Mirando desde mi escaño

Al Lehendakari se le entiende todo

Foto 20 minutos

En este país en el que la agenda política ha estado siempre marcada por asuntos que poco o nada tenían que ver con la vida de las personas y sí mucho con las rancias esencias patrias, escuchar a alguien hablando de las cosas que son reamente importantes sigue siendo una novedad apreciable -y refrescante. Mañana tendremos la oportunidad de escuchar al Lehendakari hablar de las muchas dificultades que estamos atravesando, pero también del compromiso de la política con las personas, de cómo impulsar el país y no dejarlo anclado en el pasado, de cómo hacer para mantener y no desmantelar los servicios y la protección social, aunque nos falte dinero y sobre demagogia.

Porque el centro de la política son las personas, ni los territorios, ni las religiones, ni las banderas, ni las ideologías (incluida la mía) ni las patrias. Las personas, todas ellas únicas, iguales entre sí y diferentes todas. Sólo las personas son la medida que nos permite saber si una sociedad funciona o no.

Por eso ver las instituciones como herramientas y no como edificios es una tarea en la que en Euskadi tenemos mucho tajo en el que meternos. Es la fiscalidad, que adolece de sistemas más justos, aunque no reportasen enormes ingresos. Pero es también la duplicidad de servicios, el encastillamiento cotidiano o deliberado de unos servicios que olvidan que son todos ellos sostenidos por los mismos dos millones de ciudadanos vascos que somos. Es la tradición usada como excusa y la ineficacia flagrante de quien, en la era internet, es incapaz de localizar a una abogada en ejercicio en Guipúzcoa. Solo es el último ejemplo.

Pero seguro que el Lehendakari dice más cosas interesantes, porque Patxi López no es partidario del “lenguaje aproximado”, aquel en el que el orador da vueltas en torno a los conceptos sin llegar nunca a tocarlos, sin el compromiso de llamar a las cosas por su nombre, sin mancharse de realidad y sin pincharse con las espinas de los significados incómodos, sin nombrar jamás lo innombrable, táctica habitual de quienes buscan que las palabras puedan significar una cosa y su contraria según les convenga a cada instante. Patxi López no es así. Todo lo contrario, al Lehendakari se le entiende todo: No disimula cuando dice que en Euskadi hay que distinguir muy bien a los responsables del asesinato y a los asesinados. No se esconde cuando señala a ETA como causante, a sus palmeros como cómplices y a las víctimas como el testimonio de la decencia.

Ahora que pretenden día sí y día también que se reconozca “el sufrimiento de los verdugos”, el Lehendakari remarca el verdadero sentido de que en Euskadi los terroristas han perdido la batalla, que quien ha ganado ha sido la resistencia democrática frente a la tiranía y que el precio pagado en forma de vidas, de miedo y de vergüenza es una losa con la que habrá que cargar pero unos muchísimo más que otros. Porque como decía Clemenceau de los historiadores de la Primera Guerra Mundial “seguro que no dicen que Bélgica invadió Alemania”.

La democracia ha vencido y la tiranía ha sido derrotada. La “débil” democracia que jamás podría con ETA ha terminado con esos terroristas. Y lo ha hecho con la ley en la mano. Con la misma ley, por cierto, con la que también persiguió a quienes desde sus propias estructuras cometieron abusos. Porque tener defensas contra sus propias infecciones es lo que hace a la democracia fuerte contra quienes buscan, desde fuera de ella, acabar con la libertad de todos.

Ahora solo queda esperar a que ETA se dé cuenta de que el tiempo se les ha terminado y de que la sociedad vasca ya no está dispuesta a escuchar de ellos nada que no sea el final. Ahora y sin condiciones.

Es lo que tiene la Justicia…!


Que estemos a punto de conseguir el fin del terrorismo en Euskadi es una gran cosa. Este verano hemos visto cómo era perfectamente posible la convivencia en las fiestas de nuestras ciudades y pueblos y, si todo va bien, eso será el principio de un tiempo mucho mejor para Euskadi.

Chus Lampreave

Todo esto está muy bien pero, como ya he escrito, el final del terrorismo también va a traer un buen montón de consecuencias nada cómodas pero, sin embargo, inevitables. Tantas décadas de muerte, de miedo, de amenazas, de sufrimiento y de rabia no van a pasar sin más. Quedan muchas heridas por cerrar, muchas vergüenzas por experimentar. Y quedan también delitos por juzgar.

Va a haber muchas cosas que nos incomoden durante este tiempo. Cosas desagradables que quedaron pendientes y que tendremos que abordar ahora sin remedio. La paz no va a ser la fiesta multicolor del olvido que algunos sueñan sino más bien una catarsis irritante y en ocasiones vergonzante que a unos más y a otros menos pero que a todos nos va a disgustar.

Algunos de esos tragos amargos tendrán que ver con los juicios en marcha o pendientes, que nos volverán a traer a la memoria los peores momentos de la historia de los vascos. Que nos recordarán cosas que preferiríamos dejar atrás. No vamos a poder eludirlo, tendremos que transitar por esas sendas espinosas. Y hoy hemos entrado de lleno en una de ellas con la sentencia del caso Bateragune.

El tiempo de la política no es el de la justicia. En la Audiencia Nacional no se juzgaba la actualidad política vasca, ni la posición actual de los acusados, ni sus declaraciones recientes, sino cosas que ya pasaron. No se juzgaba el “nuevo tiempo” sino los hechos del tiempo que correspondía juzgar y sentenciar.

No tengo ni idea de si jurídica o procesalmente la sentencia es adecuada, por lo que no opinaré sobre ello. Pero solo oigo decir que el tribunal debía haber tenido en cuenta “las nuevas circunstancias”, “el momento presente” o “el protagonismo actual de los acusados”. O sea que muchos de quienes reclamaron durante los años de plomo –con razón- que la justicia debía ser ciega a toda consideración política y atenerse estrictamente a las pruebas y evidencias concretas de cada caso, exigen hoy –airados- que esta vez debía haberse quitado la venda y haber dictado, esta vez sí, una sentencia “política” a conveniencia del momento, despreciando las evidencias y datos del caso para no estropear así el camino de integración que los entonces subordinados de ETA parece que han empezado a recorrer ahora hacia la democracia.

¿Se acuerdan de Chus Lampreave en Mujeres al borde de un ataque de nervios? Cuando le dice a Antonio Resines aquello de “qué más quisiera yo que poder mentir, pero es lo que tenemos las testigas de Jehová: que no podemos”. A la Justicia le pasa algo parecido, que no puede actuar sin pruebas pero tampoco olvidar o mirar para otro lado cuando las tiene en los casos que conoce. Aunque haya pasado tiempo, aunque las circunstancias sean otras, aunque eso ponga algunas cosas difíciles más cuesta arriba aún. Es lo que tiene la justicia en democracia.

Habrá más casos y más espinas, pero habrá que pasarlos; son parte de la mala resaca del terrorismo. No hemos hecho más que empezar.

Víctimas de colores

Fernando Mugica Herzog

Como era de esperar, la izquierda abertzale tiene dificultades serias para conseguir que la sociedad vasca olvide de la noche a la mañana los centenares de asesinatos y las décadas de amenazas de ETA por no plegarse a la concepción delirante de la aldea vasca que, según ellos, debíamos ser.

El excelente resultado electoral se les ha convertido en una trampa, particularmente en Gipuzkoa (territorio que antes se llamaba también Guipúzcoa pero ya no). No sé si pensaron que se encontrarían tan de pronto al frente de las instituciones o más bien esperaban alcanzar una posición fuerte desde la que armar ruido y hacer difícil la vida a los demás pero sin los compromisos del poder, sin el vértigo de tener que firmar. Ahora que las decisiones las deben tomar ellos y no otros se les ve incómodos.

Incómodos, además, porque su éxito depende en mucho de no molestar -por ejemplo- a quienes han destrozado el monolito en memoria del socialista Fernando Múgica ya que sin duda los tarados que lo han hecho son auténticamente su gente. Así que Juan Karlos Izagirre, el alcalde de Donostia, (que sigue llamándose también San Sebastián) ha dicho que reparará el monolito «con absoluta normalidad y naturalidad» (sic) como si destrozar lo que recuerda a una persona asesinada fuese una actividad cotidiana y natural, tal como regar las calles, rastrillar la playa de La Concha o recaudar la OTA de aparcamiento: Costumbres urbanas cotidianas y normales en Donostia: (¿Cuánto le pongo de OTA al coche, 15 minutos o más? Es que no quiero que nos multen mientras destruimos el monumento…).

Con esa «absoluta normalidad y naturalidad» es como pretenden que la sociedad vasca se tome los asesinatos, las amenazas y las venganzas. Y para eso necesitan conseguir algo que nunca tendrán: que se considere tan víctima al asesino como al asesinado, que aceptemos que aquí ha habido una guerra entre partes iguales, cuando lo que ha habido es una victoria de la resistencia democrática y pacífica contra la tiranía del terrorismo nacionalista que ellos aplaudieron y de la que ahora quieren escapar como si nada hubiese pasado. Por eso trataron siempre de esconder la realidad detrás del tramposo konflikto y sueñan ahora con un acto en el que los familiares de los asesinados y amenazados por ETA “reconozcan” el sufrimiento de sus verdugos para que todo se olvide en una especie de colorida y animada verbena o kalejira de la paz. A eso se refiere el alcalde Juan Karlos Izagirre cuando dice que le gustaría un homenaje que honre a las víctimas «de todos los colores». Así en medio de la fiesta el asesino podría decirle a la madre del asesinado aquello de: “no fue nada personal, solo negocios” y quedarse tan ancho. Aunque para los que han destrozado el monumento a Fernando Múgica sí parece que se trate de algo personal.

Meterse en un piso

Es esta una expresión “muy de aquí” que define bien el sentimiento de entrampamiento, de encierro que en España conlleva la adquisición de una vivienda.

La gente no es idiota y todos sabemos que la alegría cierta de disponer de casa propia queda nublada por el vértigo angustioso de saber que los plazos de su hipoteca nos acompañarán hasta el fin de nuestros días con una tenacidad y una garantía que para sí quisieran nuestras propias uniones conyugales, esas mismas que nos animaron a firmar el crédito y sus copias.

Puede que nos hubiese gustado que las cosas fueran de otra manera pero hasta el estallido de nuestra burbuja inmobiliaria la realidad era que quien no tenía piso despotricaba de los precios ya abusivos pero quien, entrampado de por vida, lo conseguía esperaba que los precios siguiesen subiendo indefinidamente… y a buen ritmo. Nos consolaba esa engañosa certeza de que vivir e invertir eran términos inseparables, casi sinónimos cuando se hablaba de vivienda. Tal y como lo proclamaban, por cierto, desde los mostradores de nuestros bancos y cajas, aunque luego haya resultado que no era tal y esos mismos bancos, antes tan alegres, promuevan ahora tristes desahucios.

Tan fortísima asociación psicológica vivienda-inversión retrajo el mercado del alquiler en España dejándolo en una posición muy marginal. Los arrendatarios pensaban que alquilar era tirar el dinero, renunciando a su capitalización, mientras los arrendadores pensaban que era dejar que tu piso se destrozase. En consecuencia el alquiler se concebía como una situación excepcional y como tal la se la trataba. Y como en la marginalidad funcionan muy mal los controles de un mercado normalizado el resultado era que ni los precios, ni las condiciones, ni la calidad, ni los derechos de las partes encontraban acomodo. Lo que marginaba aún más el alquiler. Incluso en los esfuerzos de las propias administraciones públicas.

Este Gobierno Vasco que los nacionalistas vascos espetan “sin ideas” y los nacionalistas españoles “muerto” ha empezado por tomarse en serio el derecho a la vivienda poniendo herramientas políticas para revertir la actual situación y promover oportunidades a quienes buscan vivienda para vivir.

Separar el derecho a la vivienda del “derecho a invertir” es una apuesta valiente del Consejero Arriola que le reportará no pocas críticas pero que es imprescindible si queremos no solo que en Euskadi haya menos injusticias en materia de vivienda sino también más movilidad laboral, más competitividad, más oportunidades y hasta diría que más natalidad, aunque sobre esto último… habría que estudiar también otras variables (hasta aquí puedo leer).

Favorecer que el alquiler salga de la marginalidad, que recupere la normalidad que tiene en otros países, que se respeten los derechos de las partes y hacerlo sin ignorar la realidad, con imaginación, con ideas y sin pretender imponer es una demostración de que este Gobierno está muy vivo, que tiene iniciativas, que es capaz de ponerlas en marcha y que nunca se olvida de los derechos de las personas a las que a partir de ahora se les reconocerá el derecho a la vivienda como un derecho subjetivo, que obligue, en consecuencia, a las administraciones públicas a satisfacerlo. Sin confundirlo, por supuesto, con el legítimo derecho a la propiedad privada.

En el gráfico que adjunto se adivina una correlación entre la confianza que el país ofrece a sus ciudadanos y la popularidad del alquiler. Seguramente se trata de eso: de generar confianza en el país.

¡Qué escándalo!

Los viejos aficionados al cine recordarán aquella escena de Casablanca en la que el prefecto de policía, capitán Renault, viéndose sobrepasado por la situación ante los ojos del exigente comandante de las SS, ordena cerrar el café de Rick al grito de: ¡qué escándalo, he descubierto que en este local se juega!, la escena continúa con el croupier entregándole sus ganancias al falsamente indignado oficial, que las recoge agradecido.


Escuchando al candidato del PNV a Diputado General de Araba/Álava me ha venido a la mente aquella escena. Escandalizarse a toro pasado es una forma impostada de dignidad, que hace pensar que, de no haber fracasado en su negociación con Ezker Batua, Aguirre hubiese cumplido calladamente aquellas peticiones que ahora denuncia airado.

Quien está acostumbrado a obtener ganancias privadas en ese tipo de negociaciones no debería hacer tanto aspaviento. Habría que recordarle al candidato del PNV que su partido se ha vanagloriado de conseguir muchas cosas en sus negociaciones para la aprobación de los Presupuestos del Estado bien ajenas a la alta política, entre otras el cambio a su gusto de los nombres de las provincias vascas, subvenciones para telefónicas presididas por sus militantes, e incluso la colocación de algunos de sus ex altos cargos en puestos remunerados de importantes agencias nacionales.

Todo esto es muy lamentable y resulta en efecto escandaloso pero no son los responsables del PNV quiénes para denunciar a nadie por mezclar en una negociación política cosas privadas. Pueden hacerlo pero no podrán evitar que algunos nos acordemos del personaje que Claude Rains encarnó tan brillantemente .

Perlas de ministro

Foto Europa Press

En contra de muchas percepciones, espontáneas o inducidas, sigo creyendo que en la política hay gente de valía extraordinaria.

Hoy el ministro de Educación, Ángel Gabilondo, ha estado en una charla en Bilbao y he tomado nota de algunas perlas realmente valiosas. Las transcribo según mis propias notas.

  • A los poderes egoístas no se les vence debilitando las instituciones. Necesitamos instituciones justas y fuertes al servicio de los ciudadanos.
  • Decir que algo es público quiere decir que alguien lo paga.
  • Decir que algo es público es lo contrario de decir que no es de nadie. Lo público es de todos y de cada uno de los ciudadanos. Por eso es tan importante la transparencia.
  • El enemigo de la sociedad siempre es el mismo: La miseria, la ignorancia y la mentira. Y hoy añadiría un nuevo enemigo: El pesimismo, el pesimismo es un lujo de ricos.
  • Invertir en educación es caro, pero no hacerlo es carísimo. Inviertan ustedes en ignorancia y lo comprobarán.

Los parlamentarios debemos acudir a muchos sitios. A menudo es cansado pero hay veces, como hoy, en que es un verdadero privilegio.

La mala resaca del terrorismo

Infierno. Hieronymus Bosch (El Bosco)

No deja de ser chocante que la Guardia Civil, las policías española y francesa y la Ertzaintza se hayan convertido en las principales aliadas de una izquierda abertzale que ahora puede adoptar posiciones políticas que le hubiesen costado muy caras en otros tiempos. Yoyes y algunos otros no tuvieron esa suerte.

La enorme debilidad a la que el trabajo policial ha llevado a ETA no solo ha aliviado la presión sobre dirigentes y votantes abertzales sino que, además –y también es paradoja- les está eximiendo de tener que pronunciarse contra lo que antes llamaban “la vanguardia”. Al fin y al cabo ETA está a punto de desaparecer sin necesidad de que ellos tengan que mover un dedo que alguien les podría en su día reprochar ¿Por qué iban a hacerlo entonces?

Pero tres décadas de asesinatos, amenazas, coacciones y enorme violencia contra la sociedad vasca no van a pasar sin más. La borrachera de sangre y de terror no se evaporará sin una resaca proporcional a la intoxicación a la que se nos ha sometido.

Maite Pagazaurtundua piensa que existe un síndrome de Estocolmo colectivo, y puede que tenga algo de razón. Andoni Ortúzar dice desear que nos olvidemos del terrorismo y que “nos dejen en paz” y muchos desean que así sea, que nos olvidemos de todo y que pasemos página, muy especialmente los que, como el PNV estuvieron, salvo poquísimas excepciones, siempre en el lado bueno de las pistolas.

Pero Euskadi es una sociedad herida, lesionada dije un día, y no va a librarse tan fácilmente de sus fantasmas. Suponiendo que se haya acabado ya el veneno, aún tendremos que pasar por un proceso de desintoxicación que abarcará a todos, aunque a unos más que a otros y a la izquierda abertzale sin duda a la que más.

El Lehendakari ha dicho que no se puede cerrar el libro de la violencia sin leer la última página, esa que precisamente no quieren leer los abertzales porque temen, con razón, que les amargue su última victoria.

Verdad, para no olvidar lo ocurrido, justicia, para reparar el daño causado y democracia, sobre la que construir una convivencia en libertad. Esos son los tres únicos ingredientes que nos ayudarán a superar la embriaguez del terror. Cuanto antes empecemos mejor.

Por cuatro que la lían

“Somos 3.000 y por cuatro que la lían nos acusarán a todos de violentos”. Así describe hoy el diario Público la desazón y el enfado con que Xabi se dirigía a Marc, ambos en medio de las concentraciones que rodeaban el Parlamento de Cataluña.

Yo me he sentido muy identificado con ese tal Xavi, que ayer descubrió dentro de sí mismo el sentimiento de injusticia y de desánimo que tenemos muchos que, por dedicarnos a la política somos tratados de ladrones, corruptos y vagos porque algunos de nosotros sí lo sean. Una acusación ésta profundamente injusta que, sin embargo, ha sido alegremente lanzada en las mismas concentraciones y acampadas de los indignados.

Xavi y Marc vieron ayer lo fácil que es ser víctima de la maledicencia y de la injusticia que vienen de la mano de la generalización, sea estúpida o interesada.

Ni son cuatro los políticos corruptos ni fueron cuatro los que agredían ayer a los diputados electos catalanes, pero Xavi tiene razón en indignarse. Yo le entiendo mejor que nadie, lo mismo que el resto de los miles de políticos honrados que llevamos años soportando lo que él descubrió ayer.

No sabía yo que Berlín fuese parte del Tercer Mundo

Foto 5 Días

Cuando se habla de incrementar la competitividad casi siempre se entiende como que los trabajadores “deberían renunciar” a una parte de sus salarios, directos o indirectos, para que las empresas puedan así ofertar al mercado productos más baratos y más capaces de tener éxito en mercados muy exigentes que no distinguen el origen de los bienes que consumen ni les importa el sueldo de los trabajadores que los fabricaron.

Por su sencillez, se trata de una explicación muy competitiva ella misma en el mercado de las opiniones, al que también le gustan las más fáciles de entender, las que más baratas le resultan en esfuerzo.

Estos días hemos sabido que la factoría Mercedes de Vitoria se enfrenta a un dilema difícil y que debe rebajar los salarios y los precios de sus proveedores para poder competir dentro de la misma empresa por la fabricación de los próximos modelos de furgonetas de la marca. De no conseguirlo peligra el futuro de una compañía que genera el 3% del Producto Interior Bruto de Euskadi.

Todo esto parece que encajaría muy bien con la explicación tradicional antes citada, si no fuera porque la otra factoría con la que compite la de Vitoria está en Berlín. ¡Vaya por Dios! En el corazón del país más rico de Europa, el mismo que solemos poner como ejemplo por sus envidiables condiciones laborales.

No parece que esta vez el costo de los salarios sea el meollo. Y no será el único caso, probablemente.

Soy consciente de la proverbial solidez y firmeza que siempre tienen los prejuicios y los estereotipos pero no me resisto a señalar este caso porque nos abre una oportunidad estupenda para hacer un ejercicio de reflexión sobre cuáles son los elementos que verdaderamente hacen que una empresa sea más competitiva y cuál debe ser el equilibrio entre ellos.

Ahí van algunos de esos elementos:

  • · Los salarios (por supuesto)… pero también
  • · La calidad
  • · El diálogo entre empresas y trabajadores
  • · El diseño
  • · La responsabilidad social
  • · La innovación
  • · El compromiso de los trabajadores y de los inversores
  • · La imagen de marca
  • · En entorno industrial
  • · La captación y remuneración del talento
  • · La fortaleza de los controles públicos
  • · El respeto por el entorno
  • · La existencia de un sistema financiero eficaz
  • · La justicia social y la existencia de servicios que aseguren la estabilidad social
  • · Las infraestructuras públicas
  • · El respeto al medio ambiente
  • · Y ya puestos, lo diré también….La calidad de la democracia

Entiendo que usted y yo opinaremos diferente sobre la importancia y peso de cada uno de esos conceptos en la competitividad pero, sin duda todos ellos importan. El caso de Mercedes de Vitoria puede ser una buena ocasión de reflexionar sobre ello.

Fíjate tú !

Interesante gráfico que publicó ayer el periódico El Correo. No he podido encontrarlo en la web del periódico así que lo he escaneado de la edición en papel.

Como los pocos visitantes de este blog son gente inteligente me abstendré de hacer comentario alguno.