mayo 2010

La copla, arqueología sociológica. Primera entrega: “A la lima y al limón”

Dicen quienes saben de niños que los peques sienten que el mundo nació con ellos, que antes no hubo nada y que estrenan el planeta. A medida que crecen tal espejismo va diluyéndose y empiezan a entender que antes de que nacieran pasaron muchas cosas, y cosas –además- que conviene que conozcan para entender su propio mundo. Su curiosidad hace el resto.

Sin embargo a menudo la sociedad adulta, más torpe o más cínica que los niños, actúa como si no existiese el pasado. Posiblemente aquejada de una especie de “adolescentelización” colectiva que ya tendré ocasión de comentar.

Sospecho que no es tanto el olvido como el pudor de reconocer que vivieron en un mundo en el que se daban por buenas cosas que hoy resultan inadmisibles. Tal vez tememos que una opinión pública, o publicada, tan aficionada a ese inmaduro “adanismo” juzgue nuestra actuación en el pasado a través de las creencias y certezas de hoy. Pero creo que es peligroso desdeñar la memoria del ayer porque nos impide entendernos a nosotros mismos en el hoy.

No hay que irse muy lejos para ver, y oír, cuál era el papel que la sociedad reservaba a la mujer hasta hace bien poco. Ahí está algo tan popular como la copla, que describe con enorme precisión lo que era o no correcto en tiempos de nuestras abuelas, y aún después.

La copla es un tratado amplio y profundo de urbanidad, de moralidad y sobre todo es un testigo sincero que nos describe sin disimulo alguno cómo era la vida, sobre todo la de las mujeres. Hoy empiezo a explotar este filón sociológico con la conocida canción “A la lima y al limón” que detrás de su aparente gracejo esconde una letra espeluznante en la que el papel de la mujer y lo que de ella esperaba la sociedad queda reflejado con enorme claridad – y crueldad.

Es la historia de una mujer fea a la que la paciencia y la suerte le permiten salir al final de su casi segura desesperación por el único camino que le es permitido: el del matrimonio. Escúchenla y tiemblen, pero no se avergüencen. Era así.

Seguiremos explorando.

La vecinita de enfrente no, no,
no tiene los ojos grandes.
ni tiene el talle de espiga, no, no,
ni son su labios de sangre.
nadie se acerca a su reja,

nadie llama en sus cristales.
que sólo el viento de noche
es quien le ronda la calle.
Y los niños cantan a la rueda, rueda.
esta triste copla que el viento le lleva.

A la lima y al limón,
tu no tienes quien te quiera.
A la lima y al limón,
te vas a quedar soltera.
Que penita y que dolor.
Que penita y que dolor,
la vecinita de enfrente soltera se quedó.
Solterita se quedó.
A la lima y al limón.

La vecinita de enfrente no, no,
nunca pierde la esperanza.
y espera de noche y día, si, si,
aquel amor que no pasa.
Se han casado sus amigas,
se han casado sus hermanas.
Y ella compuesta y sin novio
se ha quedado en la ventana.

Y los niños cantan a la rueda, rueda.
el mismo estribillo que el viento le lleva.

A la lima y al limón,
tu no tienes quien te quiera.
A la lima y al limón,
te vas a quedar soltera.
Que penita y que dolor.
Que penita y que dolor,
la vecinita de enfrente soltera se quedó.
Solterita se quedó.
A la lima y al limón.

La vecinita de enfrente si, si,
a los treinta se ha casado,
con un señor de cincuenta, si, si,
que dicen que es magistrado.
Lo luce por los paseos,
lo luce por los teatros.
Y va siempre por la calle
cogidita de su brazo.
Y con ironía siempre tararea,
el mismo estribillo de la rueda, rueda.

A la lima y al limón,
que ya tengo quien me quiera
A la lima y al limón,
que no me quedé soltera.
Ya mi pena se acabó.
Ya mi pena se acabó,
que un hombre llamó a mi puerta
y le dí mi corazón,
y conmigo se casó.
A la lima y al limón.

Letra tomada de La poesía de la copla

Atardecer azul en Madrid

La imagen que tenemos de las ciudades casi siempre está vinculada a la prisa. Nos es fácil sentir una ciudad como algo apresurado, anónimo e impersonal. Aunque si reflexionamos un poco también seremos capaces de ver oportunidades, matices, sorpresas…espectáculo.

Me gustan las ciudades y me gusta cuando una ciudad se reconoce a sí misma como escenario de convivencia, con todo el valor que eso tiene. Cuando se mira y descubre lo espléndida que está.

Con motivo de su primer centenario, la Gran Vía de Madrid se abrió a ser paseada por todo el mundo. El escenario se convirtió en protagonista y el suelo se hizo más humano para que la gente se animase a pisarlo sin prisa. Una gozada.

Solidaridad


Algunas veces ocurre que recuerdos de la infancia se nos vuelven a presentar después de muchos años. Y lo hacen con tal nitidez que nos sorprendemos al ver el mimo con que alguna parte de nuestro cerebro guardó aquellas impresiones que creímos olvidadas.

A Félix Reyes ese recuerdo le sobrevino con motivo de los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid. El funeral de su padre, allá en Valleseco (Gran Canaria) parece que se hizo irresistiblemente presente al ver bajo la lluvia a los manifestantes que mostraban su duelo por las víctimas de los trenes.

Y de tan adentro nació su obra “Solidaridad” que hemos tenido la ocasión de ver hoy durante la conmemoración de los primeros 75 años de Radio Vitoria. Muy interesante.