Por supuesto que estamos modificando las condiciones del planeta. Llevamos milenios haciéndolo, pero nunca imaginamos que el inabarcable y amenazador planeta un día se nos quedaría pequeño y tendríamos que esforzarnos en no romperlo más.
Por ahora lo que es seguro es que la instrucción bíblica de henchid la Tierra ya la hemos completado. Ahora toca pensar en qué hace la humanidad a partir de este punto y eso es mucho recado para despacharlo en unas cuantas conferencias internacionales.
En mi artículo de esta semana en Vozpópuli recuerdo que nuestra agresividad contra el entorno natural no es una cosa nueva sino que es algo que los seres humanos llevamos haciendo desde el principio de nuestra existencia. Puedes leerlo entero aquí.
No sé España, pero desde luego yo soy muy plurinacional y mucho plurinacional. No tengo que sentirme vasco; soy vasco. No necesito hacer, pensar o sentir nada concreto para serlo, del mismo modo que no tengo que esforzarme por ser español. Simplemente lo soy.
La absurda idea de que para ser una cosa hay que renunciar a ser otra es un delirio que me resulta ajeno,
Me gusta realmente ser ciudadano de esas tres patrias cívicas, España, Euskadi y Europa, pero no acepto que ninguna de ellas pretenda dictarme cuáles deben ser mis sentimientos.
En mi artículo de esta semana en Vozpópuli hablo de la diferencia entre la nación cívica y la personal. Puedes leerlo entero aquí.
El Parlamento Vasco ha recibido dos documentos para una posible reforma del Estatuto.
El encargo, que se maliciaba imposible, de proponer un documento unitario, que aglutinase los sentimientos comunes a todos los vascos se ha demostrado que, efectivamente, era imposible.
La confortable armonía que parece mostrar la política vasca, en comparación con la nacional, no llega a tanto como para que los vascos hayamos dejado de pensar cada uno lo que nos da la gana.
En mi artículo de esta semana en Vozpópuli hablo de que el diálogo, que algunos revisten de efectos taumatúrgicos, a veces evidencia tan sólo la imposibilidad de alcanzar acuerdos
. Puedes leerlo entero aquí.
Aplastante. Así fue el resultado de la consulta a las bases socialistas en favor del imprescindible e insuficiente acuerdo entre el PSOE y Podemos y también con porcentajes aplastantes se han pronunciado los afiliados de Esquerra Republicana cuya pregunta se expresaba en negativo.
En la nueva política de hiperliderazgos, los refrendos internos sirven sobre todo para que los líderes ya cuenten de salida con un respaldo lo más aplastante posible de la militancia para llevar adelante las negociaciones que estimen convenientes.
La rotundidad del voto militante previo conjura el peligro de que, a medida que se vayan sabiendo detalles sobre el futuro Gobierno, alguien pueda levantar la voz. Por eso se busca que cuenten con un apoyo abrumador de los militantes, preferentemente antes de que ellos mismos los conozcan.
En mi artículo de esta semana en Vozpópuli hablo de los referéndums en favor de acuerdos que se convocan antes de conocer los acuerdos mismos. Puedes leerlo entero aquí.
Siempre se ha considerado un axioma que la libertad económica y política eran herramientas imprescindibles para un progreso económico sólido y que sin aquellas, este no se producía o no duraba.
Hoy, sin embargo se puede ser una potencia mundial sin necesidad de esas “rarezas occidentales” de democracia, división de poderes, parlamentos, elecciones libres y otras “distracciones”.
En mi artículo de esta semana en Vozpópuli me fijo en la peligrosa tentación de comprar prosperidad a cambio de nuestras libertades. Puedes leerlo entero aquí.
La pregunta de cómo hemos llegado hasta aquí no tiene respuesta fácil, pero ayudaría que repasásemos algunas de las características de la nueva política que tienen mucho que ver con esta situación.
- El hiperliderazgo
- El líder convertido en producto y el partido en envoltorio
- De ciudadanos a consumidores
- La centrifugación de las opciones
En mi artículo de esta semana señalo algunas características de la «nueva política» que me parecen peligrosas y propongo menos politólogos y más psicólogos. Quizás nos iría un poco mejor. Puedes leerlo entero aquí.
Para un segmento de españoles, la democracia era un peaje que, lamentablemente, había que pagar para acceder al concierto de los países prósperos y, solo por eso, estaban dispuestos a hacer tamaño sacrificio.
Ese segmento que transigió pero que nunca creyó que España debiera ser una democracia liberal ha levantado la voz para protestar porque se les obligue a aceptar cosas como que haya elecciones en las que la gente pueda votar libremente a cualquiera. El nacionalismo identitario español es para Vox lo normal y los otros nacionalismos identitarios han de ser prohibidos por Ley.
Es una suerte para todos que a Espinosa de los Monteros le impidan hacer su voluntad exactamente las mismas leyes que le impiden a Torra hacer la suya.
En mi artículo de esta semana hablo de cómo reverdece ahora el fascismo que nunca murió. Puedes leerlo entero aquí.
El cartel: ‘Torra, llámame’, que una mujer anónima levantaba con sus manos en la manifestación del domingo en Barcelona, además de ser oportunísimo, demuestra que el humor es un arma invencible contra la ira.
Resulta fundamental atender a los catalanes que quieren parar el procés, porque saben más que nosotros, y lo saben mejor. Parece fácil pero quizás no lo sea tanto porque no hay que desdeñar la incómoda posibilidad de que lo que nos digan tampoco sea lo que esperamos oír y hasta puede que incomode a los más fieros defensores de la patria
En mi artículo de Vozpópuli de esta semana opino que mucho mejor que señalarlos a ellos como los nuestros de allí, sería convertirnos nosotros en los suyos de aquí.
Puedes leerlo entero aquí.
Un contenedor ardiendo es informativamente mucho más irresistible que mil manifestantes pacíficos y, por eso mismo, resulta invencible.
Los “listísimos” constructores del relato de un país oprimido cometieron el error de pensar que su habilidad les permitiría controlar la ira que se afanaban en fomentar.
Las fotos de contenedores ardiendo son las nueces que la burguesía independentista está recogiendo tras agitar irresponsablemente el árbol de la manipulación y la mentira.
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| Foto EFE |
En mi artículo de Vozpópuli de esta semana reflexiono sobre cómo la violencia abrasa la causas que pretenden usarla como herramienta.
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La sentencia es un verdadero éxito, porque es la reacción normal, sin aspavientos, de un sistema democrático garantista, firme y respetuoso con sus propias normas
Sería absurdo pretender que la victoria de la democracia sea que los nacionalistas vayan a dejar de serlo. Ese objetivo no se alcanzará y tampoco hay que buscarlo.
En mi artículo esta semana de Vozpópuli recuerdo que para vencer es preciso saber de antemano en qué consiste la victoria. En este caso qué consideraremos un buen escenario final y qué no.
Puedes leerlo entero aquí.