2022

Un villancico de hace cinco siglos

La ciudad sueca de Upsala está curiosamente vinculada a la música renacentista española. La razón es que a principios del siglo XX apareció en la biblioteca de su universidad el único ejemplar conocido de un libro editado en Valencia en 1566 que es una recopilación de villancicos españoles. Aquel conjunto de «Villancicos de diversos autores, a dos, y a tres, y a quatro, y a cinco bozes, agora nuevamente corregidos”, como dice el título del libro, pasó a conocerse como “El cancionero de Upsala”.

Como cada Navidad, traigo una pieza de música antigua y esta vez vuelvo a tirar del cancionero de Upsala con este Riu Riu, una canción que cantaban gentes de hace más de 500 años, con vidas y sueños difíciles de imaginar para nosotros pero que seguramente en el fondo no eran tan diferentes. Hacían música.


Felices Navidades


La crispación vende

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Claro que sí. Y se trata precisamente de vender o, mejor dicho, de venderse, de tener éxito en uno de los mercados más difíciles y exigentes: el durísimo mercado de la atención.

Que tenemos más información que nunca es tan cierto como que nunca hay tanta agua disponible como cuando una inundación se lleva el pueblo. De hecho, se ha fabricado el término “infoxicación” justamente para significar la toxicidad que produce la abundancia extrema de información. 

En medio del barullo que nos rodea tratar de lograr un poco del preciado y escaso tiempo de atención de cualquier público requiere posiciones rápidas y sobre todo notorias. El motivo por el que sean notorias da igual, lo importante es que lo sean. 
Cuando los periodistas de opinión reprochan el espectáculo que ha dado tal o cual persona en el hemiciclo del Congreso, la critican y se lamentan durante un buen rato del deterioro de la calidad que suponen los exabruptos de ese diputado o diputada para la vida parlamentaria y hasta para la democracia, seguramente tienen razón pero no hacen otra cosa que haberle comprado el producto informativamente irresistible que les ofreció y colocarle durante unos minutos de oro en el centro de la atención del lector o espectador. Todo un éxito para el criticado, que puede incluso librarse así del crudelísimo anonimato, que es el auténtico infierno para un cargo político.
Si, además, las brutalidades sirven para cohesionar a los propios y molestar a los ajenos, mejor que mejor, porque esa polarización alimentará nuevas crispaciones en un juego en el que el protagonista se habrá convertido en actor relevante. A partir de ahí solo queda echarle imaginación para que la próxima burrada sea más gorda aún, las críticas en los medios de comunicación más acervas, más generalizadas y, sobre todo, más largas. Que duren muchos minutos porque cada segundo de atención cuenta, y cuesta.
“Hay que conseguir que hablen de uno, aunque sea bien”, era un antiguo y cínico aforismo que retrata con sorna la nula importancia que tiene en realidad el motivo por el que un personaje público se hace famoso en relación con el inmenso valor de su pura presencia en el candelero público. Por eso la crispación sirve y se usa, porque vende.

Odio a Pedro Sánchez

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Feijóo ya tiene su slogan para las campañas electorales del año próximo. Si a Ayuso le bastó una sola palabra: LIBERTAD para lograr convertir en votos la mala leche que todos teníamos por no poder salir a la calle por la pandemia, el moderado Feijóo va a necesitar tres: ODIO-A-SÁNCHEZ. El resto del folleto puede estar tan en blanco como lo estuvo el de la Presidenta de la Comunidad de Madrid.

Tras sus intervenciones en el Senado, que pusieron de manifiesto una sorprendente poca preparación en asuntos de economía, crecimiento e inflación y visto que no manda tanto en el PP como para poder tomar decisiones propias sobre el Consejo General del Poder Judicial, Feijóo ha decidido plegarse, dejarse llevar por la toxicidad del ambiente de la derecha de Madrid y apartar cualquier mensaje que no sea el de odio a su contrincante: “convertiremos la indignación en votos” -ha dicho- “sanchismo o libertad”, “Entre Sánchez y España… España”. Ya tiene hecha la campaña.
Es habilidad de un político saber surfear la ola popular, subirse a un sentimiento colectivo que le empuje hacia el éxito, pero también debe tener la capacidad de liderar a la propia sociedad, de transmitir mensajes, propuestas, opciones y alternativas para mejorar la vida. Ganar las elecciones para hacer, no solo para deshacer.
Si Feijóo se olvida de liderar y todo el esfuerzo lo dedica a acrecentar las olas de indignación de los suyos necesitará mucha munición para hacerlo y los combustibles de la rabia son siempre la exageración, el insulto, la mentira y el desprecio por el diferente que, convenientemente alimentado deviene en odio. Ha dicho Feijóo: «¿Os imagináis qué podría ser aguantar cuatro años más?» [A Pedro Sánchez en la Moncloa] Un mensaje muy peligroso porque la alarma artificialmente inflada termina presentando como una catástrofe intolerable que pueda gobernar quien gana las elecciones o quien obtiene más apoyos en una democracia.  Lo vimos en el Capitolio o sea que no es política-ficción. Si el único mensaje de la derecha moderada en España va a ser el del odio a Sánchez, como parece, nuestra democracia tiene un problema muy serio. 

¿De qué sirve saber dónde está España?

Hace unos días me pasaron un vídeo de esos pretendidamente simpáticos en el que las víctimas del entrevistador eran jóvenes que ignoraban, entre risas, conceptos fundamentales de geografía y de otras materias. Como el objetivo evidente era burlarse de los chicos y chicas, la pieza había sido sin duda editada y seleccionadas las respuestas erróneas más espectaculares y divertidas, claro está. 

Pero yendo un poco más allá pensé si esos conocimientos que los mayores damos por indiscutibles lo son de verdad en un mundo que ya es tan distinto al nuestro.

Hoy parece que no es ningún problema viajar a México y no saber situarlo en el mapa. Tener orígenes familiares en otro país, pero ignorar dónde está este e incluso dónde está España o estar a punto de entrar en la universidad y no saber señalar Japón en un mapa. Nada debe estar lejos si se puede volar a Marruecos por 10 euros, a Sicilia por 15 o al Báltico por 33 (comprobado ahora mismo) por lo que es natural que viajar no tenga para esos jóvenes el significado casi de aventura que podía suponer para nosotros.

Décadas cuestionando si tales o cuales conocimientos servían o no para algo útil parece que han desembocado, por fin, en un mundo realmente muy distinto al de las generaciones anteriores. Tras la mezcla de sorpresa, hilaridad e indignación que nos causa ese video, conviene preguntarnos ¿y si el universo de estos jóvenes fuese así de diferente? ¿Y si los estándares de conocimiento de hoy fuesen otros?

Yo confieso que no sé editar un video para TikTok, no soy capaz de crear hashtags, he tardado años en saber que se podía mencionar a alguien en WhatsApp y aún me cuesta entender que un avatar es un personaje ficticio y no una anécdota real. Si me preguntasen en la calle por estas destrezas, tal vez la víctima del cachondeo general sería yo.

Ayuso está en su pleno derecho a gobernar la Sanidad de Madrid

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Al construir el Estado democrático y constitucional los españoles decidimos que muchos e importantes servicios públicos, entre ellos la Sanidad, se gestionarían desde los Gobiernos autonómicos y que, por lo tanto, serían responsabilidad de sus dirigentes a los que -recordemos- elegimos nosotros en las urnas.
Cuando la Presidenta de la Comunidad de Madrid toma una decisión lo hace, por tanto, respaldada por toda la legitimidad democrática que le ha puesto en su cargo. Precisamente en uso de su autoridad, de su competencia y de su libertad, Ayuso y su equipo decidieron reducir la inversión en Sanidad pública cuanto pudieron. Lo hicieron conscientemente y como resultado de una ideología política concreta y con un proyecto político que los madrileños, por cierto, votaron masivamente.
Tener una Sanidad Pública universal y gratuita o tener otro tipo de Sanidad es una decisión plenamente política. No se puede, por tanto, hablar de “despolitizar” la Sanidad cuando se ven las consecuencias no deseadas de las medidas absolutamente políticas (y absolutamente legítimas) que se tomaron por parte del Gobierno de Ayuso. 
Es una trampa evidente pretender que otras instituciones serían responsables del funcionamiento de la Sanidad Pública en Madrid o en otras comunidades autónomas. El objetivo inocultable de quienes tal cosa sostienen estos días en tertulias y artículos es tratar de diluir la responsabilidad de la presidenta que tomó unas decisiones políticas concretas, pudiendo haber tomado otras.
Se puede protestar, por supuesto, de hecho así lo hicieron muchos miles de personas el domingo. Pero nadie puede negar a Ayuso su derecho a hacer lo que ha hecho, porque, además, ella nunca ha engañado; siempre se ha mostrado abiertamente recelosa hacia lo público y firme partidaria de lo privado, que para los de su ideología es lo que funciona mejor.
Así que no vale ahora, cuando las consecuencias de lo decidido le estallan a una en la cara (y a los pacientes en su salud) pretender esconder las responsabilidades inherentes al cargo señalando la obviedad de que en otros territorios también hay problemas, pero ignorando cuidadosamente que en otras comunidades las decisiones sobre la Sanidad han sido otras, muy diferentes, y que Madrid es la autonomía que ha tomado la decisión política de ser la que menos invierta de España en su sistema sanitario, siendo la más rica. La decisión es, por tanto, plenamente suya: de la Presidenta y las consecuencias son también responsabilidad suya.

La heroica militancia socialista de Madrid

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Tras la última debacle electoral del PSOE en la Comunidad de Madrid parecía que el partido había caído al fin en la cuenta de que el coaching de candidatos no funcionaba y, no solo eso, sino que también bloqueaba los procesos internos de liderazgo dentro del PSOE de Madrid, que otras federaciones territoriales del partido desarrollan con normalidad. Una normalidad siembre conflictiva por supuesto ya que se trata del poder, pero normalidad al fin.

Al PSOE de Madrid, en cambio, se le mantenía encerrado en un bucle vicioso en el que la irrupción de figuras impuestas por la dirección nacional impedía la aparición de sólidos líderes locales y justamente esa misma falta obligaba a inventar para cada elección candidatos y candidatas a golpe de imagen mediática y de encuestas.
Todo esto parecía que llevaba camino de reconducirse y en parte así ha sido con el liderazgo de Juan Lobato en el ámbito de la Comunidad y la creación del PSOE de Madrid Ciudad, como un órgano unitario de acción política que pudiera presentarse ante la sociedad como algo más que las 22 agrupaciones socialistas de los distritos de la capital.
Pero no ha podido ser. Los procesos de generación de liderazgo son siempre complejos, casi nunca pacíficos y desesperadamente lentos, más en una sociedad tan acelerada y tan poco afecta a la paciencia como la actual. Y, claro, los nervios electorales han vuelto a hacer mella en la dirección del PSOE. Las encuestas que tengan quienes las tengan, parece que apuntan a que el indudable tirón del partido en Madrid se podría “desperdiciar” y ante tal “peligro” -vuelta la burra a los trigos- de nuevo se va a hacer lo de siempre. Quizás con la única diferencia de que esta vez el proceso ha resultado tan largo y tan notorio que hasta ha contado con algunas notas ridículas.
La candidata, que mujer parece que va a ser la tapada, seguramente tendrá formación y méritos más que suficientes, ni merecerá ni tendrá críticas internas y contará seguro con la lealtad de los militantes socialistas de la capital que tratarán de auparla a la alcaldía con la fuerza que tiene el partido con la estructura más potente de España y de Madrid. Pero alguna vez tendrá que desaparecer la maldición de que la indudable importancia política de la capital del reino condene a sus militantes socialistas a subordinarse a unas expectativas tan exigentes como las que muchas familias imponían tradicionalmente a sus hijos primogénitos y que tan infelices les hacían.

Un desfile estupendo

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Acabo de ver enterito el desfile de la fiesta nacional por la televisión. Como un niño, claro que sí, como un niño. Admirado por esos tipos que se han lanzado desde un avión para caer justo donde lo tenían previsto, llevando una bandera de 50 metros cuadrados, (como mi piso, incluida la terraza) que le resistía al principio al paracaidista a desplegarse. Que apuro.

He reconocido los modelos de aviones que me aprendí en mis viejos tiempos de soldado raso en la base aérea y me he dado cuenta, otra vez, de la fuerza que tienen los ritos y los símbolos para los seres humanos, yo incluido.
Por supuesto que no han faltado los taconazos, los sables, la cabra de la legión, los vivas al Rey y los gritos contra el presidente del Gobierno, que cuando es socialista forman ya parte del propio rito, como ha recordado oportunamente el locutor.
Ahora que los Estados se asemejan sobre todo a máquinas burocráticas de ofrecernos servicios y seguridades (lo que no deja de ser su obligación) ver a tanta gente joven y no tan joven desfilando con uniformes actuales y de época, algunos hasta con sombreros napoleónicos y otros con viejos Mauser, me ha parecido que realmente es un derecho de los militares, que un día puedan exhibirse a la antigua manera, con sus correajes, su música y sus tradiciones a la vista, ya que el resto del año a esos mismos soldados les mandamos por el mundo con uniformes mucho más discretos, a jugarse la vida en trabajos arriesgados, difíciles y de los que la mayoría de españoles prefiere saber poco.
Hoy era especialmente su día y han hecho un desfile estupendo.

El Banco de Inglaterra, una banda de rojos

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Y la London Stock Exchange también, y casi toda la City. ¿Pues no resulta que los recortes fiscales históricos de la nueva Primera Ministra, Liz Truss, han desencadenado el pánico en los mercados del Reino Unido? 
Allí donde la líder conservadora debería haber encontrado el aplauso más enardecedor y una explosión de entusiasmo inversor sin precedentes, resulta que se topa con caídas de la libra a mínimos históricos, huidas atropelladas de los fondos, retiradas histéricas de productos hipotecarios, ventas masivas de bonos del Estado y nada menos que una intervención del Banco de Inglaterra, comprando enloquecidamente deuda para evitar el colapso inflacionario. 
Resulta asombroso que ante una bajada de impuestos histórica, la mayor desde 1972, que además favorece justamente a los más ricos, éstos se alarmen ahora y salgan corriendo agitando las manos en el aire ¿Dónde están los genuinos inversores de derechas? ¿Quién ha infectado al establishment británico?

Habíamos quedado en que cuantos menos impuestos se cobren, más aumenta la recaudación (que lo he leído yo en una servilleta que está en un museo en Washington) así que parece mentira que estos tipos duden de que al Gobierno de su Majestad Carlos III le vaya a sobrar la pasta para cubrir los 115.000 millones de euros previstos en ayudas que, simultáneamente a la bajada de impuestos, también tiene prevista la líder del partido al que votan. ¿cómo iba a haber déficit entonces? Si el ingenio británico de los Monty Python pudo crear la cofradía de la chancla sagrada en la inolvidable `La Vida de Brian´ ¿cómo no hay una devoción más firme en las islas a la Santa Servilleta de Laffer?

Porque solo una cosa podría ser peor; que no estuviéramos ante una banda de rojos sino ante una caterva de mentirosos pero ¡qué va! si son todos gentes de orden, educados en las inaccesibles Public Schools y algunos hasta van con paraguas y bombín ¿cómo va a ser eso?

Las mujeres tendrán los hijos que decidan. Punto

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Foto Unicef

Los que decidan, no los que dicen querer cuando se les pregunta, porque todos solemos responder con mucha alegría a las encuestas y con más cabeza cuando de verdad tenemos que tomar las decisiones. El Instituto Nacional de Estadística (INE) publicó hace poco los datos y se vio que España tiene la cifra de nacimientos más baja desde hace 82 años (desde que hay registros fiables). Que la pandemia nos tuviese encerrados en casa, incluidas a las parejas, solo sirvió para constatar nueve meses después, que la cosa no es por casualidad sino por decisión consciente.

Así que mejor será que nos vayamos adaptando porque son las mujeres quienes van a tomar esa enorme decisión; ni los gobiernos, ni las empresas, ni las iglesias. Y no es un asunto nacional sino de todo el planeta. En Estados Unidos y en China las tasas de crecimiento de población son las más bajas en décadas (por debajo de nivel de 2,1 hijos por mujer que se supone que garantiza la reposición de los que fallecen). Incluso países como India y México, tradicionalmente con tasas muy altas, están por debajo de esa cifra del 2,1. Hasta en África empiezan a verse síntomas de descenso, obviamente de momento en los países menos castigados por la pobreza, pero todo les llegará, como ha llegado a Europa, América y Asia.
Estamos ante una marea imparable, que tiene múltiples facetas pero muy especialmente una: la libertad de las mujeres para tomar decisiones sobre su vida y su fertilidad, algo que históricamente no fue así. A lo largo de miles de años y con civilizaciones de todo tipo, las mujeres nunca pudieron elegir y ahora que pueden vamos a comprobar que la continuidad de nuestras sociedades depende de ellas por completo. Así de simple ¿Así de inesperado tal vez?
Se hartan las noticas de señalar el problema del envejecimiento pero, tranquilos, que se solucionará por sí solo puesto que es imposible que si hoy nacen pocos niños en el mundo haya muchos ancianos dentro de 75 años. A no ser que se refieran -claro está- a unos ancianos concretos: a nosotros, pero ese es nuestro problema, ni el de ellas ni el del mundo.
Por supuesto que cuando, además, les ponemos a las mujeres dificultades laborales, económicas, de conciliación, precariedad y otras, aún se lo hacemos más difícil, pero -no nos engañemos- es una decisión suya, que no se arregla con un cheque, que es compleja pero que es solo suya. A algunos les parecerá lógico, a otros, egoísta y a algunos incluso antipatriótico. No se cansen. Da lo mismo lo que hablemos los hombres, ellas serán quienes decidan. Mejor dicho, son ellas las que ya están decidiendo cada día, en todos los continentes, con cualquier religión, raza, cultura o clima.
Esa es la verdadera revolución, el gran cambio mundial que ya está aquí. Mejor que nos vayamos acostumbrando sin tanto aspaviento y adaptándonos porque es lo que han decidido ellas, que son las que, ahora sí, pueden hacerlo. 

Más datos de interés en Crónica de Naciones Unidas

Una opción ganadora

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De entre las muchas expresiones de moda esta de “opción ganadora” es una de las que más me desazona siempre escuchar, sobre todo porque se usa para designar iniciativas, estrategias o soluciones antes de que estas se enfrenten a la realidad y no después.

Llamar ganador a quien ha ganado no tendría nada de particular pero designar así a lo que aún no ha pasado la prueba es lo novedoso. Al escucharlo me resulta inevitable pensar que, por muy modernos que nos creamos, volvemos a recuperar el concepto del destino de la tragedia griega o como cantaba más recientemente Rubén Blades “si naciste pa’ martillo, del cielo te caen los clavos”. Recuperamos la suposición de que hay personas o grupos que por naturaleza son distintos a los demás, que no es que ganen como podrían perder, sino que son en origen ganadores, sin necesidad de pasar por el incómodo trámite de enfrentar la realidad. Se restablece así el orden primordial, ajeno y por completo superior a la mísera voluntad de los humanos.

Con o sin corbatas, pero ninguna diferencia con los tiempos medievales en que las personas se dividían por estamentos de los que no podían salir porque ese era el orden instaurado por Dios. Ahora que hemos sustituido a Dios por el mercado como hemos hecho con todo lo demás, el orden de las cosas lo ponen el triunfo y el dinero, pero lo mismo que cuando era la divinidad quien se ocupaba, se trata de anular el poder de la voluntad a la hora de ganar o de perder y, por el contrario, designar ganadores previos que ganarán siempre que las cosas se hagan como es debido y “losers” que siempre perderán si todo va como debe ser. Volvemos a las castas, pero avaladas ahora por las escuelas de negocios.
No crean que esta neolengua es cosa menor porque aporta considerables ventajas. Como en la antigüedad, quien señala al indiscutible ganador es el poder, que blinda así su infalibilidad puesto que cuando una opción ganadora resulta que pierde el resultado negativo no podrá achacarse a quien brillantemente la pensó, ya que su idea era ganadora previamente, sino que la culpa será de la torpeza de quien la aplicó, quedando intacto el valor del estratega.
Tal vez detrás de todo esto lo que esté sea el puro miedo, el de siempre, el miedo del ser humano a la incertidumbre, el mismo que tuvieron los griegos, otros muchos antes que ellos y que tenemos nosotros mismos intacto. Va a ser eso.