Cuando desdeñábamos aquellos viejos acuerdos, llamándolos chalaneos, no sabíamos que los del multipartidismo iban a ser mucho más miserables y cutres. Que serían solo y exclusivamente para repartirse los sillones, sin ningún disimulo y sin asomo de preocupación por las necesidades de un país políticamente paralizado.
La política, el arte del gobierno de lo que es común, ha sido sustituida por el honor, pero entendido en su concepción más intransigente e infantil.
En mi artículo de esta semana en Vozpópuli vuelvo a señalar que el final del odiado bipartidismo no nos ha traído ninguna de las virtudes que se anunciaban sino una situación política aún peor. Puedes leerlo entero aquí.
Lo malo de los símbolos es que, para bien o para mal, adquieren una relevancia exagerada que va más allá de lo que son realmente.
Si Madrid Central no fuese un símbolo y se hubiese quedado en lo que es: una simple ordenanza limitadora del tráfico, como hay otras mil en la ciudad, hoy podríamos hablar de modificarlo en lo necesario y respetarlo en lo acertado. Pero no. No podemos.
No podemos porque Madrid Central es el emblema de “los nuestros” o el del “enemigo”, que es el nombre con el que se señala de nuevo en España al otro.
En mi artículo de esta semana en Vozpópuli hablo del peligro de convertir cualquier cosa, incluso las más normalitas, en símbolos de identidad propia o del «enemigo». Puedes leerlo entero aquí.
La sentencia contra ‘La Manada’ ha demostrado que el sistema judicial funciona, pero puesto que nunca podrá devolver lo perdido a la víctima, sobra el jolgorio festivo.
Los jueces están para ejecutar el procedimiento o y lo hacen; aplican la Ley, pero no “hacen justicia”, porque es imposible. Que no podamos hacer otra cosa es una evidencia inapelable que puede ser motivo de resignación, pero no se entiende que cause alegría.
En mi artículo de esta semana en Vozpópuli muestro mi extrañeza por asombrosa alegría ante un hecho tan terrible como la violación de una mujer y el castigo de sus culpables. Puedes leerlo entero aquí.
Aún les queda un error que cometer para redondear el desastre naranja, y lo cometerán. Obligarán a Sánchez a ganarse La Moncloa con los votos independentistas. La satisfacción final de ver al socialista depender de los indepes no se la pierde Rivera.
Fue el insuperable odio a Sánchez lo que llevó a Ciudadanos a encerrarse en una jaula y, con grandes aspavientos para que todos lo vieran, tirar la llave. Poco margen le quedaba a partir de ese momento, y el PP supo aprovecharse.
En mi artículo de esta semana en Vozpópuli me refiero a la cadena de errores que ha ido cometiendo Ciudadanos y que creo que no ha acabado aún. Puedes leerlo entero aquí.
El problema es que la ensalada de líneas rojas que Rivera ha ido estableciendo forma hoy una maraña en la que es más fácil enredarse que salir airoso.
Los próximos cuatro años sin elecciones serán su periodo de maduración en el que o se consolidan como un partido que encontró su propio espacio y se quedó o, por el contrario, repetirán en la derecha el fracaso de Podemos.
En mi artículo de esta semana en Vozpópuli hablo de la dificultad de salir de las trampas en que uno mismo se mete. Puedes leerlo entero aquí.
La animadísima bronca electoral nacional es desconocida en mi tierra, donde los votantes han comprado sin titubeos el mensaje de calma y buenos alimentos que viene ofreciendo el PNV desde que el Lehendakari Urkullu es su mentor y su icono.
En mi artículo de esta semana en Vozpópuli me fijo en las diferencias que hay entre la política que se hace fuera de Madrid y la que se hace en la capital, y muy especialmente la grandísima distancia entre el comportamiento electoral de Euskadi respecto al resto del país. Puedes leerlo entero aquí.
¿Qué queda, aparte del dolor de las familias y de un pueblo vasco profundamente dañado? Queda la seguridad para quienes se creyeron de verdad héroes de que, más tarde o más temprano, llamarán a la puerta, y será la Gendarmería, la Guardia Civil o la policía que corresponda, que viene a arrestarlos.
En mi artículo de esta semana en Vozpópuli me refiero a la inutilidad de tantos años de sangre, de muerte y de miedo y a la lenta pero imparable marcha de la justicia, que en una democracia no se detiene porque alguien dé una rueda de prensa. Puedes leerlo entero aquí.
Aquellas personas que rodearon pacíficamente el Congreso y accedieron a él son solo una pequeñísima muestra de todos los ciudadanos sensatos que son inmensa mayoría en toda España. Un país plagado de gente razonable, respetuosa y seria, que aprecia las instituciones y que reconoce el valor de quienes las dirigen de forma íntegra, incluso aunque no piensen políticamente como ellos.
En mi artículo de esta semana en Vozpópuli me fijo en la cantidad de personas razonables que llenan el país y a las que nunca se dirigen los mensajes políticos, siempre a la búsqueda de la bronca. Puedes leerlo entero aquí.
El horror de Mauthausen no cabe ni en todos los tuits que pudiera publicar la directora general de Memoria Democrática de la Generalitat en mil vidas que tuviera.
Allí se dejaron la vida quienes no encajaban en el diseño de una patria unitaria, limpia de extraños, cerrada a la diversidad y, por eso mismo, a cualquier clase de libertad.
En mi artículo de esta semana en Vozpópuli me rebelo contra la ceguera de quienes van por la vida envenenados por la toxicidad del nacionalismo y no son capaces de ver sus consecuencias ni aunque las tengan delante. Puedes leerlo aquí.
La realidad es que el PP aplastado por su mayor desastre sigue teniendo más diputados que la alegre muchachada de Rivera
En mi artículo de esta semana en Vozpópuli repaso varios fracasos de la derecha y, sobre todo, muestro mi asombro porque los que consideraban que echar a Sánchez era cuestión de Estado y una urgencia abrumadora se hayan olvidado tan rápido de ello y celebren ahora como un éxito no haberlo logrado. Puedes leerlo aquí.