2012

Cierran Garoña… sin querer

No deja de tener su guasa que haya tenido que venir un gobierno de derechas para que la central nuclear de Garoña cierre para siempre. Desde finales de los 70´s del siglo pasado, Garoña ha sido blanco de infinidad de movilizaciones, marchas y protestas. La central es antigua, desde luego, pero ha demostrado una indiscutible resistencia, no solo contra los peligros inherentes a su propia actividad sino también contra el acoso del movimiento ecologista (que entonces se llamaba directamente antinuclear). Superó el paso de una dictadura a una democracia, aguantó gobiernos de uno u otro color y las polémicas consiguientes. Y en los últimos años hasta ha sobrellevado el desprestigio que le acarreó el accidente de su gemela en Fukushima.

Todo lo ha soportado estoicamente Garoña, todo menos un cambio aparentemente menor en la política energética impulsado por el Gobierno Rajoy. ¡Qué cosas! De nuevo la contabilidad vence a la épica. Lo que fue imposible tras décadas de manifestaciones, críticas y ruidosos debates políticos, lo ha conseguido en un pispas un ministro y un partido que, paradojas del destino, se habían manifestado con vehemencia a favor de la continuidad de la central. Tanto era así que el ministro Soria ha confesado en rueda de prensa que la decisión de la empresa de abandonar su actividad le ha pillado completamente por sorpresa.

Convendría que aprendiésemos de esto alguna lección; que fuéramos mucho más conscientes de que la política es el difícil arte de establecer buenas reglas de juego para sociedades complejas como son las nuestras. Un político solvente debería ser capaz de prever que cuando toma una decisión, o la contraria, algunas consecuencias puede que sean distintas a las que pretende de entrada: Si encarecemos el acceso a la educación, sin duda reduciremos gastos pero deberemos asumir que habrá más gente expulsada del sistema, que se buscará la vida en la calle… y que algún día todos pagaremos un precio por ello. Cobrando los medicamentos a los jubilados crónicos ahorraremos algún dinero hoy que seguramente tendremos que gastar multiplicado mañana, cuando muchos de ellos acudan a urgencias. Y como estos ejemplos, cientos. Garoña es solo uno más.

Son precisamente las decisiones que parecen pequeñas las que tienen consecuencias más profundas y duraderas. Esa es la verdadera esencia de la política y su auténtica dificultad. La pasión por las soluciones inmediatas y milagrosas puede que resulte grata para una sociedad que parece necesitar que cada día sea un espectáculo, pero es uno de los caminos que nos llevan al seguro deterioro de la política, de su utilidad y -claro- también de su credibilidad. Un ministro no puede decir, como hace mi niña: “Ha sido sin querer”.

Publicado en Danok Bizkaia el 14 de setiembre de 2012

El miedo y el mercado

Regresados del verano tanto este periódico como quienes todavía hemos podido pagarnos unas vacaciones, retomo la columna con una reflexión de plena actualidad. ¿Prestaría usted su dinero a alguien que cada día que pasa es más pobre? ¿Le consolaría mucho saber que, aunque no recuperará el dinero, su deudor lo va a pasar fatal?. Mi respuesta sería en ambos casos no. Rotundamente no.

Si, como yo, no quisiese usted dejarle su dinero a quien no podrá devolvérselo, compartirá también conmigo el asombro que me causa que la estrategia del Gobierno de España ante quienes nos pueden prestar sea, precisamente, la de demostrarles lo muy pobres que estamos dispuestos a ser y lo mucho que estamos dispuestos a sufrir. Como si a los prestamistas internacionales les moviese la misericordia (o el sadismo) en vez del interés económico.

Admira que se nos presenten los llamados mercados con un enfoque tan absurdo, olvidando que son negocios y atribuyéndoles comportamientos cuasi-divinos. Así se habla de “calmarlos”, de que vean cómo nos “sacrificamos” y cómo nos “esforzamos”, de que “valoren nuestra austeridad”. Delirante.

Como si se tratase de una de aquellas crueles deidades de la antigüedad ante las que se asesinaban ritualmente vírgenes o niños para asegurar las cosechas o la victoria militar, nosotros ahora ofrendamos a los mercados en sacrificio cosas como nuestra salud… (desmontando la sanidad pública), a nuestros hijos…(minando la educación que les daba oportunidades), el bienestar económico…(destruyendo la capacidad de compra de la gente), o nuestras posibilidades de innovación futura… (acabando con los proyectos de investigación). Y lo peor es que a todas esas “muertes sociales” se les atribuye hoy la misma inapelable eficacia que a aquellos sacrificios humanos. Habremos cambiado las túnicas sangrientas por las corbatas de seda pero está visto que la superstición sigue intacta. Usted me dirá.

Algunos dicen que el Gobierno de España está aprovechando la crisis para desmontar los derechos de la gente que tanto han incomodado siempre a la derecha. Tal vez. Puede que la voladura de los servicios públicos sea en realidad una maniobra para que finalmente los puedan comprar baratos las empresas amigas. Quizá se trate de utilizar el miedo para mantener a la ciudadanía dócil y callada ante tanto estropicio. Todo eso es indecente, claro, pero lo que me resulta más alarmante es que realmente puedan llegar a creerse en serio que empobrecer España va a ser aplaudido por nuestros acreedores.

No me extraña que los mercados, lógicamente aterrados a la vista de estos locos españoles que se afanan en destruir su propio futuro, nos presten dinero con intereses de usura. La prima de riesgo se ha convertido en el termómetro de nuestros problemas pero también en el indicador del miedo que damos.

Publicado en Danok Bizkaia el 7 de setiembre de 2012

Injusticia y cinismo

Foto elblogoferoz.com

El Ministro de Injusticia, Ruiz-Gallardón, movido por sus profundas convicciones cristianas, va a suprimir uno de los supuestos en que el aborto era legal en España, además de legítimo: El que se aplicaba en caso de que el feto presentase graves malformaciones y así lo certificasen varios médicos. Se condena así a muchas familias (esa palabra con la que tanto se les llena la boca a la gente de derechas) a pasar por el calvario de ver nacer y seguramente morir a un hijo o hija que en muchísimos casos nunca podrá conocer otro lugar que la incubadora o la cama de una unidad hospitalaria, nunca otra vida que el dolor y jamás una alegría ni una risa. Porque las enfermedades graves en los no nacidos son así de terribles. Terribles para ellos y demoledoras para sus familias. Sólo podrá una mujer librarse de tal tortura si dispone de dinero para poder ir a una clínica en algún país extranjero que no tenga ministros cristianos tan despiadados como Don Alberto.

El ministro desde luego no es tonto y como sabe que recortar el derecho al aborto le reportaría justas y razonables acusaciones de reaccionario (a él, que tanto ha trabajado para crearse una impostada imagen de progresista) ha tenido, además, el cinismo de hacer pasar como defensa de las personas con minusvalías lo que es un ataque directo contra las mujeres y sus derechos.  El ministro del mismo Gobierno que ahora dinamita las ayudas a las personas dependientes, se permite la insolencia de apelar a los mismos a quienes abandona para utilizarlos como munición mediática contra el derecho que todo el mundo civilizado reconoce a las mujeres.

El Gobierno cuyo presidente había prometido llamar al pan: pan y al vino: vino, se ha convertido en el parque temático del eufemismo, de la apariencia, de la manipulación de la información y aún de la mentira directa. Es normal que nadie les crea en Europa ni en los mercados, que nadie se fíe de España y nadie nos fíe.

Yo tampoco me fío y ya no sé cuáles de todas las voladuras que están llevando a cabo en nuestra economía y en nuestros servicios eran auténticamente imprescindibles y cuántas destrucciones están impulsando por propia convicción, simplemente porque siempre les pareció que la gente común tenía demasiados derechos y posibilidades, tal y como ha hecho ahora el ministro Ruiz-Gallardón imponiendo un sufrimiento inútil y terrible a las mujeres humildes.

Publicado en Danok Bizkaia el 27 de julio de 2012

Huelga de niños

Pronto España vivirá nuevas protestas por la destrucción de casi todo aquello que nos convertía en un Estado europeo más. Abrumado por la premura que le imponen Europa y los mercados el Gobierno ha decidido abandonar el bisturí y coger la motosierra. Y a quien no le guste “que se fastidie”.

Foto Mayerly Martinez
Trabajadores empobrecidos, sanidad de pago, ancianos y dependientes a su suerte, paro desbocado y con menos derechos, educación la justa para que los pobres no dejen de serlo. No es raro que haya protestas, nos venden un futuro sin red pública alguna en el que una contrariedad laboral, familiar o de salud puede dar al traste con cualquier proyecto vital. Solo los auténticamente ricos podrán tomar decisiones, no las exhaustas clases medias, ni los castigados trabajadores. De los jóvenes ni hablamos.

Así que no es raro que un estudio oficial publicado en Euskadi estos días revele que el 77% de las personas ha decidido no tener hijos. Es un porcentaje 21 puntos mayor que hace once años. Y no es que se retrase la edad de maternidad, como venía ocurriendo, es que sencillamente se descarta. Así lo hace el 44% de los jóvenes y el 79% de los que ya han cumplido los 30 (ojo que la edad media a la que se tiene el primer hijo son 27 años). Es una sociedad moderna que reacciona con decisiones propias de su tiempo cuando se siente amenazada.

Se cansarán los moralistas (sean religiosos o ricos) de despotricar contra el “egoísmo” de los jóvenes pero de nada les servirá. Ya no volverán sumisos al “todos los que nos dé Dios”. Las mujeres han recorrido un tramo enorme en el camino de su libertad y dignidad que no van a desandar de ninguna manera. Porque el 66% reconoce que, en las condiciones actuales, los hijos son todavía un obstáculo para la carrera profesional de las madres.

Al principio faltarán clientes de cochecito y sobrarán columpios pero antes de lo pensado faltarán trabajadores, creadores, compradores y, sobre todo, pagadores de impuestos y de pensiones. Esta huelga íntima y silenciosa de biberones caídos es una protesta más profunda y más decisiva que cualquier manifestación. Y posiblemente es un efecto secundario con el que no cuentan quienes toman decisiones pensando en la próxima subasta de deuda y no en la próxima generación. El árbol que la motosierra tala en un minuto, necesitó varias décadas para crecer.

Publicado en Danok Bizkaia el 20 de julio de 2012

Rezando y disimulando

Hasta hace poco las mezquitas eran para nosotros esos fascinantes templos de los países árabes. En Córdoba teníamos una, llamada oficialmente Santa Iglesia Catedral, pero que todo el mundo conoce como “La Mezquita” y en calidad de tal la visitan cada año miles de turistas que religiosamente abonamos el precio de la correspondiente entrada a la iglesia Católica. Si uno viaja por la península verá muchas torres de iglesia con sospechoso aspecto de no haber sido construidas originalmente para acoger campanas sino muecines.

Mezquita en Bilbao

Pero ahora resulta que las humildísimas mezquitas bilbaínas ocupan la prensa local y los esfuerzos de nuestros ediles. Tras ruidosas protestas vecinales una nueva normativa municipal buscará “conciliar el derecho a la libertad religiosa con la convivencia” prohibiendo que haya lugares de culto en edificios de viviendas. Menos mal que no tendrá carácter retroactivo porque conozco varias parroquias en bloques de pisos.

Algunos representantes de credos no católicos han puesto el dedo en la llaga, como hizo Santo Tomás con Jesús y, apelando a las pintorescas razones esgrimidas, han dicho que no entienden que en un bajo pueda abrirse un ruidoso pub y no así un oratorio.

Hace un par de años los suizos votaron prohibir la libertad de algunos de sus conciudadanos, de unos 410.000 aproximadamente, e impedirles que construyesen ningún minarete más de los 4 que ya había en las 180 mezquitas del país. La diferencia fue que allí las autoridades se mostraron públicamente consternadas por una decisión tan contraria a la libertad mientras aquí hay responsables municipales que se apuntan a la manifestación, eso sí, en defensa de la convivencia y la seguridad, ¡faltaría más!

Bastantes de los problemas que ahora nos asolan tienen que ver con el pánico insuperable de la política a ponerse en contra de alguien, con el pavor a expresar cualquier verdad incómoda. En esto no avanzaremos ni un paso mientras no afrontemos el asunto de cara. Mientras sigamos enmascarando la aversión colectiva a la religión musulmana en falsas razones de “seguridad”, “aforos”, “vías de evacuación” y otras evidentes caretas.

Tampoco podremos exigir a nadie que respete los derechos de los demás si las primeras en vulnerarlos son las instituciones que hemos elegido para hacerlos firmes. La afición por el disimulo y el fingimiento públicos son siempre criticables pero más aún cuando toca defender libertades ciudadanas básicas.

Publicado en Danok Bizkaia el 13 de julio de 2012

¿Creencias o interés?

Parece mentira el prestigio que han adquirido el mercado, el beneficio y el interés. Tanto que lo contamina casi todo. Si usted toma una decisión personal que no le beneficia obvia e inmediatamente queda como un idiota. Si su sentido de la humanidad le anima a realizar algún tipo de voluntariado no faltarán en sus propios círculos quienes le vean como un friki; un excéntrico que “canaliza sus frustraciones” en la parroquia, en la DYA, en la Cruz Roja o en cualquier ONG solidaria.

Es asombroso con qué displicencia se desprecia hoy la bondad y la moral, que en su día nos enseñaron como valiosas. El egoísmo se pretende ahora disfrazar de inteligencia y lo peor es que lo consigue las más de las veces.

Pasa en todo y, desde luego, también en la política. Parece como si lo bueno fuese que las personas no tuviésemos creencias, que mejor que no cargásemos con una forma propia de ver el mundo, con una imagen de lo que es justo y deseable y de lo que no lo es. Creer en algo, sentirse vinculado a un proyecto colectivo y defenderlo es visto por “los listos de la opinión” como una especie de horterada, como algo deleznable reservado en exclusiva a los atontados miembros de cada partido político concreto pero ajeno al verdadero ciudadano que, naturalmente, votaría y opinaría sin lastre moral alguno, pensando única y exclusivamente en su propio interés inmediato.

Los seres humanos somos complejos, tenemos intereses, por supuesto, tanto personales como de grupo, tenemos sentimientos de pertenencia y también tenemos un criterio moral propio: una forma concreta de ver las cosas de nuestro mundo cotidiano y del mundo en general. No es baldón ni vergüenza, todo lo contrario, es parte de nuestro ser. Todos defendemos nuestro interés, por supuesto, pero la gente valiosa es la que se mueve sobre todo por lo que le dicta su intuición y su corazón. Sobre todo porque ambos suelen ser más solidarios que su cuenta de ahorro.

Por supuesto que en medio de ese lío enmarañado adoptamos muchas decisiones tomando en cuenta a medias la razón y la emoción -claro que sí- y por supuesto que haciéndolo nos equivocamos muchas veces (aunque seguro que no más que los que se creen tan listos) pero ni podemos ni debemos renunciar a nuestros sueños, a los que nos hacer personas de verdad: Distintas en lo pensado pero iguales en pensar.

Cuando alguien le reproche que usted siga creyendo en cosas que no le benefician directamente no crea que esa persona es más lista ni mejor que usted, sólo es más cínica.

Futbolidad y alevosía

Foto

Anteayer, a la hora en que “la roja” jugaba la semifinal de la Copa de Europa, los ciudadanos de toda España (usted y yo incluidos) nos hicimos definitivamente dueños de un banco que se llama BFA (Banco Financiero y de Ahorros) del que pocos habíamos oído hablar antes. El BFA es la matriz de la -esa sí- famosa Bankia, heredera (es un decir) de Cajamadrid.

Mientras Iniesta caracoleaba por el césped de nuestras pantallas de televisión, nos metieron por la escuadra un balón de 13.635 millones de euros, nada menos.

Después de escuchar insistentemente que el dineral que estamos aportando los ciudadanos para salvar los desastres de algunas cajas eran una inversión y no un gasto, ahora resulta que nos hemos convertido todos en dueños absolutos del desastre, que nos hemos quedado con la propiedad definitiva de la basura y nos dicen ahora, justo en mitad del segundo tiempo del partido, que han salido del consejo de administración del banco aquellos que sí se aprovecharon de su puesto cuando decían que todo iba bien.
Para que se haga usted una idea la cantidad descubierta cubriría cinco veces, cinco, todo el dinero que se invierte en el sistema educativo vasco. Menudo penalti, ¡oiga!

Me irrita enormemente que los antes ruidosos adalides del mercado libre, políticos y no políticos, muy presentes de siempre en Cajamadrid y contrarios a toda intromisión en sus decisiones defiendan tan poquito el mercado libre ahora que todo va mal y echen encima del Estado (o sea de todos los ciudadanos) las decisiones que antes reclamaban libérrimas y cuyas consecuencias ahora les queman en las manos.
La libertad de mercado, parece que solo es efectiva cuando usted tiene una tienda, un negocio, un despacho profesional, una empresa mediana, en donde puede que consiga ganar pero donde debe asumir el riesgo de perder. Sin embargo cuando se trata de algo suficientemente grande, tanto que resulte estratégico para el país, quienes toman ahí las decisiones, con tan vehementes apelaciones a su intocable libertad, en el fondo saben que si la cagan el Estado vendrá detrás a apagar el incendio con nuestro dinero. Ese mismo que hemos sabido que a partir de agosto ya no podremos destinar, por ejemplo, a medicamentos antidiarréicos.

Y, aunque suelo ser poco dado a creer en conspiraciones, no he podido evitar pensar que tomar esa decisión en medio de un partido es una indecencia y una falta de respeto intolerable. Disculpen ustedes mi irritación de hoy, que no es intestinal sino ciudadana.

Publicado en Danok Bizkaia el 29 de junio de 2012

Chorros de alegría

Hoy vuelvo también con buenas noticias…creo. El puerto de Getxo ha recibido estos días una nueva visita de delfines. Parece que esta vez estuvieron un buen rato explorando la zona deportiva para curiosidad y alegría de los paseantes y de los marineros que se afanaban repasando sus barcos atracados. Aún recuerdo que hace unas décadas, para contemplar los pocos cormoranes que se avistaban en Urdaibai teníamos que trepar por resbaladizos riscos y peñas. Ahora muchos de ellos se secan al sol con sus alas extendidas en plena dársena de Lamiako y los he visto pescar tranquilamente junto al mercado de la Ribera de Bilbao o en Bolueta. Según dicen los técnicos, los niveles de oxígeno en la Ría, que un día fue cloaca, se recuperan claramente.

Cormorán y garcilla. Foto Gara

En medio de tanta mala noticia como nos dan cada día, alegra saber que nuestra capacidad de destrucción de los ecosistemas cercanos es, por fortuna, menor que la inmensa fuerza de la naturaleza por reconquistarlos. En cuanto dejamos de verter, de talar, de envenenar, de arrasar en general, la vida regresa tenaz y donde creímos que jamás volveríamos a ver sino restos de nuestra ambición irresponsable resulta que hoy nos sorprende la llegada especies tan simbólicas y extraordinarias como estos cetáceos salvajes.

Seguramente el falso convencimiento de que somos capaces de destruir el planeta es un signo más de nuestra particular vanidad como especie supuestamente elegida. Es seguro que somos capaces de arruinar nuestra propia civilización, como hemos hecho ya con varias. Sin duda nos las apañamos fenomenal para ensuciar el mundo que nosotros mismos necesitamos limpio y en el último siglo nos esforzamos con absurda vehemencia en inventar armas capaces de acabar con la humanidad entera a la que pertenecemos. En definitiva que si somos un peligro como especie, lo es sobre todo hacia nosotros mismos, porque es evidente lo rápidamente que la naturaleza volverá a hacerse con nuestras costas y nuestros ríos en cuanto desaparezcamos.

Pero como veo que me estoy despeñando por el pesimismo antropológico, optaré por ver las cosas de otro modo: no solo hay esperanza sino que el planeta premia enseguida nuestro respeto. Vale la pena el esfuerzo, y no hace falta esperar generaciones para ver el resultado, los delfines de esta semana han venido a demostrárnoslo hasta la misma puerta de casa, con razón la gente los miraba con alegría.

Publicado en Danok Bizkaia el 22 de junio de 2012

La Ley del Sentido Común

 

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Solo he estado en Copenhague una vez y, además de la belleza de las mujeres y del frío que hacía incluso al sol, me asombró ver que miles de bicicletas comparten allí las calles y calzadas de forma mucho más caótica de lo que aquí imaginamos. Un ejemplo: para subir o bajar del autobús urbano hay que atravesar casi siempre el carril bici con cuidado de no ser atropellado. Los ciclistas paran, los viajeros miran con prudencia y no hace falta una señal ni menos aún un guardia.

Nada que ver con el afán regulador que nos asola aquí, donde al menor conflicto siempre surge la voz justiciera que exclama: ¡Qué hagan una ley!… ¡debería estar prohibido!…¡qué hace el Ayuntamiento!…¡que traigan más policías!… Despotricamos del Estado mientras exigimos su presencia reguladora, controladora y represora a cada instante y en todo lugar.

Queremos forzar la Ley hasta lo imposible, pretendiendo que ordene cada aspecto cotidiano de nuestra vida…tal vez para así poder dimitir de ella.

Y, claro, desdeñamos por incómoda la inevitable complejidad de las cosas: Fue la ley la que impidió el acceso de menores a los bares y la realidad nos devolvió el golpe con un nuevo fenómeno social multitudinario; el botellón.

En estos días se recrudece la polémica sobre la necesidad de que sea también la Ley la que les diga a las parejas rotas lo que deben hacer con sus hijos pequeños y con sus pequeños bienes. Como si la Ley pudiera reparar el amor o repartir el afecto. Como si el Boletín Oficial pudiera calmar el odio o ahuyentar el miedo de los niños.

Es difícil hacer buenas leyes para regular las grandes cosas pero es imposible reglamentar cada caso, cada anécdota, cada familia, cada rencor, cada acto generoso. No hay forma de meter los besos en un decreto. Ya deberíamos saber que la vida no trae libro de instrucciones y que la Ley jamás podrá suplir esa carencia, bendita carencia.

Pero no aprendemos. Leo estos días que un sindicato de ideario anarquista denuncia presiones empresariales y vecinales contra los repartidores que buzonean publicidad en Barakaldo y para solucionarlo reclama que se promulgue un estricto reglamento municipal (y supongo que un policía en cada portal para hacerlo cumplir). ¡Eso…los anarquistas!

Me parece que la Ley del Sentido Común es la mejor para las cosas cotidianas, no necesita mayorías parlamentarias ni debates acalorados pero sí necesita que nos hagamos cargo de nuestras propias vidas con prudencia, paciencia y respeto por los demás. Si un día va a Copenhague, tenga un poco de cuidado al subir al bus. Ya verá cómo las guapas ciclistas también lo tendrán.

Publicado en Danok Bizkaia el 15 de junio de 2012

¡Váyase Vd. a paseo!

http://www.lasedades.es/

Parece que el miedo y la angustia son ya las únicas mercancías que nos suministran “los mercados informativos”. No ganamos para sustos. Leer periódicos, ver la tele o escuchar la radio empiezan a ser actividades de riesgo cardiovascular, así que hoy no quiero contribuir al coro oficial de asustadores y me voy a permitir salirme del guión para ver si aporto una proposición positiva y, a estas alturas, creo incluso que terapéutica.

Quede usted con un amigo o amiga de esos a los que tiene siempre pendiente llamar. Improvise. Mande un mensaje o llame y propóngale un plan absurdo, una propuesta sin motivo, un porquesí. Este fin de semana puede ser una oportunidad inmejorable, un ejemplar único -como cantaba Serrat. Cualquier plan vale que les saque de la rutina. Si el primero de la lista no puede, llame a otro, no se desanime.

Si de verdad lo hace descubrirá que no hace falta ningún motivo concreto para llamar a un amigo, que una visita a un pueblo de esos a los que “un día tengo que ir” es tan simple como poner día, hora y hacerlo. ¿Cuánto hace que no circula por esa carretera general que discurre junto a la autopista? Si no quiere gastar gasolina o no conduce, hay trenes que van a sitios que no ha visitado desde niño, se lo aseguro, y hay exposiciones y lugares que resultan una excusa perfecta para hacer ese día algo totalmente diferente. No se avergüence de llamar, no necesita razones. Use a sus amigos y déjese usar por ellos.

Mi plan de los últimos días fue subir en moto a Oña, en Burgos, a ver la fabulosa exposición de arte religioso “Las edades del Hombre”, que este año se muestra bajo la denominación “Monacatus”. Lo hice con un amigo al que veo una o dos veces al año. Me llamó ni sé para qué e improvisamos: Maravillosa carretera BU 550, excelente presentación de las piezas artísticas y asombroso monasterio de San Salvador de Oña. Hemos quedado en repetir, y tal vez lo hagamos de verdad.

Ese fue nuestro plan. El suyo seguro que es diferente pero –insisto- ¡váyase a paseo! sólo o con alguien con quien tenga pendiente quedar. Tiene usted más amigos de los que cree. Improvise y descubrirá también que lo imprevisto será parte del atractivo de la cita, como lo es de la vida misma.

Y olvídese por unas horas de angustias y zozobras, que ya está bien. Ya leerá los periódicos a la vuelta…si quiere.

Publicado en Danok Bizkaia el 8 de junio de 2012