Agur eta ohore

En relación con el euskera en habitual que florezcan más visibles los desacuerdos ruidosos que los consensos tranquilos. Sin embargo, ni siquiera los muchos partidarios de utilizar el euskera mucho como símbolo y poco como idioma niegan que su situación es hoy incomparablemente mejor que la que ha tenido nunca, tanto en número de hablantes como en oportunidades de difusión o en oferta literaria y audiovisual.
Alguna parte de responsabilidad en esta situación nos corresponde también a los vascos que aun no conociendo el idioma, nos hemos esforzado por aprenderlo, porque lo aprendiesen nuestros hijos o por ambas cosas. Unos más y otros menos, alguna responsabilidad positiva tendremos en la situación actual del euskera quienes así hemos actuado.
Hoy me interesa recordar a dos de esas personas que fueron castellanoparlantes pero que tuvieron una enorme responsabilidad en el avance del euskera, aunque no lo hablaran. Me refiero a Fernando Buesa y a José Ramón Recalde, que fueron responsables directos de la normalización (palabra después tan manoseada) de la enseñanza en euskera y de su integración definitiva en el sistema educativo vasco.
Sin el esfuerzo de tantos, y de ellos dos en particular, la situación no sería posiblemente tan halagüeña para el vascuence. El pago que recibieron ambos de parte de quienes se han pretendido erigir siempre en dueños del idioma fue el más injusto posible y, claro está, esas cosas tienen consecuencias en el sentimiento de las personas.
Me parece que está pendiente un reconocimiento explícito del mundo del euskera al esfuerzo de  muchos que no formando parte de él, tanto lo han impulsado. Podría empezarse por Fernando y por José Ramón, ¿no les parece?.

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