Mirando desde mi escaño

Pelea de lindes o “la aldea tecnológica”


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Por si alguien no es consciente, recordaré que en Euskadi no hay un Parlamento sino cuatro. Está el Parlamento Vasco y están la Juntas Generales de los tres…territorios históricos (qué susto, a poco tecleo “provincias”).

Con la transición llegó a Euskadi la ola de la recuperación de estructuras políticas históricas, que se vinculaban a un supuesto mejor ejercicio democrático de tiempos pasados. Así, la Ley de Territorios Históricos consagró una estructura territorial poderosa en torno a las renovadas Diputaciones Forales, gestoras del también recuperado Concierto Económico.

Las Diputaciones, controladas por sus propios parlamentos (las Juntas Generales) se han ido consolidando como herramientas potentes y valiosas en el gobierno del territorio. Es posible que las cosas se pudiesen haber hecho de otra forma (teniendo en cuenta la poca extensión y el escaso número de habitantes de Euskadi) pero en su día se decidió atenerse a las instituciones tradicionales y finalmente éstas se han convertido en administraciones efectivas.

Pero todas las monedas tienen dos caras y ésta también.
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¿Economía o despido competitivo?


Espero que las medidas restrictivas adoptadas por el Gobierno de España y replicadas en el resto de las Administraciones sirvan para las cosas buenas que dicen que van a servir: Desde mejorar la posición económica de España hasta impulsar un mercado de trabajo más dinámico y eficiente, ya que no más humano. A mí de todo lo previsto lo que me parece mejor es que empecemos a entender que el gasto público se hace con nuestro dinero y que cada euro invertido debe tener una justificación creíble, aunque nunca pueda ser unánime. Me gusta esa parte aunque no me guste nada la demagogia de quienes se agarran a ese argumento razonable para desmontar el Estado sabedores de que es el aliado de los menos poderosos.

Pero hay un aspecto de esta reforma que me inquieta especialmente y sobre el que ya he escrito en otra ocasión. Todo el tiempo se habla de la necesidad de ser más competitivos pero me parece que se hace demasiado hincapié en el despido y demasiado poco en el trabajo. Y eso ¿Qué tiene que ver con la competitividad?
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Des-Concierto


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Una vez más, como es mi costumbre, me equivoco. Hablaba el miércoles de las “fuerzas vivas guipuzcoanas” y de sus intentos para que la futura sede de Tecnalia se ubique en el Parque Tecnológico de Miramón. Pues bien, como era de temer ya ha surgido la contestación activa tanto en Vizcaya como en Álava (menos mal que sólo somos tres territorios). Como aquí cada cual tenemos nuestro parque tecnológico, y nuestra asociación de empresarios, por supuesto, todos nos hemos puesto a la tarea de captar esa sede.

Seguramente tan extrema actitud reivindicativa sea un efecto secundario del Concierto Económico, que reserva para cada uno de los territorios la recaudación de los impuestos. Confío, de hecho, en que ésta sea la razón y no estemos ante un aldeanismo puro y descarnado.

Pero lo que me inquieta de verdad es que después de tanto ruido, la instalación de una sede pequeña, como la que seguramente corresponde, pudiera ser vista como un desdoro y para evitarlo nos encontremos con que Tecnalia se vea obligada a montar una sede mucho más grande y aparatosa de la que precisa para así no desairar a Álava, Guipuzcoa o Vizcaya… que tanto han trabajado por acogerla.

Espero no equivocarme también en esto.

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La aldea vasca

Este es un país en el que las disputas territoriales son causa de pasiones tan grandes como vacías. Euskadi se recorre en coche de punta a punta en dos horas y pico, pero en ese breve recorrido sin darnos cuenta habremos atravesado una verdadera malla de sentimientos de pertenencia e identidad.

Ser de Bilbao es como ser de la capital del mundo para algunos. Los VTV’s (Vitorianos de Toda la Vida) nada tienen que envidiar a los Donostiarras de la Bella Easo, que con justicia reivindican sus asombrosas fiestas de invierno que solo tienen competencia en los muy distintos carnavales de Tolosa. Pero tampoco podemos olvidar a los Jarrilleros de Portugalete, totalmente diferentes a los devotos de la Virgen del Carmen de Santurce, de los que les separa… una calle.

Para carácter el de los Bermeanos, y muy especialmente el de las bermeanas. En el extremo oriental tenemos a los que en una verdadera declaración de autenticidad se dicen a sí mismos de Irun Irun. Así, dicho dos veces seguidas. Hay ejemplos mil.

Ya el viejo juramento de los señores de Vizcaya nos apunta a que nuestra afición “hiperlocal” tiene raíces en la tradición más rancia puesto que no se limitaba jurar los fueros en general, así a lo tonto, sino que descendía al detalle concreto, para que no quedasen dudas: “Juro que bien verdaderamente le guardar a la Tierra llana, y villas, y ciudad, de él y Durangueses y Encartaciones y a los moradores de ellas y en cada una de ellas…”.

Sobre las rivalidades futbolísticas no pondré una línea porque sería jugar con gasolina y cerillas. Hace unas semanas se desató una pequeña tormenta sobre cuál es la capital de Euskadi que encendió los ánimos y que aún colea intentando vencer a la tranquila cordura que parece que se ha impuesto provisionalmente.

Todo esto, por supuesto, da un juego infinito para los chistes y está bien mientras se quede en eso.

Pero estos días el localismo se ha conjugado con otra visión no menos tradicional entre los vascos: la de las grandes empresas con grandes sedes, de grandes arquitectos, con mucha gente entrando y saliendo bajo grandes carteles luminosos en la fachada.

Andan las fuerzas vivas guipuzcoanas enceladas en conseguir que la sede de Tecnalia se instale en San Sebastián. Loable deseo. Tecnalia es una corporación formada por empresas de alta tecnología que después de discurrir durante años colaborando entre ellas pero cada cual en su propia casa, va a constituirse como un grupo estratégico más unitario, aun con divisiones especializadas. Parece que a nadie se le ha ocurrido pensar que cuando se trata de unas empresas del alto nivel tecnológico y de gestión de las implicadas lo de menos es la ubicación física de cada cual (teniendo en cuenta que todas están en Euskadi, ya están bastante cerca unas de otras) y que sería perfectamente posible que estuviesen incluso mucho más alejadas ya que su valor reside en la red, la información, la comunicación y el talento y no en la mera cercanía física.

Si hasta yo, que justo me defiendo en esto de la tecnología, trabajo en 3 ó 4 ubicaciones distintas, fíjense lo que no serán capaces de hacer nuestras empresas más punteras en tecnología. Seguramente, para que no se diga, tendrán una sede pero la imagino pequeña, funcional, con poquísimo personal y medios telemáticos a disposición de sus directivos para poder comunicarse desde sus sedes propias, o desde Palo Alto y Kuala Lumpur, por poner.

Donosti es, sin duda, una ubicación excelente para esa sede, como para cualquier otra cosa, pero creo que sería un error pensar en un gran edificio “emblemático” que quizás es lo que esperan sus defensores.

Aunque no sé para qué me meto porque vista nuestra tradición, igual resulta que el que no se entera de lo que va a pasar soy yo y se trata de desatar otra bronquita local. Que todo podría ser. ¡Que pereza!

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Extremadamente español


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Jesús Mª Larrazabal es el único parlamentario de Eusko Alkartasuna. Es un personaje curioso y de verbo encendido. Su bonhomía le hace acreedor al cariño de todos en la cámara, donde se le perdona que incumpla siempre sus permanentes promesas de brevedad. No puede. Se le va la pasión y se estira …se estira…hasta agotar casi siempre el tiempo de que dispone. Nadie se lo reprocha en serio.

La rotundidad nunca falta en su discurso aunque algunas veces le juega alguna mala pasada. Hoy nos ha descubierto que la nacionalidad es una condición que se puede tener en mucha o en poca cantidad cuando ha dicho que incluso dentro de la Comunidad Autónoma hay gente con sentimiento “extremadamente español”.

Yo también pienso que la virtud está en la moderación pero desconocía, hasta hoy, que se pudiera ser extremadamente español o escasísimamente vasco. Y lo que me queda.

(La foto es de la página web de EA)
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La democracia y sus herramientas

No seré yo quien niegue que pueda existir un paraíso en el cielo pero afirmo sin ninguna duda que no existe en la tierra. Los experimentos que a lo largo de la historia ha hecho el hombre para alcanzar la sociedad perfecta, la que nos garantizaría la felicidad universal han resultado –todos- verdaderos monstruos. No sé si producto del sueño de la razón o de la locura pero monstruos al fin, y monstruos terribles.

En nombre de los principios más elevados de la justicia humana -ahora sí- irreprochable y definitiva, las grandes doctrinas: el materialismo que se autodenominó científico, el estalinismo, el nacionalsocialismo de los mil años, los Jemeres rojos, la revolución cultural china y hasta nuestro cutre nacionalcatolicismo, unos más y otros menos, todos ellos han devenido en auténticos muestrarios del horror que solo el ser humano con su ilimitada imaginación es capaz de crear.

El mito de la expulsión del paraíso es extraordinariamente lúcido. Una vez que el ser humano toma las riendas de su destino no hay vuelta atrás y no solo eso sino que tampoco hay libro de instrucciones. No os molestéis en buscarlo pero sobre todo, escapad como de la peste de quien os diga que lo han encontrado.

Por eso, porque no tenemos libro de instrucciones, nos tenemos que conformar con la democracia. Si, con la democracia. Sin duda “el peor de los sistemas políticos, exceptuando todos los demás” como diría Sir Winston Churchill.

Puesto que no hay destino sino solo camino la democracia no puede ser una herramienta para alcanzar un fin político sino que es un fin en sí misma. Son los efectos secundarios de la democracia los que resultan ciertamente benéficos: La libertad, de opinión, de movimiento, de religión, de decidir no ser “de los nuestros”, la convivencia civilizada entre diferentes; la seguridad jurídica; las limitaciones al poder; los derechos fundamentales de cada una de las personas individuales y que nadie puede pisotear, la posibilidad de elegir y de revocar a los gobernantes, el respeto por la cultura o por las culturas…

Todas esas cosas que conlleva la democracia son las que nos acercan, como en un viaje a una Ítaca imposible, a la felicidad. A menudo con altibajos, pero con éxito indiscutible en todos los lugares en que se ha aplicado este régimen tan particular y tan reconocidamente imperfecto.

La cara más notoria de la democracia, la que todo el mundo conoce y reconoce son las elecciones libres, así se forman las mayorías parlamentarias y, de ellas, los gobiernos. Pero la democracia es también la ley, como expresión reglada del derecho de los ciudadanos, que solo puede cambiarse mediante reglas acordadas previamente. La democracia es también la aplicación de esa misma ley a través de jueces que a ella se deben atener, como árbitros que no inventan pero que sí aplican el reglamento del juego. En este caso un reglamento especialmente complejo y delicado que les hace merecedores del mayor respeto.

Estas son herramientas de la democracia pero hay más: Consciente de su propia imperfección y siempre desconfiada del poder, incluso del libremente elegido, la democracia es también una cadena de controles: limitaciones de mandatos, leyes orgánicas, Constituciones, mayorías cualificadas exigidas para modificar las cosas muy importantes…muchos controles, incluidos los medios de comunicación libres, cuyo papel es imprescindible en democracia.

Pero sobre todos esos controles está siempre la ley. Todo es factible en una democracia menos saltarse la ley. Se la puede cambiar pero no incumplir. Y cuando se trata de leyes básicas, de las que forman la estructura política de la sociedad, los controles se endurecen, claro. Es la desconfianza inveterada de la democracia hacia quien logra el poder, a quien se le hará entrega de la legitimidad para gobernar dentro de la ley, incluso a cambiar ésta, pero nunca el derecho libérrimo para hacer lo que le parezca. Por muchos que sean los que le apoyen la democracia no consiste en elegir libremente un caudillo.

Hoy hemos conmemorado el trigésimo aniversario del Parlamento Vasco en un acto solemne y sencillo. Nestor Basterretxea, autor de la escultura que es imagen de la Cámara, ha recordado que el edificio fue en su día un Instituto de enseñanza media en el que él pasó algunos exámenes con éxito desigual. Hoy es la sede de una de las herramientas que forman la democracia en Euskadi, de una de ellas, la que representa la voluntad general de los ciudadanos vascos, hombres y mujeres. El enorme honor de ser uno de sus miembros tiene que conjugarse con la humildad de estar al servicio de los ciudadanos y no de los sueños de quienes nos sentamos en sus escaños.

Oyarzabal se revela y se rebela


Iñaki Oyarzabal es uno de los parlamentarios del Partido Popular. Que no es el mío. Su figura adquirió especial relevancia poco antes de las elecciones autonómicas y, tras ellas, fue uno de los muñidores del pacto entre socialistas y populares que forma la actual mayoría en la cámara de Vitoria.

En su momento dijeron de él que no se ajustaba al prototipo de militante del Partido Popular. Puede que tuviesen razón aunque creo que la mayoría de los que nos sentamos en el Parlamento Vasco nos saltamos esos estereotipos tan estrechos a la torera, lo mismo en uno que en otro lado.

Ayer Iñaki Oyarzabal subió a la tribuna, habló y yo supe por qué está en política.

Se discutía por enésima vez el asunto del nombre Euskal Herria, que los nacionalistas quisieron meter en la educación como sinónimo de la Gran Euskadi. En fin, el tema es una más de esas imposturas tan comunes en la política vasca así que no les aburriré con él.

Oyarzabal intervino por su partido y aunque previamente tomó notas en el escaño, lo cierto es que a lo largo de su intervención me pareció que fue olvidando esas notas para sacar otras que llevaba dentro desde hacía tiempo: Notas y sentimientos que le removían más que el papel. Le salió una intervención que él mismo calificó de vehemente, en la que se rebeló contra la ocultación de un País Vasco mucho más complejo y real que el que se ha pretendido hacernos ver siempre como único posible desde el relato nacionalista oficial. Habló en un espacio difícil, entre el respeto y la rebelión. Y hubo incluso un momento en el que Oyarzabal se supo y se reivindicó heredero de vascos grandes que contribuyeron a un proyecto más grande que el de la pequeña Euskadi de Sabino.

En alguna ocasión he conversado distendidamente con él y le he oído alguna anécdota, que todos tenemos, del cómo y del cuándo empezamos a interesarnos por esto de la política, pero detrás de las anécdotas cada uno tenemos sentimientos personales y profundos que nos empujaron. Ayer Iñaki Oyarzabal reveló los suyos en la tribuna y los pudimos escuchar. Valió la pena porque no es una oportunidad que tengamos todos los días.

La foto es de Marcos Ruiz, de Diario de Noticias de Álava

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La Consejera sin barreras

Isabel Celaa es la Consejera de Educación del Gobierno de Patxi López. Una mujer de enorme actividad, con carácter y con la pasión por la política a flor de piel. Un accidente le ha dejado temporalmente en silla de ruedas pero no fuera de juego. De eso nada.

Hoy ha venido al Parlamento. Antes de iniciar su intervención se ha puesto de pie para saludar al resto de parlamentarios y –estoy seguro – también como acto de rebeldía contra su momentánea dificultad.

Con la claridad y vehemencia de siempre ha protagonizado uno de los debates más interesantes de los últimos días. ¡Cómo es Isabel!

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El miedo es libre pero el odio se cultiva

Un poco largo para postear pero no me he resistido a incluir este texto de la Fundación Fernando Buesa, en respuesta a quienes han dicho que no desean «llevar el odio de las víctimas a las aulas»


«LAS VÍCTIMAS DEL TERRORISMO NO ODIAN, SUFREN»

“No sentimos odio, lo que sentimos es un enorme vacio”. Estas palabras fueron pronunciadas por Marta Buesa, la hija de Fernando Buesa en una rueda de prensa junto a sus hermanos Carlos y Sara cuatro días después del asesinato a manos de ETA de su padre, junto a su escolta Jorge Díez Elorza. Y a nuestro juicio resumen perfectamente el sentir de las víctimas del terrorismo. Porque las víctimas no odia, sufren.
Nuestra Fundación ha venido recopilando, junto con otras asociaciones, fundaciones e instituciones, testimonios de víctimas del terrorismo. Y en ninguno de ellos aparece ni el odio ni la venganza. Y cuando se cita la venganza es precisamente para negarla. Algunos de estos testimonios formaron parte de la exposición que sobre las víctimas organizó el Parlamento Vasco. Nos permitimos sugerir a quienes pudieran albergar dudas que repasen dichos testimonios. Testimonios por cierto, que también constan en el informe del Ararteko sobre atención institucional a las víctimas del terrorismo.
El odio es el caldo de cultivo de la venganza, y como decíamos, las víctimas del terrorismo no han empleado la venganza; siempre han confiado y siguen confiando en el Estado de Derecho a la hora de reclamar justicia por el daño injustamente recibido. Y confían singularmente en la Audiencia Nacional causándoles estupor que pueda afirmarse que sus jueces no quieran acabar con ETA.
El odio no es solamente el caldo de cultivo de la venganza sino que constituye un elemento sustancial del fanatismo. Los fanatismos no sólo proclaman su fe ciega en una idea, sino que con la misma fuerza odian todo aquello que consideran contrario a ella. Y donde realmente anida el odio es en el corazón de los asesinos de Fernando, Jorge, Miguel Ángel, de Gregorio y del resto de víctimas del terrorismo etarra. Y el odio unido a la “cosificación” de la víctima, a la transformación de un ciudadano en un enemigo sin nombre, sin cara, en algo que eliminar, ha generado centenares de asesinatos.
Pero el odio no es exclusivo de los terroristas. En ellos alcanza sus máximas cotas. También existe mucho odio en una parte de la sociedad vasca, concretamente en el nacionalismo radical. Odio que lleva a justificar asesinatos, extorsiones, secuestros y amenazas. Amenazas más o menos veladas que ha llevado a una buena parte de la sociedad vasca a “mirar para otro lado”, no vaya a ser que ese odio le salpique.
Y uno de los mejores antídotos contra ese odio es precisamente la presencia y el testimonio de las víctimas. Y lo es, porque no odian a pesar de sufrir enormemente. Y de sufrir en muchas ocasiones doble dolor: el del asesinato de su familiar y el de la indiferencia, cuando no el insulto, de sus convecinos. La presencia y el testimonio de la víctimas es una de las mejores vías de deslegitimación de terrorismo. Porque la víctimas inocentes y carentes de odio convierten al activista en lo que realmente es: un asesino vil y cobarde.
Y hace falta mucha pedagogía democrática en el País Vasco, mucha educación en valores de paz, de libertad, de convivencia y de tolerancia. Porque ese odio que pretende generar desistimiento y genera indiferencia se da tanto a nivel familiar, como educativo y en el conjunto de la vida social, medios de comunicación incluidos. Por eso es necesaria la presencia y el testimonio de las víctimas.
Decíamos que existe aun mucho odio y mucho fanatismo en nuestro País Vasco. Pero que nadie busque ese odio en las víctimas del terrorismo porque no lo encontrará. El odio es patrimonio de los victimarios y de los que los apoyan.


Fundación Fernando Buesa Blanco

La maldición del ejército de España

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Un año más, el desfile de las Fuerzas Armadas del 12 de octubre en Madrid, ha sido escenario de gritos e insultos contra el Presidente del Gobierno.

Parece que Rodriguez Zapatero se lo ha tomado como parte del espectáculo. Y puede que tenga razón. Es parte del espectáculo de las Fuerzas Armadas españolas que los nostálgicos de la dictadura las tomen como algo suyo.

Hoy, como todos los años, ese reducto de antiguos fascistas, ha hecho su papel en el espectáculo del desfile. Han ido a vitorear a un ejército que no es el que ellos recuerdan y añoran. Pero que tiene que soportar cada año esa maldición.

Bien es cierto que nadie en la historia ha sido capaz de interiorizar la simbología militar como lo hicieron los fascistas, fueran españoles, alemanes o italianos. Y esa imagen tan particular de lo castrense pervive aún en las capas, los pendones, los tanques, la caballería, el paso marcial y -como no- en la cabra de la Legión. Pero el ejército cuyos soldados han desfilado hoy, aunque lleve la cabra que tanto entusiasmo concita en los corazones de ese tipo de público, no es en absoluto aquel que acogotó las libertades en España.

Qué más quisieran. Por eso se han congregado para desahogarse faltando al Presidente a la Vicepresidenta y a cualquier demócrata que hubiesen tenido a mano. Algunos incluso al Rey. Es lo que hay.

Lo que no he entendido bien es por qué se molesta el alcalde de Madrid. No me gusta que se haga el tonto porque Ruiz Gallarón tiene que saber que esa gente considerará siempre ilegítimo y usurpador a cualquier Gobierno que no sea el partido del Alcalde, o alguno peor.

Esperanza Aguirre ha estado prudentemente callada, seguramente porque aún recuerda cuando el PP empujaba a ese tipo de gente a deslegitimar al Gobierno con esos mismos gritos en la misma calle. Yo también me acuerdo.