La Iglesia despiadada
El cardenal católico Rouco Varela ha declarado esta semana que «los diagnósticos prenatales se están convirtiendo en un factor más que preocupante [porque] dificultan el nacimiento de muchos discapacitados»
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| Rouco Varela |
El ardiente deseo de discurrir con novedad
El cardenal católico Rouco Varela ha declarado esta semana que «los diagnósticos prenatales se están convirtiendo en un factor más que preocupante [porque] dificultan el nacimiento de muchos discapacitados»
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| Rouco Varela |
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| Mujeres andando |
Cuando el mundo cambia verdaderamente es cuando nuestros hijos, adultos ya, nos sustituyen en el gobierno de la vida. Y tal transformación se hace definitiva cuando se quedan solos a cargo de los que fueron nuestros proyectos y nuestros sueños, bien para continuarlos o bien para enterrarlos junto a nosotros mismos.
Viene esta inquietante reflexión para señalar que las transformaciones más importantes no son las que ocupan la actualidad sino las que van avanzando lenta pero poderosamente. Igual que las de la mar, existen mareas humanas, sociales e ideológicas pero para poder ver los cambios que nos traen hay que tener paciencia y elevarse sobre el ruido y la prisa de lo cotidiano.
La mayor revolución que ha experimentado esta parte del mundo en la que vivimos no es la que ha traído la tecnología sino la de nos ha venido de la mano de las mujeres. No hay nada que pueda compararse a que la mitad de la población, la mitad de los cerebros y la mitad de las manos salgan de una posición subordinada y cautiva y tomen parte en la vida plena de la comunidad. Es una marea que viene subiendo poco a poco desde las primeras sufragistas, que se aceleró cuando las mujeres pudieron controlar su vida reproductiva y que ahora, afortunadamente, ha impregnado casi todos los rincones de la sociedad. Pero como otras grandes transformaciones sociales, la liberación de las mujeres (utilizo deliberadamente esta anticuada pero emocionante expresión) ha tenido altibajos: Momentos de avance, en los que la justicia avanzaba y también de retroceso, en los que regresaba la sinrazón.
No es la Ley la que transforma el mundo pero la Ley puede acelerar o retrasar los cambios. Las nuevas normativas laborales, que tan falsamente se nos venden ahora como remedio a los males de la crisis, no solo van a tener consecuencias negativas en los derechos de los trabajadores, en la decadencia de las clases medias y en la consiguiente contracción del consumo y del empleo sino que van a atacar sutil pero inapelablemente la capacidad de las mujeres para avanzar en su emancipación. En un panorama de empleos precarios, miedo y desconfianza en el futuro. Con el beneficio inmediato como única medida del éxito, va a ser muy difícil que alguien se preocupe de ayudar desde la Ley a que las mujeres y los hombres compartamos tareas y responsabilidades. Todo lo contrario; como setas están saliendo los partidarios del regreso al viejo modelo familiar de esposa y madre obligada.
No pararán la marea, nadie podría, pero retardarla puede ser suficiente para que al estropicio inmediato de las medidas anticrisis se sume ahora una paulatina, y mucho más grave, vuelta a la reclusión de la mitad de las personas, con la consiguiente agudización a largo plazo de nuestro empobrecimiento. Eso sin hablar de la terrible injusticia que supone. Resistirse no es, por tanto, un problema de las mujeres sino de todos
Publicado en Danok Bizkaia el 19 de abril de 2012
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| Foto IKEA |
No hay conferencia, declaración, congreso empresarial, económico o político en el que este extraño acrónimo no se utilice hasta el aburrimiento. La “modernez” rampante que asola este principio de siglo ha acabado con el viejo I+D (Investigación y Desarrollo) y ha parido el ubicuo I+D+i (Investigación, Desarrollo e innovación), que es –por ahora- lo que mola en los informes empresariales, convertido en casi una religión a la que todos debemos someternos. No se me entienda mal, soy partidario confeso y sincero de ver cómo mejorar lo que hacemos bien y de aprender a hacer cosas nuevas (que es lo que más o menos se quiere expresar) pero prefiero decirlo así que con fórmulas raras, a las que ya veremos cuantas letritas nuevas le van añadiendo… denles tiempo.
Y como no hay como los ejemplos para hacer cosa cotidiana de aquello que se nos presentaba con ropajes mágico-empresariales, repasen innovaciones que ustedes conocen. Empresas que haciendo las cosas de forma diferente consiguen revolucionar sus mercados, tanto que allí donde aún no están se habla de ellas y se las espera, precedidas de su reputación (y de su polémica, claro). Hay quien, como Ikea, vende muebles y complementos asombrosamente asequibles que usted se lleva a casa en el momento, en lugar de esperar los 15 o 20 días de rigor (que era lo que antes significaba “entrega inmediata”). Hay quien en plena crisis, y sin pagar un euro en publicidad convencional, como Mercadona, abre supermercados, genera empleos y también titulares sobre si abrirán o no algún centro en Euskadi y cuándo. Hay quien, como Apple, con productos nada baratos, ha arrasado en teléfonos inteligentes, reproductores de ficheros musicales y que prácticamente se ha quedado para ella solita con el mercado mundial de tablets. Ahí es nada.
Y ahora se anuncia la llegada más o menos inminente de Netflix que, para los que no lo conozcan, es una empresa que ofrece miles de películas y series en su televisor u ordenador, con calidad y de forma completamente legal, pagando una cuota fija asequible. En Estados Unidos y Canadá tiene ya 25 millones de suscriptores. Puede ser no solo el fin de las descargas ilegales sino el abismo para la audiencia de televisiones públicas y privadas. Veremos.
Son ejemplos de empresas que han hecho las cosas de forma diferente, que han revolucionado sus mercados y nuestras formas de consumo, que han creado el cambio. Los sectores en los que están ya no se entienden sin ellas. Hay quien las ama y quien las odia, por supuesto, pero siempre es más interesante observar y aprender del innovador real que escuchar al último conferenciante que nos habla de ese I+D+i, a la que solo le falta una cruz más para convertirse en un auténtico calvario.
Quienes se toman a sí mismos con un poco de humor tienen bastante felicidad ganada de antemano.
Fotos tomadas por mí en Carabanchel, Madrid.
Dicen que los urbanitas hemos perdido a lo largo de generaciones de vivir en ciudades los conocimientos tradicionales vinculados al campo, a la naturaleza y a las tareas agrícolas, aquellas que marcaron la vida de las personas hasta hace bien poco. Hoy parece mentira pero hasta los años 60 la agricultura era la principal fuente de riqueza y empleo de España.
A nosotros la primavera no se nos anuncia ya en el nuevo aspecto de los bosques y las riberas de los ríos sino en los escaparates de las farmacias, donde año tras año el regreso del calor es precedido por las fotos de espectaculares mujeres que promocionan productos contra una celulitis que las propias modelos obviamente desconocen. Entra uno a por el omeprazol y en la cola comprueba aliviado cómo los fríos van quedando atrás y se anuncian tiempos más benignos, que pronto animarán a aligerar la ropa.
A lo que iba. Es verdad que la vida urbana nos ha hecho perder muchos conocimientos valiosos. Ignoro mucho más que lo que conozco respecto a todo y mi desconocimiento es “sideral” respecto a las cosas del mundo rural, pero confieso que me provoca escalofríos saber que quemar el monte, destruir la propia riqueza de forma intencionada y brutal ha formado parte siempre de la parte negra de ese cosmos tan ajeno. Aquí en el metro preferimos pensar que detrás hay intereses económicos oscuros porque de otro modo nos resultaría monstruoso e incomprensible. Pero la verdad es que el monte no se quema, lo queman, siempre se ha hecho, siempre se ha sabido. Siempre ha sido monstruoso.
En este momento escribo sin saber si se habrá conseguido apagar el incendio provocado en las Fragas de Eume, en Galicia, pero sí sé que no será fácil recuperar esa fabulosa mancha de bosque atlántico, que ha perdido 750 Hectáreas, 350 de ellas de excepcional valor ecológico y naturalístico.
Han dicho las autoridades locales que » la sociedad está harta» de los pirómanos. Que «no está dispuesta a permitirles seguir impunes” y también que se les perseguirá “con la misma fuerza que se denuncian las acciones delictivas» (sic). ¿Por qué queman el monte? ¿Quién sigue impune? ¿Es que antes no eran acciones delictivas?. De verdad que no entiendo nada. Voy a bajar a por una caja de analgésicos.
Hace dos semanas publiqué en esta columna un texto que advertía de que recortar los derechos y las remuneraciones de quienes vivimos de una nómina no iba a tener los benéficos resultados que, con alegría sin cuento, le atribuyen los gobiernos que lo impulsan o las entidades bancarias y empresariales que lo aplauden.
Avisaba de que siendo yo, por ahora, un privilegiado en mis ingresos, sin embargo ya he empezado a establecer hábitos de consumo fuertemente restrictivos. A la fuerza después de escuchar tantas veces ese mantra de que “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades” y escuchárselo, precisamente, a los que concedieron miles de créditos por encima de sus posibilidades de cobrarlos, empaquetaron hipotecas basura por encima de cualquier posibilidad de ejecutarlas o apostaron por un crecimiento ilimitado y eterno, por encima de cualquier posibilidad real. Justo a esos.
Pues a mi “huelga particular de consumidor” parece que se está sumando mucha gente más, ya que esta semana se ha sabido que en los últimos dos meses la recaudación por IVA se ha desplomado en Euskadi nada menos que un 21% mientras el conjunto de la recaudación ha caído un 4,7%. Les juro que no he podido ser yo solo.
La creación de una clase media potente y dinámica es un proceso lento y caro: hace falta dinamismo y libertad de empresa, por supuesto, pero también hacen falta servicios sanitarios accesibles y de calidad, educación generalizada y de alto nivel, libertad política, competencia no fingida, transparencia en el manejo de lo público, acceso al derecho, infraestructuras, una red bancaria y empresarial eficiente y profesional y, en definitiva, una sólida cultura democrática y cívica. De hecho democracia y clase media suelen ser valores que aumentan o disminuyen ambos a la vez.
Pero para desmontar esa sociedad imperfecta pero solidaria, decente, libre y próspera que era lo normal en Europa durante décadas, solo hace falta ir destruyendo las redes públicas que la han cohesionado y que han permitido que cada generación haya podido vivir mejor que sus padres. Y eso es lo que se está haciendo precisamente.
Debilitar a la clase media es una mala idea económica. Las sociedades con multitudes paupérrimas y oligarquías opulentas tienen poco futuro, el Tercer Mundo está lleno de ejemplos. Pero me temo que quienes demostraron tanta avaricia como ineptitud a la hora de gestionar el capitalismo ultraliberal sin reglas, vuelven ahora con las mismas gafas de madera a decirnos lo claramente que ven que nuestro empobrecimiento va a resultar beneficioso para todos. Me asalta la sospecha de que no sean tan tontos como se lo hacen y que lo que busquen con esas mentiras es que recortando nuestros ingresos perdamos también parte de nuestra libertad. ¿A ver si va a ser eso?
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| Azulejo conmemorativo del Bicentenario de la Constitución de 1812 |
Supongo que es ley de vida que cada generación crea que su tiempo es el auténticamente decisivo y que es ella la llamada a entregar definitivamente a las venideras un mundo si no perfecto al menos casi perfecto. Tamaña estupidez no se sostiene un minuto en una mente mínimamente reflexiva pero, sin embargo esa sensación de que “lo importante” es lo que hacemos la gente de nuestra edad y el resto son excentricidades de jóvenes o de viejos, tiene un asombroso e inexplicable éxito.
Estos días se están celebrando actos institucionales en conmemoración del bicentenario de la aprobación en Cádiz de la Constitución de 1812, puede que la más progresista y liberal de su momento. Fue conocida popularmente por “la Pepa”; nombre bien gracioso que solo podía provenir de una ciudad del Sur, pero nombre también cuya invocación costó la vida a muchos españoles, lo que no tuvo en verdad ninguna gracia. ¡Viva la Pepa! fue en tiempos un grito subversivo y revolucionario, muy caro para quien fuese sorprendido pronunciándolo después de que la reacción, el atraso y el miedo recuperasen en España -para mal- los territorios de libertad que aquella Constitución había ganado en Cádiz para bien.
Viene esta breve alusión histórica a que las generaciones que nos precedieron también tuvieron sus momentos de lucha, de gloria, de éxito, de libertades y de derechos, pero que, sin embargo, lo conseguido en unos momentos se perdió también en otros, que la historia de la gente de la calle, no ha sido nunca un camino recto. Nada de eso. La historia de las generaciones que nos precedieron ha sido de altibajos, de avances y retrocesos, de alegrías por lo logrado y de tristezas por lo después perdido. 1812 fue un momento de especial efervescencia de la libertad y, posiblemente por eso, la destrucción de aquella esperanza fue también especialmente dura y dramática.
No entregaremos a nuestros hijos un mundo perfecto, pero al menos deberemos intentar, por pura dignidad, que no sea en nuestro tiempo en el que se pierda lo que habíamos conseguido para nosotros, cosas que llegamos a creer afianzadas para siempre y que ahora están en peligro. No nos asedian las tropas napoleónicas, como entonces, pero sí los intereses de los mercados y las grandes empresas. No nos han secuestrado al Rey pero no le harán ascos a quedarse con la sanidad o la educación públicas. Con los derechos de los trabajadores ya han empezado.
Puesto que tan solo nos toca transitar por algunos peldaños en la escalera de la historia intentemos subir cuantos podamos y bajar los menos posibles; si puede ser ninguno. Y no nos dejemos empujar escaleras abajo. Puede que sólo con eso ya hayamos logrado mucho.
Aviso a Seat, Renault, Vw, Ford, Opel… de que he reparado mi viejo coche y que ya he descartado completamente cambiarlo. Aviso al BBVA, Santander, La Caixa, Kutxa…de que he renunciado a aquella compra que tenía pensada y que no necesitaré ya pedir ningún crédito. Aviso a Bimbo, Danone, Nestlé, Campofrío, Henkel, Fairy, Ariel… de que me he convertido en un experto en marcas blancas, que son las únicas que llenan ahora mi carro.
Aviso a El Corte Inglés, Inditex, Cortefiel, Hispanitas….de que ya solo compro ropa en outlets o en rebajas. Ah! y que conozco todas las modistas de arreglos de mi barrio. Aviso a Cepsa, BP, Repsol, Shell, Petronor, Avia… de que me acostumbré a conducir despacio cuando la limitación a 110 y que ahora paso de largo por muchas gasolineras. Y, por supuesto, en los viajes largos uso el bus.
Aviso a Prisa, Vocento, Mediapro, Mediaset, Euskaltel y Movistar que la TV de pago ni siquiera la tengo como opción y que he descubierto que se vive perfectamente sin comprar todos los días todos los periódicos. Aviso a las cadenas Barceló, Sol, Zenith, Meliá… de que ya he reservado plaza en un camping para este verano en lugar del hotel de playa de los pasados años.
Soy un privilegiado. Tengo un buen sueldo, excelente en comparación con el de la mayoría de mis amigos, así que estas decisiones no son nada comparadas con las que, sí o sí, han de tomar ellos y otros muchos millones de consumidores. Porque -señores- no olviden que austeridad es NO COMPRAR.
Quienes hoy aplauden entusiasmados esta reforma laboral que precariza los empleos, que expulsa a la clase media del mercado, que destroza la esperanza de los jóvenes más preparados que miran al extranjero como hicieron sus abuelos, mejor harían en no recalentarse las manos con tanta ovación porque tal vez las necesiten para cavar con ellas la tumba de los negocios que hasta ahora les hicieron ricos.
Quien paga sueldos nimileuristas no puede ser tan tonto como para creer que el resto de empresas no harán lo mismo que él y que, por lo tanto, al cabo no habrá consumidores capaces de comprar lo que él tanto necesita vender. Es obvio. Falta solo saber cuánto tardarán en darse cuenta y a cuánta gente habrán destrozado para entonces.
Aviso de que mi huelga particular empezó antes del 29 y que se prolongará mucho después. ¿Y la de usted?
Hace ya unos años, cuando mis tareas profesionales estaban vinculadas a los proyectos de regeneración de la ciudad, el proyecto de la torre de Abandoibarra nos causó bastantes quebraderos de cabeza a quienes trabajábamos en la sociedad Bilbao Ría 2000.
Ayer, por cortesía de Iberdrola, pude pisar la azotea de aquel edificio que ya no es una maqueta como aquella con la que Ángel, Javier y yo anduvimos pisando ferias y exposiciones, sino una realidad.
La torre y la plaza de Euskadi frente a ella han quedado fantásticas.