marzo 2016

Para k keremos hunibersitarios?

La patronal Confebask ha hecho público un informe muy interesante sobre las necesidades de empleo y cualificaciones de las empresas vascas. Según sus datos, las empresas tienen más necesidad de personas con formación profesional que universitarios, quedando quien no tenga formación alguna en posiciones de absoluta marginación laboral.

Reconozco que los datos no son ninguna novedad. Lleva tiempo hablándose de la diferencia entre lo que los jóvenes estudian y lo que luego el mercado demanda. Según el estudio, de los 25.100 puestos de trabajo que se prevén a lo largo de 2016 en el País Vasco, casi la mitad demandarán una formación de grado medio o superior en FP y sólo el 30% buscarán universitarios (en su inmensa mayoría ingenierías y estudios económico/financieros). Leer más

La ley electoral y el efecto Manoteras

Es muy fácil encontrar en toda España conductores bien informados de los graves y habituales problemas de tráfico que se forman en el madrileño nudo de Manoteras. Lo curioso es que muchísimas de esas personas jamás habrán conducido por ese lugar y la mayoría posiblemente tampoco lo hayan hecho en su vida por ninguna carretera de Madrid.

La evidente causa de tal paradoja es la sobrerrepresentación informativa de la capital en los partes de tráfico y en general en los medios de comunicación. Ese “efecto Manoteras”, sin embargo, pasa desapercibido para los madrileños, del mismo modo que los aficionados del Real Madrid y del Barcelona creen sinceramente que la atención de los medios hacia sus equipos es perfectamente lógica, aunque una lesión de uno de sus jugadores estrella pueda contar con más atención mediática que toda la Segunda División junta.

Ni madrileños, ni madridistas, ni culés suelen darse cuenta de la sorda reacción de rechazo y mala leche que suelen producir estos abusos informativos entre las personas que ni circulan por la M30 ni son aficionados de esos equipos.

Viene esto a cuento de la idea (muy madrileña también) de que cambiar la ley electoral para hacerla perfectamente proporcional (1 persona = 1 voto) fuese algo simple y sencillo que, de puro obvio, no requiriese prácticamente discusión, constituyendo una de esas pocas cosas innegables y urgentes que un próximo gobierno tendrá que impulsar, sin duda y con la aquiescencia general.

En medio de esa moda de “calentar y listo” que asola nuestra superficialísima opinión publicada no es raro que esta idea de lo fácil que es cambiar la ley electoral se haya convertido en una más de las muchas tonterías exitosas que padecemos.

Todos los sistemas electorales democráticos se enfrentan a una trilogía de conceptos enfrentados: la proporcionalidad, la territorialidad y la gobernabilidad. Lo que, en definitiva, diferencia las leyes electorales de cada país es la mayor o menor importancia que le dan a cada uno de esos tres conceptos incompatibles. Puesto que lo que se gana de uno habrá de detraerse de los otros, podrá haber cierto equilibrio pero atender a los tres es imposible por definición. Así tenemos sistemas como los anglosajones que dan todos los votos electorales de un territorio a un solo partido, aunque haya ganado por una sola papeleta, o la llamativa gobernabilidad a machetazos griega, que directamente “regala” 50 escaños al partido ganador.

Así que de fácil, nada. La evidente injusticia de que a los partidos nacionales menores les cueste cada escaño muchísimo más que a los grandes o a los territoriales, no sé si se corregiría desdeñando el peso electoral de quienes tienen fuertes representaciones en sus comunidades. 48.000 votos en Álava son, sin duda, tan dignos como 48.000 en toda España pero los primeros significan el 27% del electorado, mientras que los segundos son el 2%. ¿Realmente debe ser lo mismo en cuanto a representación?

Corregir los desequilibrios electorales haciendo que Madrid, Barcelona, Valencia y, muy por detrás, Alicante y Sevilla sean las provincias que manden a la hora de tomar las decisiones, podría hacer muy poca gracia a los ciudadanos de territorios menos poblados que quedarían irreversiblemente sin voz y que verían alejarse cualquier posibilidad de que se dedicasen recursos a su entorno.

El efecto Manoteras, entendido como el rechazo de quienes se sienten colonizados y despreciados por aquellos que se prevalen de su número, puede que sea una buena piedra en el camino de esa modificación electoral que se nos presenta estos días como como algo tan sencillo y fácil.

La cosa será, por el contrario, compleja y difícil como casi todas. Hay estudios sobre el tema como el muy interesante que presentó en 2009 el Grupo de Investigación en Métodos Electorales de la Universidad de Granada. Pero tiene muchos más de 140 caracteres…y así no hay manera.

¿La última generación de mujeres libres?

Se lo vi escribir muchas veces a mi madre de niño, cuando la acompañaba a alguna gestión: profesión…“sus labores”. Ese era el término que comúnmente se utilizaba en los formularios oficiales para las mujeres que no desempeñaban un trabajo remunerado.
Leer más