Ya lo decía Schwarzenegger en Terminator: Rojo: parar. Verde: acelerar. Amarillo: acelerar más. Es tan cierto eso en Madrid que algunas veces respetar un semáforo ámbar puede llegar a ser causa de accidente.
Si ve usted que tiene algún vehículo detrás y se acerca a un semáforo, ponga mucha atención porque puede que quien le siga sea uno de esos muchos conductores que no solamente se saltarían el semáforo si les tocase a ellos, que eso por supuesto, sino que como el fraile, que cree que todos son de su aire, cuentan con que el primero, el segundo y a veces incluso el tercero de los coches que les preceden se va a saltar el disco ámbar/rojo para que ellos también puedan pasar.
Cuando no es así, el rapidillo de atrás se encuentra ante la desagradable sorpresa de que tiene que abortar su ya iniciado acelerón, con el riesgo y el cabreo consiguiente que eso significa.
Una forma de reducir el peligro es tocar el freno desde muy atrás, según se ve el disco ámbar haciendo obvio que va a detenerse y disuadiendo así al zaguero de iniciar su maniobra de lanzamiento. Sin duda exclamará algo así como “¿no irá a pararse ese anormal?” y no faltará quien le pite indignado reclamando su derecho, que usted ha violado, de saltarse el semáforo.
Aunque la reacción del Fitipaldi urbano pueda resultar desabrida piense, en cambio, que estará usted salvando su parachoques y sus cervicales.