2020

La pandemia que no acabó con el Gobierno pero que puede acabar con Casado



La idea de que la pandemia sería “el Prestige del PSOE”: el evento catastrófico que mostrase la ineptitud del Gobierno, sobrevoló desde el principio la imaginación de los tácticos de la oposición de derechas. Parecía un recurso razonable mientras duró el tiempo en que se ignoraba hasta dónde iba a llegar la crisis. Solo que conocida la magnitud mundial del desastre, aquella táctica de señalar como erróneas todas y cada una de las decisiones y como incompetentes a todos los implicados en ellas empezó a desmoronarse,


Pero en los ríos revueltos de la nueva comunicación hay quien pesca sin necesidad de complejas estrategias, solo con el sedal de su atrevimiento y de un contraste deliberado con cualquier cosa que diga o haga el Gobierno de la Nación. A falta de una alternativa política solvente, la presidenta madrileña se ha convertido en la cara de la simple pero eficaz contestación contra Sánchez. Casado no puede vencer contra la osadía casi adolescente de Díaz Ayuso que, de puro simpática, compensa con creces sus meteduras de pata, que le sirven paradójicamente para que la izquierda, al criticarlas, la eleve a esa especie de Agustina de Aragón centralista y descarada como la han llegado a dibujar. 


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Maldito derecho a decidir

Supongo que aún quedará quien recuerde los primeros meses de la pandemia, cuando Pedro Sánchez salía casi a rueda de prensa diaria en medio del confinamiento. Fueron tiempos en que, para indignación de muchos responsables políticos, los decretos de alarma traspasaron todo el poder de España al Gobierno central


Alcanzada la “nueva normalidad” (que nadie pensó entonces que sería el prólogo de una nueva ola) el Gobierno se rindió a la presión o movió ficha deliberadamente -vaya usted a saber- y decidió traspasar la responsabilidad a quienes en puridad y de acuerdo con la estructura territorial de España,  tienen las competencias sanitarias, que son los Gobiernos autonómicos (algo que muchos constitucionalistas sobrevenidos y gritones deberían recordar).

Y ahí fue el llanto y crujir de dientes federal y confederal. Llegó la segunda ola y las autonomías, aterradas ante la posibilidad de tener que tomar decisiones impopulares volvieron a protestar.


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Felices fiestas a serranicas y serranicos

No hay pandemia que me impida rebuscar en navidades entre la música antigua española a ver si encuentro algún villancico, que entonces era un tipo de tonada popular y profana antes de que se fueran convirtiendo a partir del siglo XVIII en música religiosa vinculada a la Navidad.


Soy Serranica es una de mis piezas favoritas del Cancionero de Uppsala, una recopilación de música española renacentista editada en Venecia en 1556 cuyo único ejemplar fue encontrado a principios del siglo XX en esa universidad sueca, de ahí su pintoresco nombre.

Portada del Cancionero de Uppsala
Espero que te guste
Felices Fiestas, pese a todo.

Soy serranica
y vengo d’Extremadura.
¡Si me valerá ventura!
Soy lastimada,
en fuego d’amor me quemo;
soy desamada,
triste de lo que temo;
en frío quemo,
y quémome sin mesura.
¡Si me valerá ventura!

Efecto mariposa, pero también efecto Dunning-Kruger


Hemos oído hablar tanto del efecto mariposa (eso de que el aleteo de una mariposa puede provocar un huracán al otro lado del mundo) que nos hemos construido el espejismo de que todas las desgracias son productos casi del azar, inevitables, y que sus orígenes son inaprensibles para nosotros.

Pero no siempre es así. A veces las desgracias y las tormentas se desatan después de un trabajo ímprobo, constante y activo por nuestra parte para que sucedan.

Esforzarse en hacerlo todo mal, a conciencia, y con considerable dedicación por parte de un número suficiente de personas, a veces resulta todo un éxito y finalmente sobreviene el desastre que se buscaba con tanto ahínco.


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Pero tú, quién te crees que eres?

El garrotillo. Francisco de Goya

 Sí, tú, ese que dice que no se va a vacunar de ninguna manera cuando por fin la vacuna llegue. Según el CIS hay un 8,4% de perfectos irresponsables como tú, que pensando que son más listos que los demás, solo demostráis vuestra ignorancia, de la que, para colmo, os enorgullecéis. No estás solo, lamentablemente, entre vosotros hay actores, deportistas, modelos (de guapas, no de inteligentes), ‘influencers’, cantantes y otros “expertos”.

Se puede entender un poco mejor, aunque solo un poco, a ese alto porcentaje de personas que mantienen cierta prevención porque, tanto escuchar que la creación de una vacuna tarda una media de 10 años se sorprenden ahora de la rapidez con que han sido creadas las de la covid-19. Por eso es tan importante que se explique que la rapidez no ha supuesto ningún atajo que ponga en riesgo los resultados ni las garantías, sino que el mundo de la ciencia ha reaccionado como nunca lo había hecho antes.

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El Ejército tiene un problema

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Menuda se lió con el grupo de whatsapp de los militares jubilados. Parece mentira que un asunto tan nimio haya causado tanto revuelo. 

Asombra el ruido que tan fácilmente han causado unos cuantos viejos espadones. Sin embargo, así ha sido y por una buena razón que igual ya va siendo hora de señalar con claridad de una vez después de tantos años de exitosa democracia: Que un grupo de personas que hasta hace no tanto han tenido en su mano la decisión de utilizar las armas demuestren esa actitud no resulta increíble sino perfectamente creíble. Ese es el problema que ni se nombra. Ese ha sido el motivo por el que el revuelo ha sido tan enorme y la razón por la que todos los líderes, empezando por la ministra de Defensa, hayan tenido que apelar tan insistentemente a la profesionalidad, la modernidad, la lealtad y la actitud de servicio de los ejércitos de España hacia el pueblo y sus instituciones democráticas.

Seguro que la ministra tiene razón y esa es la actitud de la gran mayoría de los mandos militares de nuestro ejército. De hecho no puede ni debe ser otra, pero que unas cuantas balandronadas y groserías publicadas en una red social en donde se leen tantas tonterías por minuto hayan causado este revuelo y hayan obligado a declaraciones de personas de tanta altura no es porque nadie se las pueda creer sino justamente porque demasiados españoles se pueden creer perfectamente que los individuos que las firman piensan de verdad lo que han escrito. Que estos señores están fuera del mando en estos momentos es un consuelo tramposo porque no cabe imaginar que hayan descubierto esas tendencias fascistas tan íntimas después de su retiro sino que ya las tenían cuando mandaban firmes.

Es por eso que tanta insistencia en su calidad profesional de sus mandos y tanto reconocimiento por su labor en defensa del orden constitucional, seguramente merecidas, no han conseguido nunca disipar la niebla de sospecha que aún muchos españoles tienen hacia sus fuerzas armadas. Episodios como este lo que hacen es que mucha gente piense en cuántos compañeros ideológicos de estos tipos quedan aún en activo.

El ejército no tendría un problema si todo el mundo se hubiese tomado a risa lo de ese grupo y lo de tratar de enredar al Rey. Lo tiene precisamente porque no ha sido así. Porque no ha sido divertido.




El otro grupo vasco y el régimen tumbado

El autodenominado Grupo Parlamentario Vasco en el Congreso, que es el del PNV, tiene menos diputados vascos que los vascos que forman parte de los demás grupos parlamentarios. Sin embargo, aun siendo menos vascos (en número) que los otros diputados vascos, el nombre del grupo hizo fortuna y se aceptó tácitamente que el ‘Grupo Vasco’ era el de los nacionalistas.


Sucede que al grupo vasco le ha salido otro grupo vasco nuevo y adicional, que ha decidido hacerle la competencia y disputarle el puesto de monopolio que hasta ahora había tenido el PNV en el palacio de la Carrera de San Jerónimo. 

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Laminar a Alfonso Alonso para después esto?

Ahora que Casado dice que  “Estamos en otra etapa”, que se aleja de Vox y de los de Arrimadas para ser la casa común de la derecha cuesta no recordar que Alfonso Alonso no solo dijo siempre lo que ahora ha dicho Casado de Vox sino que también se resistió con firmeza a que el pacto con Ciudadanos en Euskadi se hiciese a la medida de la opinión madrileña de entonces. 

Ambas firmezas le costaron su carrera política, sin que le sirvieran los años de servicio a su partido, en el Parlamento Vasco, en el Congreso, en el PP nacional, en el Gobierno de Rajoy y en una alcaldía de Vitoria para la que no necesitó pactar con la izquierda abertzale, como sí hizo su compañero Maroto, voz que clama hoy contra pactos indignos desde su escaño en el Senado.
Ahora que ya no se lleva escuchar a aquellos cuyo tiempo pasó y lo que mola es que decidan los jóvenes a quienes toca mandar, la nueva generación de Génova prefirió un PP vasco con tintes heroicos y desdeñó la posibilidad de tener en Euskadi un partido útil. El precio electoral que pagaron fue alto, pero aún queda mucho por pagar.

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Qué mal entendemos la estadística, y qué bien lo del pecado

Al principio de esta segunda ola de la pandemia, cuando empezaron los primeros brotes en Euskadi, un probo ciudadano compartía con el periodista que le entrevistaba su asombro porque en un merendero se hubiera producido un brote: “este es un sitio de familias -decía- no de contagio”. Encantador. 

Cuando en Madrid se desató la segunda ola, los responsables políticos se hartaron de decir que era cosa de los jóvenes y de sus fiestas descontroladas. Estos días vemos a los hosteleros protestar afirmando, con toda razón, que ellos “no tienen la culpa” y que no merecen que se les cierre.

Ni las familias del merendero, ni los jóvenes, ni los hosteleros tienen la culpa; claro que no. De hecho nadie tiene la culpa, al menos nadie que merezca el castigo de enfermar o de que le arruinen el negocio. ¿Entonces? Si no tienen culpa, ¿por qué se les castiga?.

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Dime que me quieres, Joe Biden

Casi siempre que ha empezado algo nuevo lo he hecho pensando: «a ver lo que duro» y casi siempre también ha durado mucho más de lo que imaginé al principio.

Supongo, y confío, en que pasará lo mismo con esta nueva aventura que comienzan Igor Marín, Xabier Salvador y su equipo en Crónica Vasca, el nuevo diario digital en Euskadi. Experiencia, honestidad y ganas no les faltan. 

Hoy acaba de salir su primer número y me alegra estar en este proyecto, que me obliga volver a escribir mis columnas. Esta es la primera.


Dime que me quieres, Joe Biden

71 millones de americanos han votado a quien les dijo que les quería. Es mucha gente que comparte el ruego de doña Concha Piquer y que por encima de la verdad valoraron la calidez del mensaje y el estilo gamberro de Trump. 


Sería absurdo para el nuevo presidente copiar las mentiras y los exabruptos de Trump, como sí hacen otros líderes en todo el mundo y en España, por supuesto, pero lo que no puede descuidar, ni él ni su flamante y mestiza vicepresidenta, es la idea de que los sentimientos de las personas mueven las sociedades más que los informes de los economistas y de los ‘think tanks’. «Ten misericordia de mi corazón, dime que me quieres -Joe Biden- dímelo, por Dios».

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