2011

Argumentos de autoridad

Congreso de los Diputados
Real Academia Española

La Comisión de Política Territorial del Congreso de los Diputados se ha equivocado hoy creyéndose con autoridad para decretar cómo debemos escribir el nombre de las provincias vascas los hablantes del español de todo el mundo. Desde hoy ya sabemos los argentinos, los chilenos, los filipinos hispanohablantes, los andaluces y los vascos que cuando escribamos Vizcaya o Guipúzcoa en ese idioma que compartimos estaremos cometiendo un error ortográfico y que deberemos escribir Bizkaia, Gipuzkoa y Araba/Álava (sic)

No es una actitud nueva, ya se vio una cosa parecida cuando decidieron que los hispanohablantes de todo el planeta debíamos escribir, y decir: A Coruña, Lleida o Girona.

No sé cuál es mayor error, si creerse que las instituciones son las dueñas del país, en lugar de sus administradoras, o creerse que los españoles somos los dueños del español, en lugar de un pequeño grupo de sus hablantes. Me queda el consuelo de que seguramente no será ni una cosa ni otra sino una simple pose facilona para contentar a los partidarios de que en Euskadi y Cataluña el castellano sea tratado como un idioma incorrecto en lugar de cómo lo que es: uno de los dos idiomas propios del país. En el fondo se trata de una posición política que, obviamente, no comparto.
 

Aunque nadie hablase ya castellano en el País Vasco y no fuese, como es, no solo cooficial sino el único idioma de la mayoría de sus habitantes; aunque así ocurriera, sería absurdo pretender que los hablantes del Español no tuviesen derecho a poner en su propia grafía los nombres de unos territorios que ni siquiera en esa hipótesis les serían ajenos.
 
Todos los idiomas tienen términos acomodados a su fonética y a su grafía para denominar ciudades, territorios y lugares del mundo que son auténticamente extraños a su idioma pero que se conocen y se reconocen como importantes. Otra cosa sería absurda. De pretenderlo nos encontraríamos con el abuso de que no se podrían escribir en español: Londres, Támesis, Nueva York, Florencia, Casablanca, Amberes, Pekín y otros miles de ejemplos más. Pero no solo eso sino que tampoco se podrían escribir en catalán Saragossa, Conca o Cadis, ni Sant Jaume de Compostel.la, que es como se escriben, ni podríamos utilizar Bartzelona o Kantabria cuando escribiésemos en euskera.
 
Las 22 academias de la lengua española, todas ellas formadas por personas con auténtica autoridad moral y científica sobre el idioma, se han cuidado siempre de obligar a nada. Solo cuando han podido comprobar fehacientemente que el uso de los hablantes y de los literatos, únicos dueños del idioma, ha asentado un término, lo han recogido o modificado en el Diccionario. Ese mismo diccionario recoge distintos matices de lo que significa el término Autoridad y creo que el Congreso y las Academias usan cada cual una acepción distinta:
  • Poder que gobierna o ejerce el mando, de hecho o de derecho.
  • Prestigio y crédito que se reconoce a una persona o institución por su legitimidad o por su calidad y competencia en alguna materia.
Cuando se trata de la lengua que hablamos cientos de millones de personas en todo el mundo, entre ellos todos los vascos, creo que debería atenderse a la segunda acepción y nunca a la primera.

Una sociedad lesionada

Depresión. Vincent Van Gogh

Los vascos hemos convivido tantas décadas con la violencia que ésta ha tenido tiempo de lograr muchos más efectos que los que pretendía. De hecho no ha logrado ninguno de los objetivos que buscaba y seguramente la gran dificultad que encuentran sus partidarios para aceptar la desaparición del terrorismo totalitario sea reconocer que su fracaso ha sido tan incuestionable como caro. Pero que no haya conseguido sus metas totalitarias no quiere decir que la acción constante e insidiosa del terrorismo no haya tenido otras consecuencias.

Ayer en un acto en el teatro Campos Elíseos de Bilbao, Txiki Benegas recordó que en los tiempos más duros de su vida, cuando cada año 80 personas eran asesinadas por ETA, llegó a sentir vergüenza. Vergüenza de un pueblo vasco en cuyo nombre se cometían tales horrores y que miraba para otro lado, disimulaba o aplaudía a los asesinos. El miedo es una emoción primaria perfectamente eficaz para sacar de cada uno de nosotros lo más inhumano que nos queda de cuando aún no éramos personas. La fijación social del miedo ha sido una de las peores lesiones que nos han impuesto tantas décadas de terror.

Miedo que generó pasividad y desapego hacia las víctimas y hacia nuestra propia libertad. Actitudes éstas, innobles que casaban muy mal con la imagen de país pionero de las libertades y modelo de modernidad (y con tan buena gastronomía) que tanto nos gustaba contarnos a nosotros mismos y a los demás. Recuerdo un personaje de la película 1,2,3 de Billy Wilder, que al preguntarle qué hacía cuando los nazis gobernaban su país contesta “yo trabajaba en el metro y ahí abajo no nos enterábamos de nada”. Algo así nos ha pasado también en este país, que el miedo obligó a demasiada gente a buscarse un subterráneo íntimo en el que poder pasar sin enterarse de nada.

El terrorismo no logró su objetivo: el poder, pero consiguió muchos de los efectos secundarios que la violencia causa, especialmente en una sociedad pequeña como es la nuestra.

Y tenemos ya tantas ganas de que piten el final de este partido infernal que no nos damos cuenta de cuántas lesiones llevamos acumuladas, de cuántos dolores sociales tiene esta sociedad y de qué contracturas y heridas nos impedirán desenvolvernos con agilidad aun cuando alcancemos la paz. Ahora que todo parece que puede terminar, con la calma sin duda aflorarán dolores que a mi generación tal vez le duren para siempre.

Faltan unas horas, quizás minutos, para que se sepa lo que el Tribunal Supremo decidirá sobre la coalición que la izquierda abertzale ha tejido con las hilachas de EA para ver de volver a la política en estas próximas elecciones. No sé lo que decidirán los jueces (casi nunca se sabe) pero sí sé que pase lo que pase la sociedad vasca no va a poder aceptarlo con normalidad. La desconfianza es otro de esos efectos secundarios, otra zona lesionada que nos queda a los vascos después de tanta muerte y de la que no nos vamos a curar de hoy para mañana.

Somos muchos y muy distintos los que tenemos ganas, muchas ganas, de que la violencia termine, de que nadie amenace a nadie, de que todo el mundo pueda ir en libertad a decir lo que quiera en la calle, en el Parlamento y en las elecciones, pero no puedo ignorar que las cosas no serán tan fáciles como el pitido final de un partido. Hay que recomponer muchas cosas y la rehabilitación social sospecho que es igual o más dura que la que requieren las lesiones físicas. Al menos estamos empezando a respirar más hondo; por ahí se empieza.

Una propuesta para los periodistas vascos

Logo de la Asociación

La última asamblea de la Federación de Periodistas FAPE, celebrada en Pamplona, ha adoptado una resolución que critica la proposición que aprobamos en el Parlamento Vasco el 28 de febrero en relación con la presencia en la Radiotelevisión Pública Vasca de grupos políticos subordinados a ETA.

Estoy seguro de que tal declaración, que me dicen que fue aprobada por unanimidad y sin apenas debate, parte de la mejor voluntad y de la siempre valiosa actitud de los periodistas de defender la libertad de expresión contra cualquier limitación así que mi desacuerdo no está en esa voluntad, de la que no dudo, sino precisamente en la mala aplicación de la misma ya que, en esta ocasión, la crítica no se ha dirigido, en mi opinión, contra quienes pretenden acabar con la libertad sino contra quienes la defendemos.

ETA y sus cómplices son la principal amenaza contra la libertad de prensa (y contra todas las demás libertades) que existe en Euskadi. Esa es una realidad que no se puede ignorar de ninguna manera y no se puede, por tanto, juzgar una resolución haciendo como si se desconociese un contexto tan terrible como evidente y que es, precisamente, lo que da lugar a la decisión parlamentaria.

Son demasiados los periodistas vascos asesinados y también los amenazados que tienen que vivir y trabajar cada día con escoltas que defiendan su vida. Hubiese entendido mejor la unanimidad de Pamplona para solidarizarse con estos compañeros y compañeras, entre ellos los directivos de la propia Radiotelevisión Vasca, pero tal cosa no se produjo.

No me parece justo que se haya diseccionado y extraído una sola frase aislada de la resolución parlamentaria, ignorando el conjunto del texto e ignorando también la impecable práctica profesional en materia de interés informativo que ha impulsado y apoyado la actual dirección de EiTB, antes y después de la proposición parlamentaria.

En fin, que no estoy de acuerdo con la resolución de la Asamblea de la FAPE, pero seamos constructivos:

Soy consciente de que el periodismo siempre se ha de mover en fronteras delicadas, en las que pocas veces, o nunca, es fácil distinguir con claridad lo que es correcto y lo que no. En Euskadi seguramente es todavía más difícil y precisamente por eso creo que sería conveniente que la Asociación Vasca de Periodistas / Euskal Kazetarien Elkartea promoviese una reflexión sobre algunas cuestiones claves y bien actuales de la profesión del periodismo: Por ejemplo:

  1. ¿Cuál es la forma adecuada de informar de una actividad ilegítima o contraria a la libertad? ¿La neutralidad?
  2. Una actividad ilegítima ¿queda justificada cuando tiene muchos partidarios o una percepción cultural que la sustenta? ¿Sería ese el caso del terrorismo vasco o del machismo violento?
  3. ¿Debemos hacer como si desconociésemos que los enemigos de la libertad utilizan activamente los medios libres para avanzar en su objetivo de acabar con esa libertad?
  4. ¿Es el poder establecido la única amenaza a la libertad de prensa que merece la movilización corporativa de los profesionales?
  5. ¿Es el terrorismo sobre todo un acto de comunicación para influir sobre la opinión pública? ¿Hasta qué punto ha tenido éxito en Euskadi?
  6. La lógica búsqueda de espectacularidad por parte de los periodistas ¿no estará creando una casta de expertos en ofrecérsela que copan así el espacio informativo?

Creo que son cosas que vale la pena debatir. Aunque seguramente en esto no encontremos tan fácilmente la unanimidad, no importa. Hagámoslo.

El diccionario maldito. Cuarta entrega: El Proceso democrático

Interior del Transcantábrico de FEVE

Este no es un término nuevo en el imaginario nacionalista pero últimamente ha reverdecido, a raíz de la debilidad de ETA y de la consiguiente adaptación del mundillo abertzale a las nuevas circunstancias.

El término busca reforzar una supuesta ilegitimidad original e irrevocable de la democracia española, extremo que desde el inicio de la transición todo el mundo nacionalista siempre ha mantenido con más o menos intensidad, a despecho de la evidentísima consolidación de la democracia española, de su aceptación general por los ciudadanos y de su innegable y merecido reconocimiento internacional.

Nada de esto tiene valor para quienes siguen parados en la estación de la ruptura democrática de allá por los años 70 del siglo pasado; esperando a ver si sale un tren con el vagón de primera clase que creen merecer. Para estos grupos la democracia solo será auténtica cuando ellos se integren en el sistema siempre, por supuesto, con la preeminencia que supuestamente les correspondería, sin pararse en menudencias como el voto popular y otras excusas.

De esta forma, deslegitimando la democracia, se legitima indirectamente a quienes han luchado contra ella por cualquier medio, incluso desde el terrorismo de ETA. Ésta es la madre del cordero del concepto “proceso democrático”: blanquear la actuación de ETA, que quedaría de esta forma legitimada por haberse enfrentado a una falsa e impostora democracia. En lo que se ha sabido de las conversaciones de Argel se vio la obsesión de los etarras por tratar de imponer un relato que los excusara de asesinos y los elevase a luchadores por la libertad.

A nada que se dediquen unos segundos a reflexionar sobre esta mandanga y a contrastarla con la realidad de décadas de democracia en España la cosa queda sumida en el ridículo más completo pero la realidad jamás ha sido obstáculo para la mente de los fanáticos.

El término “proceso” tiene además otra connotación irrenunciablemente ventajosa para ese mundo. Es una palabra que evoca un cambio paulatino y progresivo en el que la decisión sobre si se habría llegado o no al final correcto y adecuado les correspondería en exclusiva… a ellos mismos, convertidos así en árbitros y jugadores de esa partida delirante que ya dura más de cuatro décadas, lo mismo que la dictadura de Franco. ¡Qué pereza!

bridge over troubled waters

La capacidad de la iglesia católica para integrar en su ritual aquello que contribuya a atraer gente ha sido siempre proverbial. Los antiguos ritos y santuarios fueron adaptados a la iconografía católica durante siglos con tan gran éxito como nulo pudor.

Es por eso que a nada que uno rasque se encuentra con sospechosas romerías como la de la Blanca Paloma en El Rocío, con las hogueras de San Juan, que coinciden siempre con el solsticio de verano, o con (y estas me encantan) las ermitas sorianas de San Polo y San Saturio, que la iglesia negará siempre que tengan nada que ver con las devociones paganas hacia Apolo y Saturno.

Y se ve que la cosa sigue en la misma línea porque ayer en una procesión de Semana Santa en Bilbao los encapuchados que usted puede ver en esta foto iban tocando con tambores y trompetas ¡créanme ustedes! la conocida pieza musical “puente sobre aguas turbulentas”, de Simon y Garfunkel. Se lo juro por mi niña, que ahí estaba encantada viendo los capuchones, mientras su madre y yo, tan aficionado a la música religiosa, escuchábamos asombrados.

El diccionario Maldito. Tercera entrega improvisada.

Que estaba yo leyendo la noticia de la detención de los muy buscados terroristas Itziar Moreno y Oier Gómez Mielgo, tras varios tiroteos con la policía francesa, y hete aquí que he leído las reacciones de Eusko Alkartasuna y de Alternativa y se me ha abierto sin querer el diccionario maldito. Fíjense ustedes:

EA ha lamentado el “incidente” y ha rechazado el tiroteo porque lo ocurrido “no se ajusta al proceso político de cambio”.

Quienes utilizan tan a menudo denominaciones tremendas para cualquier cosa y suelen llamar “atentados contra el pueblo vasco” a casi cualquier contrariedad contra su exclusiva forma de entender el país, llaman hoy “incidente” a varios tiroteos y un gendarme herido. Y no contentos con eso, para ver si oscurecen lo sucedido y de paso enmierdan a la policía francesa, han soltado la gracia de decir que exigen el «rápido esclarecimiento de los hechos», para ver si hacen crecer alguna sospecha en una actuación que está perfectamente clara. Dos personas buscadas por la policía se han visto en peligro de ser detenidas en un control y se han liado a tiros con los agentes. Así de clarito.

Lo de que “no se ajusta al proceso de cambio” es para nota. Es como si fuese una “no conformidad” en un frio procedimiento industrial de calidad. Pues que cojan una lima y se la pasen al tiroteo a ver si consiguen que “se ajuste al proceso”.

Y sus ahora socios de Alternativa han dicho que «los presuntos miembros de ETA han actuando al margen de las exigencias que los agentes sociales, sindicales y políticos de Euskal Herria”. Y tan panchos. Como si ETA hubiera actuado alguna vez atendiendo a las exigencias del Pueblo Vasco.

Pero me importa remarcar el término “los agentes” que suele ser la denominación que usan algunos para darse importancia y de paso despreciar a los verdaderos representantes democráticos del Pueblo Vasco, elegidos en elecciones libres por los ciudadanos. Representantes, por cierto, entre los que estos amigos del diccionario maldito suelen tener o pocos miembros o ninguno.

Ingenieros de la compra

Hace ya unos años charlando de pie en la cocina de Jorge y Alicia mientras tomábamos una cerveza vi pegada con imán en la puerta del frigorífico una extraña lista de la compra. Los productos no estaban en un orden que yo pudiera adivinar y sin embargo parecía todo menos improvisada.

Pregunté por el misterio y Alicia me aclaró que los recuadros de cada producto estaban ordenados…según su colocación en los lineales del supermercado…de esa forma cuando hacen la compra solo recorren los pasillos una sola vez y ni buscan ni retroceden. ¡No era una lista sino un plano!

Me pareció una idea genial y también divertida así que he contado la anécdota algunas veces. Pues hoy, que he vuelto a visitarlos, he visto la lista ahí, de nuevo en su sitio. Eso sí, me han informado de que hace poco Jorge tuvo que tomarse el trabajo de rehacerla porque habían cambiado el orden de las góndolas del súper. Es un genio. Y un genio trabajador, además.

Vean ustedes qué fácil es rebelarse contra los expertos en incitarnos al hiperconsumo con todo tipo de técnicas para que deambulemos distraídos dando vueltas y vueltas mientras llenamos el carro de cosas que no necesitamos.

Háganse la suya, ya ven qué fácil es. La mía la puedes ver aquí.

El diccionario maldito. Segunda entrega: Esto se arreglará finalmente en una mesa

Esta expresión sirvió durante años para reforzar la tesis de la imbatibilidad de ETA. Ahora se escucha menos, afortunadamente.

Como otras expresiones manipuladoras pretende aparecer como una obviedad indiscutible. Que una mesa suele ser el lugar en torno al que se reúnen las personas es irrefutable y por ello decirlo no debería suponer ningún reproche salvo que provenga de algún exaltado: ¡Yo sólo digo que lo que tenga que pasar será en torno a una mesa! Todos hemos oído respuestas de este cariz.

Igual que todos hemos sabido perfectamente que bajo esa inocente mesa estaba agazapada la idea de qué era “lo que tenía que pasar”: que la democracia debía renunciar a acabar con ETA y transigir, negociar nuestra libertad y aceptar la supuesta razón que tendría el grupo terrorista. Además la expresión conecta con las “mesas” políticas, tan del gusto de quienes nunca han aceptado ni la democracia ni la representación del Parlamento y las demás instituciones democráticas efectivamente votadas por los vascos y las han querido sustituir por “mesas” en las que participen los “diversos agentes representantes de los sectores populares vascos”. O sea quienes ellos quieran. (El entrecomillado contiene él solo varios conceptos venenosos).

Pero como yo no quiero que digan de mí que soy un exaltado tengo que reconocer que las mesas sí que sirven para cerrar acuerdos y terminar con los problemas y ahí les dejo un ejemplo histórico innegable:

El 2 de setiembre de 1945 EEUU y Japón firmaron la paz y lo hicieron, efectivamente, sobre una mesa, que estaba instalada -eso sí- en la cubierta del acorazado USS Missouri. Fue la firma de la rendición formal de Japón a las Fuerzas Aliadas en la Segunda Guerra Mundial. A un lado estuvieron el almirante Chester Nimitz y el general del ejército Douglas MacArthur. Del otro lado de la mesa los representantes japoneses encabezados por el ministro de Asuntos Exteriores, Mamoru Shigemitsu. Cuanto antes pongamos en Euskadi una mesa como aquella, mejor.

El diccionario maldito. Primera entrega: El Konflikto

El ser humano es un animal social. Vivimos en un entorno colectivo férreamente ordenado y nuestra realidad la determina inevitablemente la sociedad de la que formamos parte.
El lenguaje y los conceptos que creamos y manejamos a través de él son la herramienta principal para la creación de la realidad social. Por eso es tan importante conocer y revisar el uso fraudulento o interesado del lenguaje. Porque quien domina los conceptos domina el tablero de juego social y también las reglas. Cuando es otro quien establece el significado de lo que tú estás pronunciando estás perdido, juegas en su terreno y con sus reglas y, además, éstas cambian a cada momento según su conveniencia:
Cuando yo uso una palabra -insistió Humpty Dumpty con un tono de voz más bien desdeñoso- quiere decir lo que yo quiero que diga…, ni más ni menos.
-La cuestión -insistió Alicia- es si se puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes.
-La cuestión -zanjó Humpty Dumpty- es saber quién es el que manda…, eso es todo.
Alicia a través del espejo (Lewis Caroll)
La economía y la política son campos abonados, aunque no únicos, para esta utilización perversa del lenguaje. Es posible que manejar venenos lingüísticos sea parte del trabajo de quienes estamos en política. Pero precisamente  por eso conviene manejarse con cuidado, como siempre que se tiene entre manos algo tóxico.
Para conseguirlo he pensado en iniciar hoy una nueva sección en este blog que voy a llamar “El diccionario maldito” en el que iré publicando y comentando una relación que siempre será incompleta de palabras y expresiones políticas y económicas envenenadas. Apreciaré las sugerencias.
Comienzo por el concepto más notable y primigenio de la manipulación que ha sufrido la política en Euskadi: El Conflicto histórico o “el Konflikto” para entendernos.
En Euskadi los conflictos que vivimos: laborales, económicos, sociales, familiares y de toda índole palidecen ante el brillo cegador de El Konflikto, que significa que “los vascos” tendríamos algo así como un choque histórico irresuelto con “los españoles” del que procederían las más de nuestras dificultades. Choque histórico que explicaría -además- muchísimos escollos en nuestra vida política y social en pleno siglo XXI, desde la fusión de las cajas hasta el asesinato.
Esta madre omniabarcadora de todos los conceptos patrios del nacionalismo vasco que es el konflikto, busca dar por axiomas indiscutibles, como decía, cosas tan absurdas y peligrosas como estas:
  • Solo se podría ser vasco si se es nacionalista (puesto que el konflikto no puede darse por definición sino entre vascos y españoles, nunca entre unos y otros vascos)
  • Cada vasco tendría obligaciones morales, patrióticas y de opinión que irían más allá de las de un ciudadano cualquiera (y se autoexcluiría de su pueblo si dimite de ellas y opta por opinar a su bola)
  • Nada que diga ninguna ley podría contradecir legítimamente unos derechos “históricos”, cuya defensa sería la raíz misma del Konflikto, pese a que resulten convenientemente nebulosos para que los verdaderos vascos puedan determinar a cada momento en qué consisten exactamente.
  • Muy ligada a la anterior, ninguna ley o decisión podría aceptarse como democráticamente válida en Euskadi si va en contra de la opinión o conveniencia de los nacionalistas no siendo más que un nuevo agravamiento del Konflikto. (Nótese aquí la ineludible conveniencia de que no puedan ser vascos los no nacionalistas para así evitar que sus erróneos votos pudieran contar como válidos y estropear el arbolito)
  • Es comprensible que algunos vascos, hartos de esperar, lleguen a matar a españoles o a personas que habiendo nacido vascos se nieguen a admitir sus “obligaciones” como tales y por tanto hayan perdido “de facto” su derecho a ser considerados vascos. Una pena pero… sería una manifestación más de El Konflikto.
Como en los libros de Lewis Caroll los conceptos son puertas que se abren a mundos que funcionan según sus lógicas propias y la puerta de el Konflikto se abre a un jardín con flores tan venenosas o más que estas pocas que he descrito.

¿Agua y jabón?

Todos hemos visto imágenes estremecedoras de la destrucción causada en Japón por el tsunami que siguió a un seísmo devastador. La policía habla cautelosamente de 2.000 muertos y 3.000 desaparecidos y dice que se han rescatado a unas 15.000 personas, que son las que ha podido contar. Hay todavía una enorme confusión y las autoridades provinciales de Miyagi, una de las zonas más afectadas, apuntan a unas 9.500 personas sin localizar solo en el pueblo de Minamisanriku, lo que supone la mitad de su población.

Pero a nuestros medios locales lo único que parece importarles es el indudable peligro nuclear en la central de Fukushima. Abren todos los informativos con ello, dan toda clase de informaciones y de detalles sobre de las maniobras que, al parecer, se están haciendo y aunque desconocemos aún el número de muertos definitivo del terremoto y de la ola gigante, estamos perfectamente informados de que los dos reactores afectados son el 1 y el 3, de la opinión de la agencia nuclear de la ONU, de los 11 trabajadores heridos en la última explosión, de los dos metros que los operarios han conseguido elevar el nivel de refrigerante de la piscina, eso sí con agua de mar… y ya para que no falte detalle, el Pentágono ha informado de que 17 militares que participan en las labores de asistencia en Japón han dado positivo a «bajos niveles» de radiactividad, pese a ello se encuentran en buen estado y al tratarse de un nivel mínimo de contaminación el personal afectado pudo eliminar la radiactividad con agua y jabón.

Me da mucha vergüenza que las alusiones a posibles peligros en nuestra cercana central de Garoña precedan a las informaciones sobre el aún desconocido número de muertos ciertos, de heridos reales, de personas vivas que lo han perdido todo, de ciudades efectivamente arrasadas. Solo al final del tiempo dedicado a esta catástrofe, tras las inevitables reflexiones sobre que en Europa se reabre el debate nuclear, en una breve lectura final, el corresponsal o el locutor “se acuerda” de informarnos de las víctimas, de la destrucción, del miedo, de la muerte y habla unos segundos de ello antes de pasar a la noticia siguiente.

No sé si se han superado en mucho o en poco los límites de radiación legalmente admitidos pero sí sé que se han superado con creces los límites, si existen, de destrucción de viviendas, de arrastre de coches por riadas, de barcos arrastrados bajo los puentes, de olas negras sumergiendo pueblos y valles, de desolación muerte y dolor. Esos seguro que se han superado. Y a veces pienso que se han superado también los límites de egoísmo local, de indecencia y de inhumanidad en nuestros medios de comunicación.

Me temo que vamos a necesitar mucha más agua y jabón que en Fukushima.