Cataluña no será un país independiente, pero si un día lo fuese, con seguridad no sería una democracia. Porque inevitablemente necesitaría haberse deshecho antes, durante o después de su separación, de la influencia, de los derechos o de la presencia misma de la mitad de sus habitantes actuales
Al hablar de los problemas económicos de una país recién independizado me parece que se olvidan del principal. Tal vez porque construir una nación, cualquier nación, es escalofriante. De eso hablo en mi artículo de esta semana. Puedes leerlo aquí.
Como temía con tanta razón el airado monje ciego de Umberto Eco en “El Nombre de la Rosa” la comedia es peligrosa porque la risa ahuyenta el miedo y todas las formas de opresión necesitan mantener el miedo intacto, es su arma principal y nada la oxida y neutraliza tanto como una carcajada a tiempo.
Sobre la capacidad del humor para disolver los venenos más tóxicos, de eso hablo en mi artículo de esta semana. Puedes leerlo aquí.
La realidad se ha impuesto a la impostura, pero el desastre es real y, siendo enorme, puede ir a más. Solo queda ir elaborando el informe de daños, en Cataluña y en el resto de España.
Es asombroso ver cómo un autoengaño tan intenso y elaborado lleva a una comunidad moderna a dañarse de forma tan absurda a cambio de nada. De eso hablo en mi artículo de esta semana. Puedes seguir leyéndolo
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El colmo sería que nos creyésemos el discurso hábil pero falso del nacionalismo de que todos los catalanes son como ellos dicen y, peor aún que les copiásemos sus fastos y sus obras y nos convirtiésemos en lo que ellos mismos necesitan que seamos.
La ruptura de una parte de los catalanes con España y la que se está produciendo entre ellos mismos son el objeto de mi artículo de esta semana. Puedes seguir leyéndolo
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La voz de los nacionalistas es prácticamente la única que se escucha. Su intensa y larga estrategia de hacerse con todos los resortes del poder y de la comunicación ha logrado que su discurso sea el único aceptable en la calle.
En mi artículo de esta semana hablo de los catalanes a quienes ahora todo el mundo apela pero a los que se ha tenido siempre olvidados. Puedes seguir leyéndolo
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Como si hubiéramos atravesado la puerta de Tannhäuser, de Ridley Scott, hemos visto pasar cosas que no imaginábamos y todavía veremos algunas más en esta ensalada de actores y gritos en que se ha convertido el escenario de la astracanada catalana. Desaparecida toda esperanza de retorno, ahora lo más importante es que no ocurra nada irreparable. Por lo que más quieran: que no pase nada.
En mi artículo de esta semana en Voz Pópuli he rebajado las expectativas y me conformo con que en Cataluña no ocurra nada irreversible.. De eso hablo en mi artículo de esta semana, que puedes seguir leyendo aquí.
Las soluciones que sirvieron para recuperar la democracia, para construir el sistema autonómico, para mejorar los servicios públicos y para entrar en Europa no pueden vivir de las rentas. Ya son bastantes los problemas que no son capaces de resolver, el de Cataluña es el último pero no el único.
La gente de nuestra generación construimos un sistema democracia y funcionó bien, aún lo hace, pero hay cosas en las que empieza a fallar. De eso hablo en mi artículo de esta semana, que puedes seguir leyendo aquí.
De todo este embrollo lo más difícil no va a ser lo que el Gobierno haga de aquí al 1 de octubre, sino lo que se haga por parte de los ciudadanos a partir del día después.
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La promesa de una amnistía siempre a la vuelta de la esquina se ha devaluado ahora en un simple aurresku de homenaje a los propios cuando regresan tras cumplir enteras sus condenas,
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Ninguna de las de “El Libro” es una religión de paz. Todas ha sido, o son, más o menos belicosas con “el infiel”. Más belicosas, y aun salvajes, cuando han podido y menos cuando las circunstancias o la propia sociedad no se lo ha permitido. Es la sociedad, que evoluciona y en la que inevitablemente se integran sus propios fieles, la que arrastra a las religiones hacia la tolerancia, pero nunca de buen grado.
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| Matanza en la noche de San Bartolomé, de François Dubois, Museo Cantonal de Ginebra |
Las religiones monoteístas no evolucionan
motu proprio, las hace evolucionar la sociedad que busca ser más libre. De eso hablo en mi artículo de esta semana
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