abril 2010

Extraños fenómenos sobre el cielo de Madrid


Confío en que algunos de ustedes recuerden la estupenda película de Imanol Uribe, basada en la novela “Crónica del rey pasmado”, de Gonzalo Torrente Ballester. La cinta es simplemente magnífica y la historia absolutamente cautivadora, como tiene que ser la obra de un genio.

Recordarán que la historia se inicia con la observación de unos “extraños y diabólicos fenómenos aparecidos esta noche sobre el cielo de Madrid” ¡Qué maravilloso comienzo! Aquel prodigio desata el relato apasionante de las obsesiones de la corte del joven Felipe IV. Pues bien, el fenómeno se ha reproducido nuevamente el pasado miércoles sobre el cielo de la Villa y parece que ha desatado pasiones similares a las del siglo XVII.

Una potente señal de origen desconocido impidió que la señal de Telemadrid llegase a miles de televidentes ¡precisamente durante la transmisión del partido de la Liga de Campeones que enfrentó al Barcelona con el Inter de Milán!

El fenómeno –maligno por demás- llegó minutos después de que comenzara el partido y duró hasta instantes antes de que el árbitro diera el pitido final, que eliminaba al Barça. Tan extrema coincidencia hace pensar sin duda en algo diabólico.

Y, como si estuviésemos en aquella corte que Gabino Diego gobernaba con mano temblorosa, todos los demonios de Madrid, que al parecer siguen aquí sin moverse desde hace siglos se han desatado de nuevo en pleno siglo XXI.

El vicepresidente y portavoz de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, ha manifestado que fue “una interferencia externa intencionada» y la lideresa madrileña, Esperanza Aguirre, ha calificado de «escándalo» las interferencias «provocadas o no». Se han presentado las correspondientes denuncias ante la policía, el Ministerio de Industria y la empresa distribuidora de la señal han iniciado investigaciones y andan los políticos madrileños escamados mirándose mutuamente de reojo.

Tal vez no hayamos avanzado tanto y sobre las cabezas de los madrileños sigan revoloteando aquellos demonios que hoy nos cuesta ver cegados como estamos por la tecnología, la prisa y las luces artificiales de la noche. Pero que la corte de la capital de reino mantiene viejos tics, parece evidente.

Hombre, no quiero frivolizar. La cosa tiene su importancia, tanto si se trata de un error técnico como –sobre todo- si se demuestra que cualquiera en España puede bloquear intencionada y clandestinamente la señal de una televisión. El asunto es serio y tendrá que aclararse pero a mí todo esto me ha recordado, inevitablemente, aquella película que siempre tengo en la memoria y que recomiendo encarecidamente a cualquiera.

Por cierto a alguno de los lectores habituales de este blog (él sabe) le recuerdo la escena impagable en la que Eusebio Poncela, sin que se sepa si como Conde de la Peña Andrada o como Lucifer, baila voluptuosamente la chacona con una bella cortesana de Palacio. Ya me dirás.

m

100 km. “O calvo o con tres pelucas”

m
Eso dice siempre mi madre para remarcar la necedad de quien pasa de la nada a la desmesura. Y algo de eso me pasa a mí.

Estreno bici nueva y me meto 100 km por la Via verde del Tajuña. Hala!. En fin: el culo bien, las piernas no tan bien y las manos quemadas por el sol. Las madres siempre tienen razón, tengamos los años que tengamos.

La parte buena es que se trata de un recorrido maravilloso, junto a la capital pero por una zona totalmente agrícola y rural de la Comunidad de Madrid. Los pueblos, auténticos. Muy recomendable.

33 años de servicio

Soy perfectamente consciente de que la foto que adjunto es para provocar hilaridad y cachondeo a mares. Lo sé.

Pero ¡qué quieren! no tenía otra cosa que ponerme sobre el culote que el viejo polar azul en cuyos bolsillos llevo, además, la cartera, el teléfono, las llaves., etc., lo que hace que el aspecto sea por completo impresentable. Vale, lo sé.

Lo peor de todo es que éste quiere ser un post emotivo, en homenaje a una vieja amiga que ha estado conmigo 33 años. Sí, treinta y tres.

Comprada en su día con el dinero que obtuve vendiendo mi primer artículo y posiblemente el último por el que me pagaron directamente, con ella subía al Campus de Leioa (antes Lejona) desde Zabálburu a estudiar la carrera. Con ella visité Santiago en un año Jacobeo en el que descubrí el pulpo a’feira. Con ella iba de Zarautz a Getaria a iniciarme en mi afición a la vela.

Conoció bien los paseos antinucleares y los caminos del Condado de Treviño. En ella he paseado decenas de veces a mi hija pequeña hasta los juegos de uno de los parques de Carabanchel. De muy chica en su sillita y después remolcando su bici rosa.

La he cuidado todo lo posible pero esta semana, en plena Casa de Campo, un chasquido de la rueda trasera partió algún pedazo de su acero y también alguno de mi corazón.

El tiempo no pasa en balde. Ni yo tengo el aspecto –a la vista está- de cuando subía en pie sobre los pedales la cuesta desde “La Puñalada” hasta la Universidad, ni ella ha sido tampoco inmortal, aunque sí fuera inanimada.

Con honor y con tanta lealtad como la que yo mismo le he demostrado, mi vieja Razesa ha terminado su vida útil. Es así y así hay que aceptarlo. De momento la tengo recogida y me desazona sólo pensar en que tengo que pensar qué hacer con ella.