2015

11ª entrega. Los túneles sorpresa

Hay muchas avenidas en Madrid que alivian sus cruces con túneles bajo la calzada. Se nota que no son nuevos porque, aunque prácticos, suelen ser estrechos y un poco tétricos. Si es la primera vez, utilizarlos resulta toda una experiencia de conducción.
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No echemos la culpa a los demás, Sr. Guibelalde

El diario norte.es

El presidente de la patronal guipuzcoana ha corregido el evidente patinazo de haber dicho que nuestros jóvenes no tienen hambre, para manifestar su preocupación por la falta de estímulo y de iniciativa que demuestra, a su juicio, esa generación.

Aunque, como él mismo ha reconocido, la expresión era muy desafortunada el Sr. Guibelalde tiene razón cuando dice “No echemos la culpa a los demás, el problema lo tenemos en casa”.

Así es. Tenemos una sociedad con empresas que no son capaces de ofertar empleos aceptables para los jóvenes que esa misma sociedad ha procreado. ¡Vaya si tenemos el problema en casa!

Hemos apostado claramente por competir en precio, empeorando las condiciones laborales por debajo de lo que les dijimos a los jóvenes que encontrarían si se esforzaban. La mujer de mi amigo Damián lo resume muy bien: “les hemos engañado” dice. Y ahora que vamos viendo sólo las primeras consecuencias de la pérdida de esperanza, resulta que nuestros empresarios se asustan. No sé qué otra cosa creían que podía pasar.

No solamente es que no haya vocaciones empresariales, como señala con preocupación, sino algo más que el presidente de los empresarios debería haber visto: tampoco hay vocación de montar familias y de tener hijos. Si no que mire los datos demográficos de su provincia. Los jóvenes dejan pasar el tiempo, y el arroz, mientras piensan: ¿Para qué? ¿para meterme en problemas cuando no sé si tendré o no algún ingreso mañana?

Si eres mujer, ni hablamos. Una vez desmontados los derechos laborales (con gran contento de nuestras empresas que aún querrían apretar más) ampliadas las jornadas laborales (las más no declaradas) y dinamitados los tímidos balbuceos de conciliación, cada vez serán menos las que estarán dispuestas a tirar por el desagüe sus años de carrera y de esfuerzos en formación. Porque, chicas listas, saben bien que tener hijos no les permitirá competir en una carrera profesional ya inmisericorde, de la que una jornada reducida o una baja larga les suponen de hecho su exclusión definitiva.

Con lo que no estoy de acuerdo con el presidente de los empresarios es con que la educación y la universidad no se hayan adaptado a las necesidades de las empresas. Lo han hecho bastante bien, atendiendo a lo que el mercado demandaba y olvidando otros lujos “absurdos” en los que antes se perdía tanto tiempo y esfuerzo. La prueba más evidente de ello son los textos llenos de impresionantes faltas de ortografía y con sintaxis imposibles que escriben nuestros licenciados, ingenieros y también muchos de nuestros directivos de empresa. Desde luego que la educación se ha adaptado.

Así que, puesto que hemos escogido crecer y competir en base a la generalización de trabajadores pobres, ahora a las empresas les toca apechugar y no quejarse tanto. Esa decisión viene muy bien para crear empleo mal pagado y sin esperanza, justo lo que ellas hacen y lo que nuestros jóvenes que, “viven tan bien y que tienen el futuro asegurado” no aceptan.

Pero tranquilidad. Es cuestión de esperar un poco y no ponerse nerviosos porque el periodo de transición pasará rápido. De entre nuestros jóvenes preparados, unos aceptarán la frustración, se limitarán a prolongar su adolescencia indefinidamente y a consumir al momento los bienes que puedan pagarse ¿para qué ahorrar? Mientras otros se irán fuera, a una hora de vuelo o a quince, y volverán de turistas de vez en cuando.

Lo peor es que, de seguir así, la próxima generación ya habrá perdido todo estímulo para estudiar y prepararse. Al fin y al cabo el mercado laboral no apunta intención alguna de recompensarles por ese esfuerzo y, consecuentemente, no lo harán. Del mismo modo que los salarios se han adaptado a las exigencias de un mercado que no está dispuesto ya a pagar lo que antes pagaba, los trabajadores adaptarán su formación a lo que al fin y al cabo van a recibir. El resultado en productividad de este círculo vicioso es evidente: If you pay peanuts, you get monkeys.

La buena noticia es que aquellos y aquellas que, teniendo todo en contra, se empeñen en una formación de alto nivel será por vocación, sin esperanza de vivir de ello, así que tal vez estudien Latín y humanidades. No le servirán de mucho a las empresas guipuzcoanas que queden en pie pero, veamos la parte buena, no harán faltas de ortografía.

10ª entrega.-  El brazo colgando fuera

Esto me encanta. Es toda una maravilla de la comunicación no verbal que ha evolucionado de tiempos de nuestros ancestros, de cuando las señales con el brazo no solo eran válidas sino que estaban regladas y se enseñaban en las autoescuelas, no sé si se sigue haciendo. Es maniobra muy común en taxistas, pero no exclusiva de ellos.

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7ª entrega. Los intermitentes y la maniobra «guas»

Información de utilidad para panchitos que ignoran el concepto básico NIFOM, ya descrito. El intermitente sirve, tal y como nos enseñaron, para avisar al resto de vehículos de nuestra intención de cambiar de dirección o de carril. Precisamente por eso es tan peligroso en Madrid, y por ello tan poco utilizado.


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La boda

Me alegró mucho saber que el presidente Rajoy y la cúpula del PP se lo habían pasado tan bien como dicen en la boda de Javier Maroto y su pareja. No me molesta y sí que me alegra mucho. Sinceramente. Me alegra sobre todo porque es una excelente noticia que el matrimonio entre personas del mismo sexo sea visto con normalidad por políticos de toda ideología.

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6ª entrega.- Los cruces

Hay en la ciudad zonas del suelo pintadas con una retícula amarilla que, como todos los conductores madrileños saben, están ahí en recuerdo de la parrilla en la que martirizaron a San Lorenzo, de gran devoción en la villa. ¿Es eso no?

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5ª entrega. Los semáforos

Ya lo decía Schwarzenegger en Terminator: Rojo: parar. Verde: acelerar. Amarillo: acelerar más. Es tan cierto eso en Madrid que algunas veces respetar un semáforo ámbar puede llegar a ser causa de accidente.

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4ª entrega: El Claxon

Ya no es lo que era pero aún se usa con profusión. El claxon en Madrid significa “¡oye tú!”, que como todo el mundo sabe quiere decir…lo que sea que quiera decir el pitador.
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