La atención sobre Cataluña está siendo enorme, tanto como lo es el propio problema, pero no es menos cierto que nos está cegando sobre otras cosas quizás no tan incendiarias pero muy importantes que también han sucedido y suceden en el año que ya se nos escapa de las manos. Ahí van cinco para que no se nos olviden.
Índice de Vegetación: En estas dos imágenes muestran el desarrollo de la vegetación en octubre de 2014 y en el mismo mes de 2017. Los tonos marrones revelan ausencia de vegetación herbácea (la más sensible)
En mi artículo de esta semana en VozPópuli me fijo en unos pocos asuntos del año que termina que la humareda catalana no nos ha dejado ver.Puedes leerlo aquí.
Que tengan que ser los empobrecidos pensionistas quienes sufraguen una política salarial tan cicatera que podría estar incluso poniendo en riesgo la propia recuperación económica tiene su guasa.
En mi artículo de esta semana en VozPópuli me refiero a unos actores que influyen claramente en el mercado laboral, ayudando involuntariamente a las empresas a mantener los sueldos bajos, pero de los que nadie habla.Puedes leerlo aquí.
El villancico, que hoy asociamos exclusivamente a la música
navideña, parece que sencillamente fue un tipo de música de temática variada, popular
entre los siglos XV y XVII que contaba con estribillo, lo que lo hacía más fácil
de recordar y repetir.
Un día escuché este villancico navideño tan particular. Me
gustó e indagando, vi que se compuso a partir de unos versos de Lope de Vega
publicados en Lérida en 1612 dentro del volumen Pastores
de Belén. La pieza musical proviene del archivo musical de la Catedral
de Santa Fe de Bogotá, un asombroso reservorio de música antigua de la
época colonial.
El villancico está interpretado por el grupo Música Prima y es mi obsequio a
los amigos de mi blog para estas fiestas. Dura cinco minutos y medio. Espero que lo disfrutes y te deseo lo mejor para 2018.
Las redes sociales no son los únicos espacios en que el autoconsumo de nuestras propias verdades nos aturde y aleja primero de la complejidad y, al cabo, de la realidad misma. Pasa también en la vida real.
En mi artículo de esta semana en VozPópuli hablo del peligro que tiene ver las cosas desde fuera, creyendo, con superioridad, que se entienden perfectamente.Puedes leerlo aquí.
Como les pasa a las maquinarias muy trabajadas, que funcionan, pero cada vez con más problemas y averías, a la democracia española le empiezan a pasar factura las cuatro décadas de muchos y grandes aciertos y de también muchos errores y carencias.
En mi artículo de esta semana en Voz Pópuli me pregunto si no será el momento de iniciar una revisión en profundidad del entramado constitucional que arrancó hace hoy 39 años.Puedes leerlo aquí.
No es una victoria del islamismo sino todo lo contrario. Lo es de esta civilización occidental a la que tanto nos gusta despreciar y criticar. Una civilización muy vinculada al mercado que, a la búsqueda del beneficio, ha demostrado que es capaz de modelar, transformar y conquistar una tradición sin duda opresora en su origen en un signo más de identidad de un gran número de mujeres perfectamente capaces de tomar sus propias decisiones, que prefieren vestir con elegancia y que no necesitan nuestra ayuda o consejo moral para hacerlo.
Cataluña ha perdido también la ventaja que le daba cierto silencio aquiescente por parte de las demás comunidades autónomas, cuya mirada va pasando de la emulación a la sospecha.
Mi artículo de esta semana en Voz Pópuli trata de cómo empieza a caducar aquello de las comunidades «históricas» y de cómo otras levantan la voz con la certeza de que sus sentimientos son, como mínimo, igual de legítimos. Puedes leerlo aquí.
la izquierda cayó en los 70s y 80s en la trampa nacionalista de confundir con progresía todo lo que sonase a antifranquismo y bajo los efectos de esa adormidera política ha pasado hasta hoy.
En mi artículo de esta semana en Voz Pópuli hablo de cómo la izquierda española empieza a darse cuenta de que el nacionalismo no es, nunca fue, una ideología «hermana». Puedes leerlo aquí.
La juez, haciendo su trabajo, bien o mal que es algo no soy capaz de juzgar profesionalmente, lo que sí que está transmitiendo es un mensaje de seriedad y de aplicación normal de la Ley. Algo que tiene un gran valor a la hora de presentar a España como un país serio, que confía en sí mismo y en su ordenamiento jurídico, fruto de cuatro décadas de democracia, con defectos y virtudes, como todas las democracias.
La realidad innegable es que el procés se ha estrellado finalmente contra la realidad, pero no como se decía de un supuesto choque de trenes sino más bien como le pasaba al coyote de los dibujos animados que, de puro listo, se estampaba él solo.
En mi artículo de esta semana en Voz Pópuli hablo de los inevitables límites de la simulación, incluso de la que uno mismo, en su torpeza, llega a creerse. Puedes leerlo aquí.