Pablo Casado no quiere elecciones porque se debate entre su necesidad de ganar el tiempo que le permita consolidarse y el espanto que le causa ver cómo, mientras no las haya, Pedro Sánchez seguirá durmiendo un día tras otro en La Moncloa.
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Vista Alegre marca el despegue político de una derecha nacionalista española que podría convertirse en una pesadilla ideológica para el PP, como lo fue Podemos para el PSOE, con la diferencia de que el frente de Casado es doble: mientras Vox les inquieta y distrae por la derecha, Rivera aprovechará para robarles la cartera centrista.
En mi artículo de esta semana en VozPópuli hago una reflexión sobre las dificultades que atraviesa el nuevo presidente del PP, con competidores a derecha e izquierda y con un rosario de elecciones por delante que acaba de inaugurarse con la convocatoria de elecciones andaluzas. Puedes leerlo aquí.
Convertir en una noticia extraordinaria que se hagan públicos los ingresos y patrimonios de los políticos y altos cargos no sirve a la transparencia sino que, en realidad, solo alimenta la sospecha pública de su indignidad.
Por mucho que se hagan gráficos y comparaciones, salvo que se sepa que hay un lucro ilegítimo detrás (y entonces hay que decirlo), sigue sin ser noticia que un político tenga más o menos dinero que otro. El paparazzismo económico no se diferencia en nada del original.
En mi artículo de esta semana en VozPópuli vuelvo a una de mis obsesiones respecto a la transparencia pública. Nadie se cree lo que no está dispuesto a creerse y quienes impulsan normas de transparencia lo saben, solo que nadie se atreve a enfrentarse a lo que suena popular. Puedes leerlo aquí.
Si haciendo y deshaciendo Valls es capaz de recuperar para sí el espíritu del Maragall alcalde, puede arrastrar muchos votos ciudadanos: los de Ciudadanos, los del catalanismo siempre moderado y ahora espantado, muchos del PSC y todos los que le queden al PP. Eso es transversalidad y lo demás gaitas.
En mi artículo de esta semana en VozPópuli reflexiono sobre el revulsivo que puede suponer para Barcelona que uno de sus candidatos a alcalde haya sido Primer Ministro de Francia. Puedes leerlo aquí.
Un día no muy lejano tendrá que haber elecciones y de ellas tendría que salir un Gobierno con apoyos suficientes, como el que seguimos esperando desde diciembre de 2015. Para entonces, vendría bien que hubiéramos entendido que las mayorías absolutas son la excepción y que pactar con los adversarios es lo normal y no equivale a ser un traidor.
En mi artículo de esta semana en VozPópuli reflexiono sobre en enconamiento de la pelea política que amenaza con impedir cualquier acuerdo. Puedes leerlo aquí.
Se trata de orillar al vecino desafecto, hacerle sentir su supuesta marginalidad social hasta lograr que esa mayoría se sienta intimidada por la hiperpresencia simbólica del independentismo y se retire a su vida privada. Por eso los lazos no es que agobien a los más renuentes, es que están expresamente pensados para agobiar, para abrumar, porque solo así cumplen su función de disuadir y acallar. Montar un auténtico asedio que termine con la rendición del contrario o con su expulsión, como la que simboliza la retirada del nombre del irrecuperable Borrell de la calle que lo llevaba.
En mi artículo de esta semana en VozPópuli denuncio la táctica de los independentistas catalanes de expulsar del espacio público a los desafectos a su causa. Puedes leerlo aquí.
No deja de ser chusco que un sector como el del taxi, que de ninguna manera se vinculaba a la izquierda, y sí a otras alternativas políticas y radiofónicas opuestas, sea quien reclame hoy y obtenga tanta complicidad de ella, desde Ábalos a Colau.
Vuelvo con mis artículos en VozPópuli. En este inicio de temporada política me fijo en uno de los escollos más duros y complicados de salvar con los que se ha encontrado este Gobierno, que es el taxi y que puede arruinar una estrategia preelectoral tan bien planteada como la que vemos en todo lo demás. Puedes leerlo aquí.
Entre los muchos defectos del aburrido bipartidismo no estaba la ruidosa inacción que caracteriza estos tiempos políticos de hoy, tan entretenidos mediáticamente como inanes para la acción de gobierno efectiva.
Tres años es un margen de tiempo demasiado largo para desaprovecharlo en marcar líneas rojas ideológicas y reforzar la siempre peligrosa idea de la ilegitimidad del adversario.
En mi artículo de esta semana en VozPópuli recuerdo que la inestabilidad política lleva en vigor desde las elecciones de 2015 y que ya empieza a ser hora de que el nuevo modelo de política que sustituyó al de la transición empiece a servir para algo más que dar titulares. Puedes leerlo aquí.
El nuevo PP estrena un liderazgo más parecido al de sus oponentes, ajustado a las nuevas modas y nuevos modos de la actividad política, con capacidad de retomar la iniciativa mediática, con propuestas rotundas y con despensa ideológica para dar de comer a los suyos. La ola del 15M ha llegado algo más tarde pero ha llegado por fin al PP.
En mi artículo de esta semana en VozPópuli opino que la elección de Casado certifica que también la derecha española tenía en su seno un capital de insatisfacción y una sentida necesidad de renovación Puedes leerlo aquí.
Atribuyen al mítico Lao-Tse la siguiente frase: “Para empujar a los demás hay que caminar delante de ellos”, y, vistas las últimas encuestas electorales, parece que algo de esto funciona; que los sondeos detectan cómo las opiniones políticas de los encuestados se adaptan con sorprendente rapidez a la actualidad política y a la notoriedad de los líderes.
En mi artículo de esta semana en VozPópuli señalo que la idea de una ciudadanía con opiniones firmes, profundas y asentadas no casa con la agilidad con la que adaptamos nuestras opiniones a la actualidad más rabiosa. Puedes leerlo aquí.
Torra necesita aire para que no se ahogue la esperanza del discurso independentista entre sus fieles, mientras que Sánchez busca tiempo para que la sociedad catalana perciba un seny español dialogante y vaya regresando a posiciones de moderación
Tiene razón la consejera Artadi en que “se pueden explorar los caminos para seguir hablando», pero no por eso debería pensar que las cosa van a cambiar mucho. Hablar también podría servir para que los miembros del Govern, incluida ella, entiendan que ser nacionalistas no les da ningún plus de razón, ni hace que los demás estemos obligados a reconocérsela.
Mi artículo de esta semana en VozPópuli opino que la nueva relación entre Sánchez y Torra es mejor que el alejamiento permanente pero que tiene mucho de táctica de comunicación hacia terceros y muy poco de búsqueda de acuerdo entre los hablantes. Puedes leerlo aquí.