2013

Callejeando en Oropesa

Regresando ayer de Extremadura a Madrid hicimos una breve parada en Oropesa, cautivados por su espléndido castillo, que se asoma tentador a la N5 y que es un Parador Nacional. Estuvimos muy poco tiempo en el municipio, el justo para estirar un poco las piernas a lo largo de sus calles. Y precisamente en ellas vi estas placas en las que consta el nombre actual de la calle junto con todos los que tuvo y los años en que se le asignaron. Son marcas de un pueblo con mucha historia, que posiblemente por tener tanta, la valora y no la niega.

Alguien ha sabido que la vida da vueltas, a veces para bien y otras no. Que lo de hoy, puede ser distinto mañana. Tal vez lo haya aprendido mirando la autopista actual desde los mismos muros que en otro tiempo vieron llegar por esos campos a tropas portadoras de odio y muerte o en algún momento al mismo virrey del Perú, natural del lugar.

Para un vasco, como yo, acostumbrado a ver cómo en mi tierra a cada momento la historia se pretende negar, tergiversar y retorcer para hacerla encajar como sea con los deseos y argumentos del poder, ver estas placas en las esquinas de las calles primero me sorprendió y después me pareció un acto de sabiduría y respeto de un pueblo por sí mismo. Precisamente lo que a veces no encuentro en el mío.

Ordalías políticas

La ordalía fue un método judicial utilizado en la Edad Media para determinar sin género de dudas la inocencia o culpabilidad de un acusado. Se le llamaba también Juicio de Dios. Se realizaba en las iglesias y básicamente consistía en someter al acusado a alguna especie de tortura con agua o fuego de la que, si salía indemne o poco dañado, se desprendía que Dios estaba inequívocamente de su parte, quedando así demostrada su inocencia.

La pregunta ¿pondría usted la mano en el fuego?, tan usada ahora en ruedas de prensa y entrevistas, proviene precisamente de aquella antigua costumbre ya que era común que el acusado tuviera que meter la mano en braseros ardientes o sujetar con la mano hierros al rojo durante un tiempo establecido de forma que si se le producían quemaduras su culpabilidad quedaba clara, al demostrar Dios que no acudía, milagroso, en su rescate.

Estos días hemos sabido que el otrora poderoso Pepe Blanco ha salido de todas las acusaciones que se le hicieron. No es solo que fuera inocente, es que las imputaciones eran falsas y, en consecuencia, se ha sobreseído el caso. Él y sus amigos han mostrado su alivio pero da lo mismo. Pocos van a aceptar ese resultado. La mayoría preferirá dudar de la sentencia y mantener para siempre el infamante “si lo sabré yo”. Muchos medios de comunicación se refieren ahora a su absolución en minúsculas columnas en comparación con los generosos espacios que dedicaron a las denuncias, pero aun así aprovechan para recordar punto por punto todas y cada una de las acusaciones a ver si tan abrumadora enumeración de faltas sepulta la incómoda palabra “inocente” que ningún político parece merecer, menos aún si resulta antipático, como le pasa a Blanco.

Como imagino a usted dotado de cordura y criterio moral para valorar estas dos formas de juicio, me ahorro cualquier consideración ética, pero sí señalaré que tantos autos de fe y tantas hogueras justicieras probablemente tengan consecuencias contrarias a las que se dice pretender. Decimos querer que a la política vengan gentes limpias, honestas y profesionales que sustituyan a las actuales pero dejamos bien claro a continuación que siempre los mantendremos sometidos a sospecha y que ni la demostración judicial de su inocencia les salvará de nuestra fiereza. Condiciones, a mi parecer, extraordinariamente disuasorias para esa supuesta gente honrada que queremos que entre, por fin, en política y que a la vista de lo que pasa se lo pensarán dos, tres y mil veces.
¿Sostendría usted un hierro candente para demostrar su propia inocencia? Yo, desde luego que no.

Publicado en Danok Bizkaia el 24 de julio de 2013

NOTA: Este texto hube de enviarlo al periódico varios días antes de su publicación, por lo que no podía saber entonces que en pocas horas el Tribunal Supremo revisaría los delitos a los que fueron condenados Jaume Matas y Antonio Alemany, anulando algunas figuras delictivas que se les habían aplicado y confirmando otras. Como consecuencia las penas se han rebajado sustancialmente de forma que el ex-presidente de Baleares probablemente no ingresará en la cárcel. El resultado ha vuelto a ser que la opinión pública arde en indignación contra la Administración de Justicia y nadie da por buena una sentencia que «perdona» a los que la sociedad ya había juzgado y condenado y a la que no le gusta que le contradigan.


Aquí ya escribí en su momento sobre esto
Y aquí también.

Apetito y obstinación

Foto EP

José Ángel Gurría es un economista y diplomático mexicano de trato campechano y verbo ingenioso. Fue ministro de Hacienda de su país y actualmente ocupa el cargo de Secretario General de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico). En noviembre del año pasado estuvo en España para apoyar apasionadamente las medidas de empobrecimiento impulsadas por Europa y por el Gobierno de España. Dijo entonces que la supresión de derechos de los trabajadores que venía con la reforma laboral tenía por objeto estimular en las empresas el “apetito por contratar”. Eso dijo.

La OCDE está formada por los 34 países del mundo más desarrollados (en cuanto a la economía, se entiende) y entre todos ellos atesoran la friolera de 48 millones de parados. Todo un festín para saciar el supuesto “apetito” empresarial por contratar.

Pues resulta que el mismo Gurría nos dice esta semana que su organización está muy satisfecha con la reforma laboral que se han hecho en España pero que le preocupan los efectos de la amarga quina que nos están haciendo tragar. Está visto que lejos de darles a los empresarios muchas ganas de comerrrrrr, el brebaje de la miseria los mantiene por completo “inapetentes” a la contratación.

Se queja el simpático mexicano diciendo que los efectos dramáticos de su propuesta se mantienen “obstinados”. Atento el lector o lectora al fabuloso subterfugio dialéctico: Para el secretario de la OCDE los obstinados no son los economistas como él, que se empeñan en su terapia de más pobreza y menos derechos sino que los obstinados son los efectos de ese veneno, que se empeñan en no darle la razón.

Los mismos que recomendaron facilitar el despido se manifiestan preocupadísimos ahora por el “alarmante” paro. Pocos meses después de despotricar contra lo que consideran excesivos subsidios a los parados, se descuelgan ahora con que es posible que “una parte del desempleo cíclico se convierta en estructural” (o sea ya para siempre) y que tal vez haya que pensar en algún dinero para que esos parados coman.

Pero lo más indignante es que la misma persona, con las mismas propuestas, constata hoy que ha pasado exactamente lo contrario de lo que hace 7 meses pronosticaba y se queda tan ancho, echándole la culpa a lo terca que se muestra la realidad. De verdad que viendo cómo hace bromas y se ríe a mí se me quita el apetito.

Publicado en Danok Bizkaia el 19 de julio de 2013

¿Soplando la nueva burbuja?

El Roto

En cuanto asomaron las orejas de la crisis una de las primeras preocupaciones de la gente fue la posible pérdida del valor de los pisos. En efecto, la vivienda se nos había presentado siempre como el no va más de la seguridad. Lo que nos iba a garantizar el futuro, el refugio inamovible y eterno. Virtudes todas ellas tan milagrosas que hacían al ladrillo merecedor de cualquier precio delirante que pagáramos por él. Parecía que cuanto más debiéramos, más ricos seríamos. En verdad que aquello sonaba raro y al fin resultó además de raro, falso.

El pinchazo de la burbuja no solo ha corregido los precios a la baja sino que, lo que es peor, ha dinamitado aquella seguridad y ahora vemos que el que creímos bunker de nuestra tranquilidad tenía las paredes de papel. Desde 2007 los precios han descendido aproximadamente un 37% y no faltan expertos que apuntan a que puedan bajar otro 30% más durante los próximos cinco años. Sabemos que esos datos globales no pueden aplicarse a todos los casos y también sabemos que las profecías de los expertos son siempre mucho más atinadas cuando explican lo ya sucedido que cuando se refieren al futuro.

Pero puesto que ahora es posible encontrar precios más bajos es lógico que muchos aprovechen para comprar casa. Cuando algún listo señala que no conviene hacerlo porque aún bajarán más me gusta recordarle que la mayoría de la gente necesita pisos para vivir en ellos, actividad que, por extraña que les parezca a los especuladores, no solo es perfectamente legítima sino también bastante más honesta que la de ellos.

Sin embargo sí que hay un peligro cierto y son los intereses vinculados al por ahora bajísimo Euribor (0,53%) que hoy hacen asumibles los Euribor+3,4, Euribor+4 ó + 5 pero que podrían acabar en un nuevo drama colectivo si el valor de este referente subiese, cosa que no resulta para nada impensable en todos los largos años de vida de un crédito hipotecario.

“Si quieres obtener resultados diferentes, no hagas siempre lo mismo”, dicen que dijo Einstein” así que convendría que no siguiéramos creyendo que cualquier esfuerzo está justificado cuando de un piso se trata, no sea que volvamos a crearnos una nueva ola de problemas cuando todavía no hemos sacado la cabeza de la que aún nos ahoga.

Las hemorroides y el diseño

Ciertamente no es lo mismo realizar una operación quirúrgica que un cartel de fiestas. Si no hay detrás un especialista el fracaso está garantizado en el quirófano, mientras que es perfectamente posible acertar con un cartel una vez, o dos…tal vez incluso alguna más.

En mi ciudad hace ya muchos años que se hace un concurso abierto a quien quiera para realizar el cartel de las fiestas. Un jurado de concejales y personajes populares establece el ganador, después de atender también la opinión de la gente de la calle que quiera participar

De ese modo, la elección del cartel de la Semana Grande/Aste Nagusia es en sí misma la primera actividad de unas fiestas que lo que más desean es ser populares.

Con objeto de contentar a tan distinguido público con sus propuestas los artistas que optan al premio se atienen estrictos a los tópicos y a las imágenes más tradicionales, que les reportarán el autorreconocimiento y la simpatía del público entregado a las costumbres festivas y les harán vencer en esa amable competición de ingenio.

Resulta todo tan entrañable que cuesta a estas alturas poner alguna pega. Sin embargo, como es imposible que la flauta suene por casualidad un año y otro y otro y otro más, no nos queda sino aceptar que la calidad de los trabajos va decayendo y esta vez alguien ha querido señalarlo también con cierto humor. Este es el vídeo que corre por ahí que expresamente hace constar que no pretenden mofarse del vencedor sino el propio sistema de elección del cartel.Yo también me he reído un buen rato del vídeo.


Pringaos

Asiento de Aeroflot donde no viajó
Edward Snowden Foto Ap
Menuda se ha liado con la filtración de Edward Snowden de que el Gobierno de los Estados Unidos ha estado espiando sistemáticamente al menos a 38 embajadas, incluidas las dos que tiene la Unión Europea en la ONU y ante Washington, en la que parece que incluso instalaron un artilugio que les replicaba los faxes diplomáticos.

Acosado ahora por el país para el que trabajaba, el escurridizo Snowden ha pedido asilo político a Islandia, Ecuador, Rusia, China, Austria, Bolivia, Brasil, Cuba, Finlandia, Francia, Alemania, Italia, Irlanda, Holanda, Nicaragua, Noruega, Polonia, Suiza, Venezuela e incluso España. Vamos, que más o menos ha hecho lo mismo que hacen los parados españoles con sus currículos. Y también como ellos, queda a la espera de lograr alguna entrevista.

Si bien los ciudadanos en general contemplamos con cierta sorna el hecho de que a los americanos les crezcan tantos espías cotillas que luego lo van contando todo por ahí, no han reaccionado igual los Gobiernos de los países espiados que, sin pizca de humor, han mostrado su indignación por que un gobierno que se dice amigo se empeñe en poner ojos en todas las cerraduras de sus aliados. Francia y Alemania han protestado con especial irritación, amenazando con paralizar el acuerdo de buen rollo comercial que está previsto iniciar este mismo lunes.

Tanto reproche ha sorprendido a los americanos que han respondido como esos conductores que alegan: “si todo el mundo lo hace” al ser sorprendidos en falta. Dicen los subordinados de Obama que “cualquier servicio de inteligencia recoge información” y al parecer sin establecer distinción entre amigos y enemigos. Lo único que les importa es que esos países dispongan de información útil como la que debían tener México, India, Japón, Corea del Sur, Turquía e incluso Francia, Italia o Grecia, todos ellos metódicamente espiados incluso los que son miembros de la aliadísima y amiguísima Unión Europea.

No ocurrió lo mismo con la embajada española que, según consta en las filtraciones, no mereció interés alguno por parte de los espías americanos. Visto el nulo respeto que demostraron ante países de toda condición, fueran grandes o pequeños, poderosos o débiles, aliados o no, solo me queda pensar que en la lista de los lugares donde se cuecen las cosas que puedan valer la pena no estamos nosotros. Si no estamos en la de los enemigos de los que protegerse ni tampoco en la de los amigos a vigilar ¿en qué lista estamos?

Publicado en Danok Bizkaia el 5 de julio de 2013

Mandela

Nelson Mandela en estado crítico. No sé lo que pasará desde que yo escribo estas líneas hasta día en que sean publicadas*. En todo caso será un buen momento para reconocer a quien tal vez sea el último gran líder mundial del siglo XX. Mandela no será reconocido por su victoria política, ni por sus métodos antes de entrar en prisión sino porque pudiendo odiar y sobrándole razones para hacerlo, escogió con plena libertad personal renunciar a ese odio.

Los humanos nos hacemos distintos de otros seres precisamente cuando no nos dejamos llevar y cuando somos capaces de escoger nuestro propio camino, de vencernos a nosotros mismos cada cual en su propia intimidad. Imponernos a nuestro miedo y a nuestra ira, que viven en lo más hondo de nosotros, es nuestra mayor victoria. La misma que Nelson Mandela conquistó primero para sí y después para su país. Supongo que en este momento es muy difícil, acaso imposible, encontrar un líder que sea capaz de caminar delante de su gente sin darse la vuelta a cada instante para contar cuántos le siguen.

Empieza el verano, se supone, y será una buena ocasión para que lea usted “El Factor Humano” del periodista John Carlin. Es un relato de la vida de Mandela, de sus sufrimientos, de su evolución y de su madurez como líder. Si lo prefiere también puede ver la magnífica “Invictus” dirigida por Clint Eastwood y con Norman Freeman de protagonista. Seguro que la vuelven a poner pronto. Le recomiendo encarecidamente ambas cosas. Si no las conoce le sorprenderán y, en todo caso, le harán mejor persona de lo que ya es.

Esta es siempre una columna sin pretensiones, si acaso la de entretener y ayudar a ver la actualidad desde una ventana pequeña pero diferente a lo que se lee o se escucha por todos lados. Siempre hay otros puntos de vista y buscarlos, además de una buena gimnasia mental, puede ser divertido.

Pero cuando estamos frente a alguien, como Nelson Mandela, que al precio de su vida nos pone delante de nuestros ojos las verdades más profundas y los sentimientos colectivos más valiosos de la especie humana, el ingenio tiene que apartarse y dejar paso a una corriente profunda de sentimiento que mana de mucho más adentro, que no entiende de culturas ni de razas y que traemos de serie todos. Es la admiración por los hombres no santos pero verdaderamente libres y honestos. Un sentimiento en el que todos los seres humanos somos, por supuesto, iguales.

* Publicado en Danok Bizkaia el 28 de junio de 2013

Extraterrestres

Habrá que pensar en nuevos productos y tallas

Es definitivo: El FMI (Fondo Monetario Internacional) apuesta claramente por la existencia y pronta visita de seres extraterrestres.

Parece que han hecho números y que están convencidos de que la salud y prosperidad de nuestros mercados se recuperará en cuanto arriben al planeta esos exóticos y adinerados hombrecitos verdes, y mujercitas tal vez fucsias, que nuestros dirigentes económicos esperan sin duda para dentro de pocos meses. (Reconozco que tengo yo impaciencia por saber si es cierto lo de las antenas y las orejas en forma de trompetilla)

Viene un nuevo tiempo en el que serán estos seres quienes nos sustituirán a todos nosotros, que éramos quienes hasta ahora habíamos mantenido el consumo, la economía y el mercado.

En consecuencia, el FMI propone varias medidas para que los terrícolas de esta parte del globo abandonemos definitivamente nuestra antigua posición de consumidores y nos centremos en nuestra nueva y exclusiva tarea de producir bienes y servicios que podrán ser adquiridos por tales alienígenas pero ya nunca más por nosotros.

Las medidas son claras y contundentes: Aunque nos reconocen el éxito parcial de que los salarios estén ya a niveles de hace 6 años, proponen bajarlos aún más, facilitar el despido y subirnos el IVA y demás impuestos al consumo. Tan partidarios son de la equidad que les preocupa que las políticas de empobrecimiento (que ellos llaman de austeridad) estén tan mal repartidas. No les gusta nada que haya millones de trabajadores pobres y millones de parados y propugnan igualarnos para que todo el mundo trabaje a cambio de ingresos de estricta subsistencia. Dicen que ese reparto de la miseria activará el consumo interno (supongo yo que de cuencos de arroz y de mendrugos) pero nada dicen del mercado de verdad, del que obviamente esperan nuestra expulsión masiva.

Así que si tiene usted una fábrica, una empresa o un comercio, esté tranquilo y no se apure por esta momentánea desaparición de sus antiguos clientes. Al contrario, aproveche para hacer limpieza, deshágase casi gratis de sus trabajadores, que éramos quienes antes comprábamos, y espere confiado la inminente llegada de los platillos volantes que el FMI ya avizora.

Solo una sospecha amenaza tan prometedor panorama ¿A ver si va a resultar que esos hombres de negro son en realidad los únicos extraterrestres y que no van a venir más?

Publicado en Danok Bizkaia el 21 de junio de 2013

130 Km/h

Anda el Gobierno de España enredando con la posibilidad de permitir que en algunas autopistas, y siempre que se den determinadas condiciones de seguridad, se pueda circular a 130 Km/h en lugar de los 120 actuales. Bonita polémica. Todavía recuerdo la algarabía cuando se bajó la velocidad máxima a 110 Km/h y se nos previno entonces de toda clase de males que vendrían, algunos tan pintorescos como un supuesto aumento del gasto y de los accidentes. Finalmente el saldo económico fue de 230.000 euros invertidos en nuevas señales y 450 millones de ahorro energético (casi 2.000 veces lo gastado).

Dicen que esta nueva propuesta tiene como único objetivo contentar a los propietarios de buenos coches y a las concesionarias de las ruinosas autopistas de peaje que se construyeron con muchísimo entusiasmo y poquísimo cálculo. De hecho el partido que sustenta al actual gobierno lo reconocía así con toda claridad cuando, estando en la oposición, propuso subir el límite a 140 para “incentivar al usuario” y mejorar así la situación de tales vías de peaje.

Naturalmente las asociaciones de accidentados han replicado con datos que señalan el incremento demostrado de muertes cuando se aceptan velocidades mayores. Son cosas de la estadística, una ciencia nada proclive a la negociación o al trapicheo y por eso mismo, principal enemiga de opinadores y tertulianos como yo mismo.

Sin pretender competir con ella y limitándome, por tanto, a mi percepción personal sí diré que una buena parte de quienes abogan entusiastas por que se eleve a 130 Km/h el límite no lo hacen para respetarlo sino para poder seguir conduciendo muy por encima de esa velocidad, como es su costumbre, y que su único objetivo es que las sanciones que les apliquen si les sorprendieran sean menores. O incluso que pagando lo mismo puedan correr aún más. Son los mismos que te dan luces enfurecidos para protestar cuando adelantas legalmente a un camión coartándoles a ellos el que creen que es su derecho a seguir lanzados.

Recuerdo el día en que un buen amigo, bastante prudente en carretera por cierto, expresó con indignación pero con ingenua simplicidad esta percepción popular tan perversa y dijo: “¡No, si al final vamos a tener que ir a lo que marca!”.

Eusko melting pot

En 1952 cantaba Georges Brassens que cuando era Fiesta Nacional él se quedaba en la cama igual. Unos acordes que nos llegarían años después en la voz de Paco Ibáñez.

Parece que en Euskadi se suprimirá el festivo que implantó el anterior Gobierno Vasco coincidiendo con cada aniversario del referéndum estatutario por lo que cada cual vamos a poder quedarnos en la cama el día que mejor nos parezca ya que no habrá Fiesta Nacional contra la que poder ejercer la rebeldía de las sábanas.


Tal vez sea lo mejor: Reconocer que, de hecho, no todos los paisanos vascos estamos convencidos de vivir en el mismo país. Que Euskadi, o como usted prefiera llamarla, es diferentes cosas para cada uno y que, por lo tanto, no es aceptable ni posible que se nos imponga una fiesta, un nombre, un símbolo, un sentimiento, una cultura, una tradición o incluso un idioma.

Están los que piensan que Euskadi se estrenó como realidad política efectiva sólo con el Estatuto de Gernika. Otros prefieren ver aquello como una oportunidad perdida en un largo camino hacia otro sitio y no faltan quienes evocan -vehementes- certezas milenarias ante las que deberían rendirse las leyes y los hombres.

Somos los vascos, y las vascas, tan distintos que no puedo sino reconocer el acierto de los portavoces nacionalistas que han manifestado que es mejor que nadie imponga legalmente el reconocimiento de Euskadi como país, que unos podrán celebrar el día del Estatuto, otros lo harán con el Aberri Eguna y habrá quienes no celebren nada (sic).

¡Albricias! Si fuera cierta, ya me apuntaría yo –entusiasta- a esa novísima posición tan respetuosa con la individualidad ciudadana, tan “ilustrada” ella y, sobre todo, tan sorprendente en quienes han sido siempre primeros espadas de una simbología patria única y de una sola identidad que sería la propia y fetén de los vascos. Escucharles hoy partidarios de la multiculturalidad contra la que llevan tanto tiempo luchando me abre una ventana de esperanza junto a un inocultable atisbo de desconfianza.

Llaman los anglosajones melting pot al modelo de integración social en la que culturas y tradiciones presentes en un territorio se mezclan en un caótico puchero cultural donde la mayoría originaria acepta, disfruta y hace suyas aportaciones y valores de sus convecinos sin que nadie pretenda un resultado final concreto. Fantástico. Tal vez resulte que nos estamos normalizando al fin. I hope so.