunidades y nos desazona no haber encontrado tiempo de aprovecharlas el mismo día en que empezaron, pero otras urgencias nos lo impidieron entonces.

Sin embargo, cuando lo urgente entra por la puerta lo importante suele saltar por la ventana. Ahí se nos va el tiempo para nuestros amigos, para nuestros padres o para nuestros hijos que aunque no parecen tener prisa, sí necesitan más atención de la que nos concede la tiranía de la prisa. La carrera cotidiana nos roba el rato para nuestras parejas que así nos sorprenden a veces con un alejamiento que no sospechábamos, y la obligación de llenar cada momento nos impide, sobre todo, estar con nosotros mismos, escucharnos y conocernos, como sabiamente recomendaba el antiguo templo de Apolo, en Delfos, y como actualmente recomiendan no solo los siquiatras sino también los cardiólogos.

Hoy lo que resulta urgente es disponer de tiempo para «nada», que al fin resulta ser el tiempo que usamos para lo realmente valioso. «No corras, que es peor» sigue siendo un buen consejo, aunque hayamos superado la edad de las trastadas.
 
Publicado en Danok Bizkaia el 27 de enero e 2012

El doctor que no se resignó

Como sin duda ya sabrán ustedes el pasado viernes 13, mientras este nuevo periódico nacía, falleció en Bilbao el Dr. Juan Antonio Usparitza, conocido sobre todo por ser el fundador de la asociación de ayuda en carretera DYA.

Foto Luis Calabor El Correo

En el año 1966 Usparitza, un médico ya entonces reconocido y respetado en Bilbao,  optó por no resignarse y meterse en líos. Y así lo hizo. Decidió no aceptar que las personas que sufrían un accidente en carretera muriesen en las cunetas o a causa de traslados precipitados y erróneos, como desgraciadamente ocurría demasiadas veces.

Aquella labor pionera abrió los ojos a la sociedad y las sirenas de aquellas primeras ambulancias amarillas, que a veces conducía él mismo, empezaron a despertar en todos la conciencia de que no era aceptable la muerte de miles de personas; que el automóvil no podía cobrarnos ese peaje de muerte y de dolor en nombre de ningún progreso. Abrimos los ojos y empezamos a parar poco a poco aquella sangría.

Por fin, en la última década se han reducido en más de la mitad los accidentes de tráfico y también los fallecidos. Hoy hay 13.500 personas vivas en España que hubiesen muerto en los últimos 10 años de mantenerse las cifras de 2001.

Sin embargo la lección más esencial que nos dio este hombre fue su determinación a no dejarse llevar, a no aceptar lo inaceptable, a señalar con osadía lo que otros desdeñaban. Ni se acomodó ni se conformó ni se acostumbró. Vio entonces lo que quería cambiar y lo cambió. Con esfuerzo y tesón abrió el camino que luego ha seguido una sociedad que hoy es mejor.

Todos tenemos cosas que quisiéramos cambiar, sea en el mundo entero, en nuestro circulo privado o -las más difíciles- dentro de nosotros mismos. Las personas que mejoran su mundo también transforman inevitablemente su propia vida. Pero para hacerlo hace falta tener los ojos bien abiertos para ver lo que no deseamos y la determinación y coraje para no conformarnos con ello.

La rebelión de Usparitza fue la atención a las personas accidentadas ¿Cuál será la mía? ¿Y la de usted? Hoy es un buen día para pensarlo, y para empezar a no resignarse.

Publicado en DANOK Bizkaia el 20 de enero de 2012