Nos hará falta la palabra cuando veamos que tratan de expulsar a los demás con desfiles, banderas y símbolos, pensados para que acaparen todo el espacio público y asfixien cualquier otro mensaje.
Llevan años tratando de esconder la palabra, queriendo desmocharla al convertirla en simple insulto para así esconder detrás del exabrupto fácil su significado terrible y real. Buscan el éxito de no poder ser citados por su nombre para lograr así pasar desapercibidos
En mi artículo de esta semana en VozPópuli reivindico la necesidad de las palabras, de una en concreto, sin la que no podríamos distinguir una parte peligrosa de la realidad. Puedes leerlo aquí.
Una de las cosas más asombrosas de la política es comprobar cómo hay tantísima gente que piensa que los nacionalistas no son en realidad nacionalistas. Solo así se explica que nadie les tomase en serio cuando reiteraron indignados que de ninguna manera apoyarían las cuentas de Sánchez y que ahora aparezcan la sorpresa y el asombro al comprobar que resulta que decían la verdad, que van a hacer exactamente lo que dijeron que harían y que, además, el motivo es exactamente el que manifestaron: la petición de penas del fiscal
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En mi artículo de esta semana en VozPópuli muestro mi asombro por el hecho de que tanta gente crea que los nacionalistas en realidad no lo son y luego, claro, se lleve tantas sorpresas. Puedes leerlo aquí.
Si Hitler hubiese ganado la guerra tendría un mausoleo impresionante, sin duda. El relato de lo que pasó siempre lo marca quien se queda con el poder y así será también en Euskadi.
Hoy, la encrucijada más importante de Euskadi es dirimir cuál es el relato sobre la violencia que acaba imponiéndose, si el académico o el nacionalista
En mi artículo de esta semana en VozPópuli reflexiono sobre si es el poder de la verdad o el poder a secas quien escribe la historia. Puedes leerlo aquí.