2017

Hacienda me ha devuelto todo mi dinero

Miguel mandó la semana pasada un whatsapp muy breve: “Me voy a urgencias. Posible trasplante”. Llevaba ya mucho tiempo atado a un aparato de oxígeno que, en los conciertos clásicos a los que solemos acudir juntos apagaba para que el rumor del motorcito no molestase. Este fin de semana hemos ido a verle. Se recupera bien mientras se acostumbra a usar su nuevo pulmón.


Una inflamación en el pecho fue lo que hace dos años hizo que le descubrieran a mi mujer un cáncer. Después de un duro tratamiento de quimioterapia, la operaron de ambos pechos. Eso antes de recibir varias decenas de sesiones de radioterapia que también le afectaron bastante. Ahora está bien. Solo tiene que tomar la medicación y hacerse sus revisiones.

No es fácil saber a cuánto hubiesen ascendido las facturas de ambos tratamientos (y de la medicación que los dos tendrán que seguir tomando) pero una revisión somera me ha bastado para saber que en los países desarrollados en los que no existe cobertura sanitaria pública, el dinero que hubiésemos tenido que pagar superaría con creces no ya mis impuestos, sino probablemente los ingresos totales de toda mi vida, y los de mi mujer y mi amigo también. Dudo, además, que ninguno hubiésemos podido pagar las primas de un seguro médico privado que cubriese ambas operaciones.

Así que lo que hubiésemos hecho con mi mujer sería lo normal, lo que todo el mundo: pagar la parte del tratamiento que hubiéramos podido, deshaciéndonos de todos nuestros pocos bienes y ahorros hasta quedar exhaustos, y cruzar los dedos esperando que un tratamiento parcial e interrumpido hubiese resultado tan eficaz como el absolutamente completo que ha recibido ella en un hospital público de Madrid. En el caso de Miguel, insolvente para inscribirse simultáneamente en varias listas de espera privadas para así ganar tiempo, posiblemente no hubiésemos podido hacer nada. 

Desde luego que una enfermedad grave es muy mala noticia para cualquier familia, pero no puedo evitar pensar que, en ambos casos, a las duras consecuencias propias de las dolencias mismas se hubiesen sumado las que hubiesen afectado a nuestra vida cotidiana en todo lo demás que no es la enfermedad, básicamente la angustia y la ruina económica, que habría afectado sin duda al futuro de nuestra hija que hoy, sin embargo, sigue teniendo madre y padrino a los que sonreír, y ello sin necesidad de renunciar a sus esperanzas y a sus sueños.

El año pasado en España, pionera mundial en algo bueno, se realizaron 4.818 trasplantes de órganos y en los últimos años se están tratando en torno a 250.000 cánceres anuales. Miles de dramas personales y familiares que pasarían a la categoría de auténticas catástrofes si no dispusiéramos de la cobertura asombrosa de un sistema público sanitario como el que pagamos con nuestros impuestos. 

Sin duda todos los afectados, particularmente Marisol y Miguel, hubiésemos preferido no pasar por ambos tragos, que a nadie deseo, pero sufrirlos me ha hecho coger la calculadora y ver que estos dos últimos años a mi familia le han devuelto con creces todo lo pagado en IRPF, IVA, IBI y otras exacciones. Aunque hemos pagado y seguiremos pagando, sé que nuestros impuestos no hubiesen alcanzado ni de lejos así que le agradezco a usted que haya pagado los suyos porque gracias a ellos y a los de los demás contribuyentes mi mujer y amigo están vivos y mi hija puede seguir con su vida. Le deseo, de verdad, toda la salud del mundo para usted y los suyos y que pase un buen verano. Cuídese. 

Publicado el 16 de agosto de 2017 en 

De rehenes y colas

Cuando trabajar ajustándose al reglamento causa el desastre, probablemente el desastre sea el reglamento mismo. Es lo que suele pasar en las llamadas “huelgas de celo”.

Foto EFE
En mi artículo de esta semana hago una reflexión sobre la gestión de servicios estratégicos.

Puedes seguir leyéndola aquí.

La España realmente asimétrica

Llegan las vacaciones y muchas familias se disponen a pasar una temporada en el pueblo, en el suyo, el de sus padres y abuelos, de forma que la España rural, como cada año, recibirá este verano una inyección de dinero, parientes y niños, que ayudarán a mantenerla viva y también a enmascarar su lenta pero implacable decadencia.

Aquí va mi columna de esta semana en Vozpópuli

Puedes seguir leyéndola aquí.

Cuidado con el gerontolobby, chicos y chicas

Tiempo de lectura 3:30 min

No querría yo pasar por el agorero de los jóvenes, menos aún después del provocador titular de mi columna de la semana pasada, pero tampoco puedo hacer como que no veo lo evidente. Por ejemplo: veo cómo los políticos y los equipos económicos se afanan, día sí y día también, en tranquilizar a los pensionistas y garantizarles que nada malo va a pasar con sus ingresos. Se lo dicen porque saben que esas informaciones de que la popularmente conocida como “hucha” de las pensiones está a punto de acabarse, inquietan a nuestros jubilados.

Mientras los poderes públicos tranquilizan -solícitos- a los mayores, los jóvenes tal vez creáis que la cosa no va con vosotros. Error. Va, sobre todo, con vosotros y, en general con todas las personas activas y cotizantes, que somos quienes pagamos las pensiones de hoy, del mismo modo que las cotizaciones de los ahora pensionistas no se guardaron en ninguna huchita, sino que se gastaron en pagar las jubilaciones de la generación anterior. Todo el mundo sabe esto… por supuesto…hasta que lo preguntas en la calle y ves que no es así.

Lo que se sabe con toda certeza es que el Fondo de Reserva de la Seguridad Social no sobrevivirá mucho más allá de enero y tal cosa resulta inquietante, sobre todo para quienes -como digo- siguen creyendo sincera pero erróneamente que el dinero de su pensión viene del que aportaron a lo largo de su vida laboral y que lo que reciben hoy no es más que una suerte de recuperación de “su propio dinero”, que imaginan guardado en esa hucha.

Así que cuando escuchéis que: mucha tranquilidad, que cuando las cotizaciones no alcancen y no haya ya caja para completarlas, la pensión de vuestro padre o abuela se pagará vía impuestos, echaos a temblar porque esos impuestos los vais a pagar vosotros y las empresas en las que trabajáis, los que lo hagáis.

No va a permitir que se toquen los derechos económicos de los viejos

El gerontolobby no va (pronto diré “no vamos”) a permitir que se toquen los derechos económicos de los viejos. Los defenderá con el vigor que les ha preservado nuestro excelente Sistema Nacional de Salud y no habrá político que se atreva a enfrentarse con ese inmenso ejército que ¡ojo! luchará por sus derechos, no por los vuestros.

Porque tened en cuenta que cada día somos más (me incluyo ya); que votamos siempre (no como vosotros) y que a cada momento se jubilan personas que tenían buenos empleos (no como los vuestros) a los que ahora les corresponden pensiones más altas; puede que insuficientes, pero más altas.

Con una pirámide de población convertida en rombo, como la que tenemos, los que estáis abajo: en edad, en ingresos, en número y consiguientemente en poder, vais a tener que estar atentos. No es que me guste ser desagradable, ni pretendo tampoco despertar el recelo intergeneracional, pero es que ¡es lo que hay! como decís los jóvenes.

En Bilbao el gerontolobby ha ganado ya la calle

Cuando voy a mi ciudad –Bilbao- veo cómo se amplían los parques y las zonas de paseo, veo cómo se cierran discotecas, cómo se ponen rampas mecánicas en las cuestas, cómo de tempranito se cierran los bares y las tiendas, cómo pasan las barredoras por el impoluto centro cada pocos minutos y veo los escándalos que montan en la prensa local los ardorosos vecinos a la menor molestia o ruido. La ciudad se adapta a la vida apacible y tranquila del jubilado, en la que el joven rebele se aburre o se va. Allí el gerontolobby ha ganado ya la calle. Pronto el campo de juego serán los presupuestos para pensiones. De modo que estad atentos, chicos y chicas.

Este artículo se publicó en Vozpópuli el 19 de julio de 2017 pero el link a la página ha dejado de funcionar.

Cuando se repare el enlace podrás leerlo también aquí.

Si eres joven, vete de España

Solo cuando vean que el paraíso de trabajadores preparados y baratos se acabó empezarán a pensar que quizás tener ingenieros a mil euros era insostenible.

Esta vez mi columna en Vozpópuli me ha salido provocadora.

Puedes seguir leyéndola aquí.

La nación Gay

Si no nos distraemos con los coloridos, las plumas y los tangas, veremos que este modelo de nación de personas en libertad no se aleja tanto de la nación cívica e ilustrada, ajena al ardor patrio pero bien fundada en el concepto de personas libres,

Sobre naciones e identidades escribo en mi columna de Vozpópuli.

Puedes seguir leyéndola aquí.

La izquierda como identidad

Esta pasión por demostrar urbi et orbi que se es de izquierdas, de los nuestros, será muy humana, desde luego, pero puede resultar peligrosa si llega al extremo de poner en manos ajenas la batuta que marque el ritmo al que bailen los socialistas españoles.

Esta es la reflexión que he publicado hoy en Vozpópuli.

Puedes seguir leyéndola aquí.

La revolución digital adelanta al Estado

“Los comentarios han sustituido ya a las estrellas de los hoteles”. Esa afirmación, expresada en un encuentro público celebrado en Madrid la pasada semana, resumió muy bien el cambio que la revolución digital está suponiendo en las formas de consumo, compraventa y utilización de los recursos disponibles, sean estos coches, motos, hoteles, profesores o incluso servicios tan aparentemente convencionales como el suministro eléctrico.

La semana pasada estuve en un evento sobre economía colaborativa y mercado digital y vi cosas que me movieron a esta reflexión que he publicado hoy en Vozpópuli.

Puedes seguir leyéndola aquí.

Urnas sorpresa

Me refiero a la reiterada costumbre que en los últimos tiempos están mostrando las urnas (o sea, los votantes) de desmentir con rotundidad todas las previsiones “razonables” que se hacen en torno a los posibles resultados de cualquier elección o refrendo.

Es como si, de pronto, se hubiera producido una rebelión contra los pronósticos, contra los listos, contra los denostados expertos. O puede que simplemente lo que pasa es que hay ahí una sociedad que se mueve, que cambia a un ritmo mayor que el que la opinión publicada es capaz de entender y seguir.

EFE

Que los resultados de las elecciones no respondan a lo generalmente esperado empieza a ser una costumbre. En mi columna semanal de Vozpópuli me pregunto por qué.

Puedes seguir leyéndolo aquí.