No es una victoria del islamismo sino todo lo contrario. Lo es de esta civilización occidental a la que tanto nos gusta despreciar y criticar. Una civilización muy vinculada al mercado que, a la búsqueda del beneficio, ha demostrado que es capaz de modelar, transformar y conquistar una tradición sin duda opresora en su origen en un signo más de identidad de un gran número de mujeres perfectamente capaces de tomar sus propias decisiones, que prefieren vestir con elegancia y que no necesitan nuestra ayuda o consejo moral para hacerlo.
Cataluña ha perdido también la ventaja que le daba cierto silencio aquiescente por parte de las demás comunidades autónomas, cuya mirada va pasando de la emulación a la sospecha.
Mi artículo de esta semana en Voz Pópuli trata de cómo empieza a caducar aquello de las comunidades «históricas» y de cómo otras levantan la voz con la certeza de que sus sentimientos son, como mínimo, igual de legítimos. Puedes leerlo aquí.
la izquierda cayó en los 70s y 80s en la trampa nacionalista de confundir con progresía todo lo que sonase a antifranquismo y bajo los efectos de esa adormidera política ha pasado hasta hoy.
En mi artículo de esta semana en Voz Pópuli hablo de cómo la izquierda española empieza a darse cuenta de que el nacionalismo no es, nunca fue, una ideología «hermana». Puedes leerlo aquí.
La juez, haciendo su trabajo, bien o mal que es algo no soy capaz de juzgar profesionalmente, lo que sí que está transmitiendo es un mensaje de seriedad y de aplicación normal de la Ley. Algo que tiene un gran valor a la hora de presentar a España como un país serio, que confía en sí mismo y en su ordenamiento jurídico, fruto de cuatro décadas de democracia, con defectos y virtudes, como todas las democracias.
La realidad innegable es que el procés se ha estrellado finalmente contra la realidad, pero no como se decía de un supuesto choque de trenes sino más bien como le pasaba al coyote de los dibujos animados que, de puro listo, se estampaba él solo.
En mi artículo de esta semana en Voz Pópuli hablo de los inevitables límites de la simulación, incluso de la que uno mismo, en su torpeza, llega a creerse. Puedes leerlo aquí.