4ª entrega: El Claxon

Ya no es lo que era pero aún se usa con profusión. El claxon en Madrid significa “¡oye tú!”, que como todo el mundo sabe quiere decir…lo que sea que quiera decir el pitador.

Cuando lo que ha hecho usted ¡Alma de Dios! ha sido cometer la osadía de atentar contra el principio básico NIFOM y pretendía, por tanto, ocupar el carril por el que viene alguien (siempre viene alguien) es muy fácil deducir el motivo del enfado, ¿qué otra cosa si no? Da igual que el indignado se acerque a 100 ó 200 metros por detrás. Pitará. Fijo.

Sin embargo el claxon tiene en Madrid dos usos particularmente llamativos que son el concierto y el duelo. El primero se da cuando en medio de un tapón de tráfico, por definición lleno de cerebros incómodos con sus amígdalas sobrestimuladas, alguien empieza a pitar por cualquier motivo. Como si se abriese entonces algún tipo de válvula aliviadora pronto los conductores contiguos “se animan” a dirimir sus propias cuitas con quienes les rodean y tiran de claxon ellos también, con lo que queda inaugurado el concierto.

El duelo, en cambio, es más íntimo y aparece cuando dos conductores en un conflicto de tráfico se pelean por ser “quien tenga la última palabra”, siendo así que ninguno renuncia a pujar detrás del contrincante en un intento de hacerse con una supuesta razón que le daría ser el último en pitar. Inmovilizados uno junto al otro, soltando ira por sus gargantas mecánicas (y a menudo por las otras) recuerdan el “Duelo a garrotazos” de Goya. Las tradiciones más profundas, ya se sabe, siempre acechan bajo la fina piel de la civilidad.

Usted conduzca razonablemente, por supuesto, pero nunca dude de que habrá mil y un motivos ignotos por los que se puede sufrir un bocinazo airado en las calles o autovías de Madrid. No vale la pena intentarlo pero si quiere molestarse en adivinarlo no descarte que el motivo sea simplemente el hecho de que usted exista: “¡Oye tú!”.

Y a Goya, mejor véalo en El Prado. Por supuesto.