He de confesar que esta es una reflexión que en un primer momento pensé que debía explicar a los hombres, porque vosotras soléis tener peor sentido de la orientación en general. O al menos eso creía. Sin embargo de cuando empecé a escribir las primeras notas a ahora he podido ir viendo que esta carencia está también muy presente en varones y ya no estoy tan seguro de que sea una dificultad primordialmente femenina. Por eso he revisado el texto y le he asignado un tibio “sin sexo definido”.
Hay personas, creo que más hombres que mujeres, que tiene un cierto sentido de la orientación, que les permite “entender” el espacio en que se mueven, que pueden desandar los caminos recorridos e incluso imaginar acertadamente otros más cortos. Estas personas, incluso dentro de una habitación sin ventanas simplemente “saben” hacia donde queda la calle en todo momento. Es una habilidad menos común de lo que nos creemos todos. Pasa como con la capacidad de combinar ropa de la que hablaba en otra entrada anterior.
Por eso es particularmente incómodo para estas personas que estando dentro de un local alguien se refiera a un lugar y que para aclarar la ubicación señale con el dedo hacia una dirección que, para el receptor, es evidentemente contraria a la que él o ella suponía. Se les genera así una sensación de confusión en quien creía que sabía de qué lugar le hablaban.
Si vives esa situación no busques mala fe, simplemente deshecha esa información no verbal y pide explicaciones más detalladas. Enseguida descubrirás que, efectivamente, se estaba refiriendo a ese local o a ese restaurante que tú suponías y que se encuentra, por supuesto, en dirección contraria a la que el informador o, más a menudo la informadora, indicaba con su dedo.