La Consejera sin barreras
Isabel Celaa es una mujer de enorme actividad, con carácter y con la pasión por la política a flor de piel
Blog de Carlos Gorostiza. Reflexiones sobre la actualidad que, a nada que se mire con detalle, siempre se descubre asombrosa.
Blog de Carlos Gorostiza. Reflexiones sobre la actualidad que, a nada que se mire con detalle, siempre se descubre asombrosa.
Isabel Celaa es una mujer de enorme actividad, con carácter y con la pasión por la política a flor de piel
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Esta foto de la tía y la sobrina me evoca esos tres conceptos y algunos otros más. Es una imagen que se asoma al mundo secreto de las chicas, donde todas ellas reinan en exclusiva. Un mundo al que los chicos no tenemos acceso. Si acaso los gatos.

Desde luego Verdi es uno de mis favoritos. Rigoletto fue mi puerta de entrada a la afición a la ópera y eso deja una marca indeleble. Por si fuera poco la última vez que vi una representación del buffone fue acompañado de mi amigo Dani a quien una enfermedad nos arrebató pocos meses después. En adelante siempre que la vea le recordaré.
El genio de Giussepe Verdi está presente en el Parque de los patos de Bilbao en una escultura estupenda de Lourdes Umerez, que a mí me resulta curiosa porque cuando paso a su lado no puedo evitar pensar que el músico se ha bajado de la pilastra para descansar de tanto honor y ponerse a la altura de la gente. Me gusta mucho esa obra.

Estos días me estoy acordando de la historia o leyenda que un amigo me contó de que durante la guerra fría en los servicios de inteligencia americanos había unos individuos que “leían” los acontecimientos de la política interior de la Unión Soviética en las fotografías y otros indicios invisibles para el común.
Las imágenes de los desfiles del 1º de mayo en la Plaza Roja eran, al parecer, una auténtica mina para estos llamados kremlinólogos, que de la posición de cada dignatario comunista en la tribuna año tras año, de quién estaba a su lado, delante o detrás obtenían – se supone – información valiosísima sobre los entresijos del Politburó. Vaya usted a saber si eso era o no cierto.
Aquí, en Euskadi, parece que estamos desarrollando también una suerte de augures similares pero en relación con el mundo de la izquierda abertzale. Ya me referí en este blog a mi dificultad para saber qué es lo que querrán decir esos textos oscuros e impenetrables. Largos y llenos de conceptos aparentemente profundos pero en los que uno se marea porque avanza en los folios sin encontrar asidero conceptual alguno. Bueno eso me pasa a mí, lo reconozco, pero no les ocurre a otros porque en los últimos tiempos reverdecen batasunólogos en prensa, tertulias y en el parlamento, que parecen capaces de leer en las entrañas de esos textos y de ver consecuencias y evoluciones que para la gente sencilla no son alcanzables.
No sé si será por torpeza mía pero me barrunto que muchos en el pentágono escuchaban a los kremlinólogos con la misma cara que se me pone a mí al escuchar y leer las cosas que dicen “nuestros expertos” sobre la última declaración de la izquierda abertzale.
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Interesante editorial del número 332 del informe mensual del servicio de estudios de la Caixa. No lo reproduzco entero pero sí este párrafo que me ha llamado la atención y en el que entre las características de las empresas competitivas figura…vaya por Dios… que pagan mejores salarios.
Siempre me había preguntado ¿cómo es posible ser competitivos expulsando de la empresa a los mejores?
Pero no es imprescindible estar en la élite tecnológica para demostrar buenas calificaciones en competitividad. La capacidad de exportar es quizás el signo externo más visible de la fortaleza competitiva de una compañía. Y no es nada fácil. En Estados Unidos, apenas el 4% de los cinco millones y medio de empresas es capaz de exportar, mientras que en Alemania la cifra asciende al 12% y en España se sitúa alrededor del 6%. Se trata de comparaciones delicadas, ya que el tamaño y la apertura de una economía influyen en las cifras. Eso sí, las empresas exportadoras se distinguen por tener mayor tamaño que la media, ser más intensivas en el uso del capital, tener más productividad y pagar mejores salarios. Se trata de características que también encontramos en empresas tal vez menos orientadas al exterior o en empresas de servicios, pero que destacan por su capacidad competitiva.
Aquí está el enlace para leerlo entero
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La crisis no perdona y tampoco lo hace una sociedad en la que haber tenido, o haber sido, es cada día menos un seguro de bienestar. En otros tiempos la movilidad social era muy baja. Quien tenía la suerte de nacer en una familia aristocrática tenía prácticamente asegurado, salvo catástrofe, un futuro de razonable bienestar, bien entendido que razonable bienestar era como mínimo uno o varios pisos enormes en la mejor parte de la ciudad, 4 ó 5 personas de servicio, una vida social activa, la “temporada” de tres meses en algún lugar de la costa y algunas otras ventajas y gabelas. Todo eso, por supuesto, sin pegar un palo al agua… en el sentido laboral. El refrán “quien tuvo retuvo” era de estricta aplicación a las clases altas y de ahí no se bajaba así como así. Aun con inmensas diferencias de fortuna entre ellos, quienes un día habían sido grandes mantenían su posición social con más o menos agobio.
Por el contrario los humildes a lo más que podían aspirar era a dejar a su prole colocada en algún buen oficio y a ser propietarios de una de las casas baratas cerca de la fábrica. Sobre quién era más o menos feliz no me atreveré a opinar porque habría de todo, como en botica.
Las clases medias, bien por negocios o por formación, fueron ganando terreno y con los años su enorme incremento las convirtió en el sustento del Estado, del comercio y del bienestar. Parecía como si por la escalera solo se pudiera subir, auque los escalones más altos continuaran reservados a las familias de sangre.
Los padres esperaban y normalmente conseguían que sus hijos vivieran mejor que ellos. Ahora los que presumen de conocer el futuro dicen que los jóvenes de hoy serán los primeros que vivirán peor que sus padres. No sé si tal cosa ocurrirá pero, de ser cierta la noticia publicada hoy en El País, sí parece que el blindaje de los más afortunados se resquebraja y coloca a la intemperie a personas de abolengo.
Si no me creen vean la noticia que nos informa de la creación de una llamada Fundación Marquesa de Balboa Ancianos Solitarios Venidos a Menos, cuyos fines declarados son: «atender y cuidar a pobres vergonzantes y ancianos solitarios venidos a menos, que vivan solos o en condiciones precarias, con su familia o con personas a quienes también estorban, o en residencias que tienen deficientes condiciones de higiene y en donde, además les traten mal, atendiendo primero a las mujeres, y preferentemente a las que tuvieron una buena posición, con preferencia a las personas de la condición social que tuvo la extinta Excma. Sra. Marquesa de Balboa, que necesitan ayuda y no se atreven a solicitarla o no lo consiguen” (sic) ¡Tela marinera!
Hay que señalar que si la largueza económica de las patronas (todas ellas damas) se corresponde con la que han tenido a la hora de redactar los fines a los que dedicarán sus desvelos, no va a haber condesa, duquesa, grande o pequeña de España y aun gentilhombre en apuros que no encuentren en la fundación el apoyo y sustento que precisen.
Me cabe, sin embargo, la duda de cuál será la asignación que estas señoras considerarán mínima, toda vez que el estándar de algunas personas comienza a contar a partir del mayordomo.
Es tan estupenda la noticia que me gustaría que de verdad sea cierta y que no se desmienta mañana o pasado. En todo caso, sea una broma o no, he de confesar que la iniciativa y sobre todo el término “venidos a menos” me han despertado una irreprimible sensación de ternura. De verdad que sí. Se lo juro por Snoopy.
Pero han llegado buenas noticias; las lluvias caídas durante este invierno en el cauce del Cigüela simple y llanamente han devuelto el agua a las tablas y, con ella, muy pronto, después de años y años, la vida volverá a llenar las pozas y a explotar entre los carrizos. Una bendición.
Me he alegrado de saberlo. Tal vez lleve a mi hija a ver los ánades, las fochas, las cigüeñuelas, los patos colorados… como los que yo vi. He pensado que quizás deba darme prisa, antes de que la mano del hombre vuelva a agostar esa zona de La Mancha por regar los extensísimos cultivos de los que comemos. No sé lo que al fin pasará pero parece que la naturaleza nos ha concedido a los hombres una segunda oportunidad. Espero que sepamos aprovecharla, también por mi hija.
Pero, de todas las sensaciones que me ha traído la buena noticia me he quedado con la extraña inquietud de pensar que lo que los hombres hemos destruido con mucho esfuerzo y trabajo durante años, la tierra lo ha recuperado en unas semanas de lluvias. Intensas pero tampoco desastrosas. Así de simple.
Es posible que a esa turbera ya apagada, que hoy se esconde de nuevo bajo el manto de agua y que empezó a formarse hace 300.000 años aún le queden otros 300.000 o más. Tal vez sea que esa zona que los hombres dimos en llamar las tablas de Daimiel durante un pequeño suspiro de su larga vida esté destinada a ser lo que es, un magnífico humedal estepario. Lo queramos nosotros o no. Estemos nosotros ahí o no.
Es probable que lo importante y lo poderoso sea la laguna y no nosotros. Eso es lo que he pensado.