En el Jardín Botánico


Leo que a este olmo (Ulmus minor) del Real Jardín Botánico le llaman “Pantalones” por la forma de sus dos ramas más gruesas.

En la foto no se aprecia bien pero el árbol sigue vivo y la rama a la izquierda de la foto estaba ayer echando sus yemas del año 2021.

«Pantalones» estaba ahí, en lo que ya era el Jardín Botánico, cuando Beethoven compuso su Novena sinfonía, el año en que Daguerre empezó a obtener las primeras imágenes fotográficas. Cuando México y Venezuela se independizaban de España mientras Napoleón Bonaparte moría en la remota isla de Santa Helena.

Al terminar mi paseo recordé el poema de Antonio Machado que, aunque habla de otro olmo a orillas del Duero de su Castilla, pareciera que lo hace de «Pantalones», el viejo olmo que ve pasar la historia junto al Paseo del Prado de Madrid.

Al olmo viejo, hendido por el rayo

Y en su mitad podrido

Con las lluvias de abril y el sol de mayo

Algunas hojas verdes le han salido

El olmo centenario en la colina

Un musgo amarillento

Le lame la corteza blanquecina

Al tronco carcomido y polvoriento

Antes que te derribe, olmo del Duero

Con su hacha el leñador y el carpintero

Te convierta en malena de campana

Lanza de carro o yugo de carreta

Antes que rojo en el hogar, mañana

Ardas de alguna mísera caseta

Antes que el río hasta la mar te empuje

Por valles y barrancas

Olmo, quiero anotar en mi cartera

La gracia de tu rama verdecida

Mi corazón espera

También hacia la luz y hacia la vida

Otro milagro de la primavera

El alquiler es el nuevo eslogan


El nuevo eslogan lanzado a la arena del circo político, como si fuera un robusto y brillante gladiador, es el del alquiler.  Iglesias no va a abandonar el Gobierno de forma pacífica, naturalmente que no, y ha escogido la ley de alquileres como arma.

Tratando de atender todas las circunstancias posibles, se ignora la fundamental: que la Ley de la oferta y la demanda siempre funciona y que añadir elementos que disuadan a los propietarios de meterse en el mercado de alquiler solo puede tener como consecuencia la reducción de la oferta y, como consecuencia, la subida final de los precios de los alquileres. Justo lo contrario de lo que se dice buscar.

El eslogan de “yo sí que defiendo a los inquilinos, no como tú” habrá funcionado estupendamente para la pelea política, pero traerá más pronto que tarde pisos más caros o una oferta más reducida.

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Cuando la política se olvida de la ideología

 

Tenía razón Pablo Casado cuando se quejaba en estos días convulsos de que hay quien entiende la política como una partida de ajedrez. Yo creo que se quedó corto, que en realidad hay quien la entiende como uno de estos juegos de rol, como una actividad en la que el único objetivo es ganar en un entorno de antagonismo acotado y sin conexión con la realidad.
Sin embargo, la política no es un juego sino una herramienta de transformación de la sociedad y de la vida de la gente.
Hay quien no sabe nada de política, aunque sepa bien cómo ganar elecciones. Se hacen llamar a sí mismos “spin doctors” y son profesionales muy apreciados, lógicamente. Pero no son políticos.
Un partido sin alma, sin ideología, no transmite una forma propia de ver y sentir el mundo, se queda sin sueños, sin proyectos y se convierte en una pura herramienta electoral.

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Ni una sola grúa en la Naval

   

La margen izquierda fue la Vizcaya más dura, la que resultó siempre imprescindible pero incómoda al poder. Escenario de luchas sindicales de obreros que pelearon por sus derechos y -creían entonces- que por los de todos.
Bien está que se impulse una actividad con indudable presente y futuro pero tengamos claro que no todo van a ser brillo. Muchos de los derechos ganados entonces ya no forman parte del paisaje laboral. La certeza de que el esfuerzo tendrá recompensa ya no está tan clara, si es que existe, y la izquierda que entonces estaba segura de lo que ella misma era también se desdibuja en medio de una modernidad digital de pantallas, memes y likes.
La identidad vasca de la ría, que construyó el país y su prosperidad bajo banderas sobre todo rojas no debería quedar relegada solo a la gabarra a la que estos días andan sacando brillo.

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Los aitites que todavía viven en Euskadi

  

Cuando nació el término “mileurista” (en una carta a El País de hace 16 años) se entendió como un fracaso social. Era la inaceptable prolongación de una situación admisible cuando era provisional pero que, al alargarse, se convertía en frustrante para los jóvenes, a los que impedía su desarrollo personal y su emancipación. Aquellos tiempos ya pasaron; hoy ser mileurista ya no es visto como un fracaso para la sociedad sino como una aspiración para millones de jóvenes que han visto cómo se derrumbaban sus esperanzas y cómo resultaba falso lo que les dijimos: que su esfuerzo en formación les daría resultados. No fue así.

Ahora resulta que nos alarma que esos jóvenes que viven en la cuerda floja no tengan hijos, que no formen familias, que no compren pisos ni coches, que no se endeuden. Eso, que tanto preocupa y que empobrece el país, es el resultado de muchos años de precariedad y de incertidumbre.

Corremos el riesgo de ver cómo los jóvenes se instalan indefinidamente en esa precariedad mejor o peor llevada o el de ver que los que finalmente puedan despegar sus proyectos de vida lo tengan que hacer fuera y nosotros seamos un día solo los aitites que todavía viven en Euskadi.

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La paciencia de los catalanes no es eterna

 

La paciencia de los catalanes no es eterna. Así lo expresó con gran claridad el candidato de Esquerra Republicana a president, Pere Aragonès.

Por supuesto el candidato apelaba a esa paciencia menguante de la ciudadanía para tratar de acelerar lo suyo, pero es imposible evitar ver el otro filo de esa espada que Aragonès blandía heroico: que hay catalanes que no son independentistas y que también tendrían su propio derecho a una cuota de paciencia limitada.

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Vayan vacunando, si eso

Recuerdo cuando Euskadi era el Walhalla de los procedimientos de calidad. La verdad es que ahora se echa de menos un poco más de procedimiento y un poco menos de improvisación a la hora de poner las vacunas.

Leo que el presidente del Consejo Vasco de Colegios de Médicos señala que las partidas de vacunas podrían estar remitiéndose con más eficacia allí donde hay quejas, aplicando no los procedimientos ISO sino el refranero: “el que no llora no mama”

Gobernar es complicado, y organizar una vacunación masiva seguro que lo es más, por eso mejor dedicar energías a organizar mejor la administración de las dosis y menos a polemizar sobre si el Decreto de Alarma ha de modificarse o no.

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Un activista en la Moncloa


Anda estos días el vicepresidente del Gobierno revolucionando a la corte y a la opinión con sus declaraciones. Primero equiparó a los exiliados republicanos perseguidos por los franquistas con los políticos catalanes huidos de la justicia y ahora ha rematado con que en España no hay una plena normalidad democrática.

Pablo Iglesias no es un político sino un activista, que no es exactamente lo mismo. El activista es invencible porque no teme perder el poder, que para él no es más que un instrumento temporal con que alimentar el fuego de su reivindicación constante de la justicia que solo él y los suyos poseen y poseerán siempre.

Ser vicepresidente será solo un episodio, una herramienta como lo fue su televisión, lo es su partido y lo será lo que venga después.


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Con el clima que tenéis

Foto quique García .EFE

Una cosa que hay que reconocer a la presidenta de la Comunidad de Madrid es que cuando habla se le entiende todo a la primera.

En plena segunda ola ya dijo que su objetivo era “que la economía deje de sufrir”. Ahora, trasladada a la campaña de las catalanas, ha vuelto a hacerlo diciendo que “es un delito, con el clima que tenéis en Cataluña, tener todo cerrado… y decir que es la manera de sortear una epidemia” ¡Ole!.

Ayuso muestra una campechanía en sus declaraciones que contrasta con los discursos tristes y alarmistas de otros líderes.

No sé si Madrid es una España dentro de España, como también dijo, pero los bares de Madrid quieren ser los de toda España y salvar el bocata de calamares se aproxima mucho a salvar la patria.


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Ciudadano, socio, consumidor

Nos hablan como si nuestra relación con las instituciones fuese la de un comprador y nos ofrecen “todas las garantías”, porque creen que nos gusta más así y porque al poder desde luego que no le gusta nada reconocer sus propias limitaciones.

Mientras el ciudadano/socio en su pequeña parcela, es también responsable de la marcha de la comunidad, el consumidor solo tiene derechos.


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