Es curioso ver cómo la historia se repite y que la tecnología obliga de nuevo a revisar las normas de uso del espacio urbano, pero que esta vez no podrá ser ya para establecer las fronteras duras que precisó el automóvil.
Acostumbrados como estamos a que la división entre acera y calzada sea radical, nos va a costar adaptarnos a cambios que volverán desdibujar las fronteras con vehículos que no son juguetes y que pueden usar tanto calzadas como aceras.
En mi artículo de esta semana en VozPópuli me fijo en la paradoja de que la tecnología va a devolvernos a los tiempos en que vehículos de diferentes clases y peatones compartían la calzada con cierta normalidad, hasta que llegaron los automóviles. Puedes leerlo aquí.
Vuelvo con mi especial predilección por la música barroca de América.
En este caso os enlazo el «Villancico al Nacimiento», también conocido por la letra de su primera estrofa: «Oiga niño mío, de mi corazón» del enorme José Cascante (1646-1702) cuyas obras se han conservado en el archivo musical de la Catedral de Bogotá, milagrosamente a salvo de catástrofes naturales y humanas.
2 minutos y 39 segundos de emoción traídos desde cuatrocientos años atrás.
La política se parece mucho a la farmacopea: cuando se trata de solucionar un mal nunca pueden evitarse que haya algún efecto secundario.
Pero hay veces que hacer previsiones tampoco es que sea tan difícil. Es el caso del decreto sobre alquileres. No dudo de la buena intención del ministro Ábalos pero sus consecuencias negativas, contrarias al objetivo perseguido, son tan obvias que se echan de menos algunas explicaciones sobre cómo piensa el Gobierno evitarlas. Porque no es creíble que las desconozcan.
En mi artículo de esta semana en VozPópuli recuerdo que, nos guste o no, los mercados son siempre un juego de equilibrios y que toda acción conlleva una reacción que hay que tener en cuenta.
No sabemos cuánto durará esta carrera de pozos electorales, pero tanto hablar de peores resultados empieza a resultar cansino, además de redundante. En algún momento habrá que dejar de esperar a que regrese el cómodo bipartidismo, acostumbrarse y empezar a jugar con el nuevo tablero político que, elección tras elección, insiste en quedarse.
En mi artículo de esta semana en VozPópuli muestro mi extrañeza porque se presente como algo excepcional e histórico lo que cada día es más normal, salvo que sigamos haciendo las cuentas con la regla del bipartidismo, claro.
El titular de este artículo no es un desprecio sino una pregunta real: ¿Para qué queremos reformar la Constitución?
Lo primero es saber que para hacer una tortilla hay que romper huevos. La idea de que todos los cambios se harán a partir de lo que hay y siempre para avanzar es errónea. Romper un acuerdo significa regresar cada cual a su casa para volver a reanudar el camino desde allí.
En mi artículo de esta semana en VozPópuli expreso mis dudas sobre la enorme superficialidad con que, a mi juicio, se dice que la Constitución de 1978 ha de ser reformada y afirmo que: si hay que ir por la senda del cambio constitucional se va, pero -por favor- que sea sabiendo para qué, porque ir por ir…
Nos hará falta la palabra cuando veamos que tratan de expulsar a los demás con desfiles, banderas y símbolos, pensados para que acaparen todo el espacio público y asfixien cualquier otro mensaje.
Llevan años tratando de esconder la palabra, queriendo desmocharla al convertirla en simple insulto para así esconder detrás del exabrupto fácil su significado terrible y real. Buscan el éxito de no poder ser citados por su nombre para lograr así pasar desapercibidos
En mi artículo de esta semana en VozPópuli reivindico la necesidad de las palabras, de una en concreto, sin la que no podríamos distinguir una parte peligrosa de la realidad. Puedes leerloaquí.
Una de las cosas más asombrosas de la política es comprobar cómo hay tantísima gente que piensa que los nacionalistas no son en realidad nacionalistas. Solo así se explica que nadie les tomase en serio cuando reiteraron indignados que de ninguna manera apoyarían las cuentas de Sánchez y que ahora aparezcan la sorpresa y el asombro al comprobar que resulta que decían la verdad, que van a hacer exactamente lo que dijeron que harían y que, además, el motivo es exactamente el que manifestaron: la petición de penas del fiscal
Foto G3
En mi artículo de esta semana en VozPópuli muestro mi asombro por el hecho de que tanta gente crea que los nacionalistas en realidad no lo son y luego, claro, se lleve tantas sorpresas. Puedes leerloaquí.
Si Hitler hubiese ganado la guerra tendría un mausoleo impresionante, sin duda. El relato de lo que pasó siempre lo marca quien se queda con el poder y así será también en Euskadi.
Hoy, la encrucijada más importante de Euskadi es dirimir cuál es el relato sobre la violencia que acaba imponiéndose, si el académico o el nacionalista
En mi artículo de esta semana en VozPópuli reflexiono sobre si es el poder de la verdad o el poder a secas quien escribe la historia. Puedes leerlo aquí.
Cuando un partido gana las elecciones en nueve de diez ocasiones y cuando nada apunta a que vayan a robarle la próxima victoria, no basta con criticar lo que hace el ganador, sino que los demás deberían reflexionar sobre cuáles son las alternativas que ofrecen y por qué a todas luces no han funcionado en siete lustros.
Los tópicos, de los que Andalucía anda más que sobrada, forman un conjunto de ideas falsas, pero bien instaladas, que son muy venenosas porque conectan unas con otras de forma que cuando se evoca un tópico, automáticamente, como las cerezas, salen de la cesta otros muchos, quizás no tan del gusto de quien se aventuró a utilizarlos.
En mi artículo de esta semana en VozPópuli reflexiono sobre la torpeza e incapacidad de la derecha española más tópica para entender Andalucía. Puedes leerlo aquí.
Cuando comenzó el proceso autonómico eran dos las ideologías que despotricaban contra la existencia de 17 comunidades autónomas: los franquistas, que pensaban que así España se destruía, y los nacionalistas vascos y catalanes, que entendían aquello como una trampa dirigida a depreciar sus propios sistemas autonómicos, únicos que merecían existir, según ellos.
Con el tiempo las autonomías que parecían de “menor rango” se han convertido en instituciones sólidas mientras que las aventuras identitarias y supremacistas fracasaron en Euskadi con Ibarretxe y ya están fracasando en Cataluña con la ruptura inevitable de los grupos independentistas.
En mi artículo de esta semana en VozPópuli señalo un punto de vista diferente sobre la marcha de las autonomías en España, donde tal vez las menos ruidosas son las que más éxito hayan tenido al fin. Puedes leerlo aquí.